GESTALT Y CONTEMPLACIÓN

Martha Beatriz Arellano Pozo

martaarellano@prodigy.net.mx

¿Te has puesto a pensar alguna vez sobre la enorme influencia que tiene la espiritualidad en la cura del estrés? Pues para sorpresa de muchos, diversas prácticas médicas han demostrado que aquellas personas que tienen fe encuentran una  fuente abundante que alienta la paz de su alma . Esta paz y esta serenidad interior generan un equilibrio que trae una sensación, de control y seguridad que representa una poderosa herramienta contra el estrés.

Sin embargo, para bien o para mal este es el único recurso que no se vende en pastillas ni puede ser aplicado en inyecciones, su semilla anida por naturaleza en cada ser humano y quien logra descubrirlo tendrá que ponerlo en práctica para lograr un crecimiento interno así como tener una gran sensación de plenitud y una sensible mejoría en su calidad de vida.

En lo personal, al estudiar la Maestría en Psicoterapia Gestalt lo hice con el interés de no sólo ofrecer una ayuda meramente psicológica sino incluir la dimensión espiritual y así, cubrir con todas las dimensiones que abarcan al ser humano: cuerpo, sentimiento, mente, su relación con los demás y su espiritualidad, relación con Dios.

El hombre de hoy, desde todos los estratos y esferas sociales, aspira oscuramente a trascender el “mentalísmo00”, es decir, la enfermedad que lo intelectualiza todo y reduce la realidad, tan fascinante e imprevisible, a unos cuantos esquemas, de los cuales no es lícito salirse. El hombre auténtico está aprendiendo rápidamente que aún no lo sabe todo, que hay muchas dimensiones de la existencia que aún ignora. Está aprendiendo la sabiduría y la humildad del saberse darse cuenta de saber despertarse. Cuando este darse cuenta se eleva en intensidad y calidad, se convierte en una aspiración ardiente que busca por todas partes, y aun exige, una respuesta desde lo más profundo del ser.

La contemplación no es para huir, sino para ser. Enseñar a vivir nuestra vida cotidiana de un modo más sencillo, gozoso, feliz y más lleno de esa paz y serenidad que constantemente añoramos. Enseña a poner los medios que nos llevarán a descubrir una relación más profunda con Dios, con los demás, con el trabajo, con las cosas etc. La finalidad de facilitar la práctica de este camino de transformación y desarrollo del hombre interior. Así llegará a ser realidad esa aspiración nuestra de vivir cada día más en profundidad, armonía y plenitud y de con-vivir más jugosa y cordialmente con todo lo que nos rodea. Nuestra vida de cada día podrá ser poco a poco más contemplativa. Una vida con hondura y riqueza interior, abierta a una presencia y transparencia de Dios, “en quien vivimos, nos movemos y existimos” (He 17-28)

Todos sabemos por experiencia lo problemática que es nuestra existencia. Más que vivirla nosotros, con sus riendas en nuestras manos, somos y nos sentimos víctimas pasivas de ella. Una vida que en muchos casos no sabemos vivir; y que por eso mismo, tememos, sufrimos y, si pudiéramos huiríamos de ella.

Las circunstancias nos empujan constantemente a correr, a rendir lo más posible; a luchar por tener y acumular, y a procurar sobresalir a costa de todo y de todos.

Estas circunstancias ambientales provocan una vivencia interior que nos distorsionan y nos rompen por dentro.

Lo que en realidad constituye nuestra propia existencia no es tanto la situación que vivo cuanto mi propio modo de verla, sentirla, interpretarla y vivirla. La vida no es algo que esté ahí, fuera de mí, y que no tenga que resignarme a vivir. La vida mi auténtica vida, está dentro de mí; y soy yo el que puedo mirarla, observarla, descubrirla, desarrollarla y hacerla crecer en todos sus aspectos y posibilidades.

Una observación realista y simple de nuestra existencia nos podrá descubrir que como vivo “no vivo”, porque mi vida es con frecuencia superficial, dispersa, tensionada, angustiosa y llena de preocupaciones. De esa observación puede brotar la añoranza instintiva de otra forma de vivir más profunda, más en armonía, más pacifica y serena, más gozosa.

Es necesario tomar conciencia de la realidad que vivo ahora para que pueda despertar en mi esa sed, esa ardiente aspiración a vivir de otra manera.

La felicidad, la paz, la armonía la llevamos dentro de nosotros. Nuestro ser esencial, Dios, constituyen nuestra auténtica vida.

Necesitamos aprender a vivir desde el núcleo más íntimo de nuestro ser.

Abrir nuestra mente y nuestro corazón al Centro de nuestro centro, al Ser divino. Necesitamos hacernos transparentes a Él.

Necesitamos aprender a convivir. Convivir con los demás con un corazón grande y pacificado y con una mente comprensiva y libre de prejuicios.

Hemos de descubrir un modo de vivir en donde nuestro servicio y entrega sea el amor, donde nuestros gestos y palabras sean transparencia de luz y serenidad, donde nuestro ser sea oración.

Vivir desde nuestro ser esencial es nuestra auténtica realización y plenitud. Es llegar a integrar y armonizar todo los niveles de nuestra persona, cuerpo, afectividad, mente, corazón….con la fuente de nuestra vida, nuestro espíritu. Y más aún vivir nuestro ser esencial como enraizado en el único manantial de vida, de luz y de amor, que es Dios.

Veamos entonces ¿qué es la contemplación? Con-templo, entrar en el templo, entrar en lo sagrado de todo, sintonizar con lo sagrado de todo, relación profunda con todo. La contemplación es estar cara a cara con  el Ser Divino, en un silencio total.

Otra modalidad es el método de la contemplación en los Ejercicios Espirituales de San Ignacio es la “contemporaneidad del Evangelio”. La Contemplación es el esfuerzo que llevamos a cabo por medio de los sentidos y la imaginación, en la fe, para hacer actual el Evangelio: revivir una escena del Evangelio tomando parte en ella como ocurriera hoy y cada uno de nosotros participara en ese acontecimiento.

En la contemplación se trata, por lo tanto, de adentrarse –hacerse presente- en el cuadro del pasaje evangélico: a la orilla del lago, dentro de una sinagoga etc. observar los personajes haciendo que Cristo permanezca en el centro de nuestra atención; escuchar las palabras que se dicen; ver los actos que se hacen; etc.

No se trata de entender, interpretar, ni tomar forzosamente una lección para el propio comportamiento. Se trata de utilizar los sentidos para conocer al Cristo presente.

La finalidad de la contemplación no es encontrar grandes claridades en cuanto al mensaje, sino una vez entendido, gustarlo, saborearlo y disfrutarlo. Es decir, que el mensaje baje de la cabeza al corazón (Luis Valdez, SJ, 2003)

Si observamos ambos métodos de contemplación tienen mucho que ver con el enfoque Gestalt se centran en la experiencia del aquí y ahora, en el presente. Utilizan los sentidos y la imaginación para vivenciar el momento con el corazón y no con la mente .

La oración no es algo que nosotros damos a Dios (no hay nada que podamos darle); es más bien abrirle el corazón para que El se nos pueda dar.  Dónde se abre más nuestro corazón sino en las profundidades de nuestro más íntimo ser donde nos sentimos más hondamente tocados-allí donde verdaderamente somos nosotros mismos, en ese último rincón donde cada uno es único.

Aprender a vivir profundamente consiste en:

Sentirse: el cuerpo, los sentidos

Vivenciarse: la vivencias, los sentimientos, las emociones, los estados de ánimo.

Conciencia de sí mismo: Atención central

Vivir en el presente : no en el pasado, no en el futuro.

Vivir en mi centro personal desde el centro de mi Ser

Aprender a con-vivir: La relación con otros es constitutivo de ser persona. Así toda relación puede convertirse y transformarse en encuentro

Aprender a compartir: Poner en común lo que cada uno es, lo que cada uno tiene.

Qué necesito para vivir profundamente?

Uno de los elementos esenciales a lo que Manuel Fernández Márquez llama “tiempo de ser”, es un espacio de tiempo dedicado a darme cuenta de que soy, de que existo, de que vivo aquí y ahora en medio de estas circunstancias concretas.

Se trata, pues, de un despertar a mí mismo y procurar ser consciente de lo que estoy viviendo en este momento presente.

Esto debería ser ordinario en mi vida. Pero no es así. Estoy disperso, distraído, en otra cosa y en otro momento del aquí y ahora. No estoy donde estoy. Por eso he de aprender a estar donde estoy con todo mi ser.

La práctica programada y ordenada de estar donde estoy con todo mis ser es, pues, a lo que al autor llama “tiempo de ser”. En terapia Gestalt sería estar en contacto.

En Eclesiastés nos dice que cada cosa tiene su tiempo y que hay tiempo para todo. ¿Será posible vivir cada momento con paz y serenidad haciendo lo que estoy haciendo?

Todo el sentido de nuestra vida parece que lo recibimos de la cantidad de trabajo que realizamos. Cuanto más  trabajamos estamos más satisfechos de nosotros mismos. Claro está que esa satisfacción es sólo aparente si, a al mismo tiempo que nos entregamos a ese trabajo agotador, estamos desquiciados, de mal humor y contrariados por tanto trabajo.

No encontramos tiempo para vivir…Y eso es lo que se busca en el “tiempo de ser”, Vivir. No se trata de un espacio o de un tiempo “en blanco” donde no haya actividades.

El tiempo de ser es un modo de estar y de situarse en la vida, es un modo de vivirme.

Se trata de estar presente en cada momento, en cada situación todo yo, con todo mi cuerpo con todos mis sentidos, con toda mi mente, con todos mi corazón, con todo mi ser. En el “tiempo de ser” ponemos todo nuestro interés en vivir conscientemente todo lo que hacemos, pensamos, sufrimos o gozamos.

Se trata hacer las cosas consciente, atento y despacio, para poder vivir el trabajo y la acción con todo mi ser de modo creativo, vivencial y gozoso.

La prisa es una violencia contra el ritmo propio del tiempo. La ansiedad seca la vida del hombre y la reduce a un mero ir y venir superficialmente tensionado y vacío de sentido. La dispersión divide nuestra atención y nos saca de la realidad.

Por eso hay que superar la prisa, la ansiedad y todas aquellas actitudes que nos empujan a pasar por la vida superficialmente, tensionados, agobiados y desquiciados (Manuel Fernández Márquez , 1988)

Según John Powell, (1989) los síntomas de que un espíritu ha caído enfermo  es el alimentarnos con rencores, guardando resentimiento hacia muchas personas, encontrando poco sentido a la vida o a la actividad humana, cuando resulta difícil disfrutar, somos débiles cuando se necesita fuerza y nos convertimos en quejicas y acusadores…; en suma, estamos visiblemente desprovistos de lo que la Escritura llama los dones del Espíritu Santo: amor o caridad, felicidad, paz, paciencia, amistad, amabilidad, lealtad, benevolencia y autocontrol.

Alguien ha sugerido que, cuando Dios nos creó, nos hizo como el queso suizo: llenos de agujeros que sólo Dios puede llenar. Si no le pedimos a Dios que llene nuestro vacío, en vano intentaremos llenarlo nosotros mismos.

Powell, afirma: “Si alguna vez se me ocurriera negar la importancia de la fe y de la oración, tendría que negar mi propia experiencia.”

El tiempo de ser nos va desvelando el secreto de la vida, de modo que cada actividad, trabajo o circunstancia cobran un sentido nuevo una hondura distinta, al mismo tiempo que nos va abriendo al misterio de la vida, que es Dios en la intimidad de cada ser.

Esto no significa pretender hacer las cosas de “modo perfecto”, imposible a todas luces, sino hacerlas lo mejor que puedo, con los cinco sentidos y con toda el alma.

Este estar donde estoy es procurar estar presente “aquí y ahora”. El pasado y el futuro me impide centrar toda mi atención  en el presente, en el ahora, que es el único momento que tengo para vivir lo mejor que tengo, en plenitud. Puedo ir dando pasos hacia esa plena presencia de mí mismo en cada momento.

Así se irá transformando mi vida por dentro y por fuera. Por dentro, porque viviremos más profundamente, más en armonía y más en plenitud. Por fuera, porque nos abriremos con nuestra mente, con nuestro corazón y con todo nuestro ser a la realidad que nos rodea en cada momento, siendo más sensibles a las personas, al trabajo, a las cosas, a los problemas de cada circunstancia real que estamos viviendo (Manuel Fernández Márquez , 1988).

Desde la perspectiva espiritual, la Gestalt humana tiene rasgos divinos. Dios lo ha creado, según la Biblia, a imagen y semejanzas suyas. No sorprende, por tanto, el enorme potencial que posee para una creciente integración, un constante desarrollo y una realización que supera toda imaginación.

Un aspecto central de ese desarrollo, que ha sido asumido como uno de los objetivos principales de la terapia Gestalt, consiste en reaprender a vivir y gozar el presente. El progreso técnico e industrial de los tiempos modernos han alejado al ser humano de los hábitos más vitales como sentir, darse cuenta, entrar en contacto con el ambiente y con los demás ser responsable…

La Gestalt anima los procesos de sentir, de darse cuenta , de la acción y del contacto por medio de la relación personal. Bajo el influjo de Martín Buber, el terapeuta Gestalt tiende hacia el logro de la relación Yo-Tú con la persona.

El concepto de persona que este tipo de terapia utiliza no es lejano del propuesto por la Biblia. Según la Gestalt cada quien encarna una forma original, libre y responsable.

Hoy se habla mucho de vivir una espiritualidad integradora, que unifique la vida y la oración, la soledad y la convivencia, el trabajo y el ocio, lo sacramental y lo profano, la vida y la muerte, la luz y las tinieblas, el dolor y la alegría, el cielo y la tierra….

El hombre esta llamado hoy, de un modo urgente, a vivir en su propia existencia esta integración. Él, en sí mismo, tiene en su realidad personal, en su naturaleza concreta, estas dos dimensiones, estas dos facetas, que debe vivir unificadas e integradas, si no quiere seguir caminando de un modo desquiciado, estresado y superficial (Manuel J. Fernández Márquez, 1994)

Dentro de su unidad, como la tierra, la figura humana tiene dos polos o polaridades con sus opuestos: pasivo-activo, blando-duro, etcétera. Cuanto más dialogan estas polaridades, tanto mejor se integran la personalidad y tanto mayor es su desarrollo y realización.

La Terapia Gestáltica es un enfoque existencial, lo que significa que no nos ocupamos únicamente en tratar los síntomas o estructuras de carácter, sino más bien de la existencia total de la persona. Se ocupa no tanto de los síntomas patológicos, sino de problemas existenciales y de la persona en su totalidad. Para poder contemplar se toman en cuenta todas las dimensiones que componen al ser humano: cuerpo, sentimiento, mente, la relación con otros y su relación con Dios.

La apertura espiritual de la Gestalt proviene, tal vez con mayor penetración del influjo de Martín Buber. Según este místico judío, la persona se hace persona en la relación Yo-Tú, pero no se realiza plenamente si no es mediante la relación con el Tú eterno.

Bibliografía:

  • González Luis Jorge. “Vivir y Gozar el Presente”. Ed. Durelo. México, 2008.
  • Powell John. “La Felicidad es una Tarea Interior”. Ed. Sal Terrae. España, 1996.
  • Fernández Márquez Manuel J. “Vida y Contemplación”. Ed. Paulinas. España, 1988.
  • Fernández Márquez Manuel J. “Sabiduría del Corazón”. Ed. San Pablo. España, 1994.
  • Larrañaga Ignacio. “Del Sufrimiento a la Paz”. Ed. San Pablo. México, 2003.
  • Luis Valdez Castellanos S.J. “Preparar el Corazón”. Ed. Buena Prensa. México, 2003.
  • Perls Fritz. El Enfoque Gestáltico y Testimonios de Terapia. Ed. Cuatro Vientos. México, 2008.
  • Salama Penhos Héctor. “Gestalt de Persona a Persona”.Ed. Alfaomega. México,2008.

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