Proceso de Duelo

Nombre: Judith Adriana Ramírez Valerio.

Grupo: 625

Clase: Supervisión de casos clínicos.

Tema: Proceso de duelo.

Fecha: 10 de Marzo del 2013

Correo:  jadrianna_rv@hotmail.com

PROCESO DE DUELO.

Para Martín y Vázquez (2005), el duelo se define como el proceso psicológico para elaborar la pérdida de un “objeto” significativamente emocional para alguien, también se refiere el duelo por la pérdida de un trabajo, la pérdida de una casa, de un amigo, de un hijo que se independiza y generalmente, hablamos de proceso de duelo cuando la pérdida es para siempre, a veces debido a una separación, un divorcio etc. Y más concretamente, a la muerte e un ser querido.

Salama (2007) refiere que el duelo es el resultado de una pérdida de algo o de alguien importantes que puede durar entre seis a un año.

Si partimos de que para la Terapia Gestalt “toda función humana es una interacción en un campo organismo-entorno sociocultural, animal y físico”, la muerte de un ser querido es un desequilibrio en la autorregulación del campo organismo-entorno, y, por lo tanto, el proceso de duelo es la restauración de ese equilibrio del cual se presenta en las siguientes cinco fases (Martín y Vázquez, 2005):

1° fase: NEGACIÓN Y AISLAMIENTO.

Constantemente se hacen pregunta con referentes al ¿Por qué a mi?, las personas se encuentran muy preocupados por los recuerdos y hablan con el difunto como si aún estuviera vivo. No sólo se aíslan de los vivos si no que se dificultan a sí mismos al afrontar la realidad de la muerte del ser querido. Esta pérdida podría definirse como un estado de tristeza o de soledad profunda.

La reacción más habitual es primero una función temporal infranormal, la negación seguida por otra función temporal, pero esta vez  supranormal: el sueño, la imaginación vida, la pseudoalucinación.

Suelen tener la necesidad de encontrar a alguien con quien poder hablar del muerto. Contar anécdotas, compartir algunos buenos momentos de la vida en común, cómo se conocieron, gustos, proyectos ahora truncados y también malos momentos con el difunto.

2° fase: REGATEO Y RITUAL.

La persona viva, se encuentra aún en el shock que le ha producido la noticia, que le ha producido la realidad trata, inútilmente, de hacer, “acuerdos” de negociar con Dios, con la vida, con la persona muerta, con un ser superior, una especie de intercambio, una promesa a cambio de, en pocas palabras en regatear.

Este regateo es una forma de retardar la noticia, de diferir la intensidad de la carga emocional que conlleva y al mismo tiempo propiciar la fase siguiente, permitir sin sentimientos de culpa, el paso a la rabia, a la ira, al enfado, a la indignación de no sentirse escuchado por el interlocutor “invisible”.

El final de esta fase, está caracterizada por dos elementos. El primero, es el inicio de la siguiente fase: la rabia. Pero el segundo, es una constatación mía que vengo observando y comprobando desde hace más de 10 años y que nunca he visto descrita ni sugerida en ningún texto sobre el tema, ni ningún profesional ha hablado de ella. El autor le llama el “ritual”.

El ritual, se define como una ofrenda, es una renuncia que se le ofrece al muerto, generalmente de un modo no consciente, como un modo de perpetuar su memoria.

3° fase: IRA.

Kübler-Ross (citado en Martín y Vázquez, 2005), dice que “cuando no se puede seguir manteniendo la primera fase de negación, es sustituida por sentimientos de ira, rabia, envidia y resentimientos”. Su rabia va desde las abstracciones (Dios, la vida, etc.), a seres concretos más o menos cercanos (los médicos, los sacerdotes, las enfermeras, algún vecino, familiares), incluso la propia persona que ha muerto.

Según la Terapia Gestalt estamos en una fase de destrucción en donde es necesaria la agresividad, la ira. Para poder continuar satisfactoriamente con el proceso de duelo, la persona necesita poder destruir, desestructurar la situación intolerable y la pérdida del objeto amado. “La destrucción es la des-estructuración de una totalidad en fragmentos, con el fin de asimilarlos como partes nuevas en una nueva totalidad y es a través de la rabia y el trabajo del duelo cómo se aniquila la necesidades de lo imposible”.

Al final de esta etapa la persona habla de su miedo a olvidar a la persona amada, de su necesidad de recordar cada detalle, cada gesto, a veces incluso comenta que le es difícil recordar su figura, algunos rasgos de su cara y a veces, se siente culpable.

4° fase: TRISTEZA.

Después de la rabia y, a veces intercalándose entre ella, aparece la tristeza. Ahora es como la persona en duelo fuera organísmicamente consciente de su pérdida. Ya no es algo exclusivamente racional, mental; podríamos decir, que siente la pérdida, que vivencia la ausencia.

Esta es la fase más delicada de todas ya que se siente la pérdida como un vacío, no sólo de la presencia de la persona amada, sino un vacío personal, de ideas, planes, sentimientos, intereses, proyectos, ilusiones, etc.

Es la etapa en que la persona se abandona más, le cuesta comer, duerme mal o no duerme, está apática muchas horas del día no puede concentrarse. Personas con una tendencia depresiva pueden tener en esta etapa ideas o intentos de suicidio. Hay una retroflexión de la agresividad y un cambio neurótico de la destrucción “desestructuración” en aniquilación, autoaniquilación. Esta es la etapa de los sentimientos de culpa.

La desesperación y tristeza, lo mismo que ocurre con el amor, la alegría, etc. Son más bien estados que movimientos afectivos, “por eso podemos ver hasta que punto son terribles puesto que si no hay ya ni yo, ni para ti, el sentimiento es como una sensación de abismo”.

El trabajo terapéutico en esta etapa es apoyar la expresión de las emociones junto con las interrupciones en curso, que suelen ser la habituales con las que se interrumpe el proceso de contacto, básicamente, la confluencia, la introyección, la proyección, la retroflexión.

5° fase: ACEPTACIÓN.

La aceptación es equivalente a la asimilación de la pérdida. Si un tiempo concreto establecido de antemano, la persona, en la etapa final de su duelo va y viene del dolor al renacer, es como sí “el amor-muerte”. Continuará viviendo orgánicamente pero como la excitación ha desaparecido, al intentar recuperar “los buenos momentos”. “obligatoriamente se fracasa ya que el buen momento posible, ahora, es completamente diferente”.

Aquí entra en juego el hábito de la lealtad, esto es, la identificación con alguna de las características de la persona fallecida que ha satisfecho necesidades y potencialidades y, “que es una fuente de fuerza para las acciones posteriores”. Esta lealtad se puede ver también en el mantenimiento de las costumbres, de la ropa y las cosas del difunto, y que, en esta etapa final de asimilación se van entreviendo la posibilidad de hacer cambios.

TRABAJO TERAPÉUTICO EN DUELOS.

Después de realizar el caldeamiento inespecífico y el caldeamiento específico, se realiza un trabajo de sillas, en donde se colocan dos sillas una enfrente de la otra y se le pide al paciente que se siente en una de las dos para que se  imagine que está enfrente de la persona que falleció, y que por unos momentos podrá expresarle todo lo que le hubiera querido decirle, entablando un dialogo ya que el paciente al terminar de hablar con él se le pedirá que se cambie de lugar a donde esta la persona que falleció para escuchar lo que le está contestando.

En este dialogo, posiblemente se pueda encontrar si esta triste, enojado,  en negación, o en alguna polaridad de lo antes mencionado (triste vs. Enojado).

Una vez que se entablo el dialogo, se le pide al paciente que se despida del paciente, expresándole lo que siente. Al terminar le pido que se concentre en su respiración y que se imagine y actúe a esa persona en esa ataúd, que se despida diciéndole todo lo que siente, pedirle que cierre la caja, que la baje a una fosa y que comience a taparlo con tierra, ya sea con una pala o con las manos (actuándolo), y preguntarle que si desea colocarle una flores y si desea hacerlo que se imagine haciéndolo.

Por último, decirle que se imagine que se sube a un helicóptero, se sienta, y comienza a elevarse poco a poco, sin dejar de  ver el lugar donde enterró a su ser querido y verá como se va alejando de ese lugar hasta no ver más y seguir su camino.

Para el cierre, se le pregunta que como se siente, como se vivió en esta experiencia y si hay algo de lo que se da cuenta…

BIBLIOGRAFIA.

Ángeles Martín y Carmen Vázquez (2007); “Cuando me encuentro con el capitán Garfio (no) me engancho”, Ed. Desclée De Brouwer, España, p.p. 258.

Dr. Salama H. (2007), “Psicoterapia Gestalt: Proceso y Metodología”; Ed. Alfaomega; México, p.p 299.

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