GESTALT y VANGUARDIA

Lidia Mónica Martínez  es alumno de la Universidad Gestalt cursando la Maestría en Psicoterapia Gestalt
azul.martinezcafiso@gmail.com


GESTALT y VANGUARDIA

La importancia de volver a valorar al individuo como una persona integrada a través de un trabajo a nivel corporal, psicológico y espiritual constituye un proceso único, congruente y pertinente a favor del crecimiento del individuo.

Reconocer la existencia de nuevas posibilidades o síntesis a través del contacto. Un contacto que según el caso se logra en la zona externa o en la zona interna. El irnos por las ramas es perdernos en la zona intermedia al errar el contacto. Es por ello, que podemos decir que el ser humano es una persona o ser relacional, consigo misma y con los otros en su ambiente. ¡Qué importante el darnos cuenta al comprender de nuestro ser-en-relación!

La actitud, que contiene la voluntad, es imperante en el desarrollo del proceso de madurez de un individuo. Ello se refleja en la praxis durante la psicoterapia con enfoque Gestalt. Un enfoque que constituye una única Gestalt y no un mero conjunto de enfoques. Un enfoque dirigido al despertar de la consciencia, del darse cuenta. Un enfoque que trasciende las formulaciones teóricas sobre sí mismo donde el self (sí mismo) cumple un papel fundamental en este escenario terapéutico como resultado de una compleja interacción entre un organismo y un ambiente en el marco de un contexto real.

¡Qué maravilla la aventura de tener la posibilidad de vincular elementos ya presentes (y que no siempre vemos o consideramos) que se unen en conjuntos nuevos para producir relaciones de síntesis en el individuo! ¡Es seguir abriendo y expandiendo nuestras experiencias en el mundo! ¡El nuestro personal!

¡Qué esperanzadora, y no sólo ello sino real, la posibilidad con la que cuenta cada ser humano que se abre a la experiencia de seguir creciendo y madurando! Una experiencia que muchas veces se refleja a través de una crisis en la cual va perdiendo la esperanza y va viendo su existencia a través de lentes oscuros. Una experiencia hacia el aprendizaje que es propio de quien la vive y con un propósito concreto para el sujeto. Un aprendizaje en su propia vida al no quedar paralizado.

¡Si no hay contacto, no hay experiencia! Y a lograrlo se apunta durante el acompañamiento de un paciente en su proceso continuo de autoconocimiento y realización.

Hoy vivimos en una sociedad donde prima más el miedo que la esperanza de ahí la importancia de tomar nuestras propias riendas con libertad y responsabilidad. Riendas que influyen en nuestro propio desarrollo como ser en el mundo, y que a su vez, lo influyen en un juego de interacción muy definido e inevitable al mismo tiempo.

Este análisis me invita a volver a las preguntas más íntimas y genuinas del hombre: ¿Quién soy? ¿Cuál es mi propósito en la vida? ¿Qué está en mis manos para lograr mejorar la calidad de mi vida y un cambio hacia el bien común? Siento y considero que el responderlas depende del grado de  mis (nuestras) vivencias las cuales reflejan el grado de consciencia en cada aquí y ahora.

Al irnos conociendo cada vez más, como un camino hacia nuestro crecimiento y desenvolvimiento, vamos tomando cada vez más fuerte nuestras riendas, las riendas de nuestra vida personal en relación. Tomar las riendas al ir eligiendo: la posibilidad de elección que se encuentra en el contexto de nuestra experiencia humana donde cada decisión implica renunciar a otras posibilidades.

Si no elegimos ¿Cuál es el significado de nuestra vida en este momento? Es en el encuentro psicoterapéutico con enfoque  Gestalt donde el objetivo es invitar al otro a una experiencia vivencial y de reflexión en función del motivo de consulta y su detonante; una experiencia al elegir lo más adecuado para su bienestar en ese momento existencial y situacional.

¿Qué damos y qué recibimos de la vida? Interesante interrogante como un medio para accionar con más consciencia, expansión y presencia al ir siendo más de lo que somos.

El terapeuta Gestalt, en su praxis, uno de los medios más importantes a considerar es que se trata de una persona y profesional que acompaña y facilita al paciente en su proceso hacia el darse cuenta a modo de una partera para que vaya aplicando el arte de hacer emerger el Daimon del paciente; es decir,  el propio saber que hay en él. Ese diálogo específico a modo de una danza como interacción entre el terapeuta y el paciente donde el ritmo lo lleva este último. La sabiduría está en el paciente. El terapeuta aplica los recursos de acuerdo el momento de la sesión donde  lo que predomina dentro de este marco son la creatividad y la copresencia de la vacuidad en el actuar como acción y no como un mero acting-out.

Entonces, ¿Cuál es el para qué máximo de  la terapia con enfoque Gestalt? Me atrevo a sintetizarlo: es lograr ser en el punto cero, lograr nuestra homeostasis y nuestro centro… nuestro autoapoyo. En ese momento ya no prevalecen las interferencias ya sea en forma de creencias propias o de circunstancias externas donde la terapia favorece hacia este resultado desde su enfoque integrativo. Enfoque que invita a integrar las dialécticas en nuestro propio mundo, al tratarse de complementos y ya no de contraposiciones. Un enfoque, un modo de hacer que permite la reconexión con el flujo de la experiencia desde el trabajo de estar presente en el presente y a tolerar lo desconocido al renunciar al control.
Universidad Gestalt (http://www.gestalt.mx)

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Referencia Bibliográfica

Naranjo C. (2013). Gestalt de Vanguardia. Barcelona: Ediciones La Llave.

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