Notas sobre Carl Rogers

NOTAS SOBRE “IDEAS PERSONALES SOBRE ENSEÑANZA Y APRENDIZAJE” Y SOBRE “EL APRENDIZAJE SIGNIFICATIVO EN LA PSICOTERAPIA Y EN LA EDUCACIÓN” DE CARL ROGERS.

Por: Dr. Erick Daniel Granados Monroy
(quien estudió el Doctorado en Filosofía Gestalt en la Universidad Gestalt)

Un punto extremadamente conspicuo en el concepto del Enfoque Centrado en la Persona Rogeriano, es la sinceridad, la congruencia que el contacto consigo mismo y con el Otro implica.

Cualquier instructor tiene sus puntos fuertes de influencia y referencia que en muchas ocasiones transforma en referentes dialógicos y teóricos fundamentales. Varios de mis maestros tenían sus respectivos dialogantes en Kant, Levinas, o Foucault, a su vez yo tuve los míos: Ian Anderson, Ken Hensley, David Byron y así, y al acercarme a las temáticas, al mundo del Desarrollo Humano, aparece otro: el Frege de la psicoterapia, el Giordano Bruno de la Psicología Humanista, ¿de quién hablo? Carl Rogers.

Me parece que fue una personalidad muy grande pero no por su producción bibliográfica ni por su capacidad teorética, sino por su calidez, por su personalidad y labor 100 % humanística.

Algo que me asombra mucho mucho, es esa capacidad que tuvieron ese tipo de Seres para ser sinceros con ellos mismos, y para hacer público ese sentir latente y visceral. Recordemos que eran personas con una enorme infraestructura bibliográfica tras de ellos, así, ¡qué gran valor!, congruencia, pero sobre todo cuanta humildad para reconocer ante la expectativa de una asamblea que: “no sabía que decirles”, y que simplemente expresaría: “Lo que sentía, con la seguridad de que si estaba equivocado, la discusión me ayudaría a corregirme.” Rogers; 2002; 241.

Y amén de humildad y sinceridad, Rogers denota un gran valor para expresar nociones que como él claramente marca, tendrían significados provisionales en su experiencia, hasta esa fecha específica; es decir, reconociendo lo amplio de la realidad, y lo mudable y problemático y particular de la Humanidad.

Inicia exponiendo sus dudas sobre la inútil labor de enseñar a otra persona “el cómo enseñar”, puesto que lo único que verdaderamente incorpora la persona a su conceptografía y que modifica su visión y comportamiento, son aquellas nociones que descubre e incorpora por él mismo. Y ya que este descubrimiento y auto-descubrimiento es personal, por tanto es intransferible por su particularidad e intimidad.   Simple y clara lógica.

Y si bien por el uso de esa herramienta codificadora a nivel público de nuestro sentir privado llamado lenguaje, puede el humano transmitir sus testimonios, a eso, presuntamente se le podría llamar “enseñanza”, pero no experiencia, y dudosamente Conocimiento.

Así, su postura se ubica fuera de toda normatividad e instruccionismo autoritario, pues a lo más que puede aspirar la persona es a sugerir vías de flexibilidad, reflexividad y auto-sondeo: en lugar de “enseñar”, acompañar.

No obstante, marca que este proceso -y de inicio la actitud de abrirse uno mismo- es extremadamente difícil pese a su sencillez, debido a la enorme resistencia que presentamos para abandonar nuestras actitudes rígidas y de defensa, para tratar de entender el mundo de la persona que se encuentra frente a nosotros, con una cosmovisión propia, con términos y sentires específicos.

De entre varias de las consecuencias de las propuestas nacidas de las opiniones de Rogers, algunas que consideramos sustanciales son:

–        El único aprendizaje que puede influir significativamente sobre la conducta, es el que el individuo descubre por sí mismo.

–        El aprendizaje basado en el propio descubrimiento, la verdad incorporada y asimilada personalmente en la experiencia, no puede comunicarse de manera directa al otro.

–        Dejar a un lado los exámenes y calificaciones por notas, ya que el registro o las nociones que quedan plasmadas en ellas, no son precisamente sustanciales ni significativas, sino que son originadas desde preposiciones ajenas a la propia experiencia y perspectiva de la persona; serán pues datos enormemente distanciados de los significados y necesidades que extrae la persona de su propia experiencia.

–        Su enunciado de que el aprendizaje no tiene fin, que el estudiante que en verdad lo es, lo será para siempre, porque el que aprende reconoce el proceso continuo e interminable del conocer. Cfr. Rogers; 2002; 243-244.

Una vez más, expresa en su disertación el prelómeno de que su punto de vista sobre los tópicos que expondrá serán provisionales y usados -jamás afirmados- no sin ciertas dudas, por crear muchas preguntas que él mismo aun no ha podido responder.

Rogers define Aprendizaje Significativo, como:

“Aquella manera de aprender que señala una diferencia (progresista) en la conducta del individuo, en sus actividades futuras, en sus actitudes y en su personalidad; es un aprendizaje penetrante, que no consiste en un simple aumento del caudal de conocimientos (que aquí creo que deberemos entender el termino como datos técnicos e información bibliográfica), sino que se entreteje con cada aspecto de su existencia.” Rogers; 2002; 247.

Con base a lo anterior, el Aprendizaje Significativo es el proceso que transforma distintas facetas del Ser y de la personalidad, manifestándose constructivamente en la senda y dinámica de la persona que es influida por él.

Así, al hacer el humano una plena inmersión en esa modalidad de aprendizaje, uno de los cambios que operarán a nivel óntico, será el cambio de imagen y valoraciones propias y externas, junto con percepciones más flexibles y menos acartonadas y estereotipadas, que junto con la aceptación de sus defectos y bondades, promueven que el Ser encuentre, reconozca y acepte sus sentires de una manera más plena y total.

Entonces, si Rogers habla de “conocimiento”, no lo entenderá como el equiparado al que posee una biblioteca ambulante, soberbia, autocomplaciente, abundante, egotista e inútil, sino a esos elementos que desde la trascendencia del Ser transforman el Saber y el Hacer, para uno y para el Otro. Un Saber que va de la abstracción a la praxis, de la elucidación a la pragmática, de la especulación a la acción, de la ontología a la humanística.

Y en ese proceso de devenir humano, una herramienta en el aprendizaje del Ser podrá encontrarse en la psicoterapia.

En ella primordialmente se requerirá de parte del terapeuta no enmascarar lo que es y lo que no es, la captación y comprensión del mundo epistémico y emocional del Otro, de aquellas construcciones con las que la persona se enfrenta al mundo, y requiriéndose una comunicación y transmisión de las dos partes, de los sentires que él (el terapeuta) tiene sobre él (la persona), y viceversa.  Un proceso que será verdaderamente vital cuanto más intersubjetivo sea. Una intersubjetividad valiosa en cuanto encuentro dialógico, reflexivo, emotivo y contrastante. Sentimientos, pensamientos y comportamientos expresados, asumidos, responsabilizados, examinados, cribados y transformados.

De acuerdo a Rogers, cuando vemos que el Otro -el que está frente a nosotros y que es un Tú alterno a nuestro Yo- no nos manda ni nos condiciona ni nos rechaza, existirá una apertura en nosotros para comunicarnos con él, y al empezar a expresar y manifestar nuestro mundo, éste mismo empezará a fluir y a correr, entrando en un proceso dinámico de re-estructuración y actualización, al ya no tener que rigidizarlo como coraza y ciudadela para defendernos y no caer ante el bombardeo de colores, emociones e ideas que considerábamos amenazante.   Así, levantaremos las tiendas, pues ya no esperaremos ninguna incursión, y proseguiremos la marcha hasta la siguiente base o (en caso de problemas) hasta el siguiente Rubicón.

Rogers expresa que propiamente él no hace nada por la vida de la persona: no sale a la calle y le consigue empleo o lo disculpa con su esposa, sino que apela a…, y moviliza lo que para él es la naturaleza ontológica de su concepción de humano (que es de hecho el punto medular de su propuesta), reconocida por mí como una teleología netamente positiva por constructiva y emancipatoria: su visión naturalista sobre las capacidades y cualidades inherentemente bondadosas en la persona.

Así, si esta lógica en base a las premisas utilizadas en la psicoterapia en la modalidad Rogeriana, es aplicada a la docencia -que es una actividad enormemente similar por referencial y reflexiva de la conducta, del sentimiento y del pensamiento-, se buscará que el docente reconozca sus sentimientos, sus ideas, sus inclinaciones, expectativas y aversiones, y los sentimientos e ideas, e inclinaciones-expectativas-aversiones de los alumnos, y respete unos y otros de una manera abierta y razonada.   Recordándose que imponer teorías, datos, técnicas, ideas u opiniones a cualquier otra persona, solo provocara en ésta, rechazo, miedo, inquietud y desilusión.

El proceso lineal-tradicional-esquemático-utilitario-autoritario producirá muchas cosas. Pero, desarrollo, expansión, complejización y profundización del Ser, nunca.

Según Rogers, la tarea más importante de la labor docente, no es enarbolar alguna operación aritmética o atragantar al salón con la vida y obra de Napoleón, sino observar y empatizar con los sentimientos y actitudes de los alumnos, ante y desde el mundo distinto y lejano que es él mismo.   Pues si aspiramos a que la persona aprenda algo significativo, no será castrándolo o encuadrándolo en la maquinaria fetichista-utilitarista-occidental-capitalista, sino promoviendo la verdad y la justicia, el pensamiento libre, la reflexión, la autonomía, la conciencia social y la propositividad.

Bibliografía.

Rogers, C. (2002). El Proceso de Convertirse en Persona. Mi Técnica Psicoterapéutica. Traducción: Liliana R. Wainberg. México, Paidós.

Comentarios

comentarios

Deja un comentario