LA FELICIDAD: ¿UNA META O UN CAMINO?

Por: Gabriela Vázquez Soriano

simha_2181@hotmail.com

Algunos piensan que la felicidad es un estado de ánimo que depende, muchas veces, de la posesión de un bien. Este –bien- puede ser material o inmaterial, lo cierto es que  para cada persona tiene diferente nombre. Habrá quienes lo llamen dinero, prestigio, gozo, serenidad, personas específicas, ilusiones, fantasías, etc.

En el caso de las cosas materiales, por ejemplo el dinero, ¿qué es lo que acarrea la felicidad? ¿Es acaso el dinero lo que trae felicidad, o bien,  es la felicidad la que trae el dinero? Para muchos será lo primero y para otros lo segundo, depende cuál sea el enfoque de la situación y la importancia que le doy al –bien- material tanto como para sentirme feliz.

En cuanto a lo no material o intangible sucede algo similar. Y entonces, ¿la felicidad es un estado o una sensación? Algunos podrán jactarse de sentirse felices,  aunque también depende del contexto, que si bien no encaja con sus expectativas, dejan de sentirse felices.

En ambos casos, la felicidad resulta de lo que se espera y no solamente de lo que se tiene o se vive en ese momento. Muchas personas buscan la felicidad como si ésta fuera un lugar o una meta que se proponen, y cuando lo consiguen, aquello pierde sentido y regresan a la sensación de no felicidad o insatisfacción. Otras personas se quejan de que les cuesta mucho ser felices,  y quizá todo depende, en realidad, de la idea social que se tiene acerca de la felicidad.

Esta idea social viene de la creencia de que la felicidad tiene que ver con estar de acuerdo con todo,  de estar alegre y contento o estar riéndose, de pasarla bien.

Si cada quien pudiera darse cuenta de que ser feliz se parece más a estar sereno y que esa serenidad se obtiene cuando se está en el camino que uno eligió, no cuando le va bien en ese camino, sería más fácil. Sin embargo, esperamos tanto de la felicidad que de pronto nos quejamos y decimos: ¿cómo es posible que no pueda ser feliz?, y esto es porque lo definimos hacia un lugar que lo  vuelve imposible.

El día que tú puedas ser feliz con sentirte sereno, esta plenitud no vendrá de que todo salga como tú quieres y te darás cuenta de dos cosas acerca de la felicidad. Una que tiene que ver contigo, es decir, es algo que ocurre de la piel para adentro no de la piel para afuera; por lo tanto, sería sano prescindir de lo de afuera que no determina directamente  tu manera de sentirte feliz.

Y la segunda, tiene que ver con los demás; no dejes de disfrutar tu hacer cotidiano incluyendo a las personas que te rodean en ese disfrute porque será una manera de elegir cada día esta sensación de plenitud. Esa es la diferencia entre elegir la felicidad como meta o como camino.

Los grandes enemigos de la felicidad: el miedo, la vergüenza y la culpa; es decir, todo aquello que evita que seas quien eres.

Lo ideal es que cada persona se ocupe de su propia felicidad porque, en todo caso, la felicidad no es sólo un derecho  sino una obligación.

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