La comunicación no verbal y el Saludo al Sol

Karina Suárez Fernández

Karina_sufer@hotmail.com

La comunicación no verbal y el Saludo al Sol

El sol, a cuyo alrededor giran tantos planetas… No se olvida de madurar un racimo de uvas (Galileo Galilei)

Desde tiempos antiguos el sol ha sido el eje central de veneración en muchas culturas. Ra para los Egipcios, Tonatiuh para los Aztecas,  Kukulkan para la cultura Maya, Shamash en Mesopotamia,   Surya para los Hindues, entre otras más.

El común denominador de todas estas culturas se encuentra en el hecho de que   a lo largo de la historia ha sido  un símbolo de luz, salud e inmortalidad y es por esto que se le  ha otorgado una enorme importancia que aparece ligada a la continuidad de la vida y a la existencia.

Y  no es para menos, es básico  considerar que la luz del sol  calienta nuestro planeta y hace posible la vida, sustentando la misma en todas sus formas  a través de mecanismos como  la fotosíntesis, además de determinar el clima y la meteorología.

En términos de salud, otorga numerosos beneficios ya que influye en el estado de ánimo, en la fortaleza de los huesos, en la salud de la  piel, en el fortalecimiento del sistema inmunológico, en la metabolización de las grasas, en la presión arterial, en la producción de melatonina,  en la vida sexual,   y en  muchos aspectos más. Es importante recordar  que el TAD (Trastorno Afectivo Estacional) está relacionado con la tristeza y la depresión debido a las alteraciones de melatonina en la que los rayos del sol juegan un papel fundamental. Por otro lado,  los científicos han descubierto que los humanos tenemos un reloj interno sincronizado con el sol  por lo  que su efecto sobre la vida humana es fundamental.

Sin embargo y en unión con  la salud física, se encuentra la concepción  espiritual, una concepción  en donde fue, es y ha sido considerado   la representación  de la luz interior,  símbolo de vida y creatividad.

Un ritual muy importante y hasta la fecha practicado en la Hatha yoga ( una tradición que se ha mantenido viva por más de cinco mil años de historia) es la expresión y comunicación en movimiento denominada “Saludo al Sol” (Surya Namaskar). Una secuencia de posturas de origen hindú que son  un tributo de agradecimiento  al amanecer, en donde de cara al sol naciente se tiene de  frente al Dios Sol,  por lo que el practicante vive en ese momento  una oportunidad de agradecimiento  por un día más. Es  un ejercicio espiritual de profundo respeto en el que  cada movimiento se convierte en un tributo a la creación.

Al desarrollar un elegante flujo de un movimiento por respiración, estas posturas enlazadas se convierten en una plegaria   en  donde la veneración y el saludo conllevan  a un proceso de comunicación bidireccional donde   la respuesta esperada y proveniente del sol y su luz, se traducen en  el regalo de la vitalidad y la fuerza creativa que este proporciona a  aquel que lo venera.

Desde la perspectiva de Brown (2006), la salutación al sol es una secuencia de posturas que calientan el cuerpo y trabajan el corazón. Al unir movimiento y respiración, estira y fortalece los músculos, desarrolla resistencia, coordinación y confianza.

El procedimiento es el siguiente:

Párate con el peso bien distribuido en tus pies, los pies paralelos, estando firme pero sin tensiones. Los brazos están rectos junto a tu cuerpo, las palmas hacia adelante y tu mirada hacia el frente. Inhala y exhala mientras juntas tus manos en el pecho.  Inhala mientras estiras tus brazos hacia el cielo, lleva la mirada hacia arriba y estírate. Algunas tradiciones arquean la columna hacia atrás. Exhala mientras te doblas hacia adelante. Lleva las plantas de las manos al piso junto a tus pies, los dedos de tus manos en línea con los de tus pies. Intenta hacerlo con las piernas lo más estiradas posible, pero no te fuerces; puedes doblar las rodillas un poco si es necesario. Lleva tu frente hacia tus rodillas. Inhala mientras llevas tu pierna derecha lejos hacia atrás. El empeine debe estar totalmente sobre el piso para un mejor estiramiento. Dobla la pierna izquierda en 90 grados para no lastimar la rodilla. Lleva la mirada hacia arriba y abre el pecho. Sostén la respiración y lleva tu pierna izquierda hacia atrás, juntando los pies, con los brazos fuertes y estirados en plancha alta. Asegúrate de que tu cuerpo forme una línea recta. Exhala mientras vas a la postura de ocho apoyos lleva el pecho hacia el piso entre tus manos; también la barbilla, las rodillas y pies deben estar en el piso. La cadera está elevada.  Inhala mientras la parte baja del cuerpo va al piso; presiona las manos hacia abajo para levanta el pecho suavemente, como deslizándote, y arquea tu pecho. Lleva la mirar cabeza hacia atrás, los codos suavemente contra el cuerpo y aleja los hombros de tu cabeza. La mayor parte del trabajo se debe sentir en la espalda baja. Exhala y eleva las caderas en el perro mirando hacia abajo, sin mover las manos y pies de su posición. Intenta tener las plantas de los pies sobre el suelo y que tus orejas están en línea con tus brazos. Lleva el pecho hacia el piso. Inhala y lleva la pierna derecha entre tus manos. Mantén las yemas de los dedos tocando el piso. Nuevamente, el empeine de la pierna izquierda debe estar estirado sobre el suelo, y tu mirada hacia arriba para abrir el pecho.  Exhala mientras das un paso hacia adelante con tu pierna izquierda y dóblate hacia adelante. Otra vez, apoya las manos sobre el suelo, los dedos paralelos a los dedos de los pies, y tu frente hacia tus muslos. Las caderas deben estar lo más elevadas posibles. Inhala mientras te abres hacia arriba, levantando los brazos con un movimiento controlado y gracioso; estírate hasta donde se te sea posible. Exhala mientras regresas a la posición inicial. Repite con la pierna izquierda, para completar una serie completa de Surya Namaskar.

Fuentes de consulta:

  • Brown Cristina, El libro de la yoga, Parragon Books, Barcelona, 2006
  • GFU, Gimnasia Psicofísica, Ediciones GFU,  Venezuela, 1989

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