Laura Perls y sus ideas sobre el contacto en terapia

ARTÍCULO SOBRE LAURA PERLS Y ALGUNAS DE SUS IDEAS SOBRE EL CONTACTO PACIENTE – TERAPEUTA
Por: José Ignacio Guzmán García

Este artículo trata sobre Laura Perls y sus ideas sobre el contacto en terapia.

Laura Perls, esposa de Fritz, es reconocida por la mayoría como una de las columnas de la psicoterapia gestalt. Su participación no se limitó a practicar la psicoterapia sino que se involucró tanto, que incluso se le reconoce que por su impulso, la psicoterapia Gestalt tiene un sustento metodológico.

Siempre que leo a Laura Perls me quedo con la sensación de que otra de sus principales aportaciones a la terapia gestalt fue vivir gestálticamente, haciendo de ella una filosofía de vida además de una corriente terapéutica. Los testimonios que narran sobre ella siempre son muy positivos, describiendo una personalidad con mucha energía, siempre interesada por el otro y con una curiosidad por todas las cosas. Estas características que se narran de Laura, hablan de una persona que sabía vivir en presente y que se mantenía constantemente en contacto, consigo misma y con lo otro.

Un rasgo característico de las principales ideas que maneja Laura Perls en la psicoterapia gestalt es su énfasis en lo corporal. Retoma del cuerpo lo evidente de su expresión, habla mucho de las resistencias corporales como manifestación de la neurosis y pone atención también a los procesos básicos de digestión y respiración.

Otro aspecto a resaltar del pensamiento de Laura es su línea totalmente humanista, en la que pone énfasis en el apoyo que ofrece el terapeuta con un adecuado contacto, como un acompañamiento respetuoso y graduado. En esto me quiero centrar durante este artículo, en compartir algunas citas de Laura Perls sobre el contacto paciente-terapeuta y las características que debe tener para que sea de provecho en el proceso.

“El contacto solo puede ser bueno y creativo cuando existe el apoyo necesario para permitirlo” (Perls, 1994). El concepto de apoyo es amplio, pues considera apoyo a las interrupciones del contacto, auto apoyo del paciente, auto apoyo del terapeuta y apoyo terapéutico.

Un ejemplo de lo que es este apoyo desde la teoría de la Terapia Gestalt es el siguiente. Si queremos plantar cualquier otra cosa que queramos que germine y que crezca, es necesario que se cumplan unos requisitos básicos. Estos requisitos formarían parte del campo y corresponderían a sus dos componentes principales: la semilla (el paciente) y la tierra (el terapeuta). La semilla debería cumplir sus propias funciones: estar viva, preparada para germinar, esto sería el autoapoyo del propio paciente. La tierra, necesita estar abonada, suelta, húmeda, aireada, con sol, etc…. esto correspondería al autoapoyo del terapeuta. Juntas, tierra y semilla, forman el campo en donde la semilla crecerá. Son indispensables los dos elementos para hacer posible el crecimiento y el cambio de la semilla; cada uno, debe de reunir determinadas condiciones y cumplir determinadas funciones en el proceso. Estos dos elementos se unen, a pesar de sus diferencias (eso es el contacto) para que la semilla sobreviva y la consecuencia de ello es el crecimiento. (Vazquez, 2004).

Lo primero que quisiera resaltar, porque llama mi atención es el rol del paciente, que a pesar de su neurosis y su necesidad de apoyo, es necesario que esté dispuesto a poner de su parte que consiste en un compromiso por asumir un cierto grado de compromiso. Efectivamente acude al terapeuta para buscar un soporte, pero el soporte del terapeuta no consiste en hacer toda la tarea sino que debe encontrar en el paciente una respuesta y compromiso para salir adelante de la situación que le aqueja.

Tanto terapeuta como el paciente deben aportar al campo (proceso terapéutico) las condiciones necesarias para el crecimiento. “El objetivo de la terapia es crear el apoyo necesario para permitir que reorganicemos y re-encaucemos nuestra energía” (Perls, 1994)

Por parte del terapeuta, el apoyo terapéutico es un acto decidido, se puede entrenar y practicar, es una experiencia que involucra la totalidad del terapeuta; que a su vez ofrece al paciente la posibilidad de experimentar y expresarse sin riesgos, con las técnicas terapéuticas y el contacto cercano del terapeuta para procurar el darse cuenta. Darse cuenta como primer paso y posteriormente desarrollar auto apoyo para contactar con el campo positivamente.

Esta aportación del terapeuta y del paciente, es la capacidad de auto apoyo que en ambos debe estar presente. Se entiende que si el paciente acude a terapia es porque requiere apoyarse en el terapeuta, pero debe contar con un elemento básico de auto soporte, que es de donde el terapeuta empezará a trabajar. Así mismo, se entiende que el terapeuta como parte de su formación profesional, ha pasado por un proceso experiencial de crecimiento y por lo tanto ha constatado en su propia vida su potencial; dicho en otras palabras, su capacidad de generar sus propios recursos.

En palabras de Laura “el (auto)apoyo consiste en todo lo que fomenta un proceso continuo de asimilación e integración por parte de una persona, una relación o una sociedad; la fisiología primaria (la respiración, la digestión,…), la postura erguida y la coordinación, la sensibilidad y la movilidad, el lenguaje, los hábitos y las costumbres, los modales y las relaciones sociales y cualquier otra cosa que hayamos aprendido y hayamos experimentado a lo largo de la vida Perls, 1994.

Esta explicación de lo que es el apoyo (auto apoyo) centra su atención en una relación continua entre el organismo y su ambiente, para mantener un equilibrio y facilitar el desarrollo de las potencialidades. Esta relación entre organismo y ambiente es positiva en la medida en que el organismo asimile e integre la experiencia de manera positiva, es decir que se establezca un adecuado contacto.

Un ejemplo básico lo podemos dar mediante la alimentación. En la medida en que los alimentos que comemos nos caen bien a nuestro organismo, nos nutren y además podemos desechar lo que no sirve, podemos decir que se estableció un adecuado contacto entre nuestro organismo y el alimento.

Sin embargo, esta definición de auto apoyo es mucho más amplia y profunda que un simple proceso alimenticio; abarca todos los hábitos, el lenguaje, las costumbres, toda la conducta y su funcionalidad para mantener una sana relación entre organismo y ambiente.

“Una postura erguida es el principal soporte. Todo lo adquirido, lo realmente aprendido es soporte. Todo lo indigestado, no lo es” (Perls, 1994). En esta cita de Laura, podemos ver lo que al principio comentaba, su enfoque en lo corporal y en la experiencia inmediata, en este caso la postura. La fenomenología más inmediata que es la postura, refleja la situación presente y las condiciones que tiene la persona respecto a su medio. La postura es un reflejo del soporte o la falta del mismo que tiene una persona.

Laura cierra esta explicación englobando que todo aprendizaje, verdaderamente asimilado es autosoporte, y todo lo indigestado no lo es. Lo asimilado es parte del Yo, y lo indigestado se comporta como no yo. Algunos ejemplos típicos de asuntos indigestos pueden ser cualquiera de los bloqueos representados en el ciclo gestalt de Salama, desde las conductas postergadoras, las defensas para no sentir, la irresponsabilidad de no reconocer como propias algunas realidades, o ideas moralistas con que vivimos solo porque fueron dictadas por alguna autoridades, el miedo a la expresión de las necesidades, la evitación o perder la individualidad por los deseos de pertenencia, hasta la fijación en algunas conductas son recursos que ofrecen una asistencia, pero que no permiten el desarrollo de las potencialidades humanas, es decir, son limitadoras.

Cuando estas conductas que no representan un autosoporte se configuran de tal manera en la vida de la persona, que le impiden satisfacer una necesidad en específica, crea una crisis existencial debido a que no encuentra recursos propios para salir adelante. Esta crisis se manifiesta como estados típicos de ansiedad, nerviosismo, preocupación constante, enfermedades físicas y diversas manifestaciones que agravan aún más la situación del paciente, ante el medio con el que no puede contactar para su satisfacción. Es el momento en el que el paciente se expresa y solicita ayuda, dicho en otras palabras acude a terapia.

El apoyo terapéutico sirve para recuperar la confianza en uno mismo. Recuperar la fe en las propias capacidades solo es posible con un buen apoyo terapéutico. El terapeuta necesita estar atento a cuidar la graduación del experimento en el paciente. No se trata de resolverle los problemas, no se trata de aconsejarle o de decirle lo que tiene que hacer; esto, lo único

que haría sería aumentarle más su falta de confianza en sus propios recursos. En eso consiste la terapia, en su aprendizaje.

Para cerrar este artículo me quiero centrar en el reto que tiene el terapeuta en generar un autentico y genuino interés en el otro viéndolo no como paciente, sino como persona. El terapeuta debe creer en la propia capacidad del paciente, valorar sus esfuerzos, incluso disfrutar con su presencia, tomar en cuenta todas sus aportaciones. Apoyar al paciente es hacerle sentir que, en ese aquí y ahora, de cada sesión, él es único en el mundo para ti y tú eres único en el mundo para él. Después, cada uno volverá a sus quehaceres cotidianos, a sus relaciones interpersonales, sintiéndose pleno, sintiéndose que, después de todo, merece la pena estar vivo y relacionarse, porque, en definitiva, uno se siente querido y aceptado.

Gordon Wheeler habla de que la falta de apoyo por parte del entorno, tiene como consecuencia la vergüenza. Podríamos decir que cuando hay suficiente apoyo adecuado por parte del entorno, cualquier ser humano obtiene como resultado la autoestima. La autoestima es el producto final de la estima, la aceptación y la valoración, por parte del entorno. Sería una aplicación concreta del principio gestáltico, de que “gracias al contacto sobrevivimos y la consecuencia de sobrevivir es el crecimiento” (Vazquez, 2004).

Es común escuchar que lo que más sana en un proceso terapéutico es el contacto paciente terapeuta, y esta idea podría parecer cursi sin embargo no es así ya que el contacto tiene una función. No es una situación mágica, que sin explicación alguna el contacto cura, sino que tiene la función de recordarle al paciente dos aspectos principales: 1) que su vida vale, aspecto que fortalece al contar con el respeto y la atención genuina de un profesional, 2) que tiene capacidad de salir adelante por sí mismo, que va recordando gracias a la habilidad del terapeuta de reflejar aquellos aspectos de la vida del paciente que muestran un auto soporte.

El párrafo anterior es importante no confundirlo y situar al terapeuta como un salvador, ya que no es así. El terapeuta es un facilitador, ofrece un acompañamiento. El principal recurso con que cuenta el terapeuta con su paciente, es el paciente mismo y sus propios

recursos. La neurosis o las crisis existenciales nublan en cierta medida la capacidad del paciente para darse cuenta de sí mismo. Ha establecido una serie de mecanismos que lo tienen confundido, es por tal situación que el contacto con otra persona, le permitirá reencontrarse a sí mismo, mediante el reflejo del otro.

El apoyo que el terapeuta aporta al campo consiste en un espejo que refleja constantemente aquellos destellos de auto apoyo y crecimiento que se ven en el paciente. En un espacio seguro que es el consultorio del terapeuta, el paciente se puede explayar con total libertad mientras que el terapeuta va notando los detalles de auto soporte, para aprovecharlos y para facilitarle al paciente que los note y así, vuelva a creer en su capacidad de autosoporte.

Por último y siguiendo en la línea que mencioné sobre el reto que tiene el terapeuta en interesarse y creer genuinamente en el paciente y su capacidad de salir adelante, comparto una idea que menciona Laura y me sorprendió gratamente: “si queremos ayudar a nuestros pacientes a realizarse como seres realmente humanos, nosotros también hemos de tener valor suficiente como para exponernos a los peligros de ser humano” (Perls, 1994)

Leer esto, y de una figura como Laura que en síntesis puedo decir que he respetado desde la primera vez que la leí, me hace sentir la responsabilidad y el valor que debo/quiero generar como persona, y experimentar como ser humano, y que en consecuencia me permitirá ser mejor terapeuta, ya que mi experiencia será proyectada en el otro de manera biopositiva, permitiéndome creer en sus potencialidades.

Laura explica cómo un terapeuta que duda de su paciente, tiene baja autoestima, ya que al dudar de su paciente no está haciendo otra cosa más que proyectar en él sus propios asuntos inconclusos y por lo tanto insatisfacción existencial.

En fin, Laura como de costumbre me deja una huella que me invita al compromiso, no sólo en mi función de psicoterapeuta en mi sociedad, sino como ser humano en general. Tengo la capacidad de expandir mi existencia mediante el constante aprendizaje para contactar adecuadamente. Laura es completa, es total, siento que sus aportaciones agotan la

explicación de lo que es la psicoterapia gestalt, rebasa los límites de la explicación metodológica, comparte desde aspectos muy evidentes y fenomenológicos, las posibilidades que la existencia ofrece, y señala el camino adecuado para que esta existencia se expanda mediante el contacto. Laura Perls explica la esencia de la psicoterapia gestalt, con su vida que rindió muchos frutos académicos, de investigación y de satisfacciones personales ejemplifica los beneficios de esta corriente psicoterapéutica, convirtiéndola incluso en una filosofía de vida.

Referencias bibliográficas

  • Perls, Laura: Viviendo en los límites, Valencia, 1994.
  • Un homenaje a Laura Perls: El apoyo terapéutico en Terapia Gestalt, CarmenVazquez Bandin. http://rltg.zimentarri.org/numero1/numero1.pdf#page=23
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