La categoría mente desde la psicología fisiológica

Por: Erick Daniel Granados Monroy

INTRODUCCIÓN.

En las producciones filosóficas en general, en las Teorías de la Mente en particular, y específicamente en la propuesta teórica de Priest, autor contemporáneo que analiza y desarrolla la Categoría de lo Mental, encontramos una lógica explicativa, una modalidad epistemológica específica, estándar, parcial, que ubicamos como Reflexión Esquemática Lineal y de Uso de Constructos Pretéritos.([i])  La Reflexión Esquemática la observamos cuando el paradigma o el autor se valen primordialmente de la modalidad de pensamiento inductiva, y se reducen a un verbalismo, a un formalismo en el cual los conceptos o categorías no satisfacen la Pretensión de Verdad o la Relación Epistemológica.  A su vez, el Uso de Constructos Pretéritos implica la reducción de la capacidad explicativa de un esfuerzo teórico y teorético, debido a la restricción que provoca la utilización de constructos y lógicas que en su momento aportaron intuiciones valiosas, pero que al rigidizarse, al no desarrollarse, sustentarse o transformarse, perdieron su potencial cognitivo, clarificador y motivador. Esas dos modalidades si bien aportan elementos que pueden ser rescatables, también limitan el horizonte de comprensión de un fenómeno de estudio, en este caso, del Fenómeno de lo Mental.  Ese aspecto, la tradición, lo hegemónico, no debe ser un impedimento para que nos esforcemos por ampliar y complementar las nociones que en la Filosofía, sólo se sugieren.  Consideramos que el acto interdisciplinario, el complementar un perspectiva con otra modalidad elucidativa, puede acrecentar nuestra comprensión y explicaciones sobre algún suceso-sujeto-objeto.

El propósito de este artículo es reflexionar en torno a la Categoría Mente, en diálogo con las interpretaciones que proporciona el Monismo Materialista, la Psicología Fisiológica.

Usamos el Método Doxográfico, la investigación documental para revisar material escrito, fuentes registradas que se ubican dentro del Pensamiento Biológico, área de estudio que atiende a la base anatómica, a la base material -el Sistema Nervioso- para comprender nuestro pensar-sentir-hacer.

Esta reflexión se justifica ante la necesidad de complementar y acrecentar nuestro saber y nuestras modalidades epistemológicas con otros recursos, con otras perspectivas: lo interdisciplinario como una actitud que al integrar, mejora, hace crecer. La vertiente Fisiológica como una perspectiva que puede complementar a la Filosófica.

El presente documento se encuentra dividido en cinco apartados: Introducción, Desarrollo, Conclusiones, Notas y Bibliografía.

DESARROLLO.

En este apartado iniciamos con la exposición de una propuesta de la disciplina filosófica denominada Teorías de la Mente sobre el objeto de estudio.  Posteriormente se presenta un argumento filosófico proveniente de la Filosofía de las Ciencias, del pensamiento de Eduardo Nicol, mismo que refuerza nuestra posición sobre lo insuficiente de la epistemología filosófica y la necesidad de conjuntar disciplinas y lógicas explicativas en pos de una comprensión más amplia sobre los fenómenos de estudio, sobre la Categoría Mente. A continuación se denotan las explicaciones que proporciona la Psicología Fisiológica, mismas que consideramos sustentan la explicación sobre la sede de nuestras capacidades cognitivas, su ubicación, funciones y capacidades, más allá de las inferencias e intuiciones filosóficas.

La definición básica que utilizamos para la Categoría Mente y que nos sirve para ejemplificar la modalidad estándar de la reflexión filosófica -misma que consideramos epistemológicamente insuficiente-, la ubicamos desde la postura del filósofo británico Stephen Priest, que la estructura de la siguiente manera. …

“Decir que algo es una mente es decir que tiene capacidad de pensar.  Tener esta capacidad es, lógicamente, la condición necesaria y suficiente de lo mental. Si una cosa x existe y x tiene la capacidad de pensar, de ello se sigue lógicamente que al menos una mente existe. Si una cosa x existe y x no tiene la capacidad de pensar, entonces se sigue lógicamente que x no es una mente”. ([ii])

De acuerdo a lo anterior, Mente es aquella entidad o función que permite el procesamiento cognitivo; la mente es la sede y fuente de los procesos epistemológicos. ([iii]) Señalamos una insuficiencia explicativa al usar términos y no problematizarlos; se realizan definiciones pero sin analizar ni sustentar los conceptos implicados en el argumento.  Denotamos una deficiencia de la disciplina filosófica y del autor al dar por sentado, al presuponer la validez de un concepto sin antes examinar la verdad contenida en el vocablo.

Contraponiéndose a esta tradición elucidativa esquematizadora e inductivista, que se vale primordialmente de procesos lógicos basados en términos retomados de la cotidianeidad y que no se fundamentan más allá de la postura del respectivo autor, sin reforzar sus definiciones o dando por sentadas las concepciones, sin problematizar los términos, encontramos el pensamiento de Eduardo Nicol.  Este pensador proveniente del exilio español y nacionalizado en México propone una manera de hacer Filosofía que busca trascender la deficiencia explicativa que las reflexiones del tipo U.C.P.-R.E.L., produce.   Su propuesta: los requisitos, las Relaciones que una hipótesis debe de cumplir para consolidarse como teoría, como un argumento más sólido que permita validar, refutar, complementar y comprender de una manera más completa el fenómeno de estudio que analiza una propuesta conceptual.  A este tipo de modalidad cognitiva que pretende sustentar un argumento más allá del subjetivismo reflexivo, Nicol le denomina Paradigma Epistemológico.   Nuestro interés e interpretaciones -también la reflexión de Priest con todo y sus limitaciones-, se centran en el Paradigma Epistemológico.  Procedemos a explicar la propuesta del pensador español.

De acuerdo a Nicol, se considera al Paradigma Epistemológico constituido por cinco aspectos principales o Relaciones:

  • Relación Ontológica.
  • Relación Histórica.
  • Lógica.
  • Veracidad o Relación Epistemológica.
  • Reflexividad o Relación Dialógica.

El primer elemento constituyente del Paradigma Epistemológico -la Relación Ontológica-, será comprendida como la relación que tiene el conocimiento con el ser; es decir que existe el conocimiento -hay saber-, porque existe el Ser. ([iv]) La persona y sus características como fuente de lo cognitivo.

La segunda Categoría del Paradigma Epistemológico, la Historicidad; respecto a ella Nicol señala que…

“Cuando examinamos científicamente la realidad natural, hemos de conformarnos con la limitación que representa el hecho de que es histórico el instrumento que empleamos para conocer lo que no es histórico. Y si la realidad que consideramos es histórica, el instrumento con el cuál investigamos forma parte integrante de esa misma realidad.” ([v])

Con base a la cita anterior, las herramientas tecnológicas y conceptuales desde las cuales vamos a encarar nuestro objeto de estudio, se encontrarán configuradas por elementos provenientes de esfuerzos cognitivos previos que desde el pasado, matizarán el presente, que a su vez configurará el futuro. ([vi])

Respecto a la Relación Lógica, que será comprendida como la configuración formal de congruencia y correspondencia argumentativa que debe de poseer un enunciado que pretenda constituirse en conocimiento -y cuyo exceso se denomina Formalismo-, expresa que…

“En su forma clásica, el formalismo ha consistido en conceder preminencia a las relaciones lógicas, por encima de las epistemológicas. Los axiomas lógicos le han prestado esa apariencia invulnerable que tienen siempre los apriorismos. A los cuál ha contribuido el hecho (por lo visto inevitable) de que se confunda la ciencia lógica, cuya legitimidad no está en duda, con la filosofía logicista.” ([vii])

En este sentido, el Formalismo aparece cuando el concepto no puede ser precisado con respecto a un objeto que se correlacione significativamente con el término.

El uso de la cuarta dimensión, la Relación Epistemológica, es definida como… “la relación que se establece entre el sujeto de conocimiento y los objetos en general, de cuyos caracteres ontológicos y ónticos logra el sujeto tener noticia justamente en y por esa relación.” ([viii])  Según esta acepción, la Relación Epistemológica se comprenderá desde el referente empírico ([ix]) que un concepto presenta y que amparará la reflexión y conceptos propuestos. ([x])  Ampliando la definición, Nicol expresa que…

“El pensamiento verdadero queda definido por una doble adecuación: la adecuación con lo real y la adecuación consigo mismo. Si se quiere utilizar la terminología académica, puede decirse que la verdad tiene dos aspectos: un aspecto material (la referencia a las cosas), y un aspecto formal (la coherencia interna).” ([xi])

Desde la lógica de Nicol, el requisito Epistemológico, la verdad, la veracidad será alcanzada por niveles, por modalidades y aproximaciones sucesivas, en el sentido en que nuestro discurso se refleje y ratifique por y en el ámbito natural y social, en las cosas y en los sucesos. ([xii])

Del último componente del Paradigma Epistemológico, la Reflexividad -comprendida como razón dialógica-, se describe lo siguiente…

“La verdad es el reconocimiento del ser. Decimos el re-conocimiento, porque esta operación implica una reiterada aprehensión del mismo objeto por el mismo sujeto (sin lo cual no se efectúa la identificación, o sea que el ser del objeto no queda fijado en su mismidad objetiva); pero implica sobre todo una aprehensión del mismo objeto por dos sujetos diferentes. Este reconocimiento es dialógico, y en él consiste la decisiva evidencia apodíctica del ser, invulnerable a toda crítica posterior, a toda posible “duda metódica”.” ([xiii])

Y refuerza la noción del valor y necesidad epistemológica del diálogo y de la relación, afirmando que…

“En el sujeto solo no se puede fundar la objetividad; ni se puede, basándose sólo en él, explicar la relación del símbolo con el objeto, y su eventual comprensibilidad. Pero el concepto clave no es el de sujeto, sino el de comunidad, el de relación intersubjetiva.

La objetividad no se consigue en una relación gnoseológica del sujeto con el objeto. La objetivación trasciende la esfera subjetiva individual: objetivar es manifestar o hacer patente un ser, en su realidad propia, independiente de quien la conoce, y ésta es una operación simbólica, que quiere decir lógica-dialógica. La verdad es objetiva porque es intersubjetiva.” ([xiv])

En esta línea de pensamiento, del sujeto emana la subjetividad (el saber parcial, íntimo), y desde el contacto con el otro -la intersubjetividad-, podrá surgir la transubjetividad desde la cuál será posible acercarse y consolidar grados continuos de objetividad, el conocimiento que se encuentra más allá de la mera subjetividad.([xv])

Desde el matiz con el cual se interpreta la relación Sujeto-Objeto, o en este caso específico la relación Mente-Cuerpo, y desde la metodología dialógica con las comunidades explicativas (Idealismo, Dualismo, etc.), con las tradiciones filosóficas que retoma en su obra, sustentamos nuestra afirmación en la que consideramos que Priest opera desde el Paradigma Epistemológico. Ahora, concede importancia a las relaciones Ontológica, Histórica y Lógica, en algún grado satisface la Relación Dialógica; pero en un porcentaje menor -casi nulo-, considera al elemento Epistemológico (el referente empírico).

Desde nuestra perspectiva, la Relación Epistemológica -la Pretensión de Verdad o búsqueda de referente empírico para las hipótesis en torno al fenómeno de estudio- es uno de los elementos que más se ha descuidado en la Filosofía.  Ante esa deficiencia, utilizaremos los descubrimientos de una disciplina que mantiene la constante de fundamentarse en hechos y en cuestiones cuantificables: la Psicología Fisiológica; esto, en pos de complementar la Relación Epistemológica que no es abarcada en las Teorías de la Mente.

Tras exponer la necesidad de complementar a la Filosofía, procedemos a presentar la posición de la vertiente Biológica.

Bajo ésta posición, según la Psicología Fisiológica: la Mente no existe.

El término Mente es falso, irreal e irracional, un constructo sin sustancia, sin fundamentos más allá de las hipótesis e intereses filosóficos, teológicos e ideológicos.

Lo que si existe y de hecho cumple las funciones que las posturas mentalistas y metafísicas han enlistado como características de lo Mental ([xvi]), es una fracción del Lóbulo Frontal que asume, produce, desarrolla y refina nuestras conductas y pensamientos: el Córtex o Corteza Prefrontal.

La Mente no existe, lo que existe, la fuente, sede, área encargada de los procesos cerebrales superiores, de las funciones cognitivas superiores, es el Córtex Prefrontal.

Presentamos elementos teóricos y datos que apoyan esta posición.

Partimos del acercamiento que realiza Díaz, respecto al área Encefálica conocida como Corteza Cerebral -designada dentro del Sistema Nervioso Central- y de la cual enuncia que… “La corteza cerebral (corteza frontal, parietal, occipital y temporal) es el origen de la reflexión y las conductas, de la “mente”; sin corteza cerebral no hay procesos psicológicos.”([xvii])  Es decir, que nuestras capacidades y potencialidades cognitivas, motoras y emotivas, tienen su sede en el área Cortical; y específicamente, los procesos más elaborados y refinados tendrán su asiento en la Corteza, en el Lóbulo Pre-frontal.

Kandel define ésta área de la siguiente manera… “Porción anterior de la corteza frontal. Está vinculada con la planificación, la toma de decisiones, la cognición de alto nivel, la atención y algunos aspectos de las funciones motoras.” ([xviii]) Si bien Kandel se enfoca en la función memoria-aprendizaje, ubica a dicho proceso como dependiente de manera fundamental del Córtex Prefrontal, y también lo señala como el área que… “media los procesos mentales más complejos.” ([xix])  De acuerdo a lo referido, el área Prefrontal es primordial para la ejecución de funciones cognitivas.

Otra descripción la proporciona Carlson y manifiesta que…

“La corteza prefrontal juega un papel importante en el reconocimiento del significado emocional de situaciones sociales complejas y en la regulación de nuestras respuestas ante tales situaciones. El análisis de las situaciones sociales implica mucho más que el análisis sensorial; implica experiencias y recuerdos, inferencias y juicios. De hecho, las habilidades involucradas incluyen algunas de las más complejas que tenemos.” ([xx])

Con base a lo anterior, se explica que en lo Prefrontal se procesan distintos elementos perceptuales y elucidativos que serán concatenados en pos del grado de interacción compleja que se le requiere al integrante de la especie humana.

Una introducción al estudio del área Frontal y Prefrontal nos la proporciona Estévez-González, et al., de la siguiente manera…

“El interés por el estudio de los lóbulos frontales se remonta a tres históricas aportaciones. La primera cuando, a principios del siglo XIX, Gall y Spurzheim sospecharon que podían ser los responsables del habla y del cálculo; la segunda cuando, ya en 1863, Broca describió diversos casos de “afemia” tras lesión en el giro frontal inferior del lado izquierdo; y la tercera, en 1868, cuando Harlow (`Recovery from the passage…´) relató el caso de Phineas Gage, quien sufrió una herida penetrante en la región frontal causada por una barra de hierro, la cual, tras atravesar áreas bilaterales, produjo gravísimas secuelas emocionales que privaron totalmente al enfermo del control sobre su conducta.  Siguiendo con estos cambios conductuales, Jastrowits y Oppenheim, a finales del siglo XIX, nos hicieron notar que lesiones frontales orbitales causaban un síndrome de euforia con tendencia a bromas `banales´, jocosas, etc. y perdida de autocrítica.  Los estudios llevados a cabo por autores como Kleist, Goldstein, Denny-Brown, Freeman y Watts, en los años 30, 40 y 50 del siglo XX, volvieron a hacer hincapié en la perturbación que provocaban las lesiones frontales (prefrontales) en las formas complejas de la conducta racional activa, el trastorno de las relaciones abstractas, del pensamiento categorial, la imposibilidad de conservar un objetivo, de ser consciente de uno mismo o de pronosticar las consecuencias de nuestros actos.

Todos estos cambios comportamentales y de la conducta más racional y abstracta pusieron de relieve que los lóbulos frontales podían gestionar privilegiadamente `lo que uno es y cómo es´, además de ser el asiento anatómico del lenguaje articulado o de encontrarse, por las zonas más cercanas a la cisura central, el córtex motor, que ya en 1870 habían descrito Fritsch e Hitzig al estimular eléctricamente el cerebro del perro.

Los efectos del daño frontal (prefrontal) nos hacen dudar del cogito ergo sum de Descartes cuando nuestros pacientes llegan a `existir sin pensar´.

Hoy en día, conocemos que la importancia de los lóbulos frontales reside precisamente en proporcionarnos capacidad de autocrítica, proyectos y conductas activas y autónomas que dependen de procesos cognitivos, considerados como los más humanamente superiores y evolutivamente desarrollados, a los que denominamos ‘funciones ejecutivas’.

Con ellas transformamos nuestros pensamientos en decisiones, planes y acciones. Por ello, la evolución no podía dotar a la especie humana de una estructura cerebral sencilla y automática, sino de la más amplia y compleja zona cerebral, a la que conocemos como lóbulos frontales.” ([xxi])

Según lo citado, la sede anatómica, la base material desde la cual, gracias a la cual existen y se desarrollan nuestras actividades elucidativas y conductuales complejas, es el área Frontal y de ella, la específicamente Prefrontal; tratase esta enunciación, no de una inferencia o especulación sino de una declaración sustentada en labor investigativa pretérita y contemporánea, en hechos y observaciones confrontados y examinados.  Existe en este tipo de enunciados la posibilidad de validación o refutación, en suma, de contrastación, en estos elementos, en esta modalidad explicativa.

Especificando la ubicación física de lo Frontal, los mismos estudiosos realizan la siguiente descripción…

“El lóbulo frontal corresponde a una amplia porción del córtex delimitado por el polo anterior del cerebro, la cisura central de Rolando y una prolongación artificiosa que, desde el final de esta cisura, llega hasta la cisura de Silvio. Las cisuras frontal superior y frontal inferior delimitan de arriba abajo las circunvoluciones frontal superior, frontal media y frontal inferior. Una cisura precentral marca, con la cisura central, los márgenes de la circunvolución precentral. La base frontal se denomina zona orbital. En su cara medial, los márgenes son más imprecisos y debemos guiarnos por la cisura callosa y por ramas marginales de las cisuras del cíngulo y del cuerpo calloso.

Brodmann y revisiones posteriores parcelaron el córtex frontal en 15 áreas citoarquitectónicas, sin guardar una relación morfométrica exacta con las cisuras y circunvoluciones mencionadas. Quizás, el área que mejor mantiene ciertos límites morfométricos sea el área 4, a la que prácticamente se hace equivaler a la circunvolución precentral, delimitada por las cisuras central y precentral. En otras áreas, como la 44 y 45, que junto a la 47 de Brodmann, deberían equivaler, respectivamente, a la pars operacularis, triangularis y orbitalis de la circunvolución frontal inferior, no coinciden con exactitud sus bordes citoarquitectónicos con los límites que marcan las cisuras.” ([xxii])

Las anteriores descripciones y enumeraciones permiten -más allá del dato técnico y especializado- referenciar lo concreto de la denominación, del vocablo Frontal; nuevamente, la intención es no reducirse a la modalidad epistemológica especulativa -a lo inferencial-, sino proporcionar elementos empíricos, observables, validables y refutables para la enunciación de la existencia de un mecanismo o función.

A continuación Estévez y sus colaboradores esquematizan la estructura Prefrontal y explican las funciones de las sub-áreas que la conforman…

“El ‘córtex prefrontal’ es posiblemente la zona cerebral diferencialmente más desarrollada en humanos respecto a especies inferiores, incluidos los primates no humanos. Se define primordialmente por aquellas zonas del lóbulo frontal que reciben proyecciones del núcleo dorsomedial del tálamo, aunque también recibe proyecciones del núcleo ventral anterior, pulvinar medial y complejo nuclear suprageniculado-limitante; carece de conexiones especiales con las áreas motoras o sensoriales primarias, y tampoco envía proyecciones a la médula espinal.

Tres son las zonas en las que, como mínimo, conviene dividir al córtex prefrontal: dorsolateral, orbitofrontal y frontomedial.

La zona dorsolateral integra a las áreas 9, 10 y 46, junto a porciones de otras áreas; es una zona rica en conexiones con áreas asociativas parietales, occipitales y temporales; está implicada en funciones como el razonamiento y la formación de conceptos, la generación de acciones voluntarias o el proceso de la memoria de trabajo (working memory); el área 10 que ocupa la zona frontopolar es por sí misma necesaria en importantes procesos cognitivos de razonamiento y planificación, como los involucrados para manejar en mente objetivos mientras exploramos y procesamos objetivos secundarios.

La zona orbitofrontal o ventral incluye las porciones inferiores de las áreas 11, 12 y 47, así como la región proiscortical más orbital que se ha denominado áreas 13 y 14; esta zona orbitofrontal parece estar implicada en procesos emotivos y en la selección de objetivos.

El cingulado anterior (áreas 24, 32 y 33) es la principal estructura del córtex frontomedial. Su integridad permite la ‘curiosidad’ (motivación) y su daño nos vuelve apáticos e inertes, pues utilizamos un lenguaje de respuestas monosilábicas y fracasamos en pruebas de atención (tipo Go/No Go y de atención sostenida); a diferencia del cingulado posterior (granular), el cingulado anterior (agranular) puede considerarse como una autentica región ejecutiva.

Tanto las zonas frontomediales (especialmente el área 24) como las orbitales (especialmente el área 13) mantienen íntimas conexiones con las estructuras límbicas de la región temporal medial y pueden contribuir al proceso de la memoria declarativa. También las zonas dorsolaterales, en conjunción con zonas mediales temporales, se han mostrado particularmente activas y modalmente lateralizadas en la fase de codificación (encoding) de la memoria a largo plazo, presumiblemente por la necesidad de tener que utilizar diferentes estrategias de codificación.” ([xxiii])

Según los autores, las funciones cognitivas-conductuales de: conceptualización, decisión, memoria, razonamiento, planificación, elección y designación de objetivos, atención, motivación y ejecución de pensamientos, se desplegarán desde la correcta estructuración de éstas partes específicas de la Corteza Cerebral, claro, en conjunción con otros elementos del Encéfalo, pero ubicadas anatómica y funcionalmente en esa región.

Complementando la descripción, Carlson explica que…

“La corteza prefrontal también proporciona una entrada importante al área tegmental ventral. Los botones terminales de los axones que conectan estas dos áreas segregan glutamato, un neurotransmisor excitatorio, y la actividad de esta sinapsis hace que las neuronas dopaminérgicas en el área tegmental ventral disparen siguiendo un patrón explosivo, que eleva en gran medida la dopamina que segregan en el núcleo acumbens (Gariano y Groves, 1988).

Por lo general, la corteza prefrontal participa en el diseño de estrategias, desarrollo de planes y evaluación del progreso en la consecución de las metas, juzgar lo apropiado de la propia conducta, etc. (Mesulam, 1986). Tal vez la corteza prefrontal encienda el mecanismo de reforzamiento cuando determine que la conducta continua lleva al organismo más cerca de sus metas, es decir, que la estrategia presente funciona.” ([xxiv])

Basándonos en lo citado, los aspectos pragmáticos (motivación a una acción) y prácticos (ejecución de una elección) devienen del funcionamiento y coordinación de la Corteza Prefrontal, con estructuras que se ubican debajo de la superficie Cortical.

Respecto a las posibilidades y usos del área analizada, Lamote afirma lo siguiente…

“Las capacidades del córtex prefrontal para “organizar acciones en el dominio del tiempo” son para Fuster las funciones esenciales básicas de todo el córtex prefrontal.  La importancia de esta organización temporal en la conducta de los mamíferos no puede ser exagerada. Sin ella no es posible ejecutar un nuevo comportamiento, ni el habla puede fluir normalmente, ni un elevado razonamiento y ninguna actividad creativa, pueden llevarse a cabo sin una mínima dimensión temporal. Sólo una concreta noción temporal, el aquí y ahora, son necesarios en cualquier secuencia instintiva o automática rutinaria.

Tres funciones cognitivas se hallan representadas en el córtex prefrontal en la organización temporal de la conducta:

  1. A corto término, memoria laboral.
  2. Memoria para la acción o preparatoria, es el contrario de lo anterior.
  3. Control inhibitorio.

Las tres actividades necesitan para operar la base prefrontal.

La “working memory” o memoria ejecutiva o laboral (memoria provisional) es la memoria en estado activo (Fuster, 1995), y sirven de puerta de entrada a la memoria a largo plazo. La memoria laboral ocupa una porción del córtex prefrontal dorsolateral y áreas posteriores del córtex correlacionadas (postcentral, postrolándica). El lector debe entender por memoria activa su estado, pero no su escenario.

La memoria preparatoria implica estructuras sensoriales y especialmente motoras para llevar a cabo la acción. Equivaldría a la atención motriz, ocupando una porción dorsolateral del córtex prefrontal (córtex premotor y ganglios basales). En términos funcionales ambas memorias tienen opuestas y simétricas perspectivas temporales; la primera hacia el reciente pasado, y la segunda hacia el próximo futuro. Ambas funcionan reconciliando pasado con futuro. Los actos con las finalidades, las premisas con las conclusiones, los sujetos con los predicados.

El control “inhibitorio”, esencialmente, tiende a suprimir cualquier influencia interna o externa que pueda interferir con la secuencia en curso. En los primates la función se hallaría principalmente representada en el córtex prefrontal orbitomedial, pero puede ocupar otras regiones como la estriada, talámica o subcorticales.” ([xxv])

Centrándonos en el fenómeno de la creatividad, aparece el valor y utilidad, cuan necesario (de hecho indispensable) es el correcto funcionamiento de la fracción Cortical, para el desarrollo de nuestra personalidad, de la comunidad y de las construcciones antropológicas.  Sin esa fracción del Lóbulo Frontal, las posibilidades espaciotemporales de los humanos se verían sensible y drásticamente reducidas.

Continuando en su precisión sobre las funciones del Córtex Prefrontal o Córtex Asociativo Frontal, Estévez-González, et al., detalla los tipos de conducta que crea, coordina y conjuga; señala que…

“Las funciones frontales pueden resumirse en cinco importantes grupos:

a) El movimiento voluntario.

b) El lenguaje expresivo o habla y la prosodia motora.

c) Los procesos cognitivos necesarios para el cálculo, la atención y la memoria.

d) El ‘comportamiento’, la motivación y cierta inclinación inconsciente que puede guiar la conducta y que llamamos la intuición, y por último.

e) Las denominadas funciones ejecutivas, consideradas como aquellas que hacen de los lóbulos frontales la zona más evolucionada en la especie humana.

Estas funciones ejecutivas se asientan en su mayor parte en zonas consideradas prefrontales.

La importancia de estas funciones propias del lóbulo frontal y la preponderancia de este asiento prefrontal, especialmente dorsolateral, han hecho relegar a un segundo plano al resto de funciones y zonas frontales hasta el punto de que, en la actualidad, se emplea en forma extendida la terminología ‘frontal’ o ‘funciones frontales’ para, en realidad, referirse preferentemente a la zona prefrontal y a sus funciones ejecutivas.

Las funciones ejecutivas han sido caracterizadas por diversos autores como aquellas que muestran la capacidad de transformar los pensamientos en acción y se manifiestan como la habilidad para iniciar, modular, inhibir la atención y la actividad mental; la habilidad para interactuar productivamente con otros en discusiones y conversaciones, y la habilidad para planificar y controlar la conducta dirigida al resultado.

Así pues, los lóbulos frontales, a través de las funciones ejecutivas, no solamente programan la conducta sino que, siguiendo las propuestas de Pribram, también comprueban lo que se ha hecho. Las funciones ejecutivas seleccionan, planifican y organizan temporalmente los procesos cognitivos, y dotan a la conducta de una cronología, de su ‘estructura temporal’.

Lesiones prefrontales pueden obstaculizar el aprendizaje procedimental al interrumpir precisamente esta estructura temporal necesaria, lo cual resalta el papel prefrontal en la memoria de tipo no declarativa.

Las funciones ejecutivas son operaciones mentales que están críticamente involucradas en la propia adaptación a situaciones nuevas.

Son, en sí mismas, procesos cognitivos que orquestan u organizan las ideas, movimientos o acciones relativamente simples en comportamientos complejos y dirigidos hacia un fin.  Estas funciones son primordiales en todos los comportamientos necesarios para mantener la autonomía personal; asimismo, fundamentan la personalidad y el mantenimiento del comportamiento: la conciencia, la empatía y la sensibilidad social.

En las tablas II y III, se recogen de forma más específica funciones consideradas ejecutivas, así como exploraciones que sirven de ejemplo para su evaluación.

No existe un límite exacto que circunscriba una función como ejecutiva y que sea distinta de aquellos procesos cognitivos frontales que subyacen en el cálculo, la atención, la memoria o el propio ‘comportamiento’. Podemos sentenciar que zonas dorsolaterales están especialmente capacitadas para realizar cálculos exactos, del mismo modo que podemos decir que las habilidades ejecutivas dorsolaterales nos permiten efectuar cálculos exactos.” ([xxvi])

Los párrafos anteriores enuncian que aquellos elementos considerados como representativos de la especie humana (conciencia, deliberación, albedrío, empatía, propositividad, etc.) no son producto de alguna carga congénita, de alguna entidad metacorpórea, o posesión privilegiada de algún tipo de personalidad o raza, sino que aparecen como producto del refinamiento de estructuras encefálicas que tienen como propósito maximizar las posibilidades de sobrevivencia al potencializar y variabilizar percepciones, actos y recuerdos.

Reproducimos los contenidos de las tablas mencionadas en la explicación de Estévez y de su equipo de trabajo, a fin de darle continuidad a la lógica de este paradigma y a la argumentación del autor, mismos que apoyan al Monismo Materialista –posición biológica en torno a la comprensión de la Categoría Mente más allá de lo inferencial-metafisico-aprioristico-filosofico—.

Tabla II. Funciones ejecutivas específicas (Basada en Mesulam, Fuster, Benton, Dennis, Brody y Pribram, Brown, Shallice y Burguess, Rezai et al, Levin, Smith y Jonides).
Atención focalizada sobre estímulos relevantes e inhibición de los irrelevantes (paradigma estándar de Stroop).
Flexibilidad de pasar de una tarea a otra; flexibilidad de respuesta apropiada a las demandas de un contexto variable que no admite respuestas de rutina.
Planificación de tareas dirigidas a un objetivo.
Previsión.
Monitorizar:

La información (working memory).

La ejecución.

Codificación para el tiempo y lugar. Organizar la conducta temporalmente para alcanzar los objetivos.
Resolución de problemas.
Localizar recursos, curiosidad-motivación.
Formular conceptos abstractos.
Autoconsciencia, conducta moral.
Discurso social como habilidad para interactuar productivamente con otros en discusiones y conversaciones.

A continuación la tercera tabla que utiliza Estévez y que indica instrumentos que permiten examinar la manifestación de las funciones cognitivas propias de la función o disfunción del Lóbulo Pre-Frontal.

Tabla III. Relación de ejemplos exploratorios de funciones ejecutivas.
Función Exploración
Formación de conceptos y solución de problemas. Twenty Questions Test.

Wisconsisn Card Sorting Test.

Flexibilidad mental. Wisconsisn Card Sorting Test.

Trail Making Test.

Abstracción-razonamiento. Wisconsisn Card Sorting Test.

Test de Raven.

Comprensión de proverbios.

Planificación. Torre de Londres.
Fluencia verbal. Controlled Oral Word Association.
Fluencia de diseños. Invention of Design.

Design Fluency Test.

Five-Point Test.

Memoria. California Verbal Learning Test.
Modulación-inhibición de respuestas. Go/No-Go paradigm.

Stroop Test.

Control mental. Contar hacia atrás, etc.
Problemas en la vida cotidiana por transtornos ejecutivos. Behavorial Assessment of the Dysexecutive System (BADS).

Consideramos pertinente incluir el listado que contiene los tipos de instrumentos que permiten cuantificar el grado y manifestación de funciones cognitivas y conductas complejas –cuya sede comprobada es el Lóbulo Prefrontal– desde la pretensión de trascender la propuesta parcial, metafísica e irracional de Priest y de las Teorías de la Mente inductivistas, lineales y estándar, en torno a la Categoría Mente. Por ello, se busca explicar, ubicar, delimitar y definirla con elementos opuestos a la vertiente filosófica formalista, es decir se señala una disciplina y sus esfuerzos que procuran, que intentan acercarse a lo objetivo, a lo factico, empírico y racional, más allá de facciones paradigmáticas-tradicionales-ideológicas en la reflexión filosófica.

Respecto a la deficiencia, parcialidades y restricciones en la reflexión, Bunge enuncia que…

“En cuanto a los soportes extracientíficos de las hipótesis científicas, uno de ellos es de carácter psicológico: influye sobre nuestra elección de las suposiciones y sobre el valor que le asignamos a su concordancia con los hechos. Por ejemplo, los sentimientos estéticos que provocan la simplicidad y la unidad lógica estimulan unas veces y otras obstaculizan la investigación sobre la validez de las teorías. Esto es lo que hemos denominado el soporte psicológico de las hipótesis fácticas; a menudo es oscuro, y no sólo está vinculado a características personales, sino también sociales.

Lo que hemos llamado soporte cultural de las hipótesis fácticas consiste en su compatibilidad con alguna concepción del mundo, y en particular, con la Zeitgeist prevaleciente. Es obvio que tendemos a asignar mayor peso a aquellas hipótesis que congenian con nuestro fondo cultural y, en particular con nuestra visión del mundo, que aquellas hipótesis que lo contradicen. La función dual del soporte cultural de las conjeturas científicas se advierte con facilidad: por una parte, nos impulsa a poner atención en ciertas clases de hipótesis y hasta interviene en la sugerencia de las mismas; por otra parte, puede impedirnos apreciar otras posibilidades, por lo cual puede constituir un factor de obstinación dogmática.

La única manera de minimizar este peligro es cobrar conciencia del hecho de que las hipótesis científicas no crecen en un vacío cultural.

Los soportes empíricos y racionales son objetivos, en el sentido de que en principio son susceptibles de ser sopesados y controlados conforme a patrones precisos y formulables.

En cambio, los soportes extracientíficos son, en gran medida, materia de preferencia individual, de grupo o de época; por consiguiente, no debieran ser decisivos en la etapa de la comprobación, por prominentes que sean en la etapa heurística.

Es importante que los científicos sean personas cultas, aunque sólo sea para que adviertan la fuerte presión que ejercen los factores psicológicos y culturales sobre la formulación, elección, investigación y credibilidad de las hipótesis fácticas. La presión, para bien o para mal, es real y nos obliga a tomar partido por una u otra concepción del mundo; Es mejor hacerlo conscientemente que inadvertidamente.” ([xxvii])

De acuerdo a lo referido, Bunge aboga por esfuerzos epistemológicos disciplinarios que consideren cierta actitud y modalidad indagativa manifestada en los siguientes enunciados: considerar a los resultados de una labor heurística como fuente de nuevas preguntas; comprobación de los puntos de partida, y primordialmente una inclinación a lo empírico. Buscar comprobar hipótesis que deberán sustentarse en experiencias que permitan verificar y por tanto validar o refutar.

Consideramos que esa actitud se denota en las interpretaciones de la Psicología Fisiológica; esta explicación sobre la Categoría Mente, manifiesta un grado de sustento, verdad y racionalidad mayor que el ostentado por Priest y por las Filosofías mentalistas.  Y consideramos desde Bunge, que es probable que la Filosofía se vea intoxicada y reprimida en sus características y alcances cognitivos, por el influjo del contexto, por el soporte psicológico e ideológico del entorno, de la comunidad y los intereses que la moldean.

Retomando los enunciados sobre lo Prefrontal como base anatómica y fuente de los procesos cognitivos, se enuncia que uno de los indicadores en la función de un elemento o área, se induce de la pérdida o disminución de una conducta en una persona -que anteriormente si denotaba-, cuando no padecía el daño actual.  Estévez-González, et al., comentan acerca del Síndrome Frontal, entendido como aquellas alteraciones manifestadas a raíz de algún daño, de alguna lesión en la zona Prefrontal; enuncian que…

“En realidad no existe un único síndrome frontal, sino que, de acuerdo con las subdivisiones neurofuncionales del lóbulo frontal comentadas anteriormente, resulta más apropiado hablar de síndromes frontales dorsolaterales, orbitofrontales y frontomediales.

El daño dorsolateral ocasionaría una importante disfunción centrada en las funciones ejecutivas y conferiría al paciente un alto grado de desorganización.

El daño orbitofrontal puede transformar a un sujeto normalmente discreto en un paciente desinhibido, impulsivo, fatuo y antisocial.

Por último, el daño medial sobre el cingulado anterior y otras estructuras hará perder la iniciativa, de manea que predomine la desmotivación, la apatía, la pasividad o inercia.

La extensión del daño frontal puede alcanzar las esferas motora y olfatoria, ocasionando transtornos en una y otra modalidad.” ([xxviii])

De esa manera, las capacidades elucidativas, el discurrir vital de una persona que padezca una situación de este tipo –una afectación de esta área esencial–, verá sus posibilidades existenciales reducidas; su ser, su persona se verá disminuida y distorsionada a modalidades que provocarán cuidados y dependencia de sus allegados, dejando de ser una persona y quedando al nivel de un animalito, de una forma de vida con menores y reducidos alcances cognitivos y fácticos.

Argumentando acerca de los efectos de daños estructurales que se manifiestan en disminución o disrupción funcional, Soriano, Guillazo, Redolar, Torras y Vale puntualizan lo siguiente…

“En los últimos años, estudios de Antonio Damasio y colaboradores han demostrado que lesiones de la corteza orbitofrontal en paciente adultos no alteran la capacidad de valorar el significado social de situaciones teóricas; sin embargo, les incapacitan para poder aplicar dichas valoraciones en su vida real. Si la lesión tiene lugar en edades muy tempranas, puede afectar a la capacidad de los pacientes de poder aprender un patrón de conducta social con respecto a los valores éticos y morales de la sociedad donde viven.

La lesión bilateral de la corteza orbitofrontal incapacita a los individuos para poder anticipar el resultado de las consecuencias de su conducta.” ([xxix])

Explicado de otra manera: el correcto funcionamiento o no de esa sección del Córtex Prefrontal es lo que permitirá (entre otras conductas), la manifestación de la acción denominada congruencia: la correlación entre pensamientos y acciones. Su daño imposibilita a la persona aquejada por esa lesión, comprender, actuar y asumir las circunstancias derivadas de sus elecciones.

Concluye Estévez-González enunciando que… “los lóbulos frontales son el asiento anatomofisiológico de procesos cognitivos altamente especializados en la especie humana.”([xxx])  Por ende, su daño, destruye las ideas y conductas más complejas.

Tras haber denotado los descubrimientos y la modalidad epistemológica de la Psicología Fisiológica, cerramos el apartado y procedemos a exponer las Conclusiones.

CONCLUSIONES.

Con base a los elementos explicativos presentados, ratificamos nuestra posición:

No existe la fantasía metafísica conocida como Mente.

La propuesta explicativa proporcionada por las Filosofías de la Mente formalistas es insuficiente, insustentada y reducida.

Es posible ampliar el horizonte de comprensión de la Filosofía, de las Teorías de la Mente y de Priest, con un esfuerzo interdisciplinario; la Filosofía puede ampliar y sustentar su labor reflexiva complementándose con la postura biológica, con las explicaciones de las Neurociencias.

Lo interdisciplinario -partir de las intuiciones de la Filosofía y ratificarlas con la Psicología Fisiológica- es necesario y fructífero. ([xxxi])

Según lo expuesto, se afirma que el mecanismo encargado de conformar nuestro ser y nuestra romería en el entorno natural y social, es primordialmente el Lóbulo Prefrontal.

Nuestro propósito no es reducir nuestros esfuerzos epistemológicos a una sóla vertiente, no pretendemos exaltar e idealizar a las herramientas biológicas, NO.  La intención es complementar nuestro intento por comprender el fenómeno humano; una visión lo aporta lo humanístico, pero no es omniabarcante, como tampoco lo es lo fisiológico, responden a diversas dimensiones y propósitos, y nuestra postura no es aislar sino complementar. Coincidimos con Carvajal en su propuesta explicativa del humano como una red, como un proceso interconectado; enuncia que…

“Hace un tiempo la medicina nos propuso la especialidad y esa es una cosa fantástica, pero en el maremagnum de la especialidad perdemos la noción del hombre, la noción del sujeto, perdemos la noción de la integridad.

Ahora, la misma medicina, empieza a hablar de neuropsicología primero, ya no es neurología y psicología si no neuro-psicología, luego empieza a hablar de neuro-psico-inmunología, después empieza a hablar de neuro-psico-inmuno-endocrinología y ahora empieza a hablar de neuro-psico-inmuno-endocrino-ecología, y en esas logias de tantos tratados, de tantas etiquetas juntas, yo propongo que volvamos a hablar del gusano de la medicina. El gusano va a volar un día, va a ser crisálida pero estamos hablando de lo mismo, estamos hablando de un orden implícito. En medicina comienza a suceder lo mismo que pasaba en el campo de la física. En el campo de la física comenzamos a multiplicar las partículas y empezamos a buscar la partícula elemental y nos vamos detrás de eso hasta el momento en el que descubrimos que no hay partículas, que simplemente hay campos, hay una concentración de líneas de campo y a esa concentración nodal de las líneas de campos, lo llamamos partícula. Esa es una partícula para el observador, es decir la vemos como una partícula pero no es una partícula, sino un proceso. En el universo no hay partes, hay procesos de una corriente única que se va diversificando.

Es así como los físicos conciben el mundo. Antes los físicos veían el mundo y unos describían la mecánica, otros la cuántica, otros la relatividad, otros las leyes del electromagnetismo. Es como un gran pez y entonces unos miraban los ojos y describían, el mundo es un ojo, es un aparato para procesar la luz, para almacenar la luz. Otros miraban las aletas y decían, no, el mundo es un fenómeno físico, mecánico, es una especie de remo para mover el agua. Otros, los poetas se entretenían en las escamas de los peces y las veían brillar y se imaginaban algo así como reflejos de sol que se iban moviendo. Pero realmente alguien se remonta más allá y ve a todos los observadores mirando las pequeñas partes y dice, pero eso es un pez, ¡es un pescado! Hay que unir otra vez las aletas con las escamas, con los ojos, con el agua, con el nadar y hay que darle un sentido, un objetivo.

Afortunadamente ahora realmente la tendencia de toda la ciencia y de la evolución es volver a juntar aquello que habíamos dividido para poderlo comprender porque, si no, lo entendemos intelectualmente, pero no lo vamos a comprender en su sentido. El sentido es aprendizaje, todos nuestros sistemas son estrategias de aprendizaje, pero son estrategias integradas.

Nada ocurre en el cerebro sin que ocurra también en el riñón y en la última de las células del cuerpo. Nada ocurre en mi pensamiento sin que ocurra simultáneamente en mi fisiología. Nada ocurre en mi relación sin que ocurra en mi genoma y en los núcleos atómicos.” ([xxxii])

Basándonos en lo anterior, justificamos nuestra acción de realizar este proceso reflexivo interdisciplinario que busca complementar a las Humanidades, a la Filosofía, a las Teorías de la Mente y a la postura Priestiana con la Psicología Fisiológica; Filosofía con Monismo Materialista -y posteriormente con Psicología Política-, dada la interrelación entre las diversas instancias orgánicas, funcionales y sociales del aparato humano.

Si el cuerpo requiere de un esfuerzo multi e interdisciplinario integrador, cuanto más el discurrir humano, la romería existencial del Homo Sapiens en su entorno social. Conjugar en el intento por comprender, complementar, es la apuesta; la necesidad de conocer, comprender.

Comprender…, es necesario. Saber más allá de inducciones, inferencias y propuestas metafísicas; eso, comprender, más allá de las inferencias, de lo metafísico, que han servido para mantener tradiciones adoctrinadoras, ignorancias sobre el ser, ignorancia sobre la persona, ignorancia sobre lo social, ignorancia que permite la manipulación, la explotación.

Ignorancia que permite el populismo, la cosificación, y lo peor: la conveniencia, la aceptación, la complicidad de la persona en su propia ignorancia, en su propia enajenación y embrutecimiento.  Ignorancia heredada, perpetuada, deliberada, que permite, asegura y mantiene la deshumanización en las Neocolonias, en el Tercer Mundo, en nuestra comunidad. De ejemplo, el uso que se le da a los constructos, a las inferencias, al pensamiento metafísico tradicional, adoctrinador e irracional: treinta y siete mil personas gritando “¡vivas!” a un Estado fascista, alegrándose por vivir en un Estado policiaco: explotador y expoliador; destaza a las personas, destroza el ambiente. ¿Y las personas? Cómplices; aplaudiendo, aprobando, festejando: produciendo y consumiendo.  Ahí tenemos un uso irracional del inductivismo, de los constructos: mantener un régimen de capitalismo salvaje.

Por ende, es insuficiente a la vez que irresponsable reducirse a elucubraciones filosóficas que no atienden a la verdad y a lo social. Es necesario lo fisiológico en lo filosófico, pero también lo político.  Lo teórico y pragmático, pero sobre todo lo práctico; por lo menos a nivel micro, por lo menos para no ser parte del teatro metafísico y explotador.   No aceptar la mentira, no lamer la cadena, no agradecer al explotador, no considerar un héroe al soldado, al perro de ataque, al aparato ideológico y coercitivo. No a la Filosofía como cómplice del explotador.

[i] R.E.L.-U.C.P.  optamos por ligar ambas siglas debido a que consideramos que se correlacionan: el inductivismo, el verbalismo y formalismo, con una lógica epistemológica antaña, caduca, ideologizadora y tradicionalista.  D.G.

[ii] Priest, Teorías y Filosofías de la Mente, p 249.

[iii] Sólo presentamos una definición sobre la Categoría Mente, pero el lector puede revisar la obra referida de Priest (“Teorías y Filosofías de la Mente”) y en ella encontrará muchas definiciones provenientes de diversas escuelas (Idealismo, Racionalismo, Dualismo, Fenomenología, etc.) y en la mayoría se encontrará esas constantes: uso excesivo de inferencias y de constructos parciales: reflexiones que producen un saber insuficiente, parcial, vacuo.  D.G.

[iv] Cfr. Nicol, Los Principios de la Ciencia, pp 17-18.

[v] Ibíd., p 29.

[vi] Esta dependencia ontológica y epistemológica de nuestro propio ser y pensamiento, no va a ser reconocida ni aceptada por algunos pensadores, Nicol mismo comenta, respecto a la pretensión arrogante de algunos filósofos de considerar su pensar universal y supratemporal, que: “La filosofía, en cambio, parecía estar situada enteramente fuera del tiempo. Al examinar las cosas sub especie aeternitatis, el filósofo tenía la implícita creencia (llamada técnicamente dogmatismo) de que también su obra personal adquiría condición de eternidad. Cada sistema era, no sólo independiente de los demás, sino que pretendía excluirlos a todos, sin que esta pretensión pudiera justificarse, de manera positiva, con ninguna verificación.”, Ibíd., pp 30-31.

Explica también que: “La contradicción entre sus ambiciones de absoluto y su carácter histórico era flagrante. Si antes desconcertaba la multiplicidad de teorías, incompatibles unas con otras, que se anulaban unas a otras porque no tenían en común sino la ambición de ser únicas y absolutas, ahora, al comprobarse con la historicidad la interdependencia de unas con otras, lo que quedaba al descubierto era su falta de contacto con la realidad.  La interna relación histórica anulaba la objetiva relación epistemológica. Dicho de otro modo: cada sistema filosófico era una expresión personal del pensador y representaba solamente su punto de vista sobre lo real, su manera subjetiva de ver y entender las cosas, o la manera de entenderlas predominante en su tiempo.  Las teorías eran históricas como lo es el arte o la política, y ya no podían ser consideradas cada una aisladamente, sino todas en conjunto, como una unidad de un proceso.”, Ibíd., pp 31-32.    Coincidimos totalmente con esta idea, nos parece que efectivamente muchos de los filósofos son casi en su totalidad ingenuidad y arrogancia, pretensión injustificada al plantear sus propuestas conceptuales: filósofos de banqueta, saber volátil y frágil.  D.G.

[vii] Ibíd., p 36.

[viii] Ibíd., p 42.

[ix] La Pretensión de Verdad de Hempel.  D.G.

[x] Nosotros mismos nos encontramos bajo esa línea reflexiva.  Para quien escribe, es importantísimo examinar el saber, y a su vez verificar el referente empírico, a la hora de validar y retomar una postura conceptual.  Eso, la autocrítica y la conciencia social serán los rasgos que más buscamos y admiramos en un individuo, en un pensador y su obra.  D.G.

[xi] Ibíd., p 47.

[xii] Siguiendo con su crítica de la arrogancia filosófica, Nicol, p 61, escribe que: “La función analítica, sin la cuál no puede haber filosofía, a veces ignora cuáles son sus límites, se desprende de la realidad que era su objeto, y en su marcha desbordada produce monstruos de abstracción que ya no corresponden a cosa alguna. Cada nuevo matiz que se descubre en abstracto parece justificar una categoría diferente, y las múltiples divisiones y subdivisiones -todas plausibles en apariencia, porque las fabrica el entendimiento- parcelan el objeto y acaban por disolver su unidad.”.  Es decir, que muchos productos filosóficos pueden y deben de considerarse como edificios de papel rellenos de aire: mucha sistematicidad y lógica interna, pero alienados de lo fáctico y lo social, frágiles y fantasiosos; amén de irresponsables.  Irresponsables porque permiten en su pasividad metafísica, en su comodidad académica y paradigmática, permiten que se use lo metafísico para mantener ignorantes a las clases medias y bajas, ignorantes, explotadas y estupidizadas.  D.G.

[xiii] Ibíd., p 69.

[xiv] Ibíd., pp 78-79.

[xv] Pero siempre recordando que serán las cosas, el objeto, el referente empírico, el que decidirá la verdad o error de cada opinión.  D.G.

[xvi] Inmaterial, no espacial, intencional, opuesta a lo material, etc., pero principalmente la Mente como aquella facultad o característica que nos permite pensar, comprender, conocer, hablar, saber: el entendimiento, la fracción cognoscente de nuestro ser.  D.G.

[xvii] Díaz, Fundamentos Neurológicos y Psicológicos para la Investigación del Comportamiento Humano, p 5.

[xviii] Kandel, En Busca de la Memoria, p 499.

[xix] Ibíd., p 413.

[xx] Carlson, Fisiología de la Conducta, p 387.

[xxi] Estévez-González, et al., Los Lóbulos Frontales: El Cerebro Ejecutivo, pp 566-567.

[xxii] Ibíd., p 567.

[xxiii] Ibíd., pp 570-571.

[xxiv] Carlson, Fundamentos de Psicología Fisiológica, p 399.

[xxv] Lamote de Grignon, Antropología Neurofilosófica, p 462.

[xxvi] Estévez-González, et al., Los Lóbulos Frontales: El Cerebro Ejecutivo, pp 572-573.

[xxvii] Bunge, La Ciencia, su Método y su Filosofía, pp 39-40.

[xxviii] Estévez-González, et al., Los Lóbulos Frontales: El Cerebro Ejecutivo, p 574.

[xxix] Soriano, Guillazo, Redolar, Torras y Vale, Fundamentos de Neurociencia, p 316.

[xxx] Estévez-González, et al., Los Lóbulos Frontales: El Cerebro Ejecutivo, p 576.

[xxxi] No obstante, continúa siendo un esfuerzo explicativo insuficiente; ¿nuestra propuesta? Un esfuerzo dialéctico que combine, Filosofía con Psicología Fisiológica con Psicología Política. Así como lo Fisiológico explica aspectos que la Filosofía no puede, así también la Psicología Política de Wilhelm Reich aporta elementos que no son considerados por lo Fisiológico; por ejemplo, el fascismo, la explotación, no puede ser explicada por las Neurociencias, pero si es estudiada por Reich.  Así, lo multiperspectual, lo interdisciplinario es necesario si en verdad nos interesa estudiar y comprender a lo humano. En otro momento expondremos la aportación y capacidades de la Psicología Política de Reich.  D.G.

[xxxii] Carvajal, Apuntes de Psiconeuroinmunología, pp 4-5.

BIBLIOGRAFÍA.

  • Bunge, M.  (1976). La Ciencia, su Método y su Filosofía. Argentina, Ediciones Siglo Veinte.
  • Carlson, N.  (1996). Fundamentos de Psicología Fisiológica. México, Prentice-Hall Hispanoamericana. Tercera edición.
  • Carlson, N. (2007). Fisiología de la Conducta. Traducción de María José Ramos Platón, Carmen Muñoz Tedó y Fernando Rodríguez de Fonseca. Revisión técnica por María José Ramos Platón. España, Pearson. Octava edición.
  • Carvajal, J. (2000). Apuntes de Psiconeuroinmunología. España, Facultad de Medicina de la Universidad de Barcelona.
  • Díaz, J. (2008). Fundamentos Neurológicos y Psicológicos para la Investigación del Comportamiento Humano, apuntes para el Doctorado en Filosofía Gestalt. México, Universidad Gestalt de América.
  • Estévez-González, A. et al. (2000) Los Lóbulos Frontales: El Cerebro Ejecutivo. Revista de Neurología; 31 (6): 566-577.
  • Kandel, E.  (2007).  En Busca de la Memoria. Nacimiento de una Nueva Ciencia de la Mente. Traducido por Elena Marengo.  Argentina, Katz Editores. 1ª ed.
  • Lamote de Grignon, C. (2005).  Antropología Neurofilosófica: un Estudio Radical de la Conducta Humana desde los Automatismos Neonatales al Pensar Reflexivo Adulto. España, Editorial Reverté.
  • Nicol, E. (1997). Los Principios de la Ciencia. México, Fondo de Cultura Económica. Cuarta Reimpresión.
  • Priest, S. (1994). Teorías y Filosofías de la Mente. Traducción: Carmen García Trevijano y Susana Nuccetelli. España, Cátedra.
  • Soriano, C., Guillazo, G., Redolar, D., Torras, M. y Vale, A.  (2007). Fundamentos de Neurociencia. España, Editorial UOC.  Primera edición.

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