Violencia, transgresión y aniquilación en los líderes totalitarios: Un abordaje gestáltico.

Conferencia Magistral del 5º Congreso Internacional de Gestalt de la Universidad Gestalt
Por: Kenia Campano
Buenas tardes, quiero agradecer a la organización del congreso y a todos lo que han hecho posible que estemos aquí, aprovechando este espacio para tocar temas sensibles e importantes para todos. Para mí es un privilegio poder estar aquí y ahora delante de todos. Mi exposición se llama: violencia, agresión y transgresión en los líderes autoritarios.

Yo me voy a basar fundamentalmente en dos conceptos: uno es la definición de la personalidad de Gilles Delisle, en su texto: De la perturbación de la personalidad, una perspectiva gestáltica. Y en el constructo teórico de Guillermo Feo de la función agresiva.

Intentar una aproximación gestáltica de la violencia en determinados contextos y bajo las restricciones de una teoría supone unos límites que en la práctica impiden abordar el fenómeno en toda su complejidad. La intención es explorar la dinámica procesal de la violencia como patología de la función agresiva. Y de la aniquilación y transgresión como mecanismos compensatorios. El nivel intrapersonal: es decir voy a abordar estos temas en tres niveles. El cómo surge, cómo se instala, en el nivel intrerpersonal y cómo se expresa en el nivel sistémico. Porque es un fenómeno que se origina y desarrolla en múltiples niveles y direcciones.

En este concepto de la teoría gestáltica; el proceso entre los niveles intrepersonal, intrapersonal y sistémico se expresa en una dinámica que impide abordarlo de forma aislada debido a su propia condición sistémica. El comportamiento de un nivel condiciona al otro en una relación dialéctica en la que uno no existe sin el otro. Las disfunciones en el nivel intrapersonal, sólo pueden expresarse en su interacción con el otro y con el medio.

Para un mejor comprensión del individuo cito la definición de personalidad de Gilles Delisle: la personalidad es la manera relativamente estable y concreta que tenemos de ordenar los elementos cognitivos, emotivos y sensoromotores de nuestra experiencia en la interacción con el entorno a la vez que fundamentan nuestra sensación de identidad. De esta definición, podemos interpretar que un individuo sano tiene la capacidad de mantener estable y fluida la relación figura fondo. A la vez que mantiene la congruencia necesaria entre sus pensamientos, sentimientos y conductas que le permiten ejercer su función agresiva para el crecimiento y desarrollo con su interacción con el entorno. Por el contrario, en la perturbación, o sea el trastorno o disfunción, se expresa en la imposibilidad, de ejercer fluidamente esta dinámica en la relación figura fondo y la congruencia entre sus pensamientos, sentimientos y conductas. De esta manera, el individuo no está en capacidad de definir sus necesidades. Su organismo no puede mantener su nivel de alerta y excitación necesarios que le permiten elaborar configuraciones nítidas. Esta incapacidad le impide organizar su experiencia cognitiva, emotiva y conductual. No puede mantener la congruencia necesaria para ejercer una función agresiva sana, entendiendo como función agresiva: la capacidad de movilizarse para satisfacer sus necesidades.

Entonces, según Gilles Delisle: la perturbación de la personalidad es una manera concreta de organizar la experiencia en la que el individuo simboliza su experiencia como un sufrimiento.

Gilles Delisle plantea que dentro del darse cuenta, el individuo da un significado a eso que se da cuenta. Es decir, la simbolización va a determinar el grado de amenaza de la figura. Si la percepción de toda la figura es de amenaza, el individuo va a reaccionar agrediendo para defenderse. Esa experiencia va a mantenerse así, y eso va a ser su experiencia de vida. Por otra parte, incapaz de hacer otras figuras, permanece en su círculo de amenaza defensa, percibiendo solamente las figuras de alabanza y aprobación que tienen un efecto compensatorio.

Si su experiencia es de maltrato y desvalorización, como compensación las proyectará maltratando y desvalorizando. Así, la función agresiva simbolizada como amenaza genera como respuesta, una violencia como necesidad de aniquilar la figura amenazante.

A partir de esta interrupción, todo el proceso de desarrollo se va a ir empobreciendo y todo su funcionamiento estará dirigido a compensar sus carencias como un sentido de la realidad distorsionada y con su afectividad dividida en dualidades amor-odio, aceptación-rechazo y muchas otras.

Su percepción de los elementos cognitivos y conductuales también queda perturbada y puede alcanzar niveles de perturbación que trasciendan el límite de la realidad. Es decir se puede psicotizar.

Hasta aquí el origen a nivel interpersonal; es decir la explicación del origen de la violencia.

En el nivel intrapersonal, todos estamos ante este individuo en el que su función agresiva ha sido reprimida y la compensación de la misma es la violencia. Un individuo en el que modo de organizar su experiencia en los tres niveles es inadaptado e inflexible, lo cual genera una carencia significativa del funcionamiento en todos los contextos, como ya dije.

Este proceso gradual de alienación de sí mismo respecto a lo que es y a su entorno está generalmente teñido de maltratos y de desvalorización que proyectará en relación con los otros y el entorno. Percibirá entonces a este como una amenaza constante. Su función agresiva no está disponible para satisfacer sus necesidades sino que se mantiene encerrado en su círculo de amenaza defensa y lo expresará  agrediendo, transgrediendo y aniquilando.

En el nivel interpersonal, la dinámica de la relación yo – tú, está condicionada por el descubrimiento que el yo hace del otro para convertirse en nosotros.

Una definición filosófica que surge de la idea de ver al otro, no desde una perspectiva propia sino teniendo en cuenta las creencias y conocimientos propios del otro, la “alteridad” que llaman Buber y Levinas.

Esto significa reconocer al otro en mí y reconocerme en el otro. Es una relación dialéctica en la que uno no existe sin el otro y ambos existen interdependientemente. Por supuesto, un individuo con estas funciones, con la función agresiva bajo estas condiciones no está en capacidades de tener una vivencia o experiencia de este nivel como plantean Buber y Levinas.

Hay tres aspectos fundamentales en esta relación que es necesario considerar en este contexto. Las diferencias, la negociación y el diálogo.

¿Por qué me apoyo en estos tres conceptos? Por la importancia que tienen para manejar las diferencias. Si usted no tiene conciencia de que el otro es diferente a usted no va a poder negociar y no va a poder dialogar.

La diferencias son fundamentales en la relación yo – otro. Es reconociendo las diferencias que puedo dialogar a través del diálogo que puedo negociar. Y es en el reconocimiento exacto de mí y del otro como diferente a mi que puedo tener proyecciones efectivas. El reconocimiento que hago del otro es el reconocimiento que tengo de mí.

Una experiencia reprimida, desvalorizada, amenazada y maltratada; no podrá simbolizar otra realidad que no sea la agresión y la violencia. Es una existencia vivencial en términos de víctima-victimario dentro de una dinámica perversa en la que la víctima se revela generando violencia vengándose de su victimario que se convertirá en su víctima a la vez, manteniéndose así el círculo vicioso de la involución psicosocial. Donde la víctima, sin saber que tiene poder, no se atreve a usarlo. A la vez se rebela, se convierte en un superviviente, con los valores del superviviente: violento, peligroso, amoral, buscando la venganza y termina siendo un victimario. Este es el círculo vicioso de la dependencia de la involución psicosocial. Que el víctima se convierte en victimario y viceversa, y se mantiene ese círculo para siempre.

Esta dinámica de la violencia como patología de la función agresiva, es la base psíquica del pensamiento totalitario. Un pensamiento esquemático, intolerante, inflexible, simplista, fanático, incapaz de percibir el entorno en toda su complejidad. De aceptar las diferencias, que no dejan espacio para ninguna otra opción o para otras razones que no sean las suyas.

Individuos que sienten un desprecio brutal por todo lo que no quepa en su reducido mundo. Estamos ante la psiquis de los líderes totalitarios, autores de los gobiernos totalitarios. Expresados en múltiples formas. Muchos de ellos han trascendido por su fanatismo, intolerancia y violencia, y tienen orígenes similares de carencia afectiva, de seguridad y de amor. Han sido maltratados y humillados y como mecanismo compensatorio de sobrevivencia, han sido y son generadores de los más crueles hechos de violencia, maltrato, humillación, aniquilación contra sus semejantes. Bajo argumentos tan aberrantes y perversos que sólo pueden ser originados por estas psiquis también perversas y aberrantes. La proyección en su más auténtica maligna expresión.

En su expresión sistémica son harto conocidos los escalofriantes capítulos de violencia, persecución y exterminio en las historias recientes y que son productos de individuos con estas carencias.

El holocausto de la Alemania Nazi, un plan deliberado y sistemático que incluyó la macabra creación de los campos de concentración exterminando aproximadamente seis millones de judíos europeos.

Pero la humanidad ha sufrido muchos holocaustos. La cruel persecución de la Santa inquisición, la cacería de brujas donde fueron juzgadas más de ciento diez mil mujeres, además de la persecución y exterminio de los homosexuales. La historia más reciente, porque no nos da tiempo de mencionarlas todas, la década de los 50, la era del Macartismo, en los Estados Unidos, que es otro episodio de persecución en la época moderna; la existencia de sectas como el Kukluxklan, que pretendía el exterminio de los negros en los Estados Unidos. La de James Young, en Guyana. La guerra de Vietnam, la guerra de Bosnia, la de Irak, Campuchea, África.

La historia de exterminios y persecuciones organizadas por líderes sectarios existe y goza de magnifica salud en esta primera década del siglo XXI. Siempre enmascarada por grandilocuentes episodios de mesianismo que le permiten ganar adeptos necesitados de salvación, que sus realidades están plagadas de las mismas necesidades, en una perversa dinámica en la cual unos responden a los otros buscando compensaciones a su vacía existencia. Impedidos de utilizar su función agresiva en acción alguna que no implique la aniquilación de todo aquello que no responda a la visión fragmentada de su mundo.

Voy a mencionar algunas características del totalitarismo como fenómeno. El concepto totalitarismo define los movimientos y regímenes políticos donde la libertad está seriamente restringida y el estado ejerce todo el poder sin divisiones ni restricciones. De un modo mucho más extenso e intenso que el poder teórico de las monarquías.

Cito algunas características de estos regímenes; porque estas son las condiciones que crean sus líderes, en las que crecen y fortalecen en una relación recíproca de creadores creados. Los regímenes totalitarios se caracterizan por aniquilar todos los órdenes: político, sociales y jurídicos, establecidos para tomar el control total de la vida de los ciudadanos

Intentan reemplazar la religión tradicional. En ellos es una práctica sistemática el neutralizar y aniquilar toda oposición política y señal de disidencia. Suelen capitalizar el odio hacia ciertos grupos minoritarios sea racial, político, sexual, religioso y son muy altas las probabilidades de exterminio de estos grupos.

Su teología es ejercer el poder sin limitaciones previsibles y sancionables y sin tiempo límite. Lo que logran a cualquier costo. Todas las estructuras de poder están erigidos en tanto al entorno político de un solo individuo; el líder.

En estas condiciones toda la exaltación del poder y de ese líder omnipotente fomenta el culto a la personalidad. El líder totalitario depositario de ese culto pretende llevar su poder a escala global y luchar contra la conspiración en cualquier punto que esta ocurra. Manipula la realidad a través de la propaganda para lograr transformarla. Su propaganda se fundamenta en su condición de infalible, es cierto lo que dice y por tanto, siempre tiene la razón.

Sus discursos están dirigidos a deslegitimizar todo lo que no apoye su nuevo orden. Es una práctica de la violencia y el terror para inducir a la propaganda y así legitimizar su mensaje. Utilizan la violencia y el terror como fuerza de coerción para controlar y mantener tanto su propaganda como su organización.

La implantación del terror y la eliminación de los disidentes son formas de demostrar su eficacia creando conspiraciones ficticias para suprimir a todo el que tenga intenciones de apartarse de la línea de su movimiento.

La violencia es considerada por los movimientos totalitarios como un instrumento necesario e inherente de control. No es sólo matar, es aniquilar planificada y estratégicamente, cualquier obstáculo que se interponga al fin último: mantenerse en el poder.

Esta compleja red de necesidades, emociones, conductas, control, violencia, aniquilaciones y transgresiones: está sustentada sobre el más primario sentimiento: el miedo.

La necesidad de control está sustentada en la inseguridad y el miedo. Detrás de un ogro hay un niño aterrado aferrado a su necesidad de reconocimiento y aprobación. Buscando seguridad en las armas y organizando guerras para demostrar su poder en una desesperada necesidad de demostrarse a si mismo que puede, que está seguro y que hará todo lo necesario para defenderse.

Estamos así ante un fenómeno que, aunque originado en un nivel intrapersonal, trasciende al nivel de las intrarrelaciones y sus consecuencias pueden llegar a tener dimensiones catástroficas para millones de personas y para el planeta.

Es necesario abordarlo no sólo a través de sus expresiones sino como el complejo proceso que implica la dinámica: víctima-victimaria en un bucle de retro alimentación reforzando el círculo del subdesarrollo pisco social,

Cada uno de nosotros pudiera estar cultivando uno o unos violentos, que un día pueden convertirse en tiranos iguales o peores de los que hoy se encuentran ejerciendo poderes ilimitados sometiendo a millones de individuos, bien sea en un hogar, en una organización, en una escuela, en cualquier grupo, en cualquier parte. Intentando ejercer afuera el poder que no tienen dentro. Y sin darnos cuenta estaríamos contribuyendo a mantener esa interminable cadena de víctima-victimarios en un macabro juego de poder.

Para interrumpir esta cadena es necesario empezar por revisar nuestras propias funciones agresivas y nuestra manera de ejercerlas. Nuestra propia violencia. Es necesario también recurrir a otras disciplinas, a otras maneras de ver el mundo y de abordar los fenómenos.

Hasta el momento tenemos muchas explicaciones y pocas soluciones. Necesitamos eficiencia para encontrar soluciones y para eso es necesario reconocer que no podemos hacerlo desde nuestras parcelas de conocimiento, sino creando una amplia red de interacción que contribuya a abordar los procesos en toda su complejidad, La transdisciplinariedad es un esfuerzo conjunto que nos permite flexibilizar nuestro pensamiento. De manera que nos podamos alejar de la experiencia dicotómica de lo bueno y malo, víctima-victimario, de modelos, enfoques y doctrinas sean científicas o no. Un paradigma es una forma de restringir una visión.

Estas víctimas necesitadas de justicia son las semillas de las que crecerán esos líderes buscando compensar sus carencias a través del sometimiento de aquellos a quienes creen responsables de ellas. O en su otra versión, a los fieles seguidores de esos líderes también buscando el apoyo y seguridad que no tienen. Ambos componen ese perverso círculo a través del cual han perpetuado su condición, evadiendo la responsabilidad de su existencia y proyectándola al mundo como flecha envenenada.

Antes que todo creo que es necesario un llamado a mantenernos alertas ante nuestra psique dicotómica. Un llamado a enriquecer nuestra visión del mundo, permitiendo el paso a otras realidades a través de las redes que conforman nuestro interconectado universo conceptual.

Quizá movernos en redes y dejar fluir nuestros pensamientos como una web que nos ayude a enriquecer nuestra psique y a cambiar nuestras percepciones. Es necesario no alejarnos de la visión de procesos. El pensamiento se nutre de nuestras condiciones, si éstas se modifican podríamos crear un paisaje que nos permita producir un universo conceptual diferente, alejado de las distinciones absolutas y excluyentes que nos dividen. Encontrar soluciones a nuestros problemas sería aprender que somos nosotros los que lo creamos con nuestra forma de pensar y que la solución podría estar en cambiar el modelo de pensamiento dicotómico que tiende a crear distinciones entre rígidas y excluyentes.

Un salto cuántico de pensamiento que contribuya a trascender la relación de dependencia de víctima y victimario, superviviente y evolucionar desde este estado hacia la independencia a través de sus logros y éxitos y continuar evolucionando hacia la interdependencia en un continuo proceso de humanización y crecimiento, creando así el círculo del desarrollo psicosocial y surge el cambio pues se rompe el círculo de la involución del subdesarrollo y sale del egocentrismo y pasa a ser independiente. Es lo que llama este psiquiatra venezolano: el círculo del desarrollo piscosocial.

En este contexto del desarrollo piscosocial el líder que necesitamos es el individuo que sea capaz de organizar sus funciones cognitivas, emocionales y conductuales de forma flexible que le permita desarrollar sus capacidades creativas de innovación y de poder. Que pueda ejercer sanamente su función agresiva. Estas capacidades de agresividad y flexibilidad, le permitirán generar cambios internos y externos que significa generar crecimiento. Contar con suficiente capacidad dialógica, comunicación rápida eficiente original con todos. El diálogo como una forma de reconocer al otro de una forma real. Tener capacidad de tener siempre la disposición de la realidad existente en un momento determinado. Poseer la capacidad hologramática que le permita reproducir toda la red tomando sólo una parte de ella, contar con una bien estructurada emocionalidad para comprender las emociones humanas que le permita hacer empatía con los liderados para no manipularlos. Tener la capacidad de incluir a las minorías bajos esquemas comunes y compartidos. Agrupar a las más diversas personalidades bajo una clara realidad unificadora a pesar de las diferencias. Deberá propiciar la integración, no la desintegración, para mantener la fortaleza que propicia la integración y la inclusión. Contar con la capacidad para hacer cambio continuos y evolutivos no de víctimas-victimarios, sino, del círculo del desarrollo. Sólo así se pueden crear liderazgos sustentables, sólo así podemos crear sociedades sustentables. Crear a partir del déficit del otro no es sustentable.

Igualmente el crecimiento de una parte a expensas de la otra no tiene correspondencia con el criterio de sustentabilidad. No es ecológico, la sustentabilidad es también un proceso. Cualquier movimiento, sea un partido político, sea la ecología profunda, sea la ciencia; está conformado de creencias y puede devenir un movimiento sedentario.

Nuestra responsabilidad está en atender los procesos y el complejo mundo de los fenómenos. Las ideas tienden a convertirse en verdades absolutas y no hay verdades absolutas. Nuevas y más sutiles formas de intolerancia se apoderan de nosotros. Después de los más conocidos genocidios, otras formas de barbaries han surgido. Nuevas formas de esclavitud, nuevas formas de opresión social, nuevas formas de exclusión y sobretodo, el impresionante auge de los totalitarismos.

Desde nuestra condición existencial, la más importante tarea es contribuir con el fortalecimiento y respeto de la dignidad humana. La violencia tiene expresiones muy evidentes y muy sutiles. Y tanto las más evidentes como las más sutiles tienen efectos devastadores en el ser humano. Porque todo acto de violencia es ejercido contra la voluntad de quien la sufre. Y sea ejercida directa o indirectamente el resultado es un prejuicio del estado físico psíquico del individuo o del grupo que es el blanco de la acción violenta. La intolerancia que impide la expresión de nuestra más auténtica y existencial voluntad, que es la de elegir, es un acto contra los derechos de la dignidad humana. Cualquier acto que transgreda nuestros derechos y coarte nuestra voluntad de expresarnos libremente; es un acto contra los derechos y la dignidad humana. Cualquier acto que aniquile o busque aniquilar la expresión de nuestra voluntad es un acto contra la dignidad humana. Desconocer nuestra voluntad es un acto contra la dignidad humana.

La violencia, la aniquilación y la transgresión ejercida por los líderes totalitarios es un intento por arrebatarnos nuestro poder. Es una lucha de poder. El totalitario necesita todo el poder y sólo puede tenerlo arrebatándonos el nuestro para compensar su propia carencia.

Y nosotros como terapeutas, como profesionales en general y como seres humanos en particular, desde nuestros espacios de influencia estamos obligados a ser celosos guardianes de nosotros mismos y de todos aquellos que necesiten nuestra ayuda para preservar y fortalecer lo más preciado que tenemos que es, el respeto a nuestra dignidad.

Muchas gracias.

Comentarios

comentarios

2 thoughts on “Violencia, transgresión y aniquilación en los líderes totalitarios: Un abordaje gestáltico.

  1. Graciela K. Mcneil

    «Es un hecho que en una relación de pareja la interacción entre sus miembros adopta formas agresivas». En todas las relaciones humanas surgen conflictos y en las relaciones de pareja también. Las discusiones, incluso discusiones acaloradas, pueden formar parte de la relación de pareja. En relaciones de pareja conflictivas pueden surgir peleas y llegar a la agresión física entre ambos. Esto, que podría alcanzar cotas de violencia que serían censurables y perseguibles, formaría parte de las dificultades a las que se enfrentan las parejas. El maltrato nada tiene que ver con esto; en el maltrato el agresor siempre es el mismo: «Por definición, el conflicto es una modalidad relacional que implica reciprocidad y es susceptible de provocar un cambio. Por el contrario, el maltrato, aunque adopte las mismas formas –agresiones verbales y físicas-, es unilateral, siempre es la misma persona la que recibe los golpes».

  2. Karina V. Fitzpatrick

    El maltrato, la negligencia y la violencia entre los niños, niñas y jóvenes son graves problemas a nivel general; factores de creciente preocupación en nuestro país, sin embargo no contamos con datos exactos sobre el índice de violencia y estados de agresividad, es por ello que se hace mas difícil el enfrentamiento de tales problemas y la búsqueda de soluciones. Es necesario que el estado, sus gobernantes, los sectores educativos, de salud, justicia y la comunidad en general avance en la identificación de factores de riesgo, en la determinación de casos y en el desarrollo de programas de orientación y prevención de actos violentos.

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