La comunicación no verbal y el lenguaje del Contacto y la Caricia

Karina Suárez Fernández

Karina_sufer@hotmail.com

La comunicación no verbal y el lenguaje del Contacto y la Caricia

Si escucharas de mi verbo  todo lo que te digo con una caricia…

Y es que solo a  través de mis manos y el suave contacto puedo recorrer  tu tierna piel poniéndole voz al calor del amor que de mí emana, susurrando en cada poro de tu pequeño ser que te amo con todo mi corazón, mi alma y mi piel. (Pensamiento a mis hijos Sofía y Diego)

Karina Suárez

Recuerdo claramente el día en que mi hija nació y el momento en  que sentí los latidos de su corazón en mi pecho; fue ahí donde me cuestioné tantas cosas sobre la vida creando  vida y la vida asomándose e integrándose  al  mundo.

Las enormes diferencias entre  la vida intrauterina y extrauterina están demarcadas por la separación de los sistemas de la madre diferenciándose  de los sistemas del neonato  y es así que al encontrarnos con el mundo las cosas cambian:   el sistema circulatorio, respiratorio, gastrointestinal y de regulación de la temperatura comienza el camino de la autonomía  y  autorregulación (Papalia, Wendkos, 1998). Surgen las primeras sensaciones ante un entorno nuevo y  el ambiente determina las condiciones que detonan el instinto de supervivencia en donde el tema fundamental se centra en la sensación de confianza en el mundo, situación que depende de que tan atendidas son las necesidades básicas en este primer periodo de vida en donde aún en un plano pre lógico y pre verbal ya existe la noción de que es agradable vivir en un cuerpo cariñosamente atendido (Anodea, Vega, 1996).

Aunque la relación con el entorno se da de forma bidireccional, las posibilidades de comunicación en edades tan tempranas se limitan a formas no verbales que son  adaptadas a la búsqueda de respuestas del adulto con respecto a sus necesidades. De acuerdo a la Teoría de Bowlby (1982) el bebé nace con un repertorio de conductas las cuales tienen como finalidad producir respuestas en los padres y algunas de ellas son: Succión, sonrisas, reflejos, balbuceos, necesidad de ser acunado y el llanto, siendo la búsqueda del afecto una de las necesidades primordiales a cubrir ya que la función biológica de la afectividad es la protección y la manifestación de la misma a través de las caricias.

Ante lo anterior, podemos concluir  que tanto el alimento físico como el alimento  afectivo  son  necesarios   para la supervivencia y nutritivos para el desarrollo humano. Así pues, el contacto piel a piel es un lenguaje no verbal capaz de crear situaciones ambientales de protección básicas para el desarrollo físico, cognoscitivo y emocional.

Para Piaget, es muy importante el contacto con la madre y los lazos que se crean a través del mismo, el considera la afectividad como la fuente de la energía de la cual depende la inteligencia (Tomas, Almenara 2008).

Las investigaciones de Rene Spitz (1935-1945) determinaron en gran medida las consecuencias de la privación de contacto y afecto  basadas en observaciones hechas a niños de orfanatos en donde los resultados fueron los siguientes: “Los niños criados en ausencia completa de su madre, en una institución donde los cuidados les son administrados en forma anónima, sin que pueda establecerse un lazo afectivo constatan los graves trastornos agrupados  bajo el nombre de hospitaliarismo y depresión anaclítica  con consecuencias de retardo del desarrollo corporal, de la habilidad manual, de la adaptación al medio ambiente, del lenguaje; disminución de la resistencia a las enfermedades y en los casos más graves, Marasmo y muerte” .

Hoy en día, la enorme importancia de la protección y el afecto manifestado a través del contacto piel a piel  y la caricia ha generado la creación de diversas técnicas y estrategias como la “terapia de canguro” en donde el niño es colocado junto al seno materno en contacto piel con piel, y en posición de rana. La proximidad con la madre, sus caricias, su voz, su latido cardíaco, son considerados como elementos importantes en la estimulación de la respiración del niño, evitándose así las apneas. El contacto continuo, piel a piel, ayuda al niño a mantener una adecuada temperatura corporal, y genera el desarrollo de un lazo emocional estrecho entre la madre y su hijo (Martínez, Rey, 1979).

De acuerdo a lo anterior, podemos llegar a la conclusión de que el  desarrollo está basado en el reconocimiento   de la existencia que se da   a partir de la relación y cuando ésta  se ve amenazada o en riesgo, entran en juego aspectos biológicos, psicológicos y sociales.

REFERENCIAS

  • Anodea Judith, Selene Vega , Las ruedas de la energía vital, Gaia, 1996
  • Martínez Hector, La metodología de la madre canguro, Colombia 2008 tomado de: http://www.undp.org.cu/pdhl/ideass/Canguroesp.pdf
  • Palomero Jose Emilio, Psicomotricidad y educación, Zaragoza 2011, tomado de: http://www.unizar.es/psicomotricidad/blog/?p=1571
  • Papalia Diane, Wendkos Sally, Desarrollo Humano, Mc Graw Hill, Colombia 1997
  • Tomas Joseph , Almenara Jaume, Bowlby vinculo,apego y pérdida , carencia afectiva, Barcelona 2008 tomado de : http://www.paidopsiquiatria.cat/files/Bowlby_Vinculo_Apego_Perdida.pdf
  • Witemberg Sally, Castanedo Ana, Porque me tratas así, Norma, México 2006

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