Proceso terapéutico para el darse cuenta

Por: Psic. Fernando Romero Guzmán
Publicado el 07/02/02 a 10:13:47 GMT-06:00


….. sigue pasando el tiempo y nada, … nada … sigue pasando el tiempo; el silencio del momento en la eternidad, un silencio perpetuo donde se escucha que se habla a sí mismo …..


El silencio me atrapa, me confronta, me enfrenta conmigo y este me invita a expresar y aunque considero que el uso de una palabra viva puede personalizar mi decir, creo que no es en sí la palabra, sino cómo la empleo: ¿me incluyo en ella para hablarme o estoy separado y hablo de los otros y no de un nosotros?; en este sentido, la palabra es también una frontera que no me deja ir más allá para trascender en el momento; por consiguiente, mis sentimientos y emociones al no ser expresables totalmente por ser sólo vividas y experimentadas, al ponerles la palabra como medio sólo alcanzan el matiz de ser referentes a. Siendo la palabra apertura y frontera, considero entonces, que lo sustancial es el contenido y más aún su trasfondo, la intención inconsciente de lo que digo:

“Me daré cuenta y sentiré en este momento lo que tenga que salir, lo que emerja de mi interior, creo yo que cuando escribo no soy sólo yo quien escribe, es como dormir despierto y dejar que algo surja y se convierta en palabra, esto me pasa, esto me sucede: escribimos juntos yo y mí  Yo, mi parte interna y externa. Y puedo decir que me alegra abrir el cofre de mi ser, donde estoy, [donde soy],… [y] encaminarme y salir para estar frente a mi y viéndome a mi mismo conocerme, y a mí que me conozco,… entrar para saber y sentir ¿quién soy?.”

(Autobiografía)

Nuevamente la sesión de filosofía se vio cimbrada por el no-decir, un silencio equiparable a la no presencia, al no estar, al vacío. Sin embargo, genera “ruido”, “sonido”, un espacio-tiempo donde al parecer no se escucha nada, sólo estando atento, observando, me puedo abrir para percibir, para escuchar, ¿qué es lo que me estarán susurrando las voces del silencio?, recordando a Robin Williams, me siento dentro de una sociedad de poetas muertos.

El Silencio es “guardar silencio sobre algo” ¿qué será ese algo? ¿qué es lo que implicará?, descartando la connotación física de mudez, afonía, mutismo y enmudecimiento, puedo ver dos vertientes: la primera hace referencia al secreto, la cautela, la prudencia, el sigilo y la reserva, que traduzco como protección, ocultamiento, cerrazón de sí mismo. La segunda, caracterizada por la calma, la paz, el sosiego, la tranquilidad, la tregua, el reposo y la quietud, que bien puede ser la armonía y el Conocimiento de sí. Por consiguiente, el Silencio puede ocultar y al mismo tiempo manifestar, y me pregunto: ¿ocultar qué? y ¿para qué ocultar?, ¿manifestar qué? y ¿para qué manifestar?, emerge inmediatamente la pregunta contextual, ¿qué sombra, qué origen o quién es el que oculta o manifiesta?

En contrasentido esta el Ruido, que puede ser el “comentario que suscita algo”, caracterizado por el estruendo, el bullicio, el rumor, la publicidad, la voz, el sonido, la inquietud, la intranquilidad, la continuidad y lo no armonioso. Nuevamente encuentro que aparece el “algo”, ¿a qué se referirá?. Por consiguiente, el Ruido también puede ocultar y al mismo tiempo manifestar, y me pregunto: ¿ocultar qué? y ¿para qué ocultar?, ¿manifestar qué? y ¿para qué manifestar?, emerge inmediatamente la pregunta contextual, ¿qué sombra, qué origen o quién es el que oculta o manifiesta?

Esto puede parecer un juego de palabras, pero en ellas se encuentran estas reflexiones: te has de preguntar por qué o para qué de mi interés por la palabra a lo largo de estos escritos. Creo que no es circunstancial en mi vida y profesión: en mi experiencia de las sesiones he visto que el silencio aparece como el emergente, esto es lo que he visto y me nació el deseo de retomarlo y llevarlo a mi propia persona; en este sentido, a lo largo de mi formación he visto que en Filosofía esta es una característica siempre emergente: el silencio, el desagrado, el aburrimiento y veo que no sólo sucede esto con las matemáticas, sino también con una vertiente humanista. Para muchos el oír la palabra filosofía, el tener que hablar de ella, el tener que escribir sobre lo que se filosofa, su personalización y además, su contextualización terapéutica genera “algo” ¿qué será?. Llevado esto a la sesión se tiene entonces la Filosofía humanista, después, la necesidad de generar escritos de clase y por último, un grupo de reflexión.

En esta penúltima sesión estuvo presente mi silencio junto al de los demás y me preguntaba: ¿será de reflexión?, ¿será reflejo de algún sentimiento por el hecho de hablar?, ¿será que filosofar implique más que el decir sobre un tema? ¿Será que hablar devela lo oculto? O más profundamente, ¿será que hablar más que de lo personal y cotidiano, es dejar emerger la existencia, el ser, el ser-en-el-mundo y el estar-en-el-mundo, la vida y la muerte, su sentido y significado? Hablar de lo leído puede ser fácil y más si se cree que por ignorancia no se habla, veo que esto desaparece al leer, dar opiniones personales puede ser otro factor, pero cuando lo leído hace eco inconscientemente en la propia persona puede complicar su expresión, esto creo es porque implica el responsabilizarse por lo que se dice y más por la propia existencia, por la condición actual de cada uno de nosotros.

Por ejemplo, para mi hablar de lo leído además de generarme emoción no me genera desagrado, connotación diferente puedo ver al tener que hablar de mi, de mis sentimientos reales más profundo en un momento de crisis, así, al utilizar la palabra me doy cuenta de una diferencia al decir: “Siento-Pienso”, “Sentimos-Pensamos”, “al Sentir-al Pensar”, pues al decir “Siento”, me estoy dando cuenta y lo estoy viviendo, me responsabilizo aquí y ahora; al decir “Sentimos” me uno a los otros y de manera indirecta me fusiono al otro aminorando la angustia y por último, en “al Sentir”, me excluyo, me salgo, huyo de mi mismo. Y son palabras y formar de decir que utilizo al escribir o hablar. Cierto es que ando en el continuo de conciencia Gestalt, sin embargo, el transcurrir la vivencia a veces es más fuerte que yo para detenerme y reflexionar en ello para integrarme.

Veo así que no hay diferencia entre mi ser personal y profesional, entre ser humano y psicoterapeuta, además factor importante le atribuyo a la circunstancia y no puedo excluir el matiz de los temas que se tratan, pues al decir en filosofía o en mi entorno, hablo de la vida, de lo que me acontece, estoy dentro de ella y con mis actos (escribir) la redescubro o la formo, y busco darme cuenta de ello.

Regresando a la sesión, creo que los temas que se trataron están llenos muchos de ellos con una gran carga emotiva y que por su naturaleza hacen emerger cual detonantes y abren las barreras conscientes del estar aquí y ahora; es decir, considero que la reflexión teórica es una terapia y por ende, nuestro sistema de creencias se somete a un proceso analítico encontrando su significación en las sensaciones y emociones que del tema se presentan así como también el sentir aprendido sobre los mismos.

Por ejemplo, uno de los temas más impactantes de los que se hablo y del cual se realizó un ejercicio fue el de la muerte y curiosamente este tema se a mantenido emergente a lo largo de las sesiones, en lo personal, es un tema que me interesa pues considero en el una gran connotación de vida, si me preguntarán qué es más importante o qué fue primero: la vida o la muerte, no sabría que decir; sin embargo, para mi la creación emerge de la nada y esta nada es “algo” vivo. En lo particular llevar este tema a mi vida me genera angustia y cierto es que no me quiero morir pues me gusta estar, si pienso: “ahora estoy y mañana no” hay ca***n
– genera en mi un choque y un movimiento interno, un vacío y un Silencio. Baste decir que adentrarme al tema ha sido como develar la vida y redescubrirla en su magnificencia.

Otros temas abordados fueron el de la libertad, la despersonalización, los movimientos sociales. Considero que hablar de la libertad es un tema escabroso, aunque si lo llevo a lo personal me pregunto: ¿realmente puedo ser libre? Estoy de acuerdo con los existencialistas y otros, al considerar que la libertad es la toma de decisión consciente y responsable por lo que hago, digo o soy y ello no implica el liberarme de un entorno en el cual vivo. Esta libertad puede ser cada vez más lejana si considero los efectos y consecuencias de la despersonalización del hombre y deshumanización del mundo en el que vivo con su silencio existencial, por consiguiente, la tendencia a integrarme, estar en contacto conmigo y aceptar mis polaridades me permitirán reencontrarme y no ser ya las ataduras y aprisionamientos externos, es decir, ser libre. Hoy día creo que se están sentando las bases para ello, un cambio personal y social que demarcan la necesidad actual del hombre contemporáneo: el encuentro del hombre con el hombre y la espiritualización religiosa, y entiendo por religión a un sistema de creencias comunes a un grupo de gente y que le sirven como marco de referencia y en ello estoy de acuerdo contigo al decir que cada uno tiene una religión secreta pues como imanes nos juntamos con las conciencias comunes para estar espiritualmente hermanados con lo Absoluto, con Dios, alcanzar la iluminación, el Satori o la Gracia.

Para mi, filosofar y leer filosofía no son sólo rollos incomprensibles, ante la disonancia cognoscitiva entre lo que tengo y las nuevas opiniones sobre lo mismo, se genera un choque, una crisis, un cambio, o un afianzamiento o “aferramiento” personal sobre lo que se cree y lo que se siente. Es por ello que considero de suma importancia que un psicoterapeuta sea por naturaleza existencial un filósofo. Con esta modalidad intento recuperar a la psicología y a la terapia como disciplina de la cultura de la sensibilidad, en términos de saber cómo se construye ésta a partir de la experiencia cotidiana de los individuos y brindar una perspectiva diferente de lo que significa la psicología en relación con los futuros terapéutas.

Particularmente planteo que el contexto terapéutico y la circunstancia en que se da son un medio para lograr el proceso de darse cuenta en los pacientes y en el propio terapeuta; es decir, la intención es integrar a ambos, él y yo. Propiciar la unidad en el ser humano y en mi propia persona, permitirá trascender la separación y los conflictos, potencializar con los múltiples recursos la existencia para ascender a un nivel superior de conciencia-existencia y por lo tanto a un hombre nuevo.

Bibliografía

Epston, D. (1994). OBRAS ESCOGIDAS, Barcelona, Gedisa, p. 7.

Ortiz, Q. F. (1992). YUHCATILIZTLI, México, Némesis, p. 16.

Racionero, L. y Medina, L. (1990). El nuevo paradigma, Barcelona, PPU, pp. 14, 144.

Romero, F. (1997). La imaginación como recurso psicoterapéutico, México, UNAM: Informe final de servicio social, p. 8, 97.

Usigli, R. (1981). Tiempo y memoria en conservación desesperada, México, UNAM.

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