Psicoterapia Gestalt y Tanatología

Psicoterapia Gestalt y Tanatología

Por

Silvia Leal del Corral (psicotp.silvialeal@gmail.com)

La Tanatología es la rama de la ciencia que estudia el proceso de la muerte así como los cambios que se suceden en las personas cuando atraviesan por un duelo. Los profesionales en su quehacer han encontrado el hilo conductor, común a distintos tipos de duelo, y de la misma manera han identificado formas adecuadas de acompañamiento que pueden brindarse a una persona o a sus familiares, cuando existe un diagnóstico de enfermedad terminal, crónico degenerativa, pérdidas orgánicas o bien, cuando en el seno familiar se ha anunciado un fallecimiento inminente o ha acontecido.

El tanatólogo es la persona indicada para trabajar un duelo por muerte, sin embargo el cometido del psicoterapeuta se ha extendido abarcando este duelo así como otros   que emanan de perdidas por causa diversa y distinta a la muerte. Como ejemplos tenemos; el cambio de trabajo, de lugar de residencia, la ruptura de lazos afectivos tales como el rompimiento con la pareja o divorcio, entre otras. Estas situaciones  afectan a las personas y acarrean consecuencias en el ánimo y la manera de enfrentar la vida y la rutina diaria. En este sentido, nadie escapa de sufrir una perdida; sin embargo, no todas las personas suelen afrontarla de la mejor manera, y aún menos recurren a buscar ayuda externa para recorrer ese “Camino de las lágrimas” como lo bautiza Jorge Bucay, en su libro del mismo nombre.

¿Qué puede aportar la Guestalt a la tanatología en el manejo de un duelo?

Comencemos por aclarar algunos conceptos básicos;

La palabra “Tanatología” deriva del griego Tanathos = muerte  y Logos = tratado, por lo que etimológicamente es la rama de la ciencia que se especializa en estudiar lo relacionado con la muerte.  El  término “Ciencia de la Muerte” fue acuñado por un médico de nacionalidad Rusa, Elías Metchnikoff en 1901. Metchnikoff recibió el premio Nobel de Medicina en1908.  En aquélla época, la Tanatología se inscribía como rama de la medicina forense.

La palabra “duelo” tiene por lo menos dos significados: por un lado designa un tipo formal de combate o lucha; y por el otro, es el proceso por el cual atraviesa un ser humano tras la pérdida de un “objeto”. Entendiendo al objeto no sólo como una cosa sino también como una persona, idea o ideal.

Según la Real Academia Española (RAE), la etimología de la palabra “duelo” proviene del latín: d?lus, por dolor. El dolor es el principal sentimiento asociado a este proceso, y con éste, la lástima y la aflicción.

El padre del psicoanálisis Sigmund Freud define al duelo como: “La reacción frente a la pérdida de una persona amada o de una abstracción equivalente”.

Una perdida “es una experiencia universal dolorosa pero necesaria para crecer emocionalmente.”(García, 2009, p. 102)

En cuanto a la psicoterapia Guestalt, Frits Perls en su libo “El enfoque guestáltico; testimonios de terapia” nos dice que “La idea de la terapia guestáltica es convertir a las personas de cartón en personas de verdad.” (Perls, 2008, p. 119) En este mismo texto, Perls apunta que los seres humanos nos hemos vuelto fóbicos hacia el dolor y el sufrimiento. Evitamos todo aquello que no es agradable y con ello evitamos el crecimiento. Somos poco tolerantes ante la frustración y no estamos preparados para encarar con honestidad situaciones desagradables. Al no enfrentarlas las dejamos sin terminar, lo que Perls llama “asuntos inconclusos” que claman por ser completados para cerrar la Guestalt; esa totalidad que sin organización se convierte en pedazos de un todo, que diseminados son difusos, no alcanzan a ser una figura definida y sin conclusión nos distrae de vivir en el aquí y en el ahora.

Pasaron muchos años antes que la Tanatología se concibiera como la conocemos hoy en día. La Dra. Elizaberth Kübler-Ross fue primordialmente quien introdujo grandes cambios a la forma en que la medicina se acercaría mas adelante al proceso de la muerte.  Producto de su gran humanismo,  interés e  investigaciones, actualmente la Tanatología es considerada: ”Una disciplina científica, una especialidad encargada de encontrar sentido al proceso en que alguien muere. Aunque sabemos que no es posible estudiar a la muerte, se reconoce el análisis de todos los procesos que la rodean o que están involucrados en ella.”(García, 2009, p. 101)

La muerte comenzó a institucionalizarse a partir de la década de los años treinta, debido a los avances en la medicina y práctica quirúrgica que atraía a los enfermos a los hospitales para ser atendidos e intervenidos. Poco a poco se fue haciendo más común el hecho de que las personas fallecieran mientras estaban internadas y en consecuencia la muerte se hizo menos visible a los ojos de la sociedad, trasladándose del seno y la casa familiar a los nosocomios.  Para la década de 1950  se generalizó la práctica de que los nacimientos y las defunciones acontecieran en los hospitales y clínicas.

Esta práctica trajo consecuencias positivas y negativas. En el lado de las primeras, la atención médica resultaba ser mucho más oportuna al estar el enfermo internado, se reducía la afectación a la vida social y laboral de los familiares, así como el ritmo de la vida al interior de la propia casa.  Por su parte las consecuencias negativas paradójicamente se originaron de las positivas. Al estar el enfermo institucionalizado, la familia pudo seguir funcionando sin tanto desajuste, pero consecuentemente se enfrió la relación con el enfermo y se delegó su cuidado a “expertos” que si bien lo atendían esmeradamente en cuánto a la técnica y procedimientos, descobijaron la parte afectiva y emocional del paciente.

En las décadas previas a estos cambios,  la vida de la familia con un enfermo terminal en casa, cambiaba su rutina para adaptarse a las nuevas circunstancias y en general todos los integrantes tomaban parte en mayor o menor medida, en la atención y cuidados que se le dispensaban. Incluso los niños vivían de cerca el proceso de deterioro del cuerpo y facultades de su familiar enfermo y consecuentemente veían la muerte con más naturalidad.

Con el advenimiento de la hospitalización, la muerte dejó de acontecer en casa. Dejó de ser parte de la vida de las familias y se tiño de trágica. Los avances en los procedimientos y tratamientos médicos, alargaron la expectativa de vida y llevaron, en ocasiones a los galenos a experimentar el fallecimiento de sus pacientes como una derrota o fracaso.

De acuerdo con  AMTAC, el objetivo de esta ciencia es “ ayudar al hombre en aquello a lo que tiene derecho como primario y fundamental a morir con dignidad, plena aceptación y total paz, por lo que también lo es el ayudar a los familiares del Enfermo Terminal a que vivan plenamente y se preparen a la Muerte del ser querido, y a quienes sufren, a que elaboren su duelo en el menor tiempo posible y con el mínimo dolor, asimismo y consecuentemente, la ayuda a aquellos que padecen ideación suicida o conducta suicida en ellos mismos, o en algún familiar o ser querido, o padecen por el acto suicida ya consumado de algún familiar o amigo.

La Tanatología habla más de vida que de muerte, si su finalidad última, como lo dijimos, es ayudar a que el hombre tenga una Muerte apropiada, adecuada, digna, no es su finalidad única, lo es también el curar en vida, el dolor de la muerte y de la desesperanza.” (Asociación Mexicana de Tanatología, A.C., 1988)

A la luz de las definiciones de perdida y duelo, desde el punto de vista guestáltico, podemos inferir que son consecuencia de acontecimientos que trastocan uno o varios de los sistemas de vida de una persona; desde el social, el económico, el familiar o el laboral. La afectación en familiares y amigos, derivada de la muerte de una persona, de su ausencia, requiere un reenfoque y cambios adaptativos a las nuevas circunstancias.  Como asunto “desagradable”, el fallecimiento de un ser querido, es doloroso, y por doloroso solemos evitar abordarlo.

Con esa inclinación que nos menciona Perls de evitar lo que no resulta agradable, quién quiere recordar, traer a colación, hablar de la muerte de una persona significativa. Y sin embargo, en esas “acciones”, que no emprendemos, radica la elaboración del duelo y la conclusión del asunto. Para el enfermo terminal, la muerte conlleva el cese de sus funciones orgánicas y la interrupción de la vida como la conocemos. Si fuera el caso, dejar de experimentar el dolor o los sufrimientos que su padecimiento le infringió.  Para los familiares, marca el inicio de una nueva experiencia de vida sin la presencia de su ser querido. Visto como sistema, la familia requiere un ajuste al faltar uno de su miembros. Se hace necesaria una reorganización.

El proceso de duelo ha sido analizado por diversos autores. A continuación cito la propuesta de Elizabeth Kübler-Ross, quien ha identificado cinco fases que son comunes a diversas personas cuando han atravesado por la dolorosa experiencia de la muerte de un ser querido.

1) Negación y aislamiento: la negación nos permite amortiguar el dolor ante una noticia inesperada e impresionante; permite recobrarse. Es una defensa provisoria y pronto será sustituida por una aceptación parcial: “no podemos mirar al sol todo el tiempo“.

2) Ira: la negación es sustituida por la rabia, la envidia y el resentimiento; surgen todos los por qué.

3) Pacto: ante la dificultad de afrontar la difícil realidad, mas el enojo con la gente y con Dios, surge la fase de intentar llegar a un acuerdo para intentar superar la traumática vivencia.

4) Depresión: cuando no se puede seguir negando la persona se debilita, adelgaza, aparecen otros síntomas y se verá invadida por una profunda tristeza. Es un estado, en general, temporario y preparatorio para la aceptación de la realidad en el que es contraproducente intentar animar al doliente y sugerirle mirar las cosas por el lado positivo: esto es, a menudo, una expresión de las propias necesidades, que son ajenas al doliente.

5) Aceptación: quien ha pasado por las etapas anteriores en las que pudo expresar sus sentimientos, contemplará el próximo devenir con más tranquilidad. No hay que confundirse y creer que la aceptación es una etapa feliz: en un principio está casi desprovista de sentimientos. Comienza a sentirse una cierta paz, se puede estar bien solo o acompañado, no se tiene tanta necesidad de hablar del propio dolor… la vida se va imponiendo.

Esperanza: es la que sostiene y da fortaleza al pensar que se puede estar mejor y se puede promover el deseo de que todo este dolor tenga algún sentido; permite poder sentir que la vida aún espera algo importante y trascendente de cada uno. Buscar y encontrar una misión que cumplir es un gran estímulo que alimenta la esperanza (Renacer: Buenos Aires, 1981)

Con el conocimiento de las fases que inscribe la doctora Kübler-Ross, un terapeuta tiene marcada la ruta para intervenir en un proceso de duelo, sin embargo a la luz del enfoque Guestalt, un psicoterapeuta con esta formación, cuenta con herramientas que además facilitan al paciente atravesar ese camino. Veamos algunas de ellas;

En la primer etapa de negación y aislamiento, la Guestalt desde su concepción holística del ser humano, brinda comprensión por el estado en que se encuentra el deudo. El medio ambiente ha cambiado con la muerte, y la persona necesita recogerse y abstraerse para estar en contacto consigo misma. Es posible que el contacto con el exterior se bloquee de momento como mecanismo de defensa, y que el contacto con la zona de la fantasía se agudice. Los recuerdos de la persona fallecida, las imágenes que se agolpan de futuras escenas que ya no tendrán lugar, aquellas de los últimos días o semanas de su familiar aun con vida, los buenos y malos momentos. Un psicoterapeuta guestalt puede identificar dónde se encuentra el contacto del paciente, a través de lo que le comparte y externa. Escoltarlo como un valioso escucha para que por medio del diálogo la persona deje fluir lo que le es necesario, esas “figuras” que emergen de su fondo ahora muy revuelto y borroso.

Otro aspecto importante en la psicoterapia guestalt es el de regulación organísmica, y en este punto un  terapeuta guestalt confía en que la persona puede autoregularse y que la negación y el aislamiento, si tienen lugar, es por que son necesarios para que la persona se reconfigure a sí misma tras la pérdida.

En la segunda etapa, donde la ira emerge, la psicoterapia guestalt puede orientar la descarga sobre objetos neutros para ayudar a la catarsis, el consultorio guestalt es un buen lugar para que la persona exprese la rabia, el enojo y externe sentimientos que en otro ambiente podrían ser malinterpretados. Frente a un guestaltista no hay lugar para el juicio, sino para el acompañamiento en la expresión de los sentimientos y emociones que afloran, tal cuál emanan. Se puede hacer uso de fantasías guiadas para que el paciente exprese o dialogue con el ser que ha partido. La técnica de la silla vacía es una valiosa herramienta en estos momentos y ayuda también a disparar y canalizar dichas emociones. Apoyar que emerjan las polaridades y se materialicen los sentimientos encontrados que se vivencian en momentos como este; la tristeza por el fallecimiento del ser querido, el enojo por su ausencia y hasta el descanso después de un periodo prolongado de enfermedad. El arte, la expresión por medio de dibujos en lienzos de tela o pliegos de papel, el modelado en masillas o plastilina son un buen instrumento para que la persona plasme su sentir y luego ella misma intente descubrir lo que le significan sus obras. Esta es una manera muy creativa de recuperar y clarificar emociones confusas, ya que en la proyección se disminuyen las defensas yóicas y pueden salir a flote y mostrarse los verdaderos sentimientos que yacen detrás del estado emocional aparente.

En la fase del pacto nuevamente las fantasías guiadas son una buena elección. Técnicas expresivas tales como prestarle una frase acorde con el contexto, ayudan a liberar presión y dar salida al torbellino de emociones. Ejercicios físicos de equilibrio y armonía coadyuvan a que el paciente encuentre la forma de integrar las luchas que libra en su interior.

Durante la fase de depresión la terapia guestalt invita al paciente a permitirse sentir y experimentar ese dolor, desánimo o tristeza, haciéndole ver que son fases que es necesario atravesar, y que son pasajeras. Se facilita el contacto con esas emociones, su identificación, la localización en su cuerpo, un diálogo con los síntomas que le causan dichas emociones. Principalmente el terapeuta guestalt tiene cuidado en el pautamiento y el ritmo de la terapia para dar el tiempo que el paciente necesita para avanzar por su proceso de duelo, sin presionarlo para que lleve un ritmo distinto, y siempre atento a que su duelo vaya por el buen camino y cuidando de advertir las señales que le pudieran anunciar que el duelo se está complicando.  Los ejercicios físicos para flexibilizar y poner en movimiento el cuerpo apoyan el transito de la depresión al siguiente estadio. Romper su estado emocional para apoyarlo a ver un poco más allá de lo que ahora lo circunda y renovar la esperanza en que su vivencia actual es temporal.

La fase de aceptación se puede alcanzar con mayor disposición, si en el transitar por las etapas anteriores  se hace uso de las herramientas descritas. La Doctora Kübler-Ross  enfatiza que para llegar a la aceptación, la persona debió haber experimentado las emociones necesarias en cada una de las etapas anteriores y haber pasado por la depresión, el pacto y la ira. Si la Guestalt  ayudó a que estas etapas previas se vivieran con intensidad, sin prisas, que el paciente se permitiera atravesarlas, la aceptación será una consecuencia natural con ello la completa elaboración del duelo.

En la renovación de la esperanza, la visualización de nuevas oportunidades, la reidentificación con el Yo (self), el reconocimiento de los gustos, las formas de disfrutar, los valores personales, pueden ayudar a resignificar la vida en la nueva etapa. Como dice la Doctora Kübler-Ross el ritmo de la vida se va imponiendo y la Guestalt asiste a retomarlo. No solo eso, sino que incluso puede mejorar la calidad de vida, elevar el nivel de satisfacción de la vida previa. Considerando que los neuróticos presentan asuntos inconclusos, la persona que se acerca por primera vez a un proceso de psicoterapia buscando ayuda para la elaboración de un duelo, puede en el proceso “darse cuenta” y después optar por terminar con otras guestalten abiertas que ha traído arrastrando aun antes del duelo, y estar motivada para enriquecer su vida más allá de la causa que la trajo a terapia.

Recapitulando, la Guestalt es una forma de vida a la que podemos llegar por diversos caminos, pero que sin duda una vez que trabajamos con sus técnicas y vamos cerrando guestalten, una vez que hemos experimentado en carne propia los beneficios, la tranquilidad, el llanto sanador, el recordar para olvidar como anotaba Freud, no tan fácil la dejaremos para volver a viejos hábitos que acumulan piedras en el costal que algunas personas cargan. El organismo humano es muy sabio, la autorregulación, la actualización, el crecimiento se imponen en la vida, y si se han probado las mieles de pequeños logros, el self se autoconfirma y cada vez pide más.

A mi planteamiento inicial de si la guestalt tiene algo que aportar en el abordaje de un duelo, cierro anotando que las técnicas que maneja la Guestalt son valiosas herramientas para la expresión de emociones y sentimientos. El proceso de duelo está cargado de ellas. Los conceptos de figura-fondo y la prominencia de la figura sobre el fondo, son la clave para que el mismo paciente nos marque el camino de su recuperación o en este caso en particular, de la elaboración de su duelo.

Como dice Perls, “no es necesario cavar “a lo Freud” en el inconsciente más profundo. Tenemos que darnos cuenta de lo obvio. Si logramos entender lo obvio, veremos que está todo ahí.”(Perls, 2008, p. 120)

Fuentes

Asociación Mexicana de Tanatología, A.C. (1988, 11 18). Asociación Mexicana de Tanatología, A.C. . Retrieved 11 2010, 11 from Amtac Web site: http://www.tanatologia-amtac.com/otros.html

García, F. (2009). Procesos Básicos en Psicoterapia Gestalt (2 ed.). D,F., México: Manual Moderno.

Perls, F. S. (2008). El Enfoque Guestáltico; Testimonios de Terapia (18 ed.). (F. Huneeus, Trans.) Santiago, Chile: Cuatro Vientos Editorial.

Renacer: Buenos Aires. (1981, 12). Renacer; Etapas del Duelo. Retrieved 11 10, 2010 from Renacer; Buenos Aires: http://www.renacerbuenosaires.org.ar/etapas.htm

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