Nociones de Existencialismo

Por: Daniel Granados
Publicado el 10 de enero 2010

[1]

En el presente ensayo reflexionaremos en torno a la propuesta conocida de manera general y generalizada como Existencialismo; iniciaremos presentando algunas definiciones consensuadas, posteriormente propondremos un esquema de clasificación e interpretación en torno a los diversos pensamientos que se insertan bajo el vocablo.

Se denomina Existencialismo a un tipo de reflexión filosófica que se desarrolló en el siglo XX; una definición estándar del término la configura Abbagnano de la siguiente manera…

“Se entiende por existencialismo toda filosofía que se conciba y ejercite como análisis de la existencia siempre que por “existencia” se entienda el modo de ser del hombre en el mundo. Por tanto, el existencialismo se caracteriza en primer lugar porque pone en tela de juicio el modo de ser del nombre; pero como entiende este modo de ser como modo de ser en el mundo, se caracteriza en segundo lugar, porque pone en discusión el “mundo” sin presuponer su ser ya dado o constituido.

De ahí que el análisis de la existencia no sólo sea el esclarecimiento o la interpretación de los modos en que el hombre se refiere al mundo, en sus posibilidades cognoscitivas, emotivas y prácticas, sino también y al mismo tiempo, el esclarecimiento y la interpretación de los modos de manifestarse el mundo al hombre y la determinación y condicionamiento de sus posibilidades. La relación hombre-mundo es, pues, el único tema de toda filosofía existencialista.” [2]

En contraposición, desde el Materialismo Dialéctico, los filósofos rusos Rosental y Ludin lo definen así…

“(Del latín «existentia»: existencia). Filosofía de la existencia, corriente irracionalista de la filosofía burguesa contemporánea.

Surgió (después de la primera guerra mundial en Alemania, y luego en Francia; después de la segunda guerra mundial en otros países, entre ellos los Estados Unidos) como intento de crear una nueva concepción del mundo en consonancia con los estados de ánimo de la intelectualidad burguesa. El término «existencialismo» fue introducido por el neokantiano Fritz Heinemann (1929). Las fuentes ideológicas del existencialismo son: la filosofía de la vida, la fenomenología de Husserl, la doctrina místico-religiosa de Kierkegaard.

Se distingue el existencialismo religioso (Marcel, Jaspers, Berdiáiev, Buber) y el ateo (Heidegger, Sartre, Camus).

En la filosofía de la existencia ha hallado su reflejo la crisis del liberalismo burgués, incapaz de dar respuestas científicas a las cuestiones planteadas por el hacer práctico social e histórico de nuestros días, liberalismo impotente para explicar la inestabilidad y la desorganización de la vida humana en la sociedad burguesa, los sentimientos de angustia, desesperación y desolación inherentes al hombre de dicha sociedad.

El existencialismo constituye una reacción irracionalista al Racionalismo de la Ilustración y a la filosofía clásica alemana. Afirman los filósofos existencialistas que el principal vicio del pensamiento racional estriba en tomar como punto de partida el principio de la contraposición entre sujeto y objeto, o sea, el dividir el mundo en dos esferas: la objetiva y la subjetiva. El pensamiento racional veía toda la realidad, incluido el hombre, tan sólo como objeto, como «esencia», como algo ajeno al hombre.

La filosofía auténtica, desde el punto de vista del existencialismo, ha de partir de la unidad entre sujeto y objeto. Dicha unidad se halla encarnada en la «existencia», es decir, en cierta realidad irracional.

Según la doctrina existencialista, para adquirir conciencia de sí mismo como «existencia» el hombre ha de encontrarse en una «situación límite», por ejemplo, ante la faz de la muerte. Ello hace que el mundo se convierta para el hombre en «íntimamente próximo». Se declara que el procedimiento verdadero de cognición o, según el existencialismo, de penetración en el mundo de la «existencia», es la intuición («experiencia existencial» en Marcel, «comprensión» en Heidegger, «iluminación existencial» en Jaspers), que es el método fenomenológico de Husserl irracionalmente interpretado.

En el existencialismo, ocupa un importante lugar el planteamiento y la solución del problema de la libertad, definida como «elección» que hace el hombre de una posibilidad entre innumerables posibilidades. El carácter voluntarista de la explicación que el existencialismo da de la libertad estriba en separar la «elección» de las circunstancias, es decir, estriba en aislar de la necesidad objetiva, de las leyes, al hombre.

En última instancia, los existencialistas convierten el problema de la libertad en un problema puramente ético y entienden la libertad, según el espíritu del individualismo extremo, como libertad del individuo respecto a la sociedad. El existencialismo ha ejercido sensible influencia sobre el arte y la literatura burgueses de nuestros días y, por este conducto, sobre la mentalidad de una sensible parte de la intelectualidad burguesa. La actitud política reaccionaria de la mayoría de los filósofos existencialistas se halla íntimamente vinculada a sus concepciones filosóficas («Man»).” [3]

Es decir, Abbagnano considera al término y sus características, como una postura filosófica válida, que estudia los tipos de dinámicas que establece el humano con su ambiente y sus congéneres -desde una situación dada de angustia y desazón-, en pos de la consecución de momentos y elecciones de libertad; caso opuesto, los pensadores rusos lo ubican como una propuesta reflexiva irracional, en el sentido de que no se compromete con, ni analiza las condiciones materiales que constituyen los procesos ideológicos inmateriales que a su vez provocan exclusión y desesperación en el individuo, debido a la explotación brutal y vacua a la cual está expuesto.

Desde la interpretación que particularmente vamos a manejar, definimos al Existencialismo como un tipo de reflexión filosófica que se vale -en la estructuración de sus argumentos y propuestas-, del proceso neuronal denominado razón (Racionalismo), y de constructos sobre el humano y el mundo (Idealismo).[4]

A su vez, consideraremos tres vertientes principales de Existencialismo:

  • Existencialismo Cristiano.
  • Existencialismo Ateo.
  • Existencialismo Pesimista.

En su primera manifestación –Existencialismo Cristiano-, designamos como figuras primordiales a Soren Kierkegaard, Martín Buber y Karl Jaspers.

Realizaremos un breve recorrido por los autores mencionados y por los respectivos paradigmas, con el propósito de mostrar un matiz de la propuesta y pensamientos particulares, y ubicados bajo el término general de Existencialismo.

Kierkegaard enunciaba que el humano atravesaba por tres momentos vitales:

– Estético, enfocado a la experimentación de situaciones y placeres sensuales.

– Ético, desde el cual la persona dedicaba su vida al crecimiento y mejoramiento de la comunidad.

– Religioso, en el que el individuo dejaba completamente de lado lo sensorial y las cuestiones sociales, comprometiéndose únicamente con la deidad, con Cristo.

Esquematizamos la interpretación de Kierkegaard, de acuerdo a la cronografía conceptual que nos proporciona  Manzano…

1843  (30)

20 febrero, aparece ENTEN ELLER (esto es, o una cosa o la otra) [®],  que llama la atención por su forma, contenido, magnitud y pseudónimo. Ningún danés podía escribir tal cosa, pero ahí estaba el libro.  Lo editaba un tal Víctor Eremita; la primera parte era de un joven soltero; la segunda, de un joven casado. Pronto se sabe quién es el verdadero autor, y con gran sorpresa, ya que todos tienen a Søren por un holgazán. El libro lo interpela a uno a decidirse o por la vida estética o por la vida ética, alternativa que por lo demás parece inevitable.

16 abril (Pascua), al salir de Frue Kirke (Nuestra Señora, la Catedral), se encuentra de improviso con Regina, quien lo saluda.  Renacen el entusiasmo y la esperanza.

16 mayo, aparecen dos DISCURSOS EDIFICANTES, dedicados a su padre; uno, sobre Sant 1,17, su texto preferido para con Regina: “Todo don bueno y perfecto viene de arriba, del Padre de las luces, cuyo amor no cambia jamás”. Días antes de la aparición de esta obra, Søren va a Berlín, donde escribe dos obras maestras: LA REPETICIÓN (¿No permitió Dios que Job perdiera todo para recuperarlo luego con creces?) y TEMOR Y TEMBLOR meditación sobre Abraham: (¿No le pidió Dios a Abraham el sacrificio de su hijo amado para devolvérselo?). Søren habría revivido las experiencias de Job y de Abraham; y si no recuperó a Regina fue porque él no tuvo la fe de Abraham.  Pero ahora todo se arregla. Regina -y todo mundo con ella- comprenderían sus libros; y él la recuperaría ¡en nuevo y feliz comienzo!   Esos dos libros apuntan al estadio religioso.

1 julio, Kierkegaard, eufórico, prepara viaje de regreso a casa, cuando recibe carta de Emil, con una noticia con efectos de rayo mortífero: Regina se acaba de comprometer con Fritz Schlegel. ¡Era Kierkegaard quien había jugado el papel de mero paréntesis! Y se desata en él su orgullo herido, ira y amargura. Regina no se moría, se comprometía con otro.

Quedaba ultraclaro que Regina no vivía en la esfera religiosa de la existencia, pues en este caso ella se habría mantenido fiel. Ni siquiera un amor platónico.

Por lo pronto había que cambiar el final y el esquema del libro LA REPETICIÓN, pues el que tenía haría carcajearse a la provinciana Copenhague.

Esquema Job        Libro planeado        Libro definitivo

Tiene hijos y bienes  Un poeta tiene su enamorada Un poeta tiene libertad creadora

Los pierde                  La pierde                           Al enamorarse, la pierde

Los recupera          La recupera                         La recupera, al irse la joven con

otro.

16 octubre, LA REPETICIÓN [®], TEMOR Y TEMBLOR [[®], y tres DISCURSOS. EDIFICANTES.

6 diciembre, cuatro DISCURSOS. EDIFICANTES.

1844 (31)

5 marzo, dos DISCURSOS. EDIFICANTES.

8 junio, tres DISCURSOS. EDIFICANTES.

13 junio, MIGAJAS FILOSÓFICAS [©].  Antihegeliano.  Comparación entre Sócrates y Cristo.

17 junio, EL CONCEPTO DE ANGUSTIA [?], obra psicológica sobre la relación entre pecado, angustia, libertad, tiempo, futuro, nada, fe, y lucha de espíritus. Este fue el único libro que interesaría a filósofos e intelectuales, tal como Kierkegaard lo previó, y el que originó las posiciones existencialistas de Heidegger, Jaspers, Sartre, Marcel, y otros.

17 junio, PREFACIOS [?],  Pasatiempo jocoso antihegeliano.

1845 (32)

Antes, ahora y después, hace muchos viajes y paseos dentro de Dinamarca, sobre todo al norte de Zelandia (donde está Copenhague): lagos, bosques, mar. Es muy sensible a la naturaleza; y se nota en sus escritos gran fluidez entre sus sentimientos y la naturaleza. Va otra vez a Berlín, la única ciudad extranjera que visitó. También va publicando DISCURSOS EDIFICANTES, bajo su propio nombre, en alternancia con los pseudónimos.

30 abril, ESTADIOS EN EL CAMINO DE LA VIDA [[®]. Último del ciclo Regina.

Tiene tres partes:

In vino veritas, que corresponde al estadio estético.

Sobre el matrimonio, al ético.

Y ¿Culpable o no culpable?, al religioso. Es un libro desbordante de humanismo y de elevada espiritualidad.[5]

Kierkegaard, expresa la maravilla de la unicidad de cada ser viviente, su primacía frente a las instituciones y el papel medular de la vivencia y la intimidad con dios, para el desarrollo y evolución de la existencia y la libertad.  Para él, la verdad no puede ser solamente objetiva, sino que ha de ser subjetiva, debe hacerse carne y sangre en uno, la verdad como un compromiso personal.  Se habla de un individuo, pero en el sentido del ser que se abstrae, sino que se opone a la masa y al rebaño irreflexivo y pusilánime.

Buber desarrolló una filosofía del diálogo, un existencialismo religioso centrado en la distinción entre relaciones directas o mutuas (a las que llamó “la relación Yo-Tú” o Diálogo), en las que cada persona confirma a la otra como valor único, y que da origen al proceso intersubjetivo que denomina “nosotros”; al respecto enuncia que…

“La índole peculiar del “nosotros” se manifiesta porque, en sus miembros, existe o surge de tiempo en tiempo una relación esencial; es decir, que en el “nosotros” rige la inmediatez óntica que constituye el supuesto decisivo de la relación yo-tú. El “nosotros” encierra el “tú” potencial. Sólo hombres capaces de hablarse realmente de tú pueden decir verdaderamente de sí “nosotros”.” [6]

Con base a lo anterior, expresa que la fusión, la relación del yo-tú se origina desde cierto tipo de compenetración, de entendimiento a nivel de profundo de cada una de las personas implicadas en el proceso.  El nosotros surge de lo esencial, no de una convivencia superficial.

El otro tipo de interacción lo constituyen las relaciones indirectas o utilitarias (a las que denominó “yo-él” o monólogo), en las que cada persona se acerca, interacciona y utiliza a los demás, pero no los observa, ni conoce ni valora.

Según este pensador, el hombre necesita ambos tipos de relación: con los objetos y con los sujetos, pero la relación verdadera no es la que cosifica y hace de los demás un ello, sino la que se establece con el tú personal, cuya forma perfecta es el Tú eterno, que nunca se convierte en ello; de esa manera, la interacción con el otro se manifiesta como una relación abierta, imprevisible y llena de riesgos.

De esa interacción, surge la reciprocidad, y de ésta, la conciencia de sí mismo, el imperativo ético de superar los falsos diálogos en pos de la ecuanimidad, la reciprocidad más auténtica que es el amor.

Cuando las relaciones se funcionalizan, el Tú se convierte en un objeto que se cosifica, se objetiva, se trata a la distancia, se utiliza.  Esa des-consideración del Otro anula al Yo, que pierde la posibilidad de descubrirse, y le quita al Otro la posibilidad de la relación, del encuentro y de su humanizante posibilidad de descubrirse como Yo.

En sus ideas, encontramos a un hombre constantemente obligado a elegir.

Menciona que el humano transcurrirá su existencia entre dos tipos de actitudes diferentes:

–       La primera, la actitud orientadora, la cual estará encauzada a conseguir y mantener estabilidad y seguridad.

–       La segunda, la actitud realizadora, que lo impulsará a superar los marcos establecidos, para arriesgarse y trascender por encima de su contexto.

Al encontrarse el hombre obligado a elegir entre diversas circunstancias, se provocará en él, una tensión que lo obligará a mantenerse en constante movimiento, buscando equilibrar la tensión surgida de las diversas dicotomías que se le presentan en su desarrollo vital, tales como frío-caliente, húmedo-seco, soledad-comunidad.

“Si tratáramos de compendiar nuestra crisis en una fórmula, la podríamos llamar una crisis de la confianza. Ya hemos visto cómo se suceden en la historia épocas en que el ser humano goza de seguridad en el cosmos con épocas de inseguridad, pero en estas últimas subsiste todavía, casi siempre, una seguridad social, el sentirse conllevados por una pequeña comunidad orgánica que vive en una comunidad real; la confianza que reina dentro de esta comunidad compensa la inseguridad cósmica, presta cohesión y seguridad. Allí donde reina la confianza, muchas veces el hombre tiene que acomodar sus deseos a los mandatos de la comunidad, pero no se ve forzado a reprimirlos en tal grado que esta represión llegue a cobrar una significación dominante en su vida; esos deseos se funden en diversos modos con las necesidades de la comunidad, cuya expresión son sus mandatos. Claro que para que esta fusión pueda tener realmente lugar es menester que dentro de la comunidad todos vivan realmente con todos, que reine en ella, por consiguiente, una confianza no impuesta ni imaginada, sino genuina y elemental. Cuando la comunidad orgánica se va desintegrando por dentro y la desconfianza se convierte en el tono fundamental de la vida entonces es cuando la represión adquiere valor preponderante. La espontaneidad de los deseos es sofocada por la desconfianza, todo se torna o puede tornarse en hostil a uno, no se experimenta ninguna concordancia entre los propios anhelos y los de los demás, porque no existe ninguna fusión o reconciliación verdadera en aquello de que tiene necesidad una comunidad conllevadora y los deseos sofocados reculan desesperados al cubil del alma.” [7]

Es decir que fluctuaremos entre nuestro ser y el del otro, la comunidad y sus necesidades, y nuestra individualidad y nuestros deseos. Una negociación, acuerdos, ceder, respetar y buscar.  Un fluctuar vital.

Los representantes de la filosofía dialogal o de la filosofía de la intersubjetividad como la designa Dussell, proclaman la importancia del dialogo y consenso con el otro, para el crecimiento de la existencia y libertad humanas; de esa manera…

“Por no ser suficiente el principio material para su propia aplicación concreta, para decidir en sus conflictos, contradicciones, confrontaciones externas con otras concepciones de la vida ética, con las excepciones, etc., es necesario el principio formal consensual de la intersubjetividad que alcanza validez moral. Pero, a diferencia de la Ética del Discurso, que intenta construir una ética exclusivamente desde el único principio moral formal, la Ética de la Liberación intentará subsumir todo lo logrado por la Ética del Discurso (incluyendo su fundamentación formal) en cuanto al principio intersubjetivo de universalización (principio de validez kantiano transformado), pero invirtiendo su sentido. No se trata ahora sólo de que la norma básica deba aplicarse a lo empírico-histórico, sino también y principalmente que la norma básica formal tenga por función la aplicación del principio material. Es decir, la intersubjetividad procedimentalmente adecuada alcanza la validez de un “acuerdo” material, en cuanto aplica el criterio de verdad práctica y el principio ético de contenido (“Quien actúa…”).” [8]

Con base a lo anterior, se comprende el aspecto eminentemente primordial que se reviste en el proceso intersubjetivo -en el contacto-dialogo-consenso con el otro-, en pos de la realización y universalización del principio material: el criterio y condiciones que permite hacer crecer y desarrollar la vida humana en las culturas.  El reconocimiento del otro como aspecto necesario para vivir y expandir la existencia, la vida.

Según Buber, la verdad más profunda del hombre es su relación con los otros.  Existir es coexistir. El hecho fundamental de la existencia, es el hombre con el hombre. Desde su perspectiva, el hombre es un ser para el encuentro; sólo comprende su misterio cuando encuentra al otro hombre y crea con él una relación interpersonal.

La relación, es pura reciprocidad que además de concretarse entre dos -mediada por la palabra y el amor-, se corporaliza y desarrolla en la comunidad y en la necesaria aparición de un tercero que representa los intereses de toda la comunidad de hombres.   Reconocer al “tercero”, es afirmar la necesidad de crear estructuras sociales de justicia y libertad, estructuras que hagan imposible la explotación y posibiliten concretamente el reconocimiento del otro.   La reciprocidad se maximiza en la colectividad, se entroniza en el Todo Social y fundamenta cualquier llamado a la auténtica sociabilidad.

Concluyendo, el hombre vive una existencia que es tal, con base en la interacción e interrelación con los otros seres; el Yo crece y se conforma en relación con el Tú.   Así, será en las interacciones directas y vivas mediante las cuales el humano existirá.

El objeto central de estudio en el pensamiento de Jaspers, lo ocupa el hombre, un humano que busca comprenderse y realizarse a sí mismo, en un mundo que continuamente se opone a sus deseos y lo hace caer y reconocer sus diversos límites e incapacidades; un hombre que enfrentará dolores, enfermedades, desesperanza, decadencia, vacío y muerte.   Sin embargo, para Jaspers, el humano no será una víctima de su ignorancia y de las fuerzas externas, sino que encara y enfrenta su existencia y su destino eligiendo libremente, por lo que únicamente de él, depende asumir la responsabilidad de las acciones y decisiones que forjarán su futuro elegido.

Para este autor, la razón es una sola cosa con el deseo de comunicación ilimitada; verdad sin comunicación es lo mismo que falsedad, una pretensión de dominio del todo humano desde una de sus pequeñas partes.   Dios, en su calidad de eterno, tiene visión de la verdad completa.   Los hombres, históricos, buscamos la verdad dificultosamente en la comunicación; los obstáculos de la comunicación son los obstáculos de la verdad.  La razón es el ámbito de la comunicación ilimitada, cuya fuerza motora es el amor que acerca a las personas y las dispone al diálogo.

El toque existencial de su idea de racionalidad es que no considera a la razón como cosa asegurada: es un proceso de conquista permanentemente renovado. Para él, la razón no existe por naturaleza, es exclusivamente fruto de la decisión.  La razón no sobreviene espontáneamente, surge de la libertad, y es tan susceptible a extinguirse como la libertad.   En ese sentido de elecciones, el hombre no “es” un ser racional, “se hace” racional, cada vez más, en la existencia concreta de cada día.  En congruencia con los postulados de Kierkegaard, este pensador considera que el hombre no rehúye a la incomprensión de su existencia, sino que la afirma, y decide libremente si gana o pierde en la vida.

Aún si existen limitaciones, Jaspers propone una libertad existencial individual, y señala que el futuro depende de la responsabilidad, de las decisiones y acciones de la persona; así, enunciará que…

“Aquí surge la cuestión sobre la cual la filosofía ha de tomar una decisión fundamental: ¿qué hay frente al ser del mundo considerado en su conjunto?

Eso que hay es el Ser que –en la manifestación de la existencia empírica- no es, sino que puede y debe ser, y, por tanto, decide temporalmente si es eterno.

Ese ser soy yo mismo como <existencia>. Yo soy <existencia> en la medida en que no me convierto en objeto de mí mismo. En la existencia me sé independiente, sin que pueda contemplar lo que llamo <mí mismo>. Vivo desde su posibilidad, pero sólo en su realización soy mí mismo. Si quiero captarla se me desvanece, puesto que no es un sujeto psicológico. En su posibilidad me siento más profundamente arraigado que allí donde, haciéndome objetivo para mí mismo, me concibo como un conjunto de aptitudes naturales y carácter. La <existencia> es algo que, como existencia empírica, se manifiesta en la oposición polar de subjetividad y objetividad, pero no es manifestación de algo que sea dado en alguna parte como objeto o que fuera inferido especulativamente como yaciendo en el fondo, como substrato. No se manifiesta más que a sí misma y a otras <existencias>.” [9]

Es decir que el discurrir de la persona se concretiza en la propia creación-manifestación, la persona sólo es cuando se crea a sí misma más allá de lo cotidiano-tradicional-finito.  En el intento de la singularidad, es posible alcanzar la intemporalidad.

Señaló que el hombre sólo llega a su propio ser por conducto del “otro”, jamás por el solo saber.   Llegaremos a ser nosotros mismos sólo en la medida en que el otro llega a ser él mismo, a ser libres sólo en la medida en que el otro llega a serlo.   De ahí que el problema de la intercomunicación humana fuera para este autor, uno de los problemas centrales de su pensamiento.  Desde su perspectiva, todos los pensamientos podían, en definitiva, juzgarse según el supremo criterio de si promovían o trababan la intercomunicación humana, y la verdad misma podía ser apreciada en función de lo que unía a los hombres y del grado en que ella posibilitaba auténticamente esta unión.   Bajo esta lógica…

“La aclaración de la <existencia> examina la relación de la <existencia> con lo general en que se manifiesta. Derivada de aquello que aclara, y creándolo al mismo tiempo por virtud de la posibilidad de comprenderse a sí misma, trata de captar en pensamientos generales lo que en sí no puede ser, en absoluto, general.

Con sus pensamientos no piensa, precisamente, lo general, sino que, por su virtud, trasciende a la <existencia>, la cual sólo soy yo mismo, y el otro, que en comunicación conmigo, es como yo mismo, libertad y no objeto, pues la <existencia> debe estar presente como posibilidad si los pensamientos generales han de tener un sentido trascendente como la aclaración de la <existencia>.” [10]

Recordemos que se refiere a la existencia como el intento, la decisión por y para la libertad y la trascendencia.  Así, existiremos y trascenderemos ese mismo esquema de existencia intentando en mi, desde mi y con el otro la libertad y genuinidad.

En la postura Existencialista Atea ubicamos como ejemplo representativo a Sartre.

Un aspecto substancial de las Humanidades, de la Filosofía y de hecho también de la Psicología Humanista, proviene de la obra de Jean-Paul Sartre.

Sus ideas esenciales son las siguientes:

Elegir esto o aquello es afirmar, al mismo tiempo, el valor de lo elegido, porque la persona nunca elegirá lo malo, siempre lo bueno, y nada puede ser bueno para nosotros, sin ser bueno para todos.  Es decir, haga lo que haga la persona, lo que escoja será superior al resto de alternativas; a su vez, es imposible escoger exclusivamente para uno mismo, dada la interrelación e interdependencia implicada en la naturaleza social del hombre.   Por ende, la responsabilidad de la persona, al elegir, es mucho mayor, pues su aparente decisión individual involucra a toda la humanidad.  Desde los razonamientos de este pensador, cada persona es responsable -en sus decisiones-, de toda la humanidad.

Según Sartre, el pensamiento occidental de Sócrates en adelante, supuso que en lo seres humanos la “esencia”[11] precedía a la existencia, porque se creía –bajo una cosmovisión teogónica– en alguna esencia, en un creador-artesano superior (dios), que dejaba su estampa, ciertos caracteres indelebles en el individuo, a quien se supone había creado. Y desde esa esencia previa, se configuraba el existir, la vida del humano.

Ahora, si el concepto dios no existe, es irreal, o si dejamos de lado esa creencia metafísica, o aunque hubiera dicho ser supranatural, en todo caso la existencia humana transcurre y discurre en un mundo de hombres.  El humano nace, vive y muere en una realidad social en la cual nunca se nota o explicita la presencia, gestión o decisiones de una divinidad.  Es decir, en todas las contingencias vitales del humano, no se disciernen más actos volitivos que los propios o los de nuestros congéneres.  Nadie más que el humano y su grupo de convivencia organizan la vida individual y social.  Explica Sartre que…

“El existencialismo no es nada más que un esfuerzo por sacar todas las consecuencias de una posición atea coherente. No busca de ninguna manera hundir al hombre en la desesperación. Pero si se llama, como lo hacen los cristianos, desesperación a toda actitud de incredulidad, parte de la desesperación original.  El existencialismo no es tanto un ateísmo en el sentido de que se extenuaría en demostrar que Dios no existe. Más bien declara: aunque Dios existiera, esto no cambiaría; he aquí nuestro punto de vista. No es que creamos que Dios existe, sino que pensamos que el problema no es el de su existencia; es necesario que el hombre se encuentre a sí mismo y se convenza de que nada puede salvarlo de sí mismo, así sea una prueba valedera de la existencia de Dios.  En este sentido el existencialismo es un optimismo, una doctrina de acción, y sólo por mala fe, confundiendo su propia desesperación con la nuestra, es como los cristianos puedes llamarnos desesperados.” [12]

Con base a lo anterior, se enuncia que es una cuestión de congruencia reflexiva, el dejar de lado la creencia de una esencia predeterminada proveniente de una deidad, cuando se elimina la creencia de una divinidad que nos construyó con supuestas características, posibilidades y limitaciones.  Es decir: no hay dios à no hay esencia, porque no existe el constructor que proyecte en nosotros sus pensamientos y expectativas.

Dado que nuestra personalidad-subjetividad-estructura caracterológica no se encuentra predeterminada por alguna naturaleza, con algún tipo de esencia preestablecida -al no encontrarse ni existir el supuesto dios que la concedió-, cada ser humano se encuentra solo, abandonado y libre.   Libre de ir construyendo su propia esencia, pero no con sueños o ideas o intenciones; según este autor, la esencia se construye a cada momento exclusivamente con nuestras acciones: nosotros creamos nuestra esencia con nuestros actos, a cada instante, a cada momento.  Haciendo, nos configuramos a nosotros mismos.  Repitiendo: cada persona crea y recrea su esencia en todo momento, con base a sus elecciones y acciones.

En su pensamiento, que fue denominado por él mismo como Existencialismo Ateo, la existencia precede a la esencia, porque el humano es un ser que será lo que se construya por él mismo; desde lo anterior, uno de los aportes fundamentales de esta etapa de la obra sartreana se manifiesta en el reconocimiento de la posibilidad de la libertad personal y la autoconstrucción.

Otros de sus conceptos principales aparecen en los vocablos “Ser en Sí”, “Ser Para Sí” y “Libertad”.[13]

  • Ser en Sí: con este concepto entiende a la realidad material, al mundo.  El mundo también será designado como “el ser que es”, es decir, una existencia que es maciza, estática, inalterable, fija, rígida.  También se utiliza el vocablo para designar a la totalidad o a dios.
  • Ser para Sí: se utiliza para referirse al humano, entendido como el “ser que no es”.  Con esto explica que el humano es un ser que “es nada”, por tanto no es, no está definido, y sólo habrá de definirse desde sus acciones y compromisos.
  • Libertad: comprende esta palabra como una elección humana, como un proyecto o posibilidad.  En la construcción de este proyecto, existirán a su vez tres conceptos principales:
  • Autenticidad: entendido como el acto desde la cuál la persona se elije a sí mismo; es decir, que deja de lado a tradiciones y presiones contextuales, para construirse en su propia persona.
  • Angustia: con esta palabra se designa al peso de las decisiones, al malestar que causa el reconocer y asumir las responsabilidades de nuestros actos.
  • Desesperación: comprendida como la actitud desde la cuál entendemos nuestros esfuerzos, nuestras acciones e intenciones con alcances reducidos y falibles; y bajo ese sentido, se hace necesario contar únicamente con nuestros propios esfuerzos, sin esperar ni esperanzarnos que alguien va a continuar con nuestro proyecto, al morir nosotros.

Cerramos el apartado de Sartre con un fragmento de su pensamiento… “Nosotros somos nuestros propios hijos, nuestra invención común…”[14] Comprendemos esta cita, desde su interpretación que implica que la vida es acción y compromiso, y que existe la posibilidad de construirnos a nosotros mismos; podemos elegir construirnos y ser nuestra propia persona, nuestro propio hombre o mujer.

Finalmente, el Existencialismo Pesimista, tiene como figura principal a Émile Michelle Ciorán.  Dicho pensador describe una visión desencantada, violenta y melancólica de la existencia, considerando que los esfuerzos y proyectos humanos se manifiestan sórdidos, vacuos y estériles. Para él, la vida humana y sus supuestas alegrías e importancias no son más que absurdos y mentiras. Consideramos adecuado citar parte de su pensamiento, de esa manera se apreciará su particular y radical visión de lo humano…

La soledad es insoportable, a solas conmigo mismo, a solas con mis pensamientos. No sé como distraerlos, como atontarlos para que no me atormenten. Surge entonces la rabia ante la impotencia, y la agresividad es un pequeño paso que doy en ese estado.   Sentirse solo y estar solo no es lo mismo, pero en mi caso, sí, me siento solo aún cuando no estoy solo, pero lo siento mucho más cuando esa soledad es también física.

¿Soy demasiado consciente de la realidad, y los demás viven en un sueño de idiotas del que no quieren despertar (cosa que no les reprocho), o soy yo el estúpido que cree ver demasiado, sin ver nada?

Sea cual sea la respuesta, puedo decir que nunca he pedido estar aquí y aún estando aquí, sólo pienso en cómo salir, sin hacer ruido, sin que se note mi ausencia, como si nunca hubiera estado. Y de esa manera, sentir la ilusión de no haber existido nunca.

El día después siempre es tranquilo, ya se sabe, la resaca y el cansancio hacen que esté tirado como un muerto en el sillón mirando la tele aunque me importe una mierda lo que estén echando en ella. Sin embargo, hoy me he levantado de muy mala leche, y con impulsos homicidas y suicidas. Ha aflorado mi odio a este mundo y a esta vida y a mí mismo por estar en ella. Pongo “Presuntos Implicados” en la cadena de música, me gusta su voz y me gustan sus canciones, me relajan y quizás consiga ponerme en paz conmigo mismo y el mundo. Tengo ganas de llorar pero no lo consigo, la rabia me lo impide, desearía golpearlo todo y tirarlo por la ventana y luego yo detrás, pero vivo en un primero, ¡no vale la pena! Odio y rabia, tristeza y derrota, cansancio y resaca, todo esto a la vez es lo que siento, y la verdad, levantarse así es asqueroso, o mejor dicho, levantarse a un nuevo día es asqueroso.

Nos echan a este mundo, y nadie nos ha preguntado si queríamos nacer, nadie nos previene de lo que nos espera, ingenuo pensamiento el que dice que la vida es un don, algo que deberíamos agradecer cada día que nos despertamos y cada día que pasamos y seguimos aquí…

Yo pienso (y empiezo a pensar que pienso demasiado) que también puede ser una carga, una pesada carga, que día a día algunos de nosotros llevamos encima sin poder quitárnosla, pero deseando hacerlo. No estoy loco, nadie debe juzgar que mi lucidez significa locura, ¿o quizás sí?, y por eso los cuerdos están en el manicomio.

Lo he intentado, claro que lo he intentado, pero la “¿gracia?” del asunto es que he fracasado… Así que aquí sigo, sin saber muy bien qué hacer.

Una de las cosas que tengo más claras, es que la sociedad tal como es ahora, no me gusta, vivo en ella porque no me queda otro remedio, y porque al mismo tiempo que la aborrezco, la necesito para subsistir. Pero no me gusta, quizás en lugar de “¿avanzar?” tanto en el campo de la tecnología, de la ciencia, del consumismo,… Deberíamos pararnos en seco y mirar atrás, mirar lo que vamos dejando a nuestra espalda, recapacitar y meditar en si realmente estamos siguiendo el camino correcto, o por el contrario, estamos destruyéndolo todo a nuestro paso como Atilas de pacotilla.

Mi pesimismo, como le llaman los demás, o lucidez, como le llamo yo, es una pesada carga que tampoco pedí llevar. Es difícil vivir así, y casi merezco una medalla por, a pesar de todo esto, seguir levantándome cada día, ir al trabajo y colaborar en algo que no deseo que siga así, sino aniquilarlo.

La aniquilación es renovación, porque al final de ella, la vida (esa eterna inmortal) vuelve a resurgir… Si tuviese el poder, destruiría al hombre, limpiaría de la tierra su huella y la dejaría libre para que la naturaleza recupere lo que siempre ha sido suyo. Y quizá, en un futuro lejano, la evolución haría que un nuevo ser inteligente poblara este planeta. Porque no considero que el hombre sea un ser superior, ni inteligente, creo que es un ser peligroso por su gran (casi ilimitada) capacidad de contaminación. Y su carente capacidad de creación, allí donde toca, la caga. Dejando un montón de mierda a su paso.

¿POR QUÉ ESTOY AQUÍ?

¿POR QUÉ NADIE ME AVISÓ?

¿POR QUÉ, PADRES, ME OBLIGASTEIS A NACER?

¿POR QUÉ A CADA PASO QUE DOY TENGO LA SENSACIÓN DE NO AVANZAR?

¿POR QUÉ PIENSO DEMASIADO?

¿POR QUÉ NO PUEDO ESTAR IDIOTIZADO COMO LA GRAN MAYORÍA?

¿POR QUÉ?… ¿POR QUÉ?… ¿POR QUÉ?… [15]

De acuerdo a lo anterior, la vida, la romería del humano, la existencia es algo diferente y alejado de las propagandas  y concepciones difundidas e implantadas; para Cioran estar en este mundo es una carga, es un peso, la vida como una obligación desgastante e inútil, donde las únicas constantes son la brutalidad, la mentira, el daño y el dolor.

Finalizamos estos comentarios sobre el Existencialismo, expresando que es necesario distinguir las afirmaciones de uno y otro autor.

Con la breve presentación temática que realizamos, mostramos la necesidad de diferenciar las tres manifestaciones de Existencialismo y enfatizar que es necesario no considerar al término o propuesta como una vertiente unilateral y homogénea.

Todo lo contrario:

  • Es un concepto que engloba pensamientos bastante heterogéneos, diferentes, y de hecho radicalmente opuestos entre sí.

Por tanto se implica la necesidad de afirmar que la visión de cada uno de los autores expuestos, es tan sólo una manifestación particular, su respectiva interpretación de Existencialismo.

Erick Daniel Granados Monroy.

BIBLIOGRAFÍA.

Abbagnano, N.  (1994).  Historia de la Filosofía. Volumen III. El Existencialismo. Traducción de Juan Estelrich y J. Pérez Ballestar.  España, Hora. 4ª Edición.

Buber, M.  (1967).  ¿Qué es el Hombre? Traducción al español; Eugenio Imaz.  México, Fondo de Cultura Económica.  Sexta edición en español.

Dussell, E.  (1998).  La Ética de la Liberación. Ante el Desafío Apel, Taylor y Vattimo con Respuesta Crítica Inédita de K.O. Apel. México, Universidad Nacional Autónoma de México.

Jaspers, K.  (1969).  Entre el Destino y la Voluntad. Traducción J. Sagrego, prologuista Hanssaner.  España, Guadarrama.

Manzano, J.  (2004).  Apuntes de Historia de la Filosofía. Apuntes para los Talleres de Kierkegaard. Manzano, Vida de Søren Aabye KIERKEGAARD 1813-1855. México, Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Occidente.

Rosental, M., y Ludin, P.  (1985).  Diccionario Filosófico. México, Ediciones Quinto Sol.

Sartre, J.  (1983).  El Existencialismo es un Humanismo. México, Quinto Sol.

http://herederosdelcaos04.tripod.com/id10.html Página de donde se extrajo la cita de Ciorán.  Fue revisada el 30 de agosto del 2009.

https://quijote.biblio.iteso.mx/documentas/default.asp?WCI=RedirFile&d=11&c=1&p=27&fn=02.+biograf%EDa.doc Página de donde se extrajeron las interpretaciones de Jorge Manzano sobre Kierkegaard.  Revisada el 6 de diciembre del 2010.

https://quijote.biblio.iteso.mx/documentas/default.asp?WCI=Frame En esta página se encuentra el índice de los estudios sobre Kierkegaard.  Revisada el 6 de diciembre del 2010.


[1] Intercalados en el texto, aparecerán comentarios de quien escribe, mismos que se ubicarán y estarán señalados al concluir el párrafo por las iniciales D.G. en cursiva: indicación de Daniel Granados, autor del presente ensayo.  D.G.

[2] Abbagnano, Historia de la Filosofía, p 725.

[3] Rosental y Ludin, Diccionario Soviético de Filosofía, pp 163-164.

[4] En una reinterpretación de esos dos vocablos, cambiamos el uso de esos términos –debido que al estar ubicados dentro de una tradición filosófica que les confiere una definición específica y consensuadamente aceptada, puede ocasionar confusiones o distensiones– y optamos sustituirlos por las siguientes siglas: Racionalismo por R.E.L. (Reflexión Esquemática Lineal) e Idealismo, por U.C.P. (Uso de Constructos Pretéritos).  En otro momento aclararemos con mayor amplitud el significado de las siglas.   D.G.

[5] Manzano, Vida de Søren Aabye KIERKEGAARD 1813-1855, pp 13-14.

[6] Buber, ¿Qué es el Hombre?, p 105.

[7] Buber, ¿Qué es el Hombre?, pp 136-137.

[8] Dussell, Ética de la Liberación, p 14.

[9] Jaspers, Entre el Destino y la Voluntad, pp 391-392.

[10] Ibíd., p 401.

[11] En este contexto, se entiende el término esencia, como aquel aspecto primordial que define el ser, lo primordial de algo o alguien; la esencia es el conjunto de características sin las cuales, un objeto o sujeto perdería su identidad y unicidad.

[12] Sartre, El Existencialismo es un Humanismo, pp 67-68.

[13] Algo más que tenemos que añadir, es que la posición Existencialista fue una respuesta contra el Optimismo Romántico, que creía que era posible alcanzar un progreso infalible de la sociedad a través de conceptos como Razón, Absoluto, Espíritu, Idea y Humanidad.   Entonces, el Existencialismo ataca ésta idea de un optimismo desbordado, reemplazándola por una actitud más humilde, de duda y angustia.  D.G.

[14] Sartre en Abbagnano, Historia de la Filosofía, p 769.

[15] Ésta cita fue extraída de la página de Internet: http://herederosdelcaos04.tripod.com/id10.html.

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