En-sueños. 2a parte: “El andar onírico del alma.”

En-sueños. 2a parte: “El andar onírico del alma.”

Por: Psic. Giuseppe Olav Ortiz García.

Coordinador del Área de Humanidades de la Universidad Gestalt.

En la cosmovisión de algunos pueblos autóctonos del territorio mexicano, se guarda una perspectiva muy particular sobre la composición del ser humano.

Sin entrar en detalles, podemos notar la coincidencia que tenían al respecto de que, en el ser humano convergían un cuerpo biológico, con tres entidades anímicas; algunas culturas las ubican todas dentro del corazón (aunque con ciertas particularidades cada una), otras las diferencian “habitando” en la cabeza, el corazón y el hígado, por ejemplo.

Una de estas entidades anímicas (desde la perspectiva Tzeltal), se llama ch’ulel, se dice que en el reside la memoria, los sentimientos y las emociones, además de ser el responsable de los sueños. Quienes describen su aspecto, coinciden en que su perfil es el de un cuerpo humano, pero “sin carne ni huesos”, una mancha oscura, una sombra espesa. Pitarch (1996: 35)

Desde esta concepción del ser humano, los sucesos y escenas del sueño no son sino el recuerdo de las experiencias del ch’ulel, lo que este ve y oye en sus excursiones nocturnas. Durante el sueño, este es capaz de percibir y ver cosas que en la conciencia de vigilia, no alcanza a percibir.

En efecto estas culturas creen que las salidas del alma ocurren ocasionalmente durante la vigilia, en condiciones como la embriaguez, y generalmente durante el sueño, en tanto que esta actividad es por definición “el andar onírico del alma”.

Así la conciencia de vigilia y el sueño, comparten un estado de realidad, ya que en ambos casos, las almas realizan actividades de la misma naturaleza: piensan, hablan, actúan. La diferencia radica en la perspectiva desde la cual se mira, pues en la vigilia, las almas están dentro del cuerpo, mientras que durante el sueño, se “liberan” de este soporte material.

“Los rarámuri interpretan esta discrepancias no como evidencia de la irrealidad de los sueños, sino de las limitaciones de la vida al estar despierto […] pues en los sueños las almas pueden “volar”, “viajar ligeras”, y, quizá lo más importante, tener encuentros con la divinidad, los muertos y otros seres no-humanos que escasamente aparecen durante la vigilia.” Martínez (2010: 253)

En el documental: “Chamanes, una tetralogía sobre el chamanismo en México”, se le dedica toda una parte al fenómeno de los sueños, entrevistando algunos ensoñadores que relatan sus experiencias en esta realidad de la existencia.

Uno de ellos (un simpático anciano), relata como realiza “curaciones a distancia”, en un caso en el que su alma tuvo que viajar hasta “las canadas”, a visitar a un joven para sanarlo. El mismo entrevistado comenta que en sueños el alma se “desprende” del cuerpo y viaja; sin instrucción, puede vagar por las zonas aledañas, pero con la instrucción y el entrenamiento adecuado, el alma se dirige a realizar las acciones conscientes que sean necesarias.

El sueño, laguna de misteriosos influjos, estanque a veces apacible, otras tempestuoso, en donde al sumergirnos y llegar a su fondo, descubrimos el suelo acuoso como superficie de un cenote que se encuentra del otro lado de esta realidad…

(Continuara…)

Giuseppe Olav Ortiz García  es coordinador del área de humanidades de Universidad Gestalt (http://www.gestalt.mx) su correo es gortiz@gestalt.mx

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Bibliografía:

v  Fagetttti, Antonelllla. Iniciaciones, trances, sueños… Investigaciones sobre el chamanismo en México. Instituto de Ciencias Sociales y Humanidades de la BUAP / Plaza y Valdés, México, 2010.

v  López Austin, Alfredo. Cuerpo humano e Ideología: las concepciones de los antiguos nahuas, México, UNAM, 1980, 2 vols. 490 pp., ils. cuadros, mapas.

v  Pitarch Ramón, Pedro. Ch’ulel: Una etnografía de las almas Tzeltales. F.C.E. México, 1996.

ü  Ilustración: Acuarela por Lora Zombie.

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