POLARIDADES

adriansalama   noviembre 25, 2013   No hay comentarios en POLARIDADES

CECILIA FLORES MENDIETA

c3ci1y@hotmail.com

POLARIDADES

INTRODUCCIÓN

Elegí este tema, ya que trabajo en el área de psicología dentro de una institución en donde se le da importancia a la dinámica familiar y sobre todo se brinda apoyo a los cuidadores primarios de los pacientes. Y los que han canalizado conmigo tienen la característica de sentir emociones ambivalentes como amor, miedo, enojo o culpa.

Zinker habla de que el conflicto puede ser saludable y creativo, o confluente e improductivo. Esta última forma se da cuando yo no me comprendo a mí mismo y acuso al otro de algo de lo cual soy culpable, e involucra por lo menos dos formas de defensa, la represión y la proyección. El conflicto saludable se da cuando somos personas integradas que tenemos cierto autoconocimiento y una clara sensación de ser distintos. En este caso, el conflicto surge cuando hay una clara impresión de desacuerdo en torno de algo que constituye un verdadero problema para ambos. No resulta, de proyectar sobre el otro cosas que somos incapaces de enfrentar en nuestro propio interior. El conflicto saludable, si se lo maneja con habilidad, tiene por efecto crear buenos sentimientos entre las personas; equivale a una propuesta de ganar ambos, en vez de ganar uno y perder el otro.

Una buena teoría del conflicto incluye tanto el conflicto intrapersonal como el interpersonal. Empieza  por el individuo como conglomerado de fuerzas polares, todas las cuales se interceptan entre sí, pero no necesariamente en el centro. Una persona no posee tan solo una polaridad opuesta, sino varias que se relacionan entre sí, creando “multilateralidades”.

Las conceptualizaciones y sentimientos polarizados son complejos y se entrelazan unos con otros. Como es obvio, se refieren a la particular historia del individuo y a su percepción de la propia realidad interior. Esta consiste en aquellas polaridades y características que son yo sintónicas, o aceptables por el sí mismo consciente, y las que son yo distónicas, o inaceptables por el sí mismo. A menudo, el autoconcepto excluye, por dolorosa, la conciencia de las fuerzas polares que operan en el propio interior.

En teoría, la persona saludable constituye un círculo completo, que posee miles de polaridades integradas y entrelazadas, que se fusionan todas entre sí. La persona saludable conoce la mayoría de las polaridades que contiene, incluso aquellos sentimientos y pensamientos que la sociedad reprueba; y es capaz de aceptarse tal y como es.

En la conciencia de una persona perturbada hay grandes vacíos. Tiene una visión rígida y estereotipada de sí misma y no logra aceptar muchas de sus partes: su mezquindad, su homosexualidad, su insensibilidad, su dureza. Niega sus propias polaridades negativas – aquellas facetas de sí misma que le han enseñado a considerar inaceptables o repulsivas – y tiende a proyectar sobre otros tales características. Tomar conciencia de esas polaridades inaceptables la torna ansiosa. Como consecuencia surgen síntomas neuróticos: la neurosis consiste en la imposibilidad de controlar la aparición de ansiedad.

El conflicto intrapersonal supone choques entre las propias polaridades oscuras y luminosas. Una manera de abordar un conflicto consiste en separar claramente a esas dos polaridades, y cuanto más aprende acerca de las zonas misteriosas de sí mismo, más saludable se torna. En esencia, tal finalidad es la que la terapia se propone: eliminar lo misterioso. Cuando estamos en la tiniebla, nos imaginamos demonios y fuerzas del mal, cuando encendemos la luz, nos sentimos seguros.

La teoría de Zinker sobre las polaridades sostiene que si no nos permitimos ser malvados, nunca seremos genuinamente bondadosos. Si estoy en contacto con mi propia maldad y amplío esa parte de mí mismo, mi bondad, cuando se manifieste, será más rica, más plena, más completa. Si no me permito a mí mismo tener contacto con mi femineidad, mi masculinidad será exagerada, hasta perversa. Para crecer como persona y tener con los otros experiencias de conflicto más productivas, tengo que estirar mi autoconcepto, debo enseñarme a invadir aquella parte en mí mismo que no apruebo.

El conflicto interpersonal se deriva a menudo del conflicto intrapersonal. Esto sucede cuando un individuo reprime su conciencia de alguna zona de su propio ser y luego la proyecta sobre otro: es más fácil ver lo malo de otro que lo propio. A veces atacamos partes de otros que son dignas de aprecio, pero demasiado temibles para nosotros mismos. Si alguien que me disgusta denota una conducta tan repugnante para mí que la desconozco en mí mismo, no puedo ser objetivo frente a esa conducta. No puedo tomar claramente posición ante ella; me limito a sentirme fastidiado.

El conflicto sobrevive con frecuencia cuando una de las partes ataca en la otra aquella polaridad que en ella misma está a oscuras, trae problemas o permanece ignorada. Las polaridades que se proyectan pueden ser oscuras, desconocidas  perturbadoras (yodistónicas), o bien oscuras, desconocidas y sustentadoras (yosintónicas).

Perls describe que la filosofía básica de la Psicoterapia Gestalt es la naturaleza entre diferenciación e integración. La diferenciación conduce por sí misma a las polaridades. Como dualidades que son, estas polaridades lucharan entre sí y se paralizaran unas a otras. Integrando los rasgos opuestos lograremos que la persona se complete de nuevo.

Otros autores de la Psicología se han servido de las polaridades para describir rasgos de la personalidad. Algunos de ellos son: Freud, eros/thanatos; Erikson, confianza vs desconfianza y el conflicto de dependencia vs independencia, en la etapa de la adolescencia; Maslow, seguridad/inseguridad; Allport, de mi dominancia paralela a su misión; Robert Bernreuter, en su test de personalidad (The Personality Inventory), retoma algunos de estos conceptos: extroversión/introversión; dominancia/sumisión, confianza en sí mismo/desconfianza, social/antisocial.

DESARROLLO

El método de Zinker para el trabajo del conflicto entre personas es “apoyarse en la acusación”. El primer paso consiste en enseñar a cada una de ellas a tomar conciencia del lado oscuro de sí misma. La segunda parte del proceso supone que cada persona considere los siguientes puntos:

1) Cómo puedo yo escuchar lo que a usted le preocupa acerca de mí.

2) Qué puedo hacer con esa preocupación sin ponerlo a usted a la defensiva o incurrir en su ira.

3) Cómo podemos trabajar en torno de esa preocupación de manera tal que usted no se sienta insensata por acusarme o por ver esa parte mía; en otras palabras, reconociendo la validez de su preocupación, aún si esto me molesta.

La técnica predilecta de Perls para trabajar con los rasgos opuestos de la persona se conoce como el experimento del top-dog (opresor) y el under-dog (oprimido). Perls compara el top-dog con el superego psicoanalítico; lo caracteriza como autocritico y dictador. Es la parte de la personalidad que juzga y le dice a la persona lo que debe hacer.

El top-dog es siempre correcto al juzgar; nunca se equivoca, tiene el derecho de hacer críticas, de regañar y de poner a la persona a la defensiva. A pesar de la fuerza aparente que tiene el top-dog, Perls decía que el under-dog (también llamado por Perls el infraego) siempre ganaba la lucha, sirviéndose generalmente del sabotaje, boicoteando la evasión o postponiendo las situaciones. Así vencen en la lucha, con el tiempo, las masas humanas que se encuentran bajo las garras de un opresor o dictador.

Lo que lleva a presentarse en la mayoría de los pacientes alguna forma de agresión generalmente neurótica. Perls señala que la agresión es la fuente de la energía vital que la persona necesita para satisfacer sus necesidades.

Existen cuatro formas de manejar la agresión:

–       Para sobrevivir: sirve para satisfacer las necesidades básicas del organismo como la respiración, el hambre, etcétera.

–       Para la defensa: se utiliza para evitar la extinción del organismo y su especie frente al peligro.

–       Creativa: es la energía encauzada para la resolución de situaciones nuevas y permitir la evolución del ser humano.

–       Neurótica: Se refiere al manejo inadecuado de la agresión que perjudica al organismo.

Y la posibilidad de atribuirla a diferentes niveles de expresión dependerá de cómo el organismo manifieste su agresión; ya sea pasiva en donde la energía es manejada de manera sutil, mediante la presentación de dobles mensajes, insinuaciones, desplazamientos, retrasando, saboteando, culpando indirectamente o aplacando, lo que los cuidadores en ocasiones hacen dando alimentos con sal o azúcar a pacientes con diabetes o hipertensión arterial; otra manifestación es la auto-agresión en donde la energía se vuelca hacia sí mismo a través de auto-sabotaje, culpándose, victimizándose, alterando sus funciones fisiológicas básicas, reteniendo sus emociones y creándose enfermedades psicofisiológicas y adicciones; otra manifestación es sobre-excitado en donde la persona necesita expresar una mayor carga de energía, como por ejemplo, exagerando su conducta emocional, se autopresiona y manifiesta miedos irracionales exagerandos respecto al objeto real; y por ultimo manifestación aplanado en donde el individuo manifiesta una disminución de su nivel energético en su expresión relacional minimizando las emociones, las cuales niega.

Es de suma importancia que el paciente integre polaridades para evitar que llegue a alguna manifestación neurótica. Y el trabajar con las polaridades que presenta el paciente, ubicándolo dentro del ciclo de la experiencia, es una de las metas que llevan a la integración de la personalidad por medio de la unión de los opuestos. Dentro del ciclo Gestalt existen polos opuestos unidos por un eje que pasa por el centro del círculo y que pueden referirse tanto a las fases como a los bloqueos.

Otra opción es desde el trabajo con silla vacía, en donde se necesitan tres sillas, la manera de ubicarlas es poner dos sillas enfrentadas y la tercera en medio de ambas formando un triángulo. Esto es para trabajar sobre las proyecciones y que el paciente pueda salir del sistema.

Después, se le pide a la persona que se siente en una de las dos sillas enfrentads y se le invita a que se conecte con su zona interna a través de la respiración, luego con su imaginación busque en su archivo mental a su polaridad y la ubique en la otra silla e inicie un diálogo que le sirva para comprender el proceso que lo lleva a bloquearse.

CONCLUSIONES

Cuando el top-dog y under-dog comienzan a establecer diálogos, es decir al comienzo de éste, habitualmente ninguna de ellas escucha a la otra, lo que indica claramente que está funcionando como unidades desintegradas. La explicación de este fenómeno puede ser que alguna de las dos es a menudo una introyección que la persona no ha incorporado adecuadamente, o que no ha dirigido aún por completo.

Esto pasa con los cuidadores que han tenido una experiencia desagradable en su niñez con respecto a los padres y se vivieron desvalidos y en la actualidad ya tienen más herramientas para defenderse de eventos o situaciones donde pudiese haber agresión, y en éste momento se ven en la necesidad de cuidar a sus padres.

Es de suma importancia que los pacientes integren sus polaridades tanto como des validez como de poder ya que la agresión es hacia el exterior y sobre todo hacia ellos mismos. El diálogo entre estos opuestos tiene como meta que el paciente logre diferenciar su yo del pseudo yo, para que identifique sus características positivas no aceptadas y las integre.

Con esto se puede lograr un cambio en la estructura mental del paciente y la percepción de su ambiente, fomentando el grado de conciencia y responsabilidad para que siga siendo funcional con sus propias herramientas.

El haber vivido el trabajo tanto con silla vacía como con top dog y Under dog me hace tener la certeza de que son herramientas que funcionan, sin embargo no pueden ser herramientas que se utilicen con mucha frecuencia con el mismo paciente, ya que puede llegar a perder su esencia y llegar a ser racional.

BIBLIOGRAFÍA

  • Salama, Hector. (2002). Psicoterapia Gestalt, Procesos y Metodología. Editorial Alfaguara.
  • Castanedo, Celedonio. (1988). Terapia Gestalt, Enfoque centrado en el aquí y ahora. Editorial Herder.
  • Salama, Hector. (2002). Manual del Test de Psicodiagnóstico Gestalt de Salama. Centro Gestalt de México.

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