Luz de Mi Propia Sombra

Por: Psicólogo Fernando Romero Guzmán
Publicado el 07/02/02 a 09:44:33 GMT-06:00

Conocer al hombre es el gran anhelo de todas las personas que como yo estamos haciendo algo por lograrlo, sin embargo, el problema es que lo busco tanto que me olvido del ser real que tengo enfrente; es decir, lo puedo ver, pero no lo puedo conocer. ¿Conocer al hombre?, ¿Se encuentra fuera?, ¿Es diferente a mi? si es así, entonces ¿Quién soy yo? Recuerdo en estos momentos una frase: “¿Quién eres tú, que soy yo?, Imagino, siento y pienso que es interesante y lleno de aventuras el conocerme también a mi mismo. A qué le tengo miedo o qué me angustia encontrar, no lo se.

Tengo múltiples marcos referenciales que me dicen como ver al hombre, algunos de estos son limitados ya que no me permiten ver al ser humano holísticamente integrado, sino dividido objetivamente en partes, orientado al Tener (acumulación, materialidad, maquinación y exterioridad), clasificar, estereotipar, son sólo algunos antifaces racional-intelectuales de como “debo” ver.

Existe la urgencia por humanizar el contacto con el hombre y conmigo mismo; orientarme al Ser (imaginar, vivir, sentir, experienciar, crecer), que me lleve a conocer y comprender la totalidad real y de esta forma trascender hacia un continuo de conciencia que me permita ascender a otra consciencia de la existencia.

Yo no soy sólo pensamiento, cuerpo, mundo exterior, máscara; visión unilateral que he aprendido; en respuesta a las demandas del convencionalismo social que me incitan a ocultar sentimientos y pensamientos verdaderos; soy mucho más; soy también sentimiento, mente, mundo interno, individualidad. Soy la “integración”, no de dos contrariedades, sino de dos polaridades complementarias: cuerpo-mente, interno-externo, pensamiento-sentimiento. Fuerzas que se encuentran en constante interacción para darme equilibrio.

No puedo creer que frecuentemente yo vea al otro como a un extraño. Conociendo al otro me conozco a mi mismo y conociéndome conozco al otro. Ambos somos dos individuos pero a la vez somos uno mismo. Para la filosofía oriental, y no sólo esta, uno de los principales postulados entorno a la armonía del universo es: “la unidad en la diversidad y la diversidad en la unidad”. Si “él” y “yo” somos una unidad y diversidad a la vez, comprender(me) y sentir(me) puede entonces generar(me) conocimiento -no sólo intelectual- de lo que significa ser un Ser humano hecho hombre.

No podré ver integridad cuando yo no estoy integrado, para conocer la luz debo pasar antes por la oscuridad; mi oscuridad. He aprendido a ser, pensar y sentir conscientemente; “esto es la luz” me han dicho; lo inconsciente es la oscuridad, ahí no debes pasar, no encontrarás nada. Sin embargo, la luz tiene su grado de oscuridad y la oscuridad su grado de iluminación, “el fondo no esta en el fondo” se encuentra al mismo nivel que la superficie, interactúa con ella y está lleno de riquezas, tan sólo hay que permitirle salir y aprovecharlo.

Desafortunadamente la tendencia a la separación entre el “yo” y el “otro”, aparece comúnmente en todas aquellas profesiones que tienen que ver con el trato hacia el hombre, sin embargo, la Gestalt invita a integrar la separación como un elemento básico para comprender y conocer. Y más cuando la calidad de la actividad es el contacto corporal con el otro; ver, escuchar, oler, gustar y porque no, interactuar bajo un contexto específico. El lugar puede ser el mismo, pero la situación es diferente, momento a momento la experiencia y la vivencia se unen para dejar historia.

El terapeuta y el paciente, somos dos gotas de agua que nos perdemos en las profundidades del mismo río. Provoco el cambio, me hacen cambiar y no me doy cuenta de esta influencia entre muchos o mejor dicho, lo colectivo y lo individual. Encontrar la luz y la sombra implica una búsqueda en el exterior para re-encontrarme en mi interior. Esta búsqueda inicio un día por la mañana, después de una espera acompañada por el “delicioso calor del café”, una caminata y unos cuantos escalones bastaron para iniciar un recorrido de magia y aventuras.

Estaría con una persona, no sabia quién era, pero la sensación y la curiosidad se encontraban presentes. Y siento la pregunta: ¿Qué diferencia existe entre ella y yo que ya pase por toda una universidad, que me dice que ya estoy preparado para conocer o que me hace crear la ilusión de que ya soy dueño de una parte del conocimiento? Si busco bajo las premisas aprendidas puedo determinar que la diferencia es muy grande y que ya soy un ser superior. Pero si me detengo por un momento y me olvido de lo que ya traigo conmigo puedo establecer que ella es un maestro(a), un(a) guía en mi propio conocimiento y en el de él o ella.

El primer re-encuentro que ubique, es que los temas que tratamos durante el recorrido son los que a mi me inquietan. Hoy sin tantas telarañas que me cubrieran puedo encontrarles relación útil y provechosa. Algo que he comprendido es que antes, yo estaba orientado hacia unilateralmente. Ahora ya doy más valor a ese otro mundo y que sin ello no podría comprender la cosmovisión con la cual entraría en contacto. Aprender a aplicar la objetividad y la subjetividad implica a su vez, poder ver la subjetividad de la objetividad y la objetividad de la subjetividad. Así, comienzo a observar unidad y no sólo diferencias. De esta forma ya no existe sólo él y yo que somos uno; si no también los dos “yoes” que hay en mi y conforman mi unidad.

Descubro entonces, que no tengo que esperar a llegar con una persona, a un objeto o fenómeno y comenzar a crear sabiduría, ésta se puede encontrar en cualquier momento. La magia esta ahí y no hay que buscarla, sólo tengo que sentirla. Sin determinarlo y dejando que la sorpresa hiciera su aparición estaba con Damiana.

Ubicándome en tercera persona y dejando salir mi objetividad, recuerdo los mapas que me permiten conocer el territorio. Y curiosamente la experiencia vivencia se daba directamente entre dos “yoes”, uno femenino y uno masculino que representan las polaridades de la naturaleza además de otros “yoes” que cerraban el círculo. Estoy frente a una persona, ella esta hablándome de su historia personal, me comparte su experiencia y vivencia con su familia en torno al matrimonio sin olvidar la paternidad, maternidad, hijos, relación de pareja, ceremonias religiosas, rituales sociales, sexualidad; y además sueños, fantasías y deseos.

Conforme ella habla y yo escucho, me doy cuenta que nos miramos y acompañamos al pasar el tiempo, al escuchar, automáticamente se conectan sus comentarios con mi historia personal. Esto quiere decir entonces, que aprendo de ella, del mundo y de mi mismo, esto me permite sentirme dentro y comprender la situación.

¿Ya estoy adentro, y ahora qué? su discurso se refiere a esto y aquello, habla de ella y de los otros; pero ¿cómo es ella detrás de todo este juego de palabras? muchos creerían que ni siendo brujo lo podría saber, y es cierto. Sin embargo, sí puedo sentir, sentirla y sentirme y esto también es conocimiento, además, existen mucho más elementos que se pueden retomar para enriquecer la experiencia y para ello es necesario de un proceso.

He estado hablando sobre polaridades, la unidad en la diversidad y viceversa, de la influencia holística y de que yo soy tú. Por ello no puedo negar que incluso y aunque me he basado en un marco teórico, mi otro yo me halla guiado sin darme cuenta. Con ello determino que nadie puede ser totalmente objetivo ni usando recursos externos; si lo objetivo es usar estos recursos, esto implica también una separación. Pero también es cierto que la realidad no solo son conceptos, teorías y palabras; también existe la experiencia y la vivencia, la emoción y el sentimiento que integrándolas dan una totalidad enriquecedora.

Considero que todavía hay mucho por decir, mucho por hacer. Con este breve análisis quiero manifestar que al hurgar en el misterio de la naturaleza es difícil sólo ver un único elemento; por ejemplo, la historia de una persona que es verdadera para ella, hay mucho más que nuestros ojos no pueden ver. Conocer es holísmo, es en búsqueda de la superación de mi yo actual.

Este texto me puede catalogar de idealista, subjetivista, con ideas utópicas. Tan sólo puedo decir que soy un soñador más que no se conforma con sólo existir sino que quiero vivir. Creo que un error es no involucrarme y responder por lo que hago, por ello las palabras no sólo se dicen, también hay que vivirlas. Si quiero que el hombre cambie, tengo que cambiar yo también. Hay actividad que no es creadora y es el hombre el único que puede crear una nueva raza, un nuevo hombre.

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