12 septiembre, 2026

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El trabajo Terapéutico con Hombres

Publicado por primera vez el |09/03/03
Por: Psic. T.G. Álvaro Beltrán Navarro

1.- INTRODUCCIÓN  

A través del siguiente trabajo se pretende transmitir una serie de reflexiones sobre la importancia de determinados aspectos en la labor terapéutica con hombres. El objetivo principal es tratar de ampliar el concepto de “masculinidad” e integrarlo en la identidad  propiamente masculina. Lo que voy a tratar de hacer es darles a conocer mi visión sobre el tema, en parte documentada  y en parte basada en la experiencia, y no olviden, es mi visón y por tanto sujeta a todo tipo de discusión y cuestionamineto.

En primer lugar partiré estableciendo la base de lo que se ha de entender cuando hable de “masculindad” el conjunto de cualidades atribuidas tradicionalmente el hombre: actividad, autoridad, espíritu de empresas, valentía, vitalidad, competencia, etc.; y por “feminidad” el conjunto de cualidades atribuidas tradicionalmente a la mujer: pasividad, subordinación, obediencia, aquiescencia, gracia, coquetería, etc. En general se trata de situarse en el nivel de los roles sexuales culturalmente establecidos para la masculinidad y/o la feminidad, con objeto de contextualizar el trabajo presentado.

Considero que el utilizar la polaridad masculino/femenino como transfondo del trabajo terpéutico con hombres es una excusa para poder trabajar un aspecto más profundo   del desarrollo personal del individuo. Me refiero a la aceptación y respeto de la totalidad de lo que somos cada uno de nosotros, y en especial los hombres. El situar la base del trabajo en esta polaridad me ofrece la posibilidad de indagar sobre dos aspectos que socioculturalmente están muy establecidos y asignados. La educación y la cultura ha establecido a lo largo de los años dos modelos definidos y polarizados. Partiendo de que existe una diferencia fisiólogica obvia se han ido consolidando roles y actitudes para cada una de estas polaridades. Centro mi atención en ésto ya que considero que es común a todos nosotros esta diferenciación fisiológica ovbia se han ido consolidando roles y actitudes para cada una de estas polaridades. Centro mi atención en esto ya que considero que es común a todos nosotros esta diferenciación, y por tanto el conocimiento que tenemos de esta polaridad es muy alto, de ahí su utilidad en un contexto de crecimiento y desarrollo personal.

El ser fisiológicamente masculino o femenino establece una pauta de relación con el otro en el otro nivel interpersonal , intrapsíquicamente se desarrolla una identificación que me capacita para determinadas cosas y no para otras. En el caso de las mujeres parece ser que se ha producido un cambio de actitud con respecto a esta polaridad y éllas están en el cambio de integrar distintos elementos de estas polaridades en su propia subjetividad, no parece que haya ocurrido lo mismo en el caso de los hombres, ya que parece que surgen muchos temores y fantasmas cuando se trata de integrar y ampliar el concepto de lo que un hombre puede llegar a ser. Posiblemente la gran cantidad de introyectos que un hombre posee, le impiden ampliar su propia subjetividad masculina. Trabajar sobre la polaridad puede ser util para reformular/ modificar/ sentir / ampliar / aumentar / resituar / reestructurar la propia identidad masculina, con la ampliación que esto pueda tener en la actitud que se toma frente a uno mismo y, por tanto, con la actitud que se toma frente a los demás.

No trato de cubrir las múltiples necesidades que en la vida de un hombre pueden surgir, tampoco trato de solucionar los múltiples y distintos conflictos que puntualmente agitan el desarrollo personal. Lo que si, es que trato de cubrir  una necesidad personal sobre la actitud frente a las polaridades masculino/femenino, un deseo de ampliar el concepto  de identidad masculina, un aumentar los recursos individuales en la existencia de un hombre, un completar el lado oculto de cada uno de un deseo de enriquecer-nos con lo que tenemos y obviamos.

Quizás será muy pretencioso, aunque espero que subir a un nivel de abstracción de polaridad masculino-femenino, permitirá descender   a lo concreto de la vida con más recursos, máxime cuando existe mucha información  y conocimientos sobre esta polaridad.

2. FEMINEIDAD MASCULINA: LA HERRAMIENTA.

Trataré, ahora de introducir el concepto que me sirve como base de trabajo en la labor terapéutica con hombres. El objetivo es concretar una herramienta que, como tal, pueda ser utilizada en las distintas situaciones que se presenten en el trabajo con hombres, así como darles distintas utilidades.

Para empezar quiero destacar que no busco la femineidad de las mujeres para que el hombre la integre en su totalidad, más bien se tratará de indagar y buscar la femineidad propiamente masculina, que no tiene por qué coincidir con la femineidad femenina. En la búsqueda de la identidad masculina es importante no perder el norte de quién es un varón, qué es lo que le hace ser diferente de una mujer.

Desde mi propio punto de vista esto es muy importante, ya que a partir del cambio de actitud de la mujer con respecto a su femineidad en los últimos años se ha producido un descoloque o variación en la situación del hombre y su identidad (algo de lo que se ha escrito bastante en la literatura sobre el tema). De hecho y durante unos años surgió una búsqueda del lugar y la actitud en la que el hombre debía y tenía que colocarse, y aqui el hombre trató de integrar en su si mismo el modelo femenino de forma que pudiera sentirse más completo, lo que dio lugar a concepciones del hombre “el hombre blando”. No obstante esta posición le lleva a un callejón sin salida según mi propio punto de vista, ya que tratar de completarse con lo que “no es” (el rol femenino) le coloca en una posición de insatisfacción personal.

Cuando me refiero a que el hombre ha de buscar su propia parte femenina sin dejar de ser masculino quiero decir que la búsqueda tiene que realizarse desde dentro de uno mismo, no en base a prototipos externos y socio-culturalmente establecidos de lo que un hombre debe y tiene que ser. Por poner un ejemplo, considero que el cariño, la pasividad, la receptividad que un hombre puede transmirtir es bien diferente de la que la mujer transmite. Aquí  estoy haciendo referencia a las diferencias obvias entre un hombre y una mujer. Parto de considerar que lo masculino y lo femenino son polaridades que el hombre puede integrar con un significado diferente al realizado por una mujer (también podría hablarse de una “masculinidad femenina”). Se tratará de respetar las diferencias entre la identidad masculina y la femenina.

Trabajar desde este marco teórico con los hombres y transmitirles la idea tanto a un nivel cognitivo, como experiencial, puede ser util para que surja el permiso de ampliar su propia identidad, sin sentir el miedo provocado por perder su modelo de masculinidad o que éste se vea amenazado por lo que éllos consideran femenino.

En el nivel experiencial, cuando me refiero a la “femineidad masculina” quiero centrarme en la capacidad de poder permitirse sentir las múltiples sensaciones y emociones que un hombre puede experiementar, situándose por encima de las emociones y actitudes que él mismo puede vivenciar según los modelos socio-culturalmente establecidos. Se tratará de subir a un nivel de percepción mayor donde poder colocarse en una posición  de respeto a la totalidad de lo que somos cada uno de nosotros. Cuando experimentalmente, se consigue escapar de lo que exteriormente debe ser y se da el permiso de colocarse en una posición personal de “dejarse fluir”, se pueden abrir los caminos de la totalidad de lo que somos y aquí cabe la femineidad masculina. Es como sentir lo que hay, dejando paso tanto a la emoción como al miedo que me provoca el sentir determinada emoción. Algo así como “tengo miedo de mostrar mi debilidad y me siento débil” o “tengo miendo de mostrar mi afectividad y me siento afectivo”. En definitiva se tratará de buscar el propio rol personal independientemente de los socio-culturalmente establecidos. Cuando experiencialmente se logra lo anterior cabe la posibilidad de ampliar enormemente la propia libertad individual con respecto a lo que yo soy y siento.

En definitiva, hablar de feminidad masculina me lleva a conectar con los conceptos de “aceptación” y de “respeto” hacia el ser uno mismo: Aceptación de lo que siento y respeto por como estoy.

La relación que existe del hombre con sus sentimientos, en el actual contexto social y desde el rol preestablecido no permite la manifestación abierta de los mismos, ya que ello puede indicar debilidad por tanto vulnerabilidad, algo que no está permitido desde el rol masculino. La no expresión de sentimientos y su sustitución por otros como la rabia, la cólera, la ira hace que surja un desequilibrio entre lo que el hombre siente y lo que manifiesta, teniendo una repercusión importante en la expresión y manifestación de emociones. Los varones también tienen derecho y sería enriquecedor recuperar la expresión adecuada de sentimientos, deseos y emociones sin estar mediatizados por el modelo socio-culturalmente establecido.

En el trabajo terapéutico con hombres consolidar, abrir, promover la femineidad masculina es “una herramienta” que me sirve de excusa para traer a colación un modelo de funcionamiento dualista que genera conflictos e impide desarrollar la totalidad de un hombre con toda su expresividad emocional. La herramineta permite integrar muchas de las polaridades que hay en un hombre en base a roles preestablecidos. A través de este trabajo se transmite la idea de integrar en la totalidad de un individuo aquello que es, en toda su amplitud y, al mismo tiempo, ésto es extensible a cualquier polaridad existente en el interior de cada uno de nosotros.

3. EL PROCESO: INTEGRACIÓN DE POLARIDADES A TRAVÉS DE LA ENERGÍA SEXUAL.

En este punto, trataré de explicar el proceso a través del cual se realiza la integración de las polaridades en la identidad masculina y de como la focalización en la energía sexual me sirve como punto de partida para realizar la labor totalizadora con los hombres.  

El trabajo sobre “femineidad masculina” se realiza en la zona pasiva del Ciclo Gestáltico de la Experencia. por medio de fantasías dirigidas donde se busca el darse cuenta de cómo estoy en la polaridad masculino / femenino, al tiempo que se desarrolla un despliegue interior con objeto de ampliar, actualizar y resituar experiencialmente la vivencia de la totalidad de uno mismo. El proceso se realiza a través de la focalización de la energía sexual genital del individuo para, a partir de ahí, ampliarla a la totalidad física del cuerpo (descentralizar) y la a totalidad intrapsíquica de los procesos emocionales. La vivencia de una experiencia de este tipo puede facilitar la reubicación del concepto de sí mismo, asi como su ampliación. Se tratará de implicar al proceso emocional en un primer lugar, y dejar que se integre posteriormente en los procesos cognitivos. el objetivo de desplegar interiormente todas la emociones que se localizan en la zona genital pudiéndolas extender a todo el cuerpo.

El hecho de utilizar la energía sexual  basado en la idea de que es una fuerza fácilmente  localizable desde el modelo masculino establecido, por tanto, utilizarlo como punto de partida del trabajo va a facilitar el proceso. Además considero que la energía sexual propiamente masculina es una fuerte movilizadora de procesos internos, En el trabajo terapéutico con hombres me ha servido mucho como herramienta promotora de cambios, ya que culturalmente y transgeneracionalmente ha tenido un lugar básico en el desarrollo del sexo masculino. La sexualidad del varón en la mayoría de los casos, está relacionada con la competencia y la acción, relacionada a través del pene como símbolo de la identidad masculina. El pene se va a configurar en la fantasía del varón como el único elemento sexual genital que dispone, y por tanto reduce mucho sus posibilidades de erotismo, limitándose así, la capacidad emocional y sexual que un hombre podría alcanzar…

Me parece importante resaltar que en trabajo con hombres aquello que podría ser un handicap o bloqueo (la excesiva focalización sexual masculina en sus genitales), es utilizado como base para, paradójicamente, ampliar y totalizar la idea masculina y, de este modo añadir-sumar la femineidad propiamente masculina.                                 

“Gracias a ti, polaridad, yo te trasciendo”.

Se trata de convertir lo mismo que produce el bloqueo en aquello que posibilita el superar-lo.

4.- CONCLUSIONES:

A través del presente tarabajo he pretendido transmitirles una serie de reflexiones propias que me sirven como punto de partida en el trabajo terapéutico con hombres. En general, es una visión que me permite:

1.- Aceptar y respetar lo que  yo puedo sentir.
2.- Aceptar y respetar lo que la persona que se coloca frente a mi sienta y muestre.
3.- Ampliar y transmitir con esta actitud (aceptación y respeto de lo que soy y de lo que eres) la idea de respeto a la totalidad de lo que somos y sentimos.

Si llego a considerar lo anterior de gran importancia y como punto de partida básico en el trabajo con hombres es porque cuando me he colocado en la posición de “hombre terapiado” lo que más me ha ayudado a respetarme ha sido el sentir esa misma actitud en la persona que me acompañaba en mi propio proceso.

Referencias Bibliográficas

Historias de Amor. Julia Kristeva. Ed.Siglo XXI,1987
La sexualidad en el hombre. Vincent Bataller, Perelló y Paco Alabau Ferrer.
Primera Semana de la Sexualitat a Burriana, Valencia
El asistente Interior. Norberto Levy