Retrospectiva Gestalt

Por: Psic. Fernando Romero Guzmán
Escrito el 07/02/02 a 10:24:42 GMT-06:00


¿¡Siendo el fin el mismo,
por qué los caminos son numerosos!?
Psic. Fernando Romero Guzmán


Dilema o Alternativa.

La Maestría en Psicoterapia Gestalt, se ha convertido a través de un proceso en una idea de liberación, de re estructura de paradigmas y ruptura de fronteras; a sí mismo, ha intentado ser una opción más en la comprensión de la realidad, de la naturaleza y del hombre.

Por tal motivo se ha querido ver, oír y sentir de una manera nueva y enriquecida para comprender integralmente la dimensión humana, espiritual y colectiva. Sin embargo, ¿qué sucede cuando teoría y práctica no están integradas? Nos creemos poseedores de la “verdad” la cual continuamente se desvanece cuando realizamos por ejemplo, investigación dentro del consultorio. Ante tal hecho, surge inmediatamente la incógnita, la incertidumbre, la ansiedad que al apoderarse de nuestra cordura tratamos inmediatamente de contrarrestar protegiéndonos con nuestra inseparable aliada: la racionalización.

Si vemos a éste -al hombre- y si nos vemos con dos máscaras que son las que aquí nos interesan Terapeuta y Persona- podemos entonces suponer que se lleva a cabo un trabajo integrado, que se desarrolla un conocimiento multidisciplinario e intradisciplinario (basta con poner atención a las profesiones de cada estudiante) y que intelectualmente o académicamente y así lo parece, se camina hacia un desarrollo holístico donde la creación y el creador, son uno y lo mismo; sin embargo, ¿se ha podido lograr esta integración? y ¿dónde queda el manto del humanismo, lo propio del ser y su relación con el universo y todo cuanto existe en él?.

Con respecto a la integración entre disciplinas, creo conveniente señalar no las dificultades en relación al trabajo conjunto, ya que las técnicas gestálticas y sus bases teóricas, así como la visión de vida de cada uno, se complementan y se enriquecen mutuamente, por ejemplo y hablando de esta investigación en el consultorio, puedo mencionar: la observación participante, la “charla” o entrevista no estructurada, la elaboración de textos y su respectivo análisis, sin olvidar la visión fenomenológica, enriquecida con una visión transpersonal; el “tú”-”yo”-”nosotros” del encuentro entre dos personas, entre informante e investigador o si se prefiere, paciente-terapeuta.

Creo importante señalar la riqueza en la Maestría cuando se forma con integrantes que intervienen en diferentes disciplinas. Si bien es cierto que la Gestalt puede relacionarse con cualquiera de ellas y además, éstas pueden aportar mucho; también es cierto que la Maestría esta estructurada de tal forma que entre sus necesidades primordiales esta el manejo de un lenguaje común; es decir, éste se fundamenta tanto objetiva como subjetivamente, en la medida de que lo que se intenta realizar es un proceso personal y creo yo también, de investigación. Debido a que se genera una visión común y formas de proceder sistemáticas para adquirir en primera instancia cohesión y sólo así ampliarlo al trabajo en conjunto y posteriormente, al interior y exterior de cada persona. Hago aquí la aclaración de no desvalorar los aportes que se obtienen por parte de cada uno de los integrantes y esto es muestra de que un trabajo integrado es mucho más rico que una “superespecialzación” de puros psicólogos.

En este sentido y en búsqueda de un lenguaje común, puedo pensar entonces primeramente en la Maestría de “Psicoterapia Gestalt”, dentro de la cual se equilibran los contenidos psicológicos y terapéuticos en correspondencia con su fin, de esta forma, cada persona aprenderá a integrar a ésta con su quehacer profesional y/o personal. Por consiguiente, y así como en este sentido se requiere de una formación en común, también se me ocurre el generar una actitud abierta y responsable que nos lleve finalmente a generar una dinámica reflexiva, de análisis y de investigación al interior de la propia Gestalt.

Esta integración científica o de conocimientos necesitará primordialmente descubrir o darse cuenta de lo humano en nosotros y lo humano en la ciencia, no debe ser sólo la formación teórica y lectura del humanismo, sino todo lo contrario, es vivirlo, o mejor dicho vivirnos, descubrirnos, conocernos como parte de esa humanidad, descubrir que nuestras potencialidades no sólo son intelectuales, y que aunque son las únicas en las cuales nos hemos centrado, existen muchas otras que sin darnos cuenta mantenemos olvidadas y que es necesario rescatar para un beneficio personal y colectivo.

Como ya lo he mencionado, sólo así podremos trascender el nivel en el que nos encontramos para poder ascender a niveles superiores de desarrollo y convertirnos en las Nuevas Consciencias. No hay que olvidar que no estamos del todo abandonados, la naturaleza es tan sabia -sabiduría que el ser humano a olvidado- que de una forma mágica y mística nos envuelve con su esencia abriendo nuestra armadura y despojándonos de nuestra “sombra”, aunque sea sólo por unos instantes, las riquezas enterradas fluyen y nos influyen sin darnos cuenta de su poder.

De esta forma, dentro del proceso se permite y en forma intrínseca a sus propósitos meramente intelectuales y académicos, encontrar algo más que un informante o un paciente, más que todo un cúmulo de “sistema de creencias” impregnados por la historia atemporal, se encuentra, o mejor dicho: “el investigador-terapeuta encuentra al terapeuta-investigador; es decir, a si mismo”, este sujeto/objeto -por decirlo de alguna forma- no sólo elabora, sino construye parte de la realidad y aún, la realidad de la cual forma parte en los momentos de descubrimiento intelectual, espiritual y místico.

Dicho así, es hacer ciencia holística, integrada, crear conocimiento “real” en un sentido donde la separación ha quedado atrás, los límites se han eliminado; hecho alarmante para la forma ortodoxa de hacer ciencia, sin embargo, aquí se han estructurado la ortodoxia y lo nuevo, lo racional y lo intuitivo, el objetivo y la sorpresa, la defensa y la magia, el aula y la naturaleza, de forma tal, que han dado paso a lo que de otra manera no hubiese podido ser.

Es así como los productos se han enriquecido con la experiencia, siendo ésta el emergente de la individualidad en común, dando como resultado vivencias integradas a partir de la aplicación de las bases teóricas aprendidas y de la experiencia, vivencias y sentir de cada persona y afortunadamente de cada investigador de sí mismo, y por qué no, al interior del consultorio-. El conversar no sólo ha sido escuchar y responder, ha implicado “sentir la palabra” resultando en un poder “plasmar lo sentido” en armonía y dejándonos ir libremente en el fluir como investigador y persona; y no bajo un proceder mecánico y frío, la palabra muerta ha dado paso a la palabra viva, y por consiguiente, la teoría y la práctica unidas han aportado de sí lo que les corresponde

La Maestría: “Psicoterapia Gestalt” se ha convertido entonces en una posibilidad no sólo de desarrollo y crecimiento intelectual, sino también de apertura a las posibilidades individuales y colectivas. Así, esta manifestación suprema de la individualidad engrandece a la razón que haciende lentamente a alcanzar la sabiduría universal cuya armonía intenta reflejarse en todos los niveles naturales, específicamente, en la actividad del hombre.

febrero de 2002

Comentarios

comentarios

Deja un comentario