Pedagogía y postmodernidad basadas en competencias

 Por:  Angélica Yolanda Rodríguez Gutiérrez que es alumna de la Maestría en Psicoterapia Guestalt en la Universidad Gestalt 

La comprensión del aporte filosófico en el proceso de enseñanza – aprendizaje implica, además de un conocimiento teórico adecuado, acercarse al proceso educativo con el objeto de integrar a la sociedad personas cada vez más preparadas. De esta forma, la reflexión llevada a cabo por los pedagogos modernos implica que los profesores ya no pueden actuar como la única fuente del saber y conocimiento, pensando que para enseñar solo se requiere dominar la materia, o bien, actuar con los mismos métodos que sus maestros les aplicaron (Bedoya, 2003).

En este sentido, se puede ver que desde el siglo XX, destacados sociólogos, pedagogos y filósofos han estudiado la manera de transmitir los conocimientos a través del aprendizaje significativo.  Este es el caso de Emile Durkheim que en 1911 afirmaba que la educación debería sobreponer al ser individual y asocial que es al nacer, a un ser totalmente nuevo y rebasar la naturaleza inicial, donde el niño se volvería hombre.

Por lo anterior, el presente artículo se centrará en la tesis sobre el modelo de educación pedagógica relacionada con la postmodernidad y, finalmente, se presentaran las conclusiones para evaluar dicho modelo de educación, para que los estudiantes con base en la asimilación adecuada de sus conocimientos, estén preparados para enfrentar nuevos retos.

Desde los tiempos de Comenius (1592-1670) hasta Dewey (1859-1952) considerados los padres de la pedagogía antigua y moderna, respectivamente, los científicos han tratado de explicar la relación que existe entre la educación de la sociedad y los procesos sistemáticos que llevan al aprendizaje, en aras de construir una sociedad rica en conocimientos, capacidades, habilidades y actitudes que enfrente un mundo cada vez más globalizado.

Sin embargo, la modernidad bajo la óptica de Revueltas (1990) se aleja mucho del ideal de un mundo mejor.  Su crítica del imperialismo ideológico europeo, donde la burguesía llegó a consolidar los fines al ocupar el poder sin la intromisión del Estado y del clero, dista del deseo original de la universalidad positiva y de romper con el sistema feudal del siglo XVII.  Asimismo, la Ilustración buscaba la libertad al establecer los derechos del hombre emancipándolo de la superstición, gracias al conocimiento guiado por  la razón, la ciencia y la técnica.

Múltiples teorías han surgido desde entonces, hasta llegar a la modernidad donde el estudiante deja de ser un ente pasivo, para ser aquél que construya su propio conocimiento y formarse a sí mismo. Bedoya (2003) en este sentido, comenta que es importante enseñar a los alumnos la importancia de la investigación, como parte del proceso de autoconocimiento, donde el aprender a aprender toma sentido para que exploren sus propias capacidades, posibilidades y limitaciones.  Por su parte Kanz (2001), menciona que con esa concientización de los estudiantes, se harán personas sensatas, racionales y cultas.

Ser libre, desde el punto de vista ético, refiere al actuar del ser humano con respecto de sí mismo, en función de lo que se considera bueno. El movimiento moderno se instauró como una cultura pedagógica, donde aprender y enseñar lo bueno y lo malo cobraba gran relevancia; sin embargo, ante los cambios bruscos en el pensamiento de la sociedad, esta modernidad entró en crisis, dando paso al postmodernismo, el cual desde la perspectiva de Terrén (1999), se plantea como un nuevo enfoque con tinte neoliberal. Y es aquí donde la libertad del ser humano se ejerce mediante una indiferencia ética ante las consecuencias de la acción y la universalización de perspectivas y valores.

Este nuevo concepto de postmodernidad, deja atrás la generalización e implantación a través de la burocracia y da paso a una educación autónoma, donde la libre competencia en las escuelas y el otorgar a los padres la decisión sobre la educación de sus hijos, tiene consecuencias, ya que ahora la escuela es emprendedora e individualista, al fungir como una empresa al servicio de las necesidades del cliente y del Estado.

Desde este enfoque neoliberal, aprender y enseñar lo bueno y lo malo representa un reto para las instituciones educativas. En este sentido, Savater (1997) considera que la enseñanza implica una forma de coacción y desafío entre voluntades. Esto es, obligar a los alumnos de cierta forma, a estudiar por su propio bien, imponiéndoles una disciplina que finalmente los ayudará a aprender cosas relevantes en la vida, pero no a tomar conciencia del deber ser.

A semejanza de la escuela neoliberal, Savater critica que a pesar de que el ideal moderno de libertad plantea formar individuos auténticamente libres, también implica que la educación sobreponga los intereses de los educadores sobre los educandos. Por lo anterior, es conveniente reflexionar qué tan bueno es imponerse para lograr el objetivo o qué tan malo es ejercer la tiranía para privar en cierta medida, la libertad del estudiante para enseñarlo.  Es en este punto donde el educador ha de dar importancia al alumno, valorando los conocimientos que le hacen falta, sin olvidar el formar la voluntad y actitud positiva hacia la sociedad.

Bajo esta lógica, Kanz (2001) plantea que el rol de la educación es ser propiciador de paz y para ello es primordial lograr una buena relación entre las personas al actuar entre sí, evitando la violencia, controlando los impulsos y actuando de manera natural en cooperación, concordia y ordenamiento pacífico.

Por todo lo antes planteado, se puede concluir que la relación entre pedagogía y postmodernidad es muy estrecha; es más, no se concebiría una sin la otra en su proyecto universal, donde se busca encontrar nuevas formas de relación y donde la educación y el conocimiento ayudan a que las normas de relación tengan éxito entre los estudiantes de ahora, y los futuros profesionistas del mañana, para formar individuos consientes y preparados no sólo para relacionarse con sus semejantes, sino para enfrentar retos cada vez mayores.

Algo que resulta importante destacar desde la postura de la postmodernidad, es que el hombre siempre está aprendiendo, aun cuando la forma de aprender no ha sido la adecuada.  Esto conlleva a determinar el futuro de la humanidad, tomando en cuenta que el aprendizaje se genera y además se promueve, a través de la transmisión deliberada de ideas, recuerdos, técnicas, conceptos, valores y comunicación con los semejantes.  Lo anterior representa el ideal ilustrado de una identidad humana global, del ser humano lúcido y de un hombre integral que actúa de acuerdo a las demandas sociales.

A pesar de la aparente lejanía en el tiempo, se puede reconocer el aporte de la corriente postmodernista en la pedagogía moderna, el aprendizaje significativo, la metodología, la metacognición, el espíritu crítico, la ética, una dimensión holística del saber, del hacer, del saber  ser con consciencia respecto del impacto de ese hacer, para nada alejada de la actual educación basada en las competencias.

La postmodernidad, por lo tanto, prepara individuos educados capaces de pensar por cuenta propia, críticos, que se inmunizan en contra de la propaganda y la falsa retórica; personas preparadas para buscar y alcanzar la utopía de un mundo mejor para todos.

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