TOLERANCIA A LA FRUSTRACIÓN

Por: Gabriela Vázquez Soriano

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El enfrentarse con diversas emociones que surgen cuando algo deseado no se consigue es lo que se conoce como frustración.

La frustración ha sido entendida, por muchos, como negativa; y por tal motivo algunos prefieren evitarla. Sin embargo, al intentar evitar o evadir la frustración, se cancela al mismo tiempo la oportunidad de crecimiento personal porque las frustraciones, al igual que los errores, forman parte del aprendizaje.

Entonces frustrarse ¿es natural? En realidad, la frustración aparece en los primeros años de una persona, desde la simple sensación que  genera el hecho de no alcanzar algún objeto por la corta estatura, hasta la rabieta generada por no conseguir un juguete, un dulce, un objeto o la atención deseada. En esto último, hay particular importancia ya que precisamente en esos momentos es donde se marcan los límites, ya que en su ausencia, la persona  genera en la vida adulta baja o nula tolerancia a la frustración.

Cada persona tiene una manera diferente de intentar evitar la frustración ante la vida. Algunos –arrebatan- abusando de los demás para no esperar a que les den por temor a no recibir. Otros, la maquillan de resignación creyendo que, el proyecto fracasado, no es lo que querían. Otros podrán decir que las cosas son tan difíciles, que ya no hay nada que hacer y no siguen intentando conseguir lo que desean; es decir, no se arriesgan. Y otros más, están tan fusionados con los deseos de los demás que ni siquiera saben lo que desean, y por ende, no se frustran. Los que no esperan “nada” para que no tengan de qué frustrarse si aquello no llega.

Aceptar la frustración significa transitar por la impotencia y el coraje  que surgen como resultado  de no obtener lo deseado. Sin embargo, si cada persona se permite sentir la frustración en toda su intensidad, dejará de pelearse con ello y entonces vendrá el cambio.

Aprender a aceptar la frustración es uno de los mejores caminos para darse cuenta de que, cuando las cosas no son como yo quiero, tampoco es tan grave. Significa aceptar las cosas como son y esto no implica resignarse y no hacer nada para conseguir lo que se desea, sino más bien descubrir posibilidades y estrategias para lograr tener lo que se necesita.

Tiene que ver con el sentido de realidad,  corroborar qué tan posible resulta aquello que deseo y también reconocer lo que yo hago para no conseguirlo, y en este punto, decidir qué puedo y qué quiero modificar para conseguir lo que deseo.

Se trata de disminuir la angustia y darle a las cosas y a las situaciones el tiempo que necesitan. En la medida en que cada quien se dé permiso de experimentar la frustración, en esa misma medida podrán darse cuenta de todo el campo de maniobra de que disponen.

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