Los estados emocionales expresan lo más básico de nuestra conciencia

Rocío Angélica Espinosa Hernández es alumna de la Universidad Gestalt cursando la Maestría en Psicoterapia Gestalt.

rangieeh@hotmail.com

Los estados emocionales expresan lo más básico de nuestra conciencia.

Las emociones son experiencias muy complejas y para expresarlas generalmente apelamos a una gran variedad de términos, además del lenguaje no verbal (gestos) y actitudes. Para profundizar en este concepto debemos tener siempre presente que el hombre es un animal social por excelencia y que las emociones contribuyen con esa función social porque tienen una función adaptativa al entorno en que nos desenvolvemos.

Las emociones, se originan en muchas fuentes, neuroquímicas, fisiológicas, cognitivas, etc. En la aparición de la emoción no interviene la parte racional. Es un estado que sobreviene súbita y bruscamente, en forma de crisis más o menos violentas y más o menos pasajeras. Si vemos de repente una víbora en nuestro camino, automáticamente sentimos miedo. Por tanto las emociones son pre lógicas, duran poco, pasan rápidamente. Es la primera reacción frente a una situación, antes de disponerse para la acción.

De manera pedagógica, “la emoción es un estado afectivo intenso y relativamente breve, originado normalmente por una situación, o un pensamiento, o imagen agradable o desagradable, que activa y excita al sujeto. Se manifiesta por conductas observables (huida, aproximación, etc.) y cambios fisiológicos en la actividad del sistema endocrino y del sistema nervioso autónomo (simpático y parasimpático). Si la emoción es intensa, pueden perturbarse momentáneamente las funciones cognoscitivas del individuo. Las emociones tienen una función motivacional, pues generan disposiciones y propician actitudes que impulsan a la acción y dirigen el comportamiento de una manera determinada

Las emociones básicas están presentes en todas las culturas y en todo ser humano. Los seres humanos reaccionamos emocionalmente de la misma manera ante estímulos parecidos. También debemos notar que hay expresiones faciales que son internacionales y denotan las mismas emociones, en consecuencia las emociones humanas son transculturales. En cualquier país o en cualquier idioma siempre los niños lloran cuando se muere la mamá de Bambi. Por otra parte podemos observar cómo los niños ciegos o sordos, cuando experimentan emociones las demuestran de forma muy parecida a las demás personas, tienen la misma expresión facial.

Las emociones, indican estados internos personales, motivaciones, deseos, necesidades e incluso objetivos. Las diferentes emociones pueden distinguirse en positivas y negativas. El temor, el enojo, el asco, la tristeza y el desprecio son emociones negativas. La alegría, el orgullo por los logros y la satisfacción son emociones positivas. El eje para realizar esta división es una escala que va de lo placentero a lo displacentero.

Las emociones, positivas y negativas, influyen en la salud más de lo que se suponía hace unos cuantos años. También, parece ser que si no tenemos un desarrollo afectivo óptimo no se desarrollará  la inteligencia en todo su potencial. Existe una relación directa entre el afecto y el desarrollo cerebral e intelectual de la persona. La inteligencia depende, así, de una serie de factores interrelacionados que han originado la nueva concepción de inteligencia emocional.

El ser humano, a la hora de actuar de alguna manera y de tomar determinadas decisiones, no lo hace tanto guiado por su inteligencia cognitiva, sino sobre todo por los impulsos de sus emociones y sentimientos que deberían ser dirigidos, orientados, controlados y expresados mediante los dictados de una sana Inteligencia Emocional. A la hora de decidir en asuntos importantes de la vida, no lo hacemos tanto conducidos por el frío intelecto como por la calidad e intensidad de los sentimientos. Pero, ¿quién nos ha enseñado a manejar ese mundo de los sentimientos y  las emociones? Los aprendizajes que se han practicado en la escuela parecen haber insistido más en los conocimientos que en las emociones, y sólo un buen ambiente familiar ha podido servirnos de utilidad para el manejo desenvuelto y positivo del mundo afectivo. Cuándo ese mismo ambiente carece de la solidez afectiva necesaria, el resultado es en la persona el desarrollo de una baja Inteligencia Emocional o en términos más populares, que no controlamos nuestros impulsos o nuestras emociones, o que no sabemos leer las emociones de los demás, o lo que parece peor aún, que no sabemos manifestar nuestras propias emociones.

El hombre puede expresar en forma lingüística sus sentimientos o bien puede emplear las señas no verbales, que también utilizan otras especies animales. En muchos casos la expresión de la emoción requiere un grado de inmediatez expresiva que la comunicación verbal no permite. Desde una perspectiva “aspiracional”, la naturaleza de las emociones humanas también pueden definirse en términos de su relación con el logro de metas.

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Bibliografía:

Goleman, Daniel: Inteligencia Emocional. KAIRÓS. Barcelona 1.995.

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