Muerte y Gestalt

Hoy me gustaría compartir la esperanza, mi minúscula intención de entender, ponerle cordura y sentido a mi  vida.  La realidad es solo una; nacemos, vivimos y morimos. Es el destino de todo ser.

El cómo vivimos, no soy nadie para cuestionarlo, pero si puedo entender o quiero entender algo más difícil, la muerte, cosa complicada ya que en sí, la vida lo es.
Existe alguna razón para dejar de existir así como así, tendría que haber un aviso que nos indicara, (se te acaba el tiempo), apresúrate a decir aquello que quieres y no has encontrado el momento, hacer lo que más deseas y siempre lo descartas por no ser la hora más propicia.
¿Qué es en si la muerte?, ¿Qué esconde para ser tan temida?, ¿Qué quiere decir MUERTE?
Mi vivencia fue al intentar entender el por qué a mi padre, por qué me lo arrebato sin darme cuenta, en unos minutos, tan incomprensible como decir un adiós al anochecer y no encontrar unos Buenos días por la mañana.
Un golpe duro por el destino, mi madre se quedaba sola, el primer pensamiento era de recriminación: ¿Por qué me has dejado?, el segundo de odio, ¿Se ha ido y se olvido de nosotros?, el tercero, aceptar; no sufrió. Son los pasos de un duelo, pero a menudo ese duelo por alguien a quien amamos no acaba nunca, y con él nos consumimos, no aceptamos la vida y rechazamos las cosas buenas que nos ofrece como si no pudiéramos disfrutarla. Con la muerte de mi padre, desperté a esa realidad tan cruda, mi cabeza estallaba, no entendía, era joven, feliz, no me lo quito un accidente, pero si una enfermedad que no tenía cura.
Hasta que un buen día cuando el corazón, los ojos, las mente y los sentimientos se acostumbran a no ver esa imagen, a no tener esa persona, a no escuchar la voz, a no poder decirle lo que sientes, tanto sea enojo como alegría, y a intentar entender, por qué es una lucha continua, llega a mi vida la Psicoterapia Gestalt y tal como se dice comúnmente nada es casualidad, después de varios ejercicios en sesiones grupales e individuales ahora el recuerdo de mi Padre es con mucho amor y respeto, lo veo con la naturalidad que debió de ser así, era su momento, así como también yo tendré él mío.
Cuando leí el libro de Kübler, La muerte: un amanecer, poco a poco, me adentre en sus palabras llenas de cosas coherentes, con sentido. Elisabeth, dedicada completamente a pasarse la vida al lado de enfermos terminales, a los que ayuda y apoya, sacando de ellos información, me adentre en un mundo visto desde otro punto, nada gris, nada oscuro. Muestra como experiencia tras experiencia, que solo existe un camino y puede que no sea el que creemos o mucho más agradable.
Una de sus frases es:
“Morir es trasladarse a una casa más bella, se trata sencillamente de abandonar el cuerpo físico como la mariposa abandona el capullo de seda”
Puedo asegurar que tras estas páginas, y el trabajo que he tenido,  entendí y me adentré en mi interior, aprendí a ver la vida de otra manera. Yo siempre digo nadie puede obligarte a creer en nada, pero si se puede ayudar a entender o a tranquilizar.

Pamela Luna Ballesteros

psic.pamela_luna@live.com.mx

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