La educación y construcción de un nuevo país

Angélica Yolanda Rodríguez Gutiérrez

México, 03 de mayo de 2014

En una sociedad donde se lucha no solamente por la supervivencia, sino por los conflictos de valores provenientes de una deficiente educación, se hace cada vez más evidente la dificultad que existe para que los universitarios se inserten al mercado laboral, desarrollen las competencias aprendidas en las instituciones educativas y maximicen la productividad, la cual constituye el eje motor de la riqueza de una nación.

En este sentido, de acuerdo con Bedoya (2003) para relacionar la educación y la propuesta de formación de un nuevo país, primero se tendría que reestructurar todo el sistema educativo de forma armónica.  Es por ello que siendo el profesor quien genera el cambio educativo, es indispensable que durante la etapa estudiantil fomente entre sus estudiantes habilidades relacionadas con la innovación, la práctica crítica, reflexiva y la ética, ya que sin estas competencias, las ambiciones de sus alumnos por superarse pudieran llegar a ser muy lejanas.

Otro eje constructor para una mejor sociedad, lo constituiría la modernización de la educación, hecho del que últimamente varios países, entre ellos México, ha pretendido implementar a través de reformas para mejorar la calidad de la educación.  En nuestro país es a través de la controvertida Reforma Educativa[1] que ha querido justificar ante la sociedad que realmente se está trabajando para definir el rumbo de la educación en aras de la construcción de un nuevo país y cuya finalidad es tener maestros capacitados para enseñar los contenidos curriculares adecuados, fomentar las competencias para que los alumnos desarrollen habilidades de pensamiento crítico y reflexivo que les ayuden a relacionar la teoría de la escuela con la realidad en la que viven y a ser cada vez mejores ciudadanos.

Considerando lo antes expuesto y no obstante la buena voluntad de dicha reforma educativa, todo cambio requiere de una adaptación, sobre todo de aquéllos quienes tienen la responsabilidad de formar a los futuros profesionistas.  En este sentido, todavía existen maestros que se niegan a abandonar los modelos autárquicos y obsoletos de años atrás, “de forma tal, que los docentes no deberían ya de ser meros transmisores de información y conocimientos, sino de ofrecer desafíos y alternativas de trabajo a sus alumnos, con el objetivo de ayudarles a construir su propio conocimiento” (Ramírez y Mortera, 2009, p. 11).

Es indudable que a pesar de que los profesores estén conscientes de que es tiempo de adoptar una postura diferente ante la competencia, no les es fácil dejar atrás la idea del cambio de paradigmas, donde un lector hace una exposición oral a un grupo de alumnos, quienes, a su vez, toman nota de lo dicho para devolverlo cuando se requiera  (Amar, 2000).  Es por ello que aun cuando cambien los procedimientos de enseñanza, si las personas no tienen la intención de evolucionar a la par de los nuevos modelos, la educación de cualquier país seguirá prácticamente el mismo camino.

Bajo esta óptica, actualmente existe una gran crisis económica, política y social, producida por la racionalidad occidental, afectando el sector educativo y lo cual ha llevado al mismo, hacia un proceso de deshumanización, donde el papel del docente se ha reducido a ser un experto en su área de conocimiento y un especialista en la aplicación de normas que permitan orientar la conducta de sus alumnos (Carmona, 2008).

En este mismo sentido, Porta y Sarasa (2006) afirman que los alumnos interpretan al buen docente como aquella persona responsable y justa dentro del salón de clases, que su enseñanza esté justificada de forma racional y que posea pasión por enseñar.  Esto es verdad si se considera que precisamente el maestro es quien favorece los procesos de construcción del conocimiento de sus alumnos y a la vez, que sea capaz de relacionar la teoría con la práctica.

Lo anterior se puede vincular al hecho de que el profesor, a pesar de ser un experto en su área, no ha sabido –en algunos casos- incorporar estrategias de enseñanzas que involucren las nuevas tecnologías a sus prácticas, fomentar la innovación, la práctica reflexiva y ética en beneficio de sus alumnos, poniendo a éstos en clara desventaja frente a un mundo cada vez más cambiante y globalizado.  Es por ello que es necesario observar las dimensiones de una educación humanizadora, donde tanto el maestro como el alumno trabajen activamente para implementar la teoría en la práctica diaria (Carmona, 2008).

De esta manera, para poder cambiar estas tendencias y producir mejoras en nuestra sociedad, es necesario desarrollar una educación más humanista que de acuerdo con Martínez (2002) es aquélla que fomenta el desarrollo humano, en la cual se produce un proceso que aporta un énfasis especial a las siguientes realidades: unicidad de cada ser humano, su creatividad y originalidad, la tendencia natural a su autorrealización, la solidaridad con los demás, la libertad y autodeterminación, la jerarquía de valores y dignidad personal.

Asimismo, cabe señalar que se requiere contar con un sistema educativo de mejor calidad que tenga igualdad de oportunidades, con el fin de alcanzar un desarrollo integral para la sociedad. La población  que ingresa a los centros educativos es muy heterogénea, los alumnos presentan características distintas y marcadas ya que provienen de familias con pautas culturales diferentes que facilitan u obstaculizan, en algunos casos, sus estructuraciones psicológicas tempranas (Lorenzo, 1992).

Reforzando la lógica expuesta, Bedoya (2003, p. 18) comenta que “se constata además una voluntad de crisis, es decir, una intención más o menos latente de que todos somos de alguna manera responsables de tal estado de crisis y que tenemos que ayudar a salir de ella”.

En otro orden de ideas, la escuela tradicional pretende que el alumno se apegue a normas y conductas que la sociedad considera aceptables, pero en este intento, minimiza los rasgos de personalidad y comportamientos humanos que permitan desarrollar capacidades necesarias para la construcción del conocimiento significativo como son: el interés, la curiosidad, el placer por conocer y el compartir el conocimiento.  Lo anterior se puede lograr mediante la estratificación del conocimiento a través de disciplinas que consideren tener verdades universales e irrefutables,  siendo éstas la base para la toma de decisiones económicas y políticas, convirtiendo a la técnica en un instrumento de dominación y control (Porlán, 1997).

Por su parte Rigo (2006, p. 24) comenta que: ¨Las orientaciones de la UNESCO insisten en que hablar de educación es hablar de procesos continuos que se desarrollan a lo largo de toda la vida de los individuos. Por eso hay que entender la educación como un proceso continuo y no sólo un producto final”.

Derivado de los análisis anteriores, se podría concluir que aun cuando la educación en varios países, incluyendo al nuestro, ha pasado por diferentes etapas de transformación, desde los argumentos de la modernidad, hasta las teorías críticas donde la razón se ve afectada por la conciencia de clase, el conocimiento sigue permaneciendo dentro del aula, no ha trascendido y los involucrados de todos los sectores de la economía, dados sus intereses personales, tampoco se han preocupado demasiado para que este conocimiento, a través de la educación, se expanda para favorecer la construcción de un nuevo país.

Referencias

Amar, J. (2000).  La Función Social de la Educación.  Barranquilla, Colombia: Universidad del Norte.

Bedoya, J.I. (2003). Epistemología y Pedagogía. Ensayo histórico crítico sobre el objeto y método pedagógicos. Bogotá, Colombia: Ecoe Ediciones.

Carmona, M. (2008). Hacia una formación docente reflexiva y crítica: fundamentos filosóficos. [Versión electrónica], Revista de Teoría y Didáctica de las Ciencias Sociales, 13(28), 125-146.

Martínez, M. (2002, noviembre). La Posibilidad de Ser. Conferencia presentada en el Congreso Internacional sobre el nuevo Paradigma de las Ciencias de  la Educación, Mexicali, Baja California, México.

Lorenzo,  J. (1992). La formación  del profesor.  Área o ámbitos que comporta: cultural, “científica”, técnico-pedagógica y práctica [Versión electrónica], Revista Complutense de educación, 3(12), 73-99.

Porlán, R. (1997). Constructivismo y escuela. Sevilla, España: Diada.

Porta, L. y Sarasa, C. (2006). Concepciones de la buena enseñanza en los relatos docentes: la formación inicial del profesorado de inglés [Versión electrónica], Praxis Educativa, 10(21), 68-74.

Ramírez, M. S. y Mortera, F. J. (2009). Implementación y Desarrollo del Portal Académico de Recursos Educativos Abiertos (REAs): Knowledge Hub para Educación Básica. Memorias del IV Congreso Nacional de Posgrados en Educación. Guanajuato, México.

Rigo, C. (2006). Sensibilización medioambiental a través de la educación artística. Madrid, España: Universidad Complutense de Madrid.


1 La Reforma Educativa fue presentada por el Presidente el 11 de diciembre del 2013 y consta de 5 ejes rectores: el primero pretende que se hagan concursos de ingresos para los docentes, así como para la promoción y permanencia en el servicio; el segundo, que la evaluación magisterial sea obligatoria para todos los maestros; el tercero, el maestro que repruebe tendrá que dejar su cargo (en la última evaluación nacional reprobó el 75% de los profesores); el cuarto se refiere a escuelas dignas, de calidad, equidad y autonomía; el quinto, se crea el Sistema de Información y Gestión Educativa que controlará el censo de escuelas, profesores y alumnos; por último se prohibirá la comida chatarra, impulsando lo nutritivo.

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