Tu actitud corporal dice cómo eres y cómo te sientes.

Rocío Angélica Espinosa Hernández

rangieeh@hotmail.com

Tu actitud corporal dice cómo eres y cómo te sientes.

La actitud corporal, junto con el aspecto físico y su indumentaria, es lo primero que percibimos en una persona. Nos envía un mensaje referente a su postura ante la vida, el momento concreto o la relación personal. Es uno de los ingredientes más poderosos de la primera impresión y marca, todos los demás gestos que se hacen en esta actitud.

El primer paso es  tomar conciencia de la actitud, porque es imprescindible para el autoconocimiento y el cambio.

Cuando hablo de actitud corporal me refiero a una forma de estar respecto a cualquier posición, estática o en movimiento. Las tres posiciones que son la base de cualquier otra actividad cotidiana son:

1.- Estar de pie.

2.- Estar sentado.

3.- Caminar

La actitud corporal tiene que ver con el saber estar, la elegancia, el porte y el estilo. También con la energía, el optimismo, el compromiso y la empatía. Y podemos añadir también autoridad, respeto, seguridad, confianza.

La forma de estar en un individuo puede ser temporal o permanente. Y está condicionada por varios factores. Entre los más importantes están:

  • Personalidad.
  • Estado emocional.
  • Educación recibida.
  • Grado de formalidad de la situación.

La combinación de estos ingredientes da como resultado una expresión corporal que constituye gran parte de nuestra imagen.

Por actitud corporal entendemos pues el grado de energía que refleja tu cuerpo: puede estar apagado o encendido. Está apagado cuando, fruto de tus pensamientos, quiere pasar desapercibido; está encendido cuando se expande hacia fuera porque tus emociones son positivas.

Seguro que puedes percibir fácilmente el cansancio en un compañero tuyo, por la forma de caminar o de mantenerse de pie. También detectarás una sensación de falta de interés, decepción o abandono. Igual que la alegría, la euforia, el coraje y muchas más emociones.

Cuando estás contento, el pecho sale y la cabeza deja de estar entre los hombros para estar sobre los hombros. Además tenemos otras señales como la sonrisa, el tono de voz y la gesticulación.

Cuando estás cansado tu cuerpo tiende a replegarse, el pecho va hacia dentro, te mueves con más lentitud y arrastras los pies, como si estuvieras cargando un pesado bulto. Es casi el mismo aspecto que cuando estás triste, abatido, decepcionado o pesimista.

En la inmovilidad provocada por el miedo, el cuerpo está cerrado, hacia atrás, protegiéndose, la mirada baja, brazos cruzados como protección y sin gesticular.

Dada la relación que existe entre la actitud corporal y el estado emocional, los demás pueden percibir lo que sientes en este momento solo con que aparezcas ante su vista. Esto puede tener consecuencias positivas o negativas según la situación. Lo importante es que tú tengas control sobre lo que transmites.

La buena noticia es que puedes tener control de los mensajes emocionales que envías. Y otra noticia mejor todavía: también podrás cambiar tu estado interno al ejercer control consciente sobre tu posición corporal. Es probable que alguna vez hayas experimentado un cambio como el que te describo.

Bibliografía:

Baró Teresa. La gran guía del lenguaje no verbal. Cómo aplicarlo en nuestras relaciones para lograr el éxito y la felicidad. Paidos. México. 2013.

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