Evaluación del aprendizaje por competencias

Por: Angélica Yolanda Rodríguez Gutiérrez, egresada del Doctorado en Innovación y Administración Educativa en la Universidad Gestalt.

En el ámbito de la educación, el tema de la evaluación ha sido una de las constantes preocupaciones entre los involucrados: alumnos, padres de familia, el cuerpo docente y los directivos, ocupan gran interés en la forma en que se evalúa al estudiante.  En general se considera que dependiendo del manejo de la política de calificaciones que lleve a cabo una institución educativa, ésta refleja las concepciones que sobre el aprendizaje que tiene y la calidad en su educación.

Al analizar lo anterior, se pueden formular una serie de preguntas que ayuden a comprender el tema: ¿qué evaluar?,  ¿para qué evaluar?,  ¿quién evalúa?,  cómo evalúa?

Si nos remontamos a su raíz, la palabra evaluación (el acto de señalar el valor de una cosa) de acuerdo con Pimienta (2008), procede del antiguo francés valere (ser fuerte, tener valor).  De ahí que se traduzca el término como la acción y efecto de evaluar lo bueno o malo de las personas o cosas.

Ralph Tyler (1902-1994) es a quien se le atribuye haber acuñado el término evaluación educacional, es por ello que se le conoce como “el padre de la evaluación educativa” y la historia marca un antes y después de los estudios de ésta.

La evaluación, conforme Pimienta (2008, p. 5) “implica un proceso sistemático, riguroso en cuanto a la obtención de los datos que se van a interpretar para que, con base en la comparación, seamos capaces de emitir un juicio de valor con el objetivo de perseguir la mejora del objeto evaluado”.

Considerando lo anterior, se puede establecer que la evaluación es un medio de aprendizaje, ya que “en la educación por competencias, la evaluación debe ser una experiencia integradora de desarrollo, que permita al estudiante ampliar sus propias fortalezas” (Argudín, 2005).

En este sentido, también existe la preocupación por que las calificaciones que se asignen reflejen lo aprendido en clase, no solamente cuantitativamente -la “nota”, que finalmente es la que importa a los alumnos, a la mayoría de los padres y a las autoridades- sino también cualitativamente -a través del desarrollo de competencias- aunque en algunos casos se empleen métodos meramente subjetivos (por simpatía o amistad) que influyen en dichas notas.

“Reconocer en las calificaciones una función informativa. Cuanto más informativas resulten éstas, tanto más cumplirán su auténtica función en todo el proceso de evaluación y más y mejores consecuencias educativas se pondrán extraer de ella” (Zabalza, 1994, p. 114).

Asimismo en el entorno virtual, se da énfasis en la evaluación del aprendizaje por competencias, donde los facilitadores en línea, al igual que los presenciales, deben deslindar sus juicios de valor en las calificaciones que asignan, aun cuando algunos manifiestan tener un cierto sentimiento de  culpabilidad por reprobar alumnos que en el examen se “bloquearon” y no alcanzaron el puntaje requerido. “La culpabilidad constituye una preocupación emocional fundamental para los profesores” (Hargreaves, 2005, p. 166).

De acuerdo con Tobón (2006), la evaluación virtual no es una tarea puntual de un momento, como sí ocurre con la evaluación tradicional, sino que es todo un proceso que implica definir con exactitud las competencias a evaluar con sus respectivas dimensiones, construir los resultados de aprendizaje para evaluar las competencias de forma integral con criterios académicos y profesionales.

Otro aspecto importante se refiere a definir el tipo de evidencias que se deben de presentar para llevar a cabo la evaluación, establecer las estrategias e instrumentos para la evaluación, analizar la información con base en los resultados de aprendizaje, determinar fortalezas y aspectos a mejorar, retroalimentar de forma oportuna a los estudiantes y generar un espacio de reflexión en ellos tanto sobre el proceso como en torno a los resultados de la evaluación, con la posibilidad de cambiar los resultados de acuerdo con los argumentos que ellos mismos presenten.

En consecuencia, la evaluación del aprendizaje por competencias deberá reunir las siguientes características:

1) Ser un proceso dinámico y multidimensional que realizan los diferentes agentes educativos implicados (facilitadores, estudiantes, la institución y la propia sociedad).

2) Tener en cuenta tanto el proceso como los resultados del aprendizaje.

3) Ofrecer resultados de retroalimentación de manera tanto cuantitativa como cualitativamente.

4) Tener como horizonte el servir al proyecto ético de vida (necesidades personales, fines, etc.) de los estudiantes.

5) Reconocer las potencialidades, las inteligencias múltiples y las zonas de desarrollo próximo de cada estudiante.

6) Basarse en criterios objetivos y evidencias consensuadas socialmente, reconociendo además la dimensión subjetiva que siempre hay en todo proceso de evaluación; se vincula con la mejora de la calidad de la educación ya que se trata de un instrumento que retroalimenta sobre el nivel de adquisición y dominio de las competencias y además informa sobre las acciones necesarias para superar las deficiencias en las mismas (Tobón, Pimienta y García, 2010).

Por otro lado,  las  calificaciones escolares  como  elementos  tan  propios  de  la  dinámica educacional, son en varias ocasiones, expresiones de juicios de valor, que resumen y comunican el proceso de evaluación de los aprendizajes y  que tienen importantes consecuencias psicológicas y sociales. Esto obliga  a considerar que la asignación de puntajes o de notas no sea un evento aislado, sino que tiene un “antes” y un “después”. De este modo es posible dar significancia y alcances verdaderamente pedagógicos al proceso de la evaluación de los aprendizajes.

En cuanto a la aportación de la presente investigación, se considera de gran importancia el desarrollo de competencias y la adaptación del profesorado a la innovación educativa como medio de actualización, ya que son precisamente los maestros quienes deben generar el cambio educativo, incorporando estrategias de enseñanza que involucren las más innovadoras tecnologías, ya que de no hacerlo, sus alumnos tendrían una clara desventaja ante una sociedad cada vez más dirigida e influenciada por los medios digitales, siendo el principal, las redes sociales.

Referencias

 

Argudín, Y. (2005). Educación basada en competencias: nociones y antecedentes. Distrito Federal, México: Trillas.

Hargreaves, A. (2005). Profesorado, cultura y postmodernidad (Cambian los tiempos, cambia el profesorado). España: Ediciones Morata, S. L.

Pimienta, J, H. (2008). Evaluación de los aprendizajes. Distrito Federal: Pearson.

Tobón, S. (2006). Competencias en la educación superior. Políticas de calidad. Bogotá, Colombia: ECOE.

Tobón, S., Pimienta, J., y García, J. A. (2010). Secuencias didácticas: aprendizaje y evaluación de competencias. Distrito Federal, México: Pearson.

Zabalza, M. (2006). Competencias docentes del profesorado universitario. Calidad y desarrollo profesional. Madrid, España: Narcea.

 

 

 

 

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