Miedo, ¿A qué?

Pamela Luna Ballesteros

psic.pamela_luna@live.com.mx

Como  seres humanos en las experiencias de la  vida vamos repitiendo una y otra vez un mismo tipo de comportamiento sin que podamos evitarlo. Lo vemos como un gran defecto por querer el cambio o virtud porque a partir de este y  tocando fondo llegamos a exponernos y salirnos de nuestra zona de confort para conocernos a nosotros mismos es así  como casi sin darnos cuenta y a pesar de nuestros esfuerzos por cambiarlo, “algo” nos empuja a experimentar situaciones que nos provocan viejas emociones y adoptar conductas repetitivas que no nos satisfacen o a reproducir cierto tipo de relaciones insatisfactorias.

Nos percibimos movidos por impulsos que mantienen patrones en nuestras vidas y en realidad no estamos seguros de si nos gustan o no estos patrones, ni qué es lo que nos empuja a mantenerlos. Con frecuencia tenemos miedo de que se reproduzcan irremediablemente situaciones dolorosas. Entonces es ahí en donde en un intento por enfrentarnos y desafiar todo esto, establecemos una lucha feroz con nosotros mismos y con nuestro ambiente para nos rebelamos y finalmente darnos cuenta de que seguimos perdidos e insatisfechos.

Muchos de nosotros tenemos confundido el límite entre lo que somos y los otros, entre nuestras necesidades y nuestro ambiente, y ya no sabemos cuántas de nuestras emociones nos pertenecen y de cuántas somos esclavos.

El trabajo con las emociones no es exactamente expresión, ni tampoco represión, sino ATENCIÓN. Cuando surge, es importante reconocer su presencia y el estado al que nos somete. Aunque no pueda ser expresada, tampoco la reprimimos. Paramos por un momento la atención y observamos. Sabemos que ocupa durante un tiempo nuestro campo de conciencia y la ponemos en espera provisionalmente.

En Terapia Gestalt lo que se toma como filosofía de vida es que cuando la emoción es fuerte, más tarde o en otras circunstancias, podemos buscar un espacio para expresarla y liberarla

Si observamos atentamente lo que ocurre, descubriremos qué personas o que situaciones nos provocan las emociones más fuertes. Podemos entonces ser y estar conscientes para poder encontrar una real solución a  lo que nos acontece, y también vernos en la posibilidad de querer o no querer cambiarlo. Las fronteras entre lo que somos y lo que nos esclaviza comenzarán a ser visibles, se fomentara una verdad de lo que somos y una vez así podemos hacernos responsables de lo que nos pasa. Esto nos dará la posibilidad de encontrar nuevas salidas.

Comentarios

comentarios

Deja un comentario