31 octubre, 2026

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Resumen del libro El Drama Invisible

Por: Evelyn Lowenstern
Publicado por primera vez el 10/04/03

* Resumen del libro del mismo título de la autora Carol Becker

     La angustia, en muchas ocasiones, se convierte en una fuerza autónoma que nos detiene, nos paraliza. Si por el contrario nos enfrentamos a ella, retomaremos esta energía, para nuestro beneficio, por lo tanto podemos deducir que la angustia puede ser una fuerza movilizadora o paralizante dependiendo de cómo la utilicemos. “La angustia siempre acompañará a lo desconocido, es un catalizador indeseado, pero inevitable para el cambio”

     Las personas generalmente se sienten atraídas por la idea del cambio, pero también se enfrentan a su miedo de perder aquello que les es conocido.
Cuando una mujer educada crece más allá de sus introyectos comienza a generarse angustia ante la idea de estar rompiendo con valores pre-establecidos. Como ejemplo tenemos aquellas que no se creen inteligentes, ni exitosas, aun cuando para otros lo son, esto se da porque sus logros son posteriores al aprendizaje de falsas creencias, aunado a ello,  una baja autoestima  hará más difícil el logro de sus propósitos.

     Irónicamente se observa que cuando la gente se siente bien crea angustias ante la posibilidad de perder estos logros, mientras que otros se angustian ante la fantasía de no lograr sus metas.

     También puede observarse que algunas depresiones están enmascarando una angustia subyacente, esto se ve en mujeres que han pasado por períodos prolongados de extremo estrés.

     La conexión positiva de la angustia con el cambio depende de la imaginación, o fantasía o, como decimos en gestalt, a la zona de los pensamientos y o abstracciones.
La angustia emerge cuando prevemos sucesos que aun no han ocurrido. Al decir de Wilhem Reich “uno anticipa en forma somática la situación de peligro por medio de la imaginación”

     Así como se crean nuevas formas e ideas, el innovador siente cierto grado de culpa al cambiar lo que ya existe, Picasso decía: “cada acto de creación es antes que todo, un acto de destrucción”, con esta destrucción se da el desequilibrio que lleva al cambio. Si el cambio se da demasiado rápido genera conflictos internos de desadaptación y angustia.

     Las mujeres han llegado a ser provocadoras de cambios, han generado angustia en ellas y en otros, pero han ganado libertad psicológica e independencia.

     Ante este nuevo reto se sienten en una paradoja: son condenadas tanto si son independientes como si no lo son.

     La estructura social las ha conducido a dependencias emocionales y sociales.

Ej: si me enamoro me siento en dependencia con este hombre y también siento que le temo a mi propia independencia que implica ser completamente autosuficiente.

     Esto también se vuelve contrario a la mujer ya que cuanto más autosuficiente se comporta más amenazadora es para los hombres.

     A esto sumémosle la decisión que debe tomar desde niña, ama de casa o profesionista, y seguramente cualquiera que elija  la lleva a sentirse mal por  no haber elegido todo, además se suma, que si logran ser las super mujeres de hoy, siempre sienten que podían haberlo hecho mejor. Continuando con esta gama de elecciones viene la que se lleva el premio mayor y es la decisión de ser madres, tener un hijo implica el no desarrollarse como quisieran profesionalmente y el no tenerlos implica el juzgarse posteriormente cuando ya es tarde.

     La angustia entonces se genera gracias a la batalla entre la realidad interna y la externa, el crecimiento y el estancamiento, las demandas individuales y colectivas.

     Asociada  al estancamiento surge la angustia motivada por polaridad con las fuerzas de la vida y del bienestar psíquico, si en vez de paralizarnos logramos utilizar esta energía en movimiento, la misma emergería como un catalizador al crecimiento.

     Las personas tememos a la inmovilidad, rutina, dependencia, nos sentimos atraídas ante la idea de cambio, aunque esto nos implique el enfrentarnos al miedo de perder lo conocido por descubrir aquello que nos hace generar nuevas sensaciones.

La angustia del cambio

     La posibilidad de Libertad siempre provoca angustia “Rollo May”

     A medida que las mujeres crecieron en sus propuestas a si mismas han subestimado la fuerza desmotivadora de la angustia. Ésta sólo puede aliviarse por medio de la desmitificación, si ésta se comprende como síntoma o mensajes adquiridos durante el desarrollo y que son recordados por el cuerpo ante el miedo; la angustia se transforma en  una emoción evasiva, sus síntomas son visibles y bloquean la fluidez de la energía. Estos pueden ser confundidos con los síntomas del estrés: taquicardia, hiperventilación, sudoración etc. Estos síntomas se generan por amenazas reales (angustia objetiva) y fantasiadas (angustia neurótica), que es la más compleja.

     En el estrés la persona habla de su gran carga de responsabilidad, pudiendo aligerarse ésta, cuando se descubren sus causas.

     El miedo es un estado más complejo pero más fácil de manejar que la angustia porque hay un “algo”. Cuando la causa es conocida puede evitarse o disponer de algún elemento de control.

     Sentimos impotencia cuando presentimos peligro, pero no lo reconocemos, ni tampoco sabemos que hacer para impedirlo. Este dilema es la esencia de la angustia.

     A muchas mujeres les sucede esto actualmente, desean luchar por su independencia y esperan al mismo tiempo el castigo, creen que deben pagar un precio por ello y no se dan cuenta que su castigo se lo imponen ellas mismas al fabricar su propia angustia.

     A esto se le suma que las personas no definen su dolor como psicológico y comienzan un recorrido interminable de visitas al médico buscando el por qué de sus síntomas ya que es más difícil aceptar que el problema es mental, por ello es más simple aceptarse estresado que angustiado.

La desarmonía del Enojo

La forma más lógica de reaccionar ante un conflicto que implique la pérdida del propio terreno es el enojo, pero este derecho le está negado a las mujeres y esta incomodidad que les produce la aceptan hasta que ya no distinguen sus propios límites o cómo establecerlos.
Al inicio del Movimiento Feminista, se pensó que la expresión de la ira podría ser la solución a la tiranía de la negación de uno mismo, del deber ser agradables, de la empatía excesiva. A pesar de que la reacción de enojo liberaba años de frustraciones no era aceptada en el porqué ni en el cómo.

La psicoterapeuta Joan Collins Thompson señala: los niños tienen más oportunidad de expresar su enojo que las niñas, se sienten libres para golpearse entre ellos, de lanzar y quebrar objetos.
El niño aprende que tiene fuerza física. Entre los 6 a 8 años, los niños saben que su enojo es un elemento poderoso. Las niñas a quienes no se alienta a expresar su ira temen guardar dentro una rabia global, incontrolable y destructiva.

Las mujeres tienen una idea exagerada de cuan peligroso puede ser su enojo. Sin una distancia clara entre lo que constituye su interior y lo que pertenece al exterior, temen que si expresaran sus emociones, tendrían en los demás tanto impacto, como el que causan dentro de si mismas, por lo que no se permiten expresar la magnitud de su insatisfacción.
En su mayoría el introyecto (mensaje no asimilado) que traen es el que de ellas depende mantener el orden y la armonía. El enojo causa desarmonía y cuando se da esta situación la primer pregunta que se hace ella es: ¿qué hice mal? ¿Qué debí hacer?

El enojo cuando se expresa directamente es una fuerza positiva que afirma los límites del ego. y es aquí cuando hace su aparición otro fantasma en la vida de las mujeres llamado egoísmo.
Este temor al egoísmo (asociado al hecho de tomarse el tiempo necesario para trabajar realizar sus metas y deseos) continúa aún cuando la sociedad o su grupo familiar ha dado la autorización para llevarlo a cabo.
Como un ejemplo simplemente ya que todos tenemos alguno por ahí es el de una pintora que enseñaba en una escuela preparatoria y a quien se le concedieron seis meses de permiso, estaba al principio estática ante este tiempo no planeado, en el cual podría hacer su propio trabajo. Primero fue muy productiva, pero luego comenzó a sentirse muy angustiada. No tengo motivos para sentirme inestable pero lo estoy, tengo tiempo para trabajar. Las presiones externas de la enseñanza no existen ahora, mis hijos están en el colegio y se cuidan a si mismos, tengo el tiempo libre de las 9 a las 5 y aun así siento una enorme angustia. Aun mujeres sin maridos, ni hijos, sienten que descuidan a sus amantes, compromisos sociales, amigos, padres, etc.

Uno siempre puede sentirse responsable y culpable respecto a alguien. Esta preocupación por los demás y por la relación con ellas  puede hacer que los actos de las mujeres parezcan indecisos.
Esto puede afectar la habilidad de las mujeres para desprenderse de las personas, reconocer sus propias metas y alcanzarlas. Un psicoterapeuta relató acerca del impacto que sienten las mujeres cuando salen al mundo y actúan siempre justa y legítimamente y descubren después que el que obtiene la promoción al trabajo es el empleado indigno de confianza o el deshonesto. Algunas mujeres tienen un “don natural” para adaptarse inmediatamente a un mundo competitivo, otras necesitan tiempo para aprender a integrar sus valores dentro de un sistema con estas características.

Dentro del antiguo sistema, las mujeres se sentían culpables si dedicaban demasiado tiempo  a si mismas, ahora cuando salen al mundo logran mitigar parte de esa culpa heredada, haciéndose cargo de tal cantidad de trabajo y obligaciones que casi nunca tienen tiempo para si mismas. Frecuentemente cuando ellas alcanzan una meta se proponen una nueva y así opacan sus logros recientes por la presión para alcanzar otras más.
Por esta razón tienen poco tiempo para sentirse satisfechas con sus logros o para permitir fortalecerse. Es como si no tuvieran memoria de sus logros pasados para apoyarse en ellos. Siempre parece que tienen la necesidad de crearse a si mismas a partir de la nada.
Actualmente se han hecho a si mismas tantas demandas, que muchas veces ocultan la angustia del cambio con el stress. Han evadido conflictos profundos con una barrera de deberes de todo tipo. En la medida que en la actualidad las mujeres tratan de “hacer todo” han reemplazado una forma de reestructuración por otra: anteriormente, el tiempo de las mujeres, su espacio y energía eran absorbidos por las necesidades de los demás, ahora ellas han agregado a esos antiguos compromisos, los nuevos que han contraído al estar en “el mundo”.

Las mujeres que tradicionalmente han sido expertas en el cuidado de los hijos, maridos o jefes no han sabido usar esta experiencia en si mismas y se sobrecargan con demandas  irracionales. Ej: una ginecóloga decide que su profesión no es un gran reto en el sentido intelectual así comienza a estudiar psiquiatría mientras sigue trabajando medio día en su consultorio. y ejemplos como estos los encontramos a diario.

Sin embargo estamos apesadumbradas por haber perdido las antiguas formas tradicionales que aunque limitantes y represivas, nos otorgaban definición, protección y respeto.

Tal vez lo que nos lamentamos es la pérdida de la sencillez de la vida, ya que hubo una época en la que las mujeres sólo tenían que tomar una decisión única en su vida y era con quién se casarían. Una vez comprometidas con esa decisión  heredaban un rol definido y una realidad que estructuraba su vida. Ahora tienen que crear nuevas formas y un nuevo contenido con el cual llenar esas formas., surgiendo así el temor a perderse a sí mismas en este camino.

El desafío actual consiste en usar esta nueva conciencia personal para protegerse de la tiranía de sus propios dones y romper con la antigua tradición.

A fin de liberarse de la culpa productora de angustia, las mujeres debemos aprender a contener las relaciones empáticas y usarlas con quien elijamos; para controlarla de modo que no estemos controladas por estas fuerzas.

De esta forma desarrollaríamos un ego fuerte e independiente (sin ser egoístas ni individualistas) y combinar la autonomía que antes se le atribuía a los hombres con la compasión que históricamente han cultivado las mujeres.

Hombres y mujeres en el amor y la lucha

“El día en que sea posible que la mujer ame, no con su debilidad sino con su fuerza, no para escapar de si misma sino para encontrarse, no para rebajarse sino para reafirmarse; en aquel día el amor llegará a ser para ella, como para el hombre, una fuente de vida y no de peligro mortal”
Simone de Beauvoir

En 1947, cuando Simone de Beauvoir escribió el “Segundo sexo” describió a la mujer enamorada, como alguien que sólo podía lograr la trascendencia a través de su amor por otro y que se daba cuenta de su valor en el momento de ser importante para un hombre.

Mientras al hombre se le ha permitido encontrar amor y trascendencia a través de su propia actividad, las mujeres que decidieron su camino fueron etiquetadas por la sociedad; así el encontrar el amor se convirtió en una necesidad para ser aceptadas por ésta, desarrollándose una obsesión que frustraba su desarrollo.

Las mujeres frecuentemente han sacrificado todo por el amor de un hombre, beneficiando así a los hombres, sirviendo de inspiración a artistas, emperadores y éstos no vacilaban en cortar esta savia inspiradora si sentían que podía impedirles su posterior desarrollo.
Para los hombres, la fuerza motivadora ha sido  y es, la realización exterior mientras que para las mujeres es el amor. Así muchas mujeres inteligentes han permitido que el amor interfiera en su trabajo y como ejemplo podemos mencionar a la pintora Frida Kahlo que se casó con Diego Rivera siendo muy joven y luchó toda la vida para arreglárselas con el primer “accidente” como ella lo llamó, (el choque de un autobús que deformó todo su cuerpo) y el segundo “accidente” su casamiento con Diego. El dolor físico del primero y el dolor psíquico del segundo se convirtieron en el tema de su obra. Pero la pintura no podía liberarla de su obsesión por Diego, ni de las humillaciones que frecuentemente éste le causaba.

Cuando las mujeres del Movimiento Feminista comenzaron a estudiar sus propias vidas, así como la de mujeres del pasado y de algunas escritoras como Simone de Beauvoir, llegaron a la conclusión de que el amor romántico había sido una especie de droga, un modo de aliviar la angustia que resultaba de la impotencia femenina.

Así mismo comenzaron a cuestionar el precio que las mujeres tuvieron que pagar para sostener tal tipo de relaciones y empezaron a imaginar un nuevo ideal de amor que respetara su independencia recientemente adquirida, así comenzaron a romper con las idealizaciones que habían sido la base del amor romántico. Ya no deseaban ser arrasadas, atadas o fundidas por el encanto del otro, ahora buscaban apasionamientos basados en la igualdad., en el crecimiento compartido y donde el poder se distribuía equitativamente.

Así éstas ya no serían sólo madres o amantes sino que obtendrían un lugar en el mundo exterior y los hombres necesitarían aprender a desarrollar sus emociones y a cambiar las actitudes con las que herían a las mujeres en el pasado. Así el amor se convirtió en una fuente de vida para ambos sexos.

Hoy las mujeres están trabajando arduamente para cambiar y ahora esperan que los hombres crezcan para cambiar en el plano emocional.
Aquí y Ahora nos encontramos con hombres que para nada están de acuerdo con este cambio que se ha dado en las mujeres y si a veces se permitieron admirar a mujeres de carácter esto no quiere decir que quieran relacionarse con ellas, a menudo se oye decir a las mujeres: “En cuanto le compartí en qué trabajaba ya no volvió a llamarme”.
¿Qué sucedió?

Sucedió que durante siglos las mujeres habían servido como espejos de aumento que regresaban a los hombres una imagen de si mismos más grande e idealizada de lo que eran en realidad.
La adoración de las mujeres hacia los hombres como seres fuertes, afirmativos competentes y valientes había sido el punto central del mito del romance, ahora repentinamente el espejo se había vuelto en contra de ellos, las mujeres evaluaban sus acciones críticamente desde su desempeño en el trabajo hasta su desempeño en la cama, así las mujeres se enfrentaron a una hostilidad por parte de los hombres cada vez mayor.
La ilusión de que el amor se diera en camaradería no resultó provocando esto una nueva angustia en ellas que las condujo a cambios de parejas y resultados similares.

Lo que no lograban ver, es que la angustia estaba fomentada por ellas mismas ya que regresaban sin darse cuenta a viejos modelos, asombrándose de ver como subordinaban sus propias necesidades y metas a las de sus amantes. La angustia creada por estas regresiones era doblemente dolorosa ya que sentían que caían en viejos roles rechazados y violaban su propia visión de progreso.

Aun así comprobaron que dependía de la mujer el sentir por ambos en la pareja, buscar actividades cuando el aburrimiento comenzaba a destacar y hasta aquellas que pensaron se habían casado con un hombre que compartiría la responsabilidad con los hijos, ésta recaía sobre ellas nuevamente.

Se ha creado un nuevo modo de angustia que se basa en la competencia mutua entre hombres y mujeres basada en el trabajo que ambos desempeñan.

Hoy día hay muchas mujeres que han logrado carreras muy exitosas, siendo difícil para ellas abrirse camino, mientras que su pareja por su condición masculina, no lo ve, y esto finalmente conduce a resentimientos.

Otro punto a tomar en cuenta es lo que sucede cuando la mujer desea tener un hijo. Durante el período en que no están en pareja temen que jamás encontrarán a la persona con quien poder formar una familia., piensan que todas sus amigas se han casado y tienen hijos, por eso la presión que sienten para estabilizar sus vidas aumenta en ellas y así o bien eligen mal al compañero o deciden que su vida sea solitaria.
Lograr el éxito en el amor implica encontrarse como personas enteras, resolver sus problemas emocionales, comprender la idealización y darnos cuenta cuando estamos proyectando en el otro nuestras necesidades, y que mantener relaciones honestas es motivo de esfuerzo continuo.
Una vez que las personas somos honestas con nosotros mismos podemos ser honestos con los demás, cambiar de mutuo acuerdo aquellos roles arcaicos que ya no funcionan y darnos cuenta cuando se está retrocediendo.

Las mujeres necesitamos ya no conceder demasiado en el amor y abandonar nuestras necesidades de trabajar y de amistad con el fin de mantener el romance, ni ser protectoras de nadie más que de nosotras mismas.

Los hombres por el otro lado necesitan admitir su tendencia a dominar y controlar a las mujeres aceptando en la relación una interdependencia sana para ambos; comprendiendo que sólo a través del amor y el respeto a si mismo se alcanzarán las metas establecidas por cada pareja.

Referencia bibliográfica

BECKER, Carol, *El drama invisible: Mujer y la anciedad del cambio”, MacMillan Publishing Company (March 1987)

De Brenda Susana Ramírez Ramos:

     Excelente resumen pronto buscare la referencia para leer, y me llama la atención, la ausencia de comentarios del genero, también la angustia, puede despertar la negación.

Respuesta de Evelyn:

Cuando hay angustia ya no hay negación, ya que la primera aparece ante la fantasía catastrófica que desarrollamos con la situación  vivida.Con respecto al género encontrarás más información en la bibliografía adjunta al resumen del libro.
Evelyn.

Comentario de Angel:

Tengo 22 años y pareciera que mi vida entera en estas luchas continuas de emancipación están todas descritas allí arriba, a veces tengo tanto miedo a ser lo que yo soy que termino por ceder a situaciones que deseo que sean diferentes para mí u opto por hacer lo que me “sugieren” como una ley, como un camino marcado del cual no hay que salirse. Por supuesto que sigo deseando que las cosas cambien y por supuesto que siento angustia, pero también deseo salir adelante salir victoriosa en mi lucha interna, en establecer mi propio camino.

Respuesta de Evelyn:

Claro que puedes salir airoso de estas situaciones y más rápido si te apoyas con lectura hacia el tema, además de buscar ayuda terapéutica para hacerlo acompañado.

Comentario de Duarte Briz:

Pienso que también el reto es: romprer con los introyectos tanto culturales y por ende familiares, así como los roles aceptados a no (que por supuesto en caso de no se aceptados) serían aún más patológicos.
gracias.

Comentario de Isabel Oliva:

Me parece excelente el tema y de mucha actualidad, para la vida y el papel que las mujeres ahora desempeñamos.   Creo que en la actualidad estamos viviendo en una lucha constante contra creencias, introyectos, mitos, etc, pero esta lucha permite el crecer, pero crecer a veces bajo temores, angustias, dudas del si esta bien o no esta nueva toma de decisiones… gracias por este texto!!!