Sueños

admin   agosto 31, 2010   No hay comentarios en Sueños

Por: Psic. Fernando Romero Guzmán
Publicado el 07/02/02 a 02:02:30 GMT-06:00

“Al soñar, unos duermen y otros despiertan”

¡Buenos días, ¿Qué soñaste?!

En las palabras que sirven de título a este escrito creo yo, se dibuja una de las líneas para comprender este proceso y experiencia, que siendo propio de los “seres vivos” deja entrever la riqueza y poder de esta condición para quien lo experimenta. ¿Al soñar, lo que soñamos es o no es? ¿Somos productores de sueños? ¿Somos participantes del sueño? ¿Somos tan sólo un sueño? ¿Al soñar, somos o no somos? ¿El sueño puede ser un estado místico? O ¿Al soñar, participamos de lo divino en nosotros?

Por qué no, dicho sea de paso por otros (Freud, Jung, Perls, Adler, Fromm, entre otros), pensar el sueño como algo más que imágenes, como algo más que una pérdida de tiempo sin control y sin lógica, como algo más que un no estar con uno. Se a dicho que el hombre se mueve en dos niveles: consciente e inconsciente, que en uno somos y que en el otro no. Hay quien piensa y siente que por un lado, al dormir uno se olvida conscientemente de uno, se deja de ser conciente, y dicho así, suena lógico, dejo de ser yo; por el otro, se pasa a un estado inconsciente, en un no me doy cuenta o un no soy.

Sin embargo, también se da un vuelco: si estando despierto soy consciente y estando dormido soy inconsciente, ahora, al dormir entro en la conciencia y me quedo en la inconsciencia; es decir, soy inconsciente de mi conciencia (no me doy cuenta de que soy) y soy consciente de mi inconsciencia (me doy cuenta de que no soy). Visto así, puedo entonces suponer que las múltiples relaciones rompen las barreras de la lógica y realidad, para dar el paso a otra lógica y a otra realidad, teniendo con ello dos pares de niveles: en primer lugar lo lógico-real-consciente y lo ilógico-no real-inconsciente, para convertirse en lógico-irreal-consciente e ilógico-real-inconsciente. Esto me lleva a “cerrar y abrir los ojos” constantemente, escuchar y sentir en dos planos diferentes. Pero yendo más allá, se me ocurre pensar en una gran Conciencia e Inconsciencia, donde la conciencia ordinaria se funde con el inconsciente para ser sólo uno. Siendo así, puedo entonces integrar información diferente, puntos de vista diferentes; por consiguiente, el soy se descubre como no soy, y el no soy se ve como un soy, y ambos se funden o integran para ser un Yo soy.

Creo que esta Conciencia e Inconsciencia es una salida y un retorno al Conocimiento integrado. Al respecto Vicente Fantone, filósofo mexicano, afirmaba lo siguiente: ”Hombre soy y nada divino considero ajeno a mí…. Novalis: “Dios quiere dioses”. En cuanto al proceso en sí, valen estas palabras: “un ejemplo de lo que los biólogos llaman tropismo, es decir, una tendencia inherente de los seres vivos a volverse hacia la fuente de su alimentación”. Es el enderezamiento hacia la fuente que mana y corre, hacia la fons vitae de Ibn Gebirol. Y mejor aún valen las últimas palabras de Plotino: “vuelo del Único hacia el Único”….” (1943).

Al respecto, Hermann Hesse, en Sidharta señala:

“Tuvo la sensación de que su largo
dormir no había sido más que una
meditación, una asimilación, una
fusión de todo su ser con lo que no
se puede nombrar, con lo perfecto”

Estas reflexiones me llevan a deducir del titulo: “Al soñar, unos duermen y otros despiertan”, el proceso de sueño, siendo este natural y cercano al hombre y un vínculo entre el estado inicial de consciente e inconsciente, y posteriormente, un estado terminal de Conciencia e Inconsciencia. Pero el título da un elemento más sujeto de reflexión, al decir: unos duermen y otros despiertan, pienso entonces en un movimiento interno y externo que genera una dinámica; y con ello una ganancia que al dormir y al soñar se puede obtener. En esta dinámica y al darse una entrada y salida, para después continuar nuevamente en otra entrada y salida (dormir-despertar), que se puede determinar que no será como la experiencia anterior y no será la misma persona siendo ella misma, se estará en otro nivel que por el crecimiento, realización, individuación, continuo de conciencia de cada persona estará mediado por el aprendizaje.

Se puede ver entonces, que por medio del sueño, se aprende en el inconsciente, para llevarlo después a la conciencia, implicando un cambio y crecimiento, y viceversa, se aprende en la conciencia para entrar de una manera diferente en lo inconsciente, es un morir y renacer dejando a un lado lo que somos para poder ser; es decir, se necesita de la conciencia para elaborar los contenidos inconscientes y se necesita de lo inconsciente para enriquecer la conciencia. Llevado lo anterior a niveles diferentes de desarrollo, se recae en un proceso personal de Conocimiento, ¿pero qué tanto nos damos cuenta de este proceso?

Desafortunadamente, aquella capacidad generalizada que se tenía en el pasado por aprender del sueño, se ha ido perdiendo y aunque no ha desaparecido del todo, son pocas las personas, que aún hoy día la siguen fomentando. Además de algunos chamanes o personas preocupadas por el uso del sueño como ayuda de conocimiento para el hombre, considero que los terapeutas somos herederos de este trabajo y de su importancia. Aún así, en el argo de la ciencia moderna, esta práctica esta estigmatizada, sino es que zatanizada, más aun, trabajar con el contenido de los sueños, que al utilizarlos como un medio de conocimiento para conseguir el fin de crecer como persona, es un hecho importante reconocido por muchos. Basta con escuchar a una persona al despertar o al preguntarle ¿cómo pasaste la noche?, para obtener una respuesta fenomenológica y referente en palabra a que tuvo un sueño, del cual recuerda cada detalle, o sólo partes o no recuerda nada y paso siguiente, se puede observar una tendencia natural a comprenderlo o explicarlo., conducido por la inquietud emocional que quedo.

¿Qué sucede si este sueño, o la impresión de haber soñado, se rescata y se trabaja y enriquece con una metodología que permita aprovechar y aprender al máximo de las riquezas del sueño?, entonces, esta naturalidad de la experiencia intrínseca a la vivencia y existencia de cada persona, redituara primeramente en un darse cuenta más integrado y con ello, en un ensanchamiento de la Consciencia.

Es aquí donde encuentro la posibilidad de decidir si seguir dormido o despertar, pues se dio primero un trabajo inconsciente y después existe la oportunidad de realizar un trabajo consciente, por lo tanto, el trabajo y el crecimiento es las 24 horas del día, sólo con la diferencia de que en cada momento (despierto-dormido) se hace uso de diferentes recursos y elementos, pero se sigue siendo la misma persona.

Rescato aquí, las palabras de Fantone quien señala lo siguiente: “Desde el punto de vista lógico, el sueño sólo conoce la afirmación: tal imagen es esto y es también, al mismo tiempo, esto otro;… Y esta lógica carece de principios, es indiferente a ellos y debe, por eso mismo, resolverse en la simplicidad de la afirmación ingenua. Todo en el sueño es y es presente, no se da en el sueño siquiera la oposición entre los distintos momentos del tiempo: no hay en el sueño ni recuerdo ni esperanza. El sueño es la afirmación indiscriminada e indiscriminante. En el sueño todo es, y no existe la sospecha ni de lo que ya ha sido ni de lo que aún no ha sido; no existe la sospecha del no ser en el tiempo. Y tampoco en el espacio; en el sueño, así como se da sólo el ahora, se da sólo el aquí, pues la afirmación no admite las restricciones del allá: su espacio es éste, como es éste su tiempo.”

Veo entonces que el sueño es un estar aquí y ahora, en este espacio y momento, “donde yo estoy, donde yo soy”, no sólo durante la vivenciación, porque aunque se este fisiológicamente dormido, estoy y no he dejado de estar -hecho que sólo con la muerte se pudiera evitar-, esta fenomenología se extiende al despertar, pues ya no soy el mismo, sino que el poder del sueño sigue presente y por consiguiente, sigo estando, en la continuidad del aquí y ahora, primero en un nivel y después en otro; por tanto, si esta experiencia se amplifica en el contexto terapéutico, en el aquí y ahora, las ganancias se acrecentarán y serán las que uno decida, pues se energetizará y re-vivirá –aunque la sensación no ha desaparecido- lo soñado, se estará nuevamente en el sueño, se dará el darse cuenta de que no se ha dejado de estar, todo ello en el momento presente y en un lugar particular. Se vuelve a soñar y la fuerza del sueño no será solo en la no vigilia, sino al estar despierto.

En este estar despierto, los ojos con que se ve, el corazón con el que se siente, los oídos con que se escucha, la voz con que se dice, no son ajenos a la persona, como tampoco los son, cuando se duerme; es el mismo cuerpo quien percibe. Sin embargo, cabe decir que estando despierto, todo se encuentra permeado por un sistema de creencias y la cultura de quien sueña, y me pregunto: ¿quién permeará al estar dormido?. Pedro Calderón de la Barca nos dice:

La vida es sueño

“Sueña el rey que es rey y vive
con este engaño mandado,
disponiendo y gobernando
y este aplauso que recibe
prestado en el viento escribe;
y en cenizas le convierte
la Muerte ¡desdicha fuerte!
¡Qué hay quien intente reinar
viendo que ha de despertar
en el sueño de la muerte!
Sueña el rico en su riqueza
que más cuidados le ofrece,
sueña el pobre que padece
su miseria y su pobreza,
sueña el que a medrar empieza,
sueña el que afana y pretende,
sueña el que agravia y ofende,
y en el mundo, en conclusión,
todos sueñan lo que son
aunque ninguno lo entiende.
Yo sueño que estoy aquí
de estas cadenas cargado,
y soñé que en otro estado
más lisonjero me vi.
¿Qué es la vida? Un frenesí.
¿Qué es la vida? Una ilusión;
una sombra, una ficción,
y el mayor bien es pequeño.
¡Qué toda la vida es sueño,
y los sueños, sueños son!”

Y en el mismo mar de ideas Miguel León-Portilla (1993), al referirse en su Filosofía Náhuatl, a la realidad de la vida como un sueño y al despertar del ensueño presente para penetrar al fin en el mundo de “lo que nos sobrepasa”, rescata la palabra de los antiguos para hacerla presente:

Vinimos a soñar

Así lo dejó dicho Tochihuitzin,
Así lo dejó dicho Coyolchiuhqui:
De pronto salimos del sueño,
sólo vinimos a soñar,
no es cierto, no es cierto,
que vinimos a vivir sobre la tierra.
Como yerba en primavera
es nuestro ser.
Nuestro corazón hace nacer, germinan
flores de nuestra carne.
Algunas abren sus corolas,
luego se secan.
Así lo dejó dicho Tochihuitzin.
Tochihuitzin Coyolchiuhqui

Por su parte, Mercedes de la Garza (1990) nos menciona que para los mexicanos actuales “los sueños son especialmente significativos para la vida y que despertar se dice “recordar”, o sea, recuperar la memoria de esta realidad; todo lo cual nos expresa que el estado de sueño se interpreta como un alejamiento de este mundo, de la realidad de la vigilia, acompañado de un olvido de él, o sea,… se va a otros espacios y otras realidades para vivir experiencias ajenas al mundo de la vigilia…. El sueño se equipara, así, con la muerte, que es la separación definitiva del espíritu y el cuerpo. El estado de sueño sería, entonces, una separación temporal, que permite al espíritu penetrar en los espacios inaccesibles para el cuerpo.”

Ello significa que los mexicanos actuales explican el mundo onírico según sus conceptos de la realidad. Lo que vive en sueños son las experiencias del alma en el mundo sobrenatural, pero eso forma parte de la realidad, por lo que se traslada al lenguaje cotidiano, y en éste se lleva a cabo la interpretación. Por otra parte, ya que cada sueño es una experiencia personal, la interpretación depende del soñador. Pero el curandero psicoterapeuta escucha, a demás, las interpretaciones de todos los presentes en la ceremonia curativa trabajo en grupo, considerándolas a todas válidas; así, “en su búsqueda para una diagnosis el curandero considera todas las posibilidades. Para llegar a una conclusión, una de las posibilidades será más adecuada que otras. Por tanto, la interpretación depende del soñador y de sus circunstancias particulares.” (De la Garza, 1990)

Muchos hablan del sueño como algo universal, como algo individual, como algo colectivo, sin embargo, el sueño es la vida misma, no solo el sueño dormido, sino también, el sueño despierto, en suma, el gran Sueño y no me refiero aquí al sueño del que sueña poseer, sino al sueño de vivir.

Por consiguiente, considero al sueño como un estado en el que nos trascendemos en el plano de la existencia, dentro de un viaje atemporal y centrado en el presente, en el aquí y ahora. Si bien la Gestalt señala que en el trabajo de sueños se realiza un proceso que abarca la historia verbal del sueño -descripción y postura personal-, volver el sueño a la vida -presente y primera persona- y dramatizar el sueño -acción, dramatización y dirección de las escenas- (Castanedo, 1997), al momento de realizar el trabajo de sueño se parte únicamente sobre la base de la experiencia actual; sin embargo, para este momento ya se encuentra valorizado y normatizado por un sistema de creencias personal y culturalmente interiorizado:

En Gestalt, comenta Castanedo, se concibe al hombre como una unidad que está compuesta al mismo tiempo de elementos físicos, psicológicos y espirituales. Todos estos elementos son manifestaciones de la misma esencia: el hombre. El ser humano funciona más adecuadamente cuando todos estos aspectos se encuentran integrados y él tiene plena conciencia de ellos. Dentro de esta filosofía… se sitúa la aceptación del self, de uno mismo, lo que equivale a tomar responsabilidad de lo que uno es y hace. (208)

Por consiguiente, hablar de lo que uno es y de lo que uno hace, como persona y como Terapeuta –y lo pongo con mayúscula pues sin hacer caso de la superespecialización, considero que la misión y fin último es el mismo para todo aquel preocupado por el bienestar individual y social-, es hablar de una identidad, y en este escrito es como Terapeuta Gestalt mexicano, pues considero que la filosofía Gestalt y el sentir y ser del mexicano se corresponden –motivo de mi siguiente escrito-, siendo por ello, que retomo algunas ideas de la filosofía mesoamericana acerca de los sueños, pues en mucho, la vida del mexicano, mi vida, es como un sueño, un sueño de ilusiones, fantasías y espiritualidad sentidas y vivenciadas.

Referencias

Castanedo, C. (1997). Terapia Gestalt, España, Herder, p. 194, 208.

De la Garza, M. (1990). Sueño y alucinación en el mundo náhuatl y maya, México, UNAM, pp. 46, 47, 48, 121,122.

León-Portilla, M. (1993). La Filosofía náhuatl, México, UNAM, p. 203.

Tochihuitzin, C. (1975). Vinimos a soñar, en León-Portilla, M. Trece poetas del mundo azteca, México, Instituto de investigaciones históricas, UNAM, p. 131.

Vicente, Fatone. “Definición de la mística”. En Antología del Ensayo Ibero e Iberoamericanos, [Publicado originalmente en Insula (Bs.As.) 3 (1943): 192-199. Edición de Ricardo Laudato]. http://ensayo.rom.uga.edu/antologia/

Mayo del 2002

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