La naturaleza de las emociones desde el enfoque de la comunicación no verbal

El autor de este artículo es:

Rocío Angélica Espinosa Hernández

rangieeh@hotmail.com

La naturaleza de las emociones desde el enfoque de la comunicación no verbal

¿Qué son las emociones? ¿Cómo nos afectan? ¿Cómo podemos aprender a manejarlas?  Las respuestas a estas interrogantes desde el enfoque de la CNV van a ayudarnos a desentrañar uno de los principales nudos de la madeja de la comunicación humana, cuyo hilo nos lleva hacia el conocimiento más profundo de nuestra esencia.

Las emociones que los seres humanos experimentamos ejercen una presión fisiológica y psicológica que es canalizada directamente a  través de movimientos corporales. La necesidad de expresión corporal del ser humano nunca cesa: reaccionamos incluso ante las emociones que se desencadenan con los sueños y las expresamos con los movimientos de nuestros cuerpos dormidos. Los signos y señales no verbales constituyen un lenguaje que hablamos con nuestros cuerpos y a través del cual expresamos nuestras emociones en forma constante.

Los estados emocionales expresan lo más básico de nuestra conciencia. Nuestra experiencia vital, nuestra capacidad de percepción y raciocinio están continuamente teñidas por el tono que les da nuestro estado emocional en cada instancia. Las emociones influyen en la manera en cómo pensamos, en los recuerdos, la evaluación del presente y las expectativas.

Las diferentes emociones pueden distinguirse en positivas y negativas. El temor, el enojo, el asco, la tristeza y el desprecio son emociones negativas. La alegría, el orgullo por los logros y la satisfacción son emociones positivas. El eje para realizar esta división es una escala que va de lo placentero a lo displacentero.

Desde una perspectiva “aspiracional”, la naturaleza de las emociones humanas también pueden definirse en términos de su relación con el logro de metas.

En este enfoque, las emociones positivas están relacionadas con la conciencia de que una meta ha sido alcanzada. La emoción negativa de la tristeza es una reacción ante el fracaso en alcanzar o mantener una meta. La ira aflora cuando un agente causa la pérdida de una meta. En el miedo existe la suposición ante el deseo de alcanzar una meta.

De acuerdo con la mayoría con los teóricos del tema, las emociones son iniciadas por la percepción de un estímulo, que tras ser evaluado consciente e inconscientemente, desencadena un “programa afectivo”. Este programa produce un conjunto coordinado de respuestas que incluyen la disposición para la acción y sus efectos asociados: cambios fisiológicos, expresiones faciales específicas, una sensación afectiva particular.

Debido a que las emociones pueden despertar muy rápido, con poca consciencia y con cambios involuntarios en la fisiología y la expresión, a menudo las experimentamos como algo que nos viene de afuera, como algo que nos ocurre y que no podemos evitar. Sentimos que no podemos elegirlas libremente, sino que se nos imponen, muchas veces en contra de nuestro deseo y nuestra voluntad.

En 1884, Williams James, padre de la psicología en Norteamérica, sostenía que las emociones consisten en las manifestaciones corporales producidas por cambios fisiológicos genéticamente determinados que el organismo experimenta ante la percepción de diferentes hechos, como por ejemplo, el encuentro con un animal salvaje.

James se basa en el principio biológico de que el sistema nervioso de todos los seres vivientes contiene un conjunto heredado de predisposiciones para reaccionar de modos específicos al contacto con rasgos particulares del ambiente. Sobre la base de este principio, propone la hipótesis de la identidad de las emociones con los cambios fisiológicos y las expresiones corporales.

De esta hipótesis surge una idea muy provocativa: Si las emociones son cambios corporales específicos que se producen ante la presencia de hachos particulares, entonces la fabricación de aquellos cambios que pueden ser reproducidos voluntariamente, tales como las expresiones faciales y ,las posturas, tendrían el poder de inducir la experiencia completa de las emociones evocadas.

James sugiere que si queremos liberarnos de nuestras tendencias emocionales negativas debemos practicar de la manera más asidua posible y con total determinación los movimientos y las expresiones corporales correspondientes a las emociones positivas que deseamos cultivar.

Para ello se vuelve imprescindible alcanzar un conocimiento cada vez más acabado de los constituyentes expresivos de cada estado emocional específico, y este es, precisamente, uno de los objetivos de la capacitación en Comunicación no verbal.

Bibliografía

Rulicki Sergio. Comunicación no verbal. Ed. Granica. Argentina. 2007

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