¿Hasta qué edad se considera Abuso Sexual?

Por: Nayelli Ramírez
Publicidad el 07/02/02 a 10:52:02 GMT-06:00

El abuso sexual por definición tiene que ver con el poder y existe en la medida en que hay poder relacionado con la dependencia. Mientras más edad tenga la víctima, mayores posibilidades existen de abrir el tema. Y en ese sentido es importante terminar con el mito de que mientras sea niñita es abuso, pero cuando es adolescente lo hace porque se acostumbró a tener relaciones sexuales.

El abuso sexual es el mismo, aunque se tenga 6, 14 o 18 años, incluso la mayoría de edad. Porque lo que indica abuso es el poder que tenga el abusador y puede incluir o no penetración.

La coerción y la asimetría de poder entre el adulto y el niño son factores fundamentales en la génesis del abuso sexual. La asimetría está basada en la diferencia de edad, la vulnerabilidad y la dependencia del niño, lo cual impide a este último participar en un verdadero intercambio y decidir libremente. Además los niños tienen, en relación con el adulto, experiencias, grados de madurez y finalidades muy diferentes.

Nuestra sociedad juega un rol importante como facilitadora de la emergencia del abuso sexual, tanto en el ámbito social como familiar.

Los  abusos  sexuales  extra  e  intrafamiliares

Para hablar de abuso sexual intrafamiliar, es decir, abuso sexual cometido contra un niño por un miembro adulto de la familia, se utilizará el término abuso sexual incestuoso, con el fin de dar a entender que tanto el abusador como el niño víctima están vinculados por lazos familiares, y el término agresión incestuosa, para insistir sobre el carácter forzado de la situación.

Cuando el agresor no pertenece al medio familiar del niño se hablará de abuso sexual extrafamiliar. El adulto agresor puede ser un sujeto totalmente desconocido para el niño, así como para su familia, o alguien conocido que pertenece al entorno del niño.

I.-Los abusos sexuales cometidos por desconocidos.

En esta forma de abuso, la característica central es que el abusador goza sometiendo a su víctima por la fuerza y el terror, haciéndole sufrir.

Además de las características antes señaladas, es posible señalar que generalmente, la mayoría de los casos de este tipo de abuso tienen como protagonista a un agresor de sexo masculino.

La calidad de la ayuda que se aporta a las víctimas, así como la plasticidad de la estructura familiar para hacer frente al drama sus hijos, son elementos fundamentales para la evolución y el pronóstico de este tipo de experiencias.

II. Los abusos sexuales extrafamiliares: el abusador conocido de la familia.

Esta situación tiene como protagonistas a niñas y niños agredidos sexualmente por un adulto que pertenece a su círculo social, y que por lo tanto es conocido de la familia. En algunas ocasiones estos delincuentes sexuales ocupan un lugar privilegiado que les da un acceso directo a los niños, motivo por el cual tienen un rol de carácter social y un poder que los hace depositarios de la confianza de los padres. En otras ocasiones estos delincuentes sexuales son sujetos que se infiltran en las familias ganándose la confianza de los adultos para lograr fácilmente el acceso a sus futuras víctimas.

Los sujetos implicados en estos casos son mayoritariamente de sexo masculino, con comportamientos sexuales pedófilos que manifiestan una estructura de personalidad perversa. Estos hombres presentan un interés sexual principal y casi exclusivamente hacia los niños, desde edades muy tempranas. Este interés sexual es de carácter obsesivo, lo que explica que algunos autores les llamen ” abusadores sexuales obsesivos” Estos sujetos evitan las relaciones sexuales con los adultos, y cuando las consiguen, se sienten insatisfechos, o se excitan con fantasías sexuales pedófilas.

III.- El abuso sexual intrafamiliar.

En esta situación el abusador es uno de los miembros de la familia del niño, que lo manipula utilizando su poder y su rol, pervirtiendo de esta manera las relaciones familiares.

La transgresión se produce en el interior de la matriz biológica y social de base que debería permitir al niño convertirse en una persona sana a nivel psicosocial.  Los niños no sólo sufren abusos de alguien de quien dependen vitalmente, sino, y esto es más grave aún, es más difícil que en los otros tipos de maltrato que puedan recibir entiendan éstos como una violencia o un abuso de poder por parte del adulto.

Por esto se encuentran en la imposibilidad de denunciar o desvelar los hechos fuera de la familia.

En resumen, las secuelas o consecuencias del abuso sexual en un niño son muchas y pueden servir como indicadores de tal situación; las repercusiones pueden ser a corto o largo plazo y son manifestaciones clínicas inespecíficas, difíciles de identificar como emergentes del abuso sexual:

Manifestaciones ansiosas y depresivas, sentimientos de inseguridad, terror (a la presencia de un adulto del sexo masculino) o a otras situaciones, cambios notorios en la personalidad y falta de confianza.
Evitación situaciones análogas al traumatismo.
Desarrollo de estados fóbicos o de pánico, miedos repentinos.
Tristeza, culpabilidad y vergüenza.
Modificación del comportamiento a nivel del sueño: pesadillas, insomnio, terrores nocturnos.
Trastornos de la alimentación: anorexia, bulimia compulsiva..
Trastornos de la actividad escolar: modificaciones bruscas de rendimiento, dificultad de concentración, negarse a ir a la escuela, mala integración.
A nivel social fugas, aislamiento de amigos y familia.
Agresividad excesiva, ira, hostilidad.
Abuso de drogas o alcohol, delincuencia.
Ideas o intentos suicidas o conductas autodestructivas.
En niños pequeños comportamientos regresivos, ej. mojar la
Cama.

Abuso sexual infantil

Durante los últimos tiempos mucho se ha escuchado acerca del abuso sexual infantil, pocos saben que éste es otra forma de maltrato   que   los   adultos   infringen   a   los   menores  y que trae devastadoras consecuencias a estos niños, durante esta etapa y en su consecutiva vida adulta. Lo que facilita la existencia del abuso de menores es el manto de silencio que logra imponer el abusador sobre su víctima, y si a esto sumamos el hecho de que la mayoría no deja rastros físicos, tenemos las condiciones ideales para que la situación se mantenga oculta y perdure por años. Por esto los profesionales que trabajan en esta área plantean como necesario sensibilizar a la gente para detectar a tiempo el abuso sexual infantil.

Dentro  del   maltrato  infantil   hay  que   diferenciar  entre:

Maltrato infantil ligado a la crianza y Maltrato infantil premeditado.

El primero es el maltrato dado al niño con el fin de corregir problemas conductuales, solucionar problemas de rendimiento y otros;  el   segundo   es  maltrato   malintencionado,  ocasionado   por adultos conscientes del daño que le hacen al niño y que disfrutan con él. Dentro de esta última categoría se ubica el abuso sexual infantil.

Según la  definición  de  la   OMS, la explotación sexual de un niño   implica  que  éste  es  “víctima de un adulto,  o  de  una persona evidentemente mayor que él, con fines de satisfacción sexual.  El delito puede tomar diversas formas: llamadas telefónicas obscenas,    ultraje    a    pudor,     voyeurismo,    violación,    incesto,

prostitución de menores”.

Todo abuso sexual, aunque sea sin violencia física, es forma de maltrato   psicológico,   que  tiene  alta  probabilidad  de producir

daños  en  el  desarrollo  y  salud  mental  del  niño/a,  los que pueden expresarse en edades posteriores y ser de difícil tratamiento

Interés excesivo o evitación de todo lo de naturaleza sexual.
Comportamiento seductor manifiesto.
Conocimiento y comportamiento sexual raro, sofisticado o inusual.
Relato de abuso sexual por parte del niño.
Decir que tiene el cuerpo sucio, dañado o tener miedo de que haya algo malo en sus genitales.
Juego sexual no apropiado a la edad.
Evidencia de abuso o molestias sexuales, por el contenido de sus dibujos, juegos o fantasías.
Formación precoz de parejas pasajeras.
Masturbación compulsiva.
Promiscuidad, prostitución.
Confusión en cuanto a la identidad y normas sexuales.
Repliegue de los amigos.
Desconfianza extrema.
Por último también hay consecuencias físicas en el niño abusado sexualmente:

Dificultad para caminar o sentarse.
Dolor, hinchazón o picazón en la zona genital.
Dolor al orinar.
Enfermedades transmitidas sexualmente.
Contusiones, laceraciones, sangramiento en los genitales externos, vagina o área anal.
Embarazo, especialmente en la adolescencia.
Conclusión.

Generalmente  las   personas  creen  que  el  abuso  sexual  es cometido por adultos desconocidos por el menor, sin embargo, en la realidad   podemos   observar   que   la   mayoría   de  los  abusos son realizados por personas conocidas por la víctima e incluso pueden ser los  propios  padres  del  niño  quienes  sean  los  abusadores, esto se paría  porque  en   ciertas   condiciones   el   sistema   familiar,  cuya  finalidad consiste en asegurar la vida y la socialización de todos sus miembros, funciona de tal modo que los intereses de los adultos se dan como prioritarios y urgentes en desmedro de los intereses de los menores.

A la vista queda entonces, el fundamental papel que, como profesionales,  jugamos  en  este  fenómeno,  y la responsabilidad de toda la sociedad en reconocer tal flagelo.

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