Nociones sobre Giroux

Por: Mtro. Erick Daniel Granados Monroy

En el presente documento realizaremos reflexiones en torno a las ideas que Giroux expone acerca del fenómeno educativo, su lógica y propuestas.

Desde nuestra perspectiva, la teoría del autor adolece de una insuficiencia práctica que sólo permanece en los aspectos pragmáticos; definiremos los anteriores conceptos en pos de la clarificación de nuestra argumentación.  Semántica se refiere a los aspectos que definen un símbolo, los significados ligados a una clave escrita o sonora; la sintaxis, abarca a la manera en que esos significados serán enlazados para estructurarse de manera inteligible; pragmática, comprendida como el proceso que devine de los significados aprehendidos y que incita a un acto, que finalmente se concluye en la práctica, cuando se ejecuta una acción o el acto sugerido por la pragmática.  Habermas coincide con esta vertiente interpretativa cuando expone que…

“Los sujetos capaces de lenguaje y de acción, situados en cada caso en el horizonte de sus mundos de la vida compartidos, deben poder <<referirse>> a <<algo>> en el mundo objetivo si, en el curso de la comunicación, quieren entenderse entre ellos <<sobre algo>> o quieren, en actitud práctica, arreglárselas <<con algo>>.

A fin de poder referirse a algo, ya sea en la comunicación sobre estados de cosas o en el trato práctico con personas y objetos, deben partir –cada uno por sí mismo, pero en concordancia con los demás- de una presuposición pragmática.  Todos ellos presuponen <<el mundo>> como la totalidad de objetos que existen independientemente y que puede ser enjuiciada o tratada. <<Enjuiciables>> son todos los objetos de los que pueden enunciarse hechos. Pero sólo los objetos identificables espacio-temporalmente pueden ser <<tratados>> en el sentido de una manipulación finalista.

La <<objetividad>> del mundo significa que éste nos está <<dado>> como un mundo <<idéntico para todos>>.

Para ello es necesaria la práctica lingüística –sobre todo el uso de términos singulares- que nos obliga a la presuposición pragmática de un modo objetivo común. El sistema de referencia incorporado a los lenguajes naturales asegura a cualquier hablante la preconcepción formal de los posibles objetos de la referencia (referentes). Sobre esta suposición formal del mundo, la comunicación sobre algo en el mundo se entrecruza con las intervenciones prácticas en el mundo. Para los hablantes y para los sujetos que actúan, el mundo sobre el que pueden entenderse y el mundo sobre el que pueden intervenir es el mismo mundo objetivo. Para asegurar realizativamente los referentes semánticos es importante que los hablantes, en tanto que actores, estén en contacto con los objetos del trato cotidiano y puedan siempre volver a retomar estos contactos.

Esta concepción de la suposición del mundo objetivo descansa, igual que la idea cosmológica de razón de Kant, en aquella diferencia trascendental entre el mundo y lo intramundano que después retorna en Heidegger como la diferencia ontológica entre el <<ser>> y el <<ente>>. El mundo objetivo supuesto por nosotros no es del mismo tipo de aquello que puede aparecer, de conformidad con esta suposición, como objeto (estado, cosa, suceso) en dicho mundo. Por otra parte, esta concepción no se acomoda ya a las dicotomías conceptuales kantianas. Con la desarticulación detranscendentalizadora de las categorías aprióricas del entendimiento y de las formas de la intuición se desvanece la clásica distinción entre razón (Vernunft) y entendimiento (Verstand).

Evidentemente, la suposición pragmática del mundo no es ninguna idea regulativa, sino una idea <<constitutiva>> para referirse a todo aquello respecto a lo cual pueden consignarse hechos.”[1]

Según Habermas, las presuposiciones pragmáticas serán aquellas que homogenicen las concepciones e interpretaciones sobre las experiencias y existencias de dos sujetos diferentes, en pos de la manipulación de los objetos o personas que provengan, se ubiquen y converjan en su proceso intersubjetivo.  Lo pragmático serán los elementos comprensivos sobre la realidad particular y general que permitirá encarar, manipular, arreglar el mundo, las cosas y las personas.  Francés coincide con nuestra interpretación cuando expresa que…

“La pragmática en este sentido es el estudio no de las reglas lógicas o estructurales que configuran un sistema o práctica, sino de las reglas, o mejor dicho, condiciones, fácticas que hacen posible el sistema o la práctica dado que un sistema de acción (tal como el discurso, la política, la técnica, etc.) persigue ciertos fines y está protagonizado por agentes (seres racionales que actúan). En este sentido, “pragmático” se refiere a esas pre-condiciones (típicamente de una práctica) que no se pueden negar sin incurrir en una “contradicción pragmática” o performativa. Esas condiciones no son exactamente “verdades” deducidas ni convencionalmente establecidas en el seno de la práctica; sencillamente van unidas inseparablemente a la práctica y sería contradictorio negarlas mientras se intenta seguir realizando la misma práctica.”[2]

Siguiendo a Francés, lo pragmático aparece como los elementos previos a la acción, las condiciones que indican el acto, el aspecto fáctico que una persona realizará.

Ahora…

Las ideas de Giroux si bien aparecen valiosas como críticas a las instituciones educativas y su correlación con los aparatos de poder, denotan una lógica elucidativa que deviene de una cosmovisión que no alcanza a comprender la radicalidad de la dominación; citaremos algunos párrafos que indican la insuficiencia que criticamos en este pensador.

Cuando habla acerca del pésimo ambiente universitario, del dogmatismo y comodidad y miedo que denotan los profesores, y de lo necesario de las luchas sociales, enuncia que…

“También implica que la lucha será larga y ardua y que con el tiempo las semillas de la nueva sociedad pueden o no florecer. En otras palabras, uno tiene que luchar en contra del nuevo autoritarismo y esperar que ese esfuerzo sea recompensado en el futuro.”[3]

De acuerdo a lo anterior, el esfuerzo, los actos y el compromiso social se implican como acciones que no proporcionarán respuestas únicas y totalmente efectivas o inmediatas, sino que aparecen como acciones que quizás en el futuro se concretizarán, florecerán y conseguirán nuevos modelos de mundo y vida.

Desde nuestra perspectiva, ese tipo de futurismo se coloca al nivel del manejado por las visiones complacientes e ideologizadoras  de la tradición judeocristiana: un mundo mejor que no está aquí, pero que en algún momento será suyo o tuyo o nuestro.  Esa es una estrategia engañosa y cruel para el trabajador, para el obrero, para el empleado que en éste momento está siendo victimizado, desconocido en su ser y violentado por fuerzas personales e impersonales que lo convierten en zalea, en pasto para las vacas.  En contraposición a ello, elegiríamos un acto que busque revocar o aligerar o disminuir la brutalidad del momento, iniciativas que intenten hacer una vida menos dolorosa o más buena —en éste momento—, no para las nuevas generaciones sino ubicándonos en el aquí y ahora en que nos encontramos, que me encuentro, que se encuentran experienciando y padeciendo.

Cuando comienza a exponer su propuesta, enuncia acerca de la pedagogía radical que…

“Su espíritu está enraizado en una aversión a todas las formas de dominación, y su reto se centra alrededor de la necesidad de desarrollar formas de críticas adaptadas a un discurso teórico que medie la posibilidad de una acción social y la transformación emancipatoria.”[4]

Expresa que una de las características primordiales del tipo de pedagogía que se encuentra proponiendo, aparece en la conformación de nuevas estructuras lingüísticas e interpretativas que fomenten y dirijan a la persona y a la comunidad hacia acciones de liberación y revolución ante la circunstancia aversiva que existe y predomina.

Sobre este párrafo, insertamos los siguientes cuestionamientos:

¿Qué acaso el autor no ha realizado alguna visita a las bibliotecas públicas y universitarias?

¿Se habrá dado cuenta del número casi infinito que existe de publicaciones (libros, tesis, revistas, etc.), de hojas, de papel lleno con el mismo tipo de pensamientos emancipatorios?

Sobran las palabras, ideas, teorías y buenos deseos que se enfocan en explicar e incitar a la persona a dejar de lado esa cadena que él mismo construye, compra y lame.

Seguro sus párrafos aportan alguna explicación novedosa sobre la explotación, pero más allá de esas nuevas agudezas sobre la manera en que somos cosificados, ¿cuál es el avance o aportación?

Posteriormente señala (cuando va a explicitar su discurso crítico)…

“En esencia, esta sección pretende rescatar el potencial crítico del discurso educativo radical, y simultáneamente ampliar el concepto de lo político para incluir aquellas prácticas e instituciones históricas y socioculturales que constituyen el ámbito de la vida diaria. En términos más específicos, esto significa desarrollar análisis de la escolarización que delinien una teoría y discurso críticos que interrelacionen modos de cuestionamientos esbozados por la gran variedad de disciplinas de las ciencias sociales.”[5]

Según lo citado, señala que se hace necesario expandir e integrar las críticas que se han hecho -desde diversos esfuerzos explicativos-, a otras dimensiones de la realidad, a otras instituciones, y de hecho a la misma cotidianeidad.

Nos parece que efectivamente la reflexión y la crítica son valiosas, pero los papeles, las tesis, las ideas, las creencias, no bastan para impelir a la persona a la acción que lo llevará a superar las relaciones de producción, la ideologización y fetichismo.  Pero Giroux considera que si, que las ideas poseen esa sustancia catalizadora de la praxis. Esa creencia se manifiesta en la lógica que manifiesta, en el tipo elucidativo que permea su obra…

“Las cuestiones subyacentes a los modos de análisis usados en esta sección son importantes: cómo producimos una educación significativa a través de hacerla crítica, y cómo la hacemos crítica para transformarla en emancipatoria.”[6]

Con base a lo referido, el pensador ostenta la lógica que transmite a un cierto tipo de labor pedagógica la característica primordial de la criticidad, un tipo de pensamiento que permitirá trascender a las tradiciones y aparatos alienadores y sobajadores, explotadores.

Nosotros, consideramos esta posición ingenua.

Las palabras no bastan para cambiar.

La praxis no se realiza desde críticas y buenos e ingeniosos argumentos.  Las interpretaciones “radicales” no sirven a la hora de enfrentarse con el aparato policiaco.

Las críticas a las instituciones son menos que nada, en el momento de encarar un agente antimotines o un reten del ejercito (“Puesto de Control” dicen las mantas, los letreros de esos pitbulls, seres que juegan un papel triste y cruel).

Las reflexiones son inútiles cuando padecemos la acción de un delincuente sucio, de barrio, adicto o neurótico, o de alguno encumbrado, legitimado, con corbata y cargos en el Fondo Monetario Internacional.  Ambos agreden, ambos son arrogantes, insensibles, ni a uno ni a otro les importa un comino el sufrimiento de la persona.  No sienten nada negativo o desagradable al despojarle de su cartera, su reloj o su fondo de pensión.  Para ellos, somos ganado, basura, pasto, carroña.

Ellos -las elites económicas, los corporativos-, no entienden razones.

Para ellos, nuestras reflexiones, críticas, libros y hermenéuticas radicales son las burbujas de un niño jugando en el parque.

Se ríen de las reflexiones y de las propuestas para detener la explotación.

Tan no les importa, que permiten se publiquen esas hojas con esa letras.  Si les afectara, el libro sería quemado o prohibido o no publicado, y los responsables simple y sencillamente desaparecidos.

Los poderes económicos sólo permiten que se escriba y lea lo inútil, lo ingenuo, lo débil.

Lo que les afecta, eso desaparece o es instrumentalizado para su propio beneficio.

Es muy importante que reconozcamos y recordemos que ante un bullterrier, no hay diálogo o razones o buenas intenciones que sirvan.

La única posibilidad, es el acto compulsivo.

El acto compulsivo se precisa al realizar un acto irracional, pero con una intención racional.

Lo racional se comprende como aquellas decisiones o situaciones que permiten el desarrollo biológico –según la perspectiva reichiana, la Psicología Política–, lo irracional, se define como aquellos actos, decisiones o ambientes que restringen o evitan el crecimiento vital: lo dogmatico, restrictivo, la represión, lo violento.

Pero, existe la posibilidad de reestructurar el proceso.

Usualmente lo irracional (supongamos golpear a un niño por jugar o callar a una niña por decir algo socialmente incorrecto), se usa con una intencionalidad que no supera las tradiciones, las imposiciones, la estupidez e ignorancia, sino que las sirve, las alimenta y perpetúa.  Se usa lo negativo para algo negativo.

Pero bien se podría usar lo negativo, el acto violento para algo positivo, para algo que promueva una vida mejor, más amplia, un mundo en verdad libre, una persona feliz y sana.

Entonces, lo irracional (romper una ventana, quemar una urna de votos o destruir un edificio) puede conllevar, puede realizarse en pos de una intención racional: detener la crueldad expoliadora, eliminar las ideologías que implementan necesidades esclavizantes, desaparecer instituciones o grupos que se encuentran por encima del individuo y de la comunidad y que la usan, la destazan y destrozan.

Las buenas ideas, los rezos y las críticas radicales no sirven ante una persona que no atiende razones: contra los violentos, los maleantes, los asesinos de humanos, no sirve el diálogo.  Las palabras nunca ayudarán contra ese tipo de maldad.  La única posibilidad es el acto compulsivo: una acción irracional con un propósito racional.

Pagarles, responderles con violencia, pero no para posesionarnos del trono y disfrutar ahora del banquete y la espada, no.  Irracionalidad para desfasar la cadena de injusticias y dolor que se ha mantenido y perpetuado por milenios: No un dios por otro dios, ídolo por ídolo, caudillo por otro que se volverá dictador. No.

Actos de fuerza para protegerse de irracionales, esfuerzos radicales para seres que obran sin corazón y se ríen de la esperanza.  El acto compulsivo como una acción triste pero necesaria ante la brutalidad.

Algunos escuchan y comprenden, para ellos es el diálogo, la reflexión.  A los que no escuchan ni respetan, les corresponde lo compulsivo.

Es nuestra visión y propuesta, y nos parece que tiene su grado de plausibilidad.  Creemos que es necesaria y correcta, y razonada.

Bibliografía.

  • Giroux, H.  (2004).  Teoría y Resistencia en Educación. Una Pedagogía para la Oposición. Traducción de Ada Teresita Méndez. Revisión conceptual Alicia de Alba y Bertha Orozco.  México, Siglo XXI Editores, en coedición con el centro de estudios sobre la universidad, UNAM.  Primera edición en español, 1992, sexta edición en español, 2004.
  • Habermas, J.  (2002).  Acción Comunicativa y Razón sin Trascendencia. Traducción de Pere Fabra Abat.  España, Ediciones Paidós Ibérica.
  • Francés, P.  (2002).  El Concepto de Derecho Natural. En Retos de la Razón Práctica. José Manuel Bermudo Ávila (editor), Montse Lavado Fau (coordinadora).  España, Publicacions de la Universitat de Barcelona.  Ponencias presentadas al tercer Congreso Internacional de la Sociedad Iberoamericana de Estudios Utilitaristas, celebrado en Barcelona del 8 al 10 de octubre del 2001.

[1] Habermas,  Acción Comunicativa y Razón sin Trascendencia, pp 24-26.

[2] Francés, El Concepto de Derecho Natural, p 218.

[3] Giroux, Teoría y Resistencia en Educación, p 17.

[4] Ibíd., p 21.

[5] Ibíd., p 22.

[6] Ídem.

Comentarios

comentarios

Deja un comentario