Reflexiones sobre el lenguaje no verbal en un ambiente multicultural.

Jesús Ramírez Hermosillo         jramh1@yahoo.com.mx

Reflexiones sobre el lenguaje no verbal en un ambiente multicultural.

Una mañana antes del almuerzo en Loiza, Puerto Rico, me llama Rafael con la invitación para ir a la playa, acepto la invitación y le pregunto la hora en que pasarán por mí; como buen loizeño me dice: “horita vamos por ti”. Yo como mexicano en mi primer experiencia en el extranjero pensé: “ en unos minutos estarán por aquí”. Decidí no tomar el almuerzo, que ya estaba listo, para poder salir inmediatamente hacia la playa. La espera tardó tres horas y no por irresponsabilidad sino por diferencia de significado de la palabra “ahorita”. Después de esta experiencia me di cuenta de las diferencias en los significados de las palabras según el ambiente en que se pronuncien. Para ellos la acción inmediata se dice “ahora” mientras una acción sin tiempo determinado en el futuro es “ahorita”. Esta experiencia me preparó para una semana después durante una reunión me ofrecieran toda una cátedra de las palabras y gestos que no eran convenientes en el lenguaje puertoriqueño, por lo menos en esos tiempos.

En el primer capítulo de El Lenguaje del Cuerpo, de Allan y Bárbara Pease, plantean la pregunta sobre si los códigos no verbales son heredados o bien aprendidos de forma cultural. Esta discusión seguirá por un buen tiempo a causa del misterio del hombre. Sin embargo proponen tres principios que nos pueden ayudar a entender el lenguaje corporal: leer los movimientos del otro de forma conjunta con otras expresiones corporales, buscar la congruencia e interpretar los gestos en el contexto.[1]

Este último elemento cobra una importancia mayúscula en un contexto de grupos interculturales. Trabajando con estudiantes de Centro América, Colombia, Caribe y México gastábamos mucho tiempo hablando de la diversidad de significados de las palabras.  Un puertoriqueño llega pidiendo jugo de china a la tienda de la esquina en un pequeño pueblo del Estado de Hidalgo y aun cuando estaba la jarra llena la señora, en un primer momento, le dijo que no había. En México decimos jugo de naranja. Una diferencia en la manera de nombrar el mismo fruto dio como resultado una sorpresa  De la misma forma un mismo gesto no necesariamente significa lo mismo en otras latitudes. No siempre vamos a tener todos los elementos para conocer aquello que está intentando expresar el otro, sea de manera intencionada o no.

Cada pueblo ha desarrollado sus ilustradores[2], gestos que ayudan a entender lo que se quiere decir a través de gestos que acompañan a las palabras. Y al igual que en Puerto Rico le llaman china y en México le decimos naranja así también hay formas de referirnos a diferentes objetos o bien para expresar diversos sentimientos. Sean de afecto o de ira, de interés o formas de pedir la palabra.

Mundo aparte es el de ciertos grupos con intereses comunes, quienes desarrollan sus propios códigos de comunicación. Formas de caminar, de ver, de pararse para comunicar a todos los que los observan un mensaje determinado sin pronunciar palabra. Caso concreto el lenguaje entre internos de las prisiones, quienes a causa de las restricciones han desarrollado códigos muy complejos de comunicación.

Es una invitación para estar atentos a la diversidad de culturas, de sus tradiciones y de sus formas de expresión. Reconociendo que hay algo de común y algo de diverso. Cada uno vive su existencia de forma diversa. Creamos estructuras mentales comunes para nuestro grupo y no necesariamente aplicables a otros. Leer el mensaje en el contexto de la existencia del otro, en su campo.

Bibliografía:

Pease, Allan y Bárbara. El Lenguaje del Cuerpo, Amat editorial, España, 2006.

Knapp, Mark L. La comunicación no verbal, Paidós Comunicación, México, 2009


[1] Cfr. Pease, Allan y Bárbara. El Lenguaje del Cuerpo, Amat editorial, España, 2006, pp. 23-46

[2] Cfr. Knapp, Mark L. La comunicación no verbal, Paidós Comunicación, México, 2009

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