La Gestalt y los pensamientos adictivos

Published by administrador on febrero 24th, 2011

Por. Psic. Briseida Herver Copca
Publicado el 20 de diciembre del 2010

Yo creo que todos los seres humanos  en algún momento de nuestra existencia, experimentamos situaciones “raras”  -pensamos sentir-  que algo va a suceder, que nos va a pasar algo si no hacemos tal cosa, que necesitamos de algo o de alguien para vivir, que no podemos dejar de pensar, actuar o  sentir de otro manera que no sea esta, o que estemos obsesionados con una idea;   en Gestalt  a esto se le llama Fijación.

(Salama, H. 20002). La Fijación es un bloqueo que consiste en recordar una experiencia que se queda rondando y molestando en nuestra cabeza, lo cual implica que tenemos situaciones truncas y seguimos rumiando acerca de ellas. Dos fuerzas polares pueden interferir en el proceso. La primera es la obsesión y compulsión, que consiste en la necesidad rígida de completar el viejo asunto inconcluso que lleva a la rigidez consiguiente de la configuración del contexto figura-fondo.

Las personas pueden quedarse fijadas en experiencias positivas o negativas, cualquiera de las dos impide el flujo de la energía hacia la satisfacción de otras necesidades. La frase característica es la de: “No puedo dejar de pensar, sentir, hacer de otra manera que no sea ésta”. De lo anterior se pueden derivar algunos trastornos e incluso enfermedades.

(Polster, E y M. 2003). La flexibilidad es imprescindible para la toma de contacto, porque cualquier cosa enfocada intensa o invariablemente demasiado tiempo deja de percibirse, como cuando se nos “duerme” el pie después de estar sentados largo rato. El que no sabe girar queda fijado y desconectado. La recuperación de la movilidad del cuello y de los ojos contribuye en gran parte a resolver esta fijación.

¿Cómo se desarrolla el pensamiento adictivo?, ¿Porque algunas personas tienen procesos de pensamiento sanos y otros distorsionados? No se tienen todas las respuestas, porque la dependencia química es una enfermedad compleja que resulta de una intrincada mezcla de factores físicos, psicológicos y sociales.

El Dr. David Sedlak,  1983. Describe el pensamiento adictivo como la incapacidad de la persona de tomar decisiones sanas por sí misma. Señala que no es una deficiencia moral de la fuerza de voluntad de la persona, sino más bien una enfermedad de la voluntad y la incapacidad de usarla. Sedlak señala que este tipo de pensamiento único no afecta otros tipos de razonamiento. Así, la persona que desarrolla un trastorno del pensamiento puede ser intuitiva, inteligente, persuasiva, y capaz de un razonamiento filosófico y científico valido. Si el problema es la incapacidad de razonar con uno mismo de esto se deriva diversos problemas emocionales y conductuales, pero invariablemente se encuentra en la adicción: alcoholismo, otras adicciones a fármacos, juego compulsivo, adicción sexual, trastornos alimenticios, adicción a la nicotina y codependencia.

(Twerski, A. 1997). Los pensamientos obsesivos desplazan a todos los demás pensamientos y agotan la energía mental. Los pensamientos obsesivos pueden imponerse en cualquier momento y, lo que parece extraño, cualquier tentativa de deshacerse de ellos solo incrementa su intensidad. Intentar alejar los pensamientos obsesivos es como tratar de sacar un resorte en espiral comprimiéndolo. Mientras más presión se ejerce en el resorte, a la larga más dura se vuelve la espiral.

Las obsesiones y las compulsiones se relacionan estrechamente. Durante muchos años, en psiquiatría se ha empleado el término “neurosis obsesivocompulsiva”. Tanto la obsesión como la compulsión se caracterizan por el hecho de que a la persona le preocupa hasta la agobia, algo irracional. En una neurosis obsesiva, lo que atormenta a la persona es una idea irracional; en la neurosis compulsiva, es un acto irracional.

El acto compulsivo puede ser irracional, pero el impulso de hacerlo será virtualmente irresistible. Intentar resistir el impulso puede causar tanta ansiedad y malestar que el individuo llevará a cabo el acto, sólo para aliviar la intensa presión.

El fenómeno del pensamiento anormal o distorsionado en la adicción fue reconocido por primera vez por alcohólicos anónimos en donde se inventó el término muy descriptivo de pensamiento desagradable. Las distorsiones del pensamiento  no solo se dan en los trastornos de los adictos; tampoco se relacionan necesariamente con el consumo de sustancias químicas. Es posible observar el pensamiento distorsionado en personas que pueden estar enfrentando otros problemas de adaptación.

Aunque el pensamiento distorsionado no necesariamente indica adicción, la intensidad y la regularidad de este tipo de pensamiento son muy comunes en los adictos.

El pensamiento adictivo no se ve afectado por la inteligencia. Las personas que trabajan en muy altos niveles intelectuales son tan vulnerables a estas distorsiones del pensamiento como cualquier otra. De hecho, a menudo las personas con un intelecto inhabitualmente alto presentan grados más intensos de pensamiento adictivo. Por ello, los que son muy intelectuales son los pacientes más difíciles de tratar.

El pensamiento adictivo es diferente del lógico porque no llega a una conclusión con base en evidencias o en los hechos de una situación, sino que es exactamente a la inversa! El adicto empieza por la conclusión “Necesito un trago” (o una droga) y luego elabora un argumento que justifique esa conclusión sin importar si es lógico o  no lo es o si está apoyado por hechos.

La gente puede presentar patrones de pensamiento adictivo que bloquean ciertos hechos, aun antes de inferir en el consumo de sustancias químicas.

Se pueden observar muchas de las características del pensamiento adictivo en los codependientes tanto como en los adictos porque parten de un origen similar: Poco amor propio. La mayoría de los problemas emocionales que no tienen un origen físico se relacionan de una u otra manera con poco amor propio. Esto se refiere a los sentimientos negativos que tienen las personas acerca de si mismas y que ningún hecho justifica.

Algunas personas reaccionan a los sentimientos de poco amor propio huyendo de los retos y de los sufrimientos de la vida por medio de las sustancias químicas, y algunos encuentran un sentimiento redentor de valía y adecuación cuando son la parte sobria y controladora o cuando sufren por una persona dependiente de las sustancias químicas.

Otro rasgo que se encuentra en el pensamiento adictivo es la ilusión de que se tiene el control. En cierto grado, está presente un delirio de omnipotencia (la sensación de tener un poder ilimitado) en cada adicto y codependiente.

La mayoría de los adictos al alcohol o a las drogas o a determinadas situaciones pierden a la larga el control de la situación, en el caso de los adictos creen que pueden seguir controlando su consumo. La vida de estas personas se vuelve inmanejable, afirman resueltamente que la controlan. Esta incapacidad de admitir la pérdida de control negando la realidad, es otra característica del pensamiento adictivo.

¿Y qué tiene que ver la personalidad en esto de los pensamientos adictivos?… En muchas ocasiones habremos oído e incluso utilizado expresiones como “tiene mucha personalidad” o “tiene un carácter muy fuerte”,  referidas a aquellas personas que se muestran dominantes y rígidas, así como todos los objetos tienen color aun mostrando diferentes tonalidades, todos los humanos poseen una personalidad aunque ésta se manifieste de distinto modo. En la medida que la personalidad está  íntimamente vinculada a la percepción del entorno y al modo de actuar, también incide en ella la salud. Los puntos de contacto entre ésta y la personalidad se dan en el ámbito de la psicopatología, la salud física y el funcionamiento social. Los trastornos digestivos sin afección orgánica real son un ejemplo de la relación entre personalidad y salud.

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), el término salud no debe definirse tan solo como ausencia de enfermedades, sino también como un estado de completo bienestar físico, mental y social.

(Caseras, 1998). La personalidad puede ser considerada como un elemento más a tener en cuenta en muchos trastornos de implicación únicamente fisiológica. Así, determinados patrones de conducta, como por ejemplo el patrón de conducta tipo A, factor de riesgo para los problemas cardiacos, está muy relacionado con las personalidades de tipo obsesivo, definidas, entre otras cualidades, con una gran meticulosidad y perfeccionamiento; otro patrón de conducta denominado de tipo C ha mostrado en algunos estudios una clara relación con el cáncer. Este patrón de conducta está vinculado a la represión de las emociones, ahogando su expresión e interiorizando sus efectos. Las conductas de riesgo; es decir, los comportamientos que facilitan la ocurrencia o contagio de determinadas enfermedades.

En muchos casos estas conductas están también relacionadas con la personalidad.  Los denominados buscadores de sensaciones” , aquellos individuos con una alta atracción por la aventura y las emociones fuertes, que fácilmente se aburren y que  evitan cuanto pueden  las monotonías, esto puede llevar asociado a su forma de ser y comportarse un mayor riesgo de lesiones físicas e incluso de afecciones derivadas del consumo de drogas, alcohol y tabaco.

(Villanueva, M. 1988). Existen situaciones que obstaculizan o interfiere con el desarrollo saludable de la personalidad se encuentran en sucesos críticos y traumantes de la vida, en  el reforzamiento y ganancias secundarias que la persona obtiene mediante sus conductas y actitudes no sanas: el miedo a reconocer y aceptar los impulsos, emociones y sentimientos repudiados; el sentimiento de culpa y minusvalía del individuo por no ser aquello que supuestamente “debería” así como los prejuicios, expectativas, constructos, creencias irracionales que impiden ver de manera objetiva la realidad.

Algunas veces a las personas con enfermedades adictivas se les diagnostica erróneamente como esquizofrénicas, pueden presentar algunos síntomas idénticos, como: delirios, alucinaciones, estados de humor inapropiados, conducta muy anormal. Sin embargo, todos estos síntomas pueden ser manifestaciones de los efectos tóxicos de las sustancias químicas en el cerebro. Estas personas presentan lo que se llama una psicosis químicamente inducida, que puede parecerse pero no es esquizofrenia. Estos síntomas suelen desaparecer cuando se ha mitigado la toxicidad química y la química cerebral vuelve a la normalidad.

Lo que Freud (1920), había interpretado como una compulsión a la repetición debida a un impulso de muerte y autodestrucción, no es sino el producto de un anhelo al que no se ha renunciado; es el deseo de vida plena, no de muerte.

Es importante comprender cómo se desarrolla el pensamiento adictivo ya que puede ser útil para prevenir dicho pensamiento, el alcoholismo y otras adicciones, así también es importante la toma de conciencia, mientras más se desarrolle la conciencia en un individuo mayor será su capacidad de entendimiento y de salud entendida en el sentido de que una persona está saludable mientras este en contacto consigo misma.  El propósito en terapia Gestalt siempre será maximizar la conciencia  que tiene el individuo de la totalidad de su conducta real en este lugar y momento y con tales y cuales personas, así como su responsabilidad con dicha conducta.

Bibliografía

  • Salama, H. (2002). Psicoterapia Gestalt: Proceso y Metodología. 3ª. Ed. México: Alfaomega.

  • Twerski, A. J. (1997). El pensamiento Adictivo. Grupo Editorial Patria.

  • Villanueva, M. (1988). Más allá del principio de la autodestrucción. Ed. Manual Moderno.

  • Polster, E. y M. (2003). Terapia Gestáltica. Ed. Amorrortu. Buenos aires – Madrid.

  • Caseras, X. (1996). MMI OCEANO GRUPO EDITORIAL, S. A. Milanesat, 21-23. (vol. 2, pag.338 – 353). Barcelona, España.

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