El olvido: Que no se olvide. 3ª parte.

El olvido: Que no se olvide. 3ª parte.

Por: Psic. Giuseppe Olav Ortiz García.

Coordinador del Área de Humanidades de la Universidad Gestalt.

Hay que recordar olvidar; aunque también, no hay que olvidar recordar.

Existe este intento que se trasluce a través del esfuerzo de la humanidad de distintas culturas, de construir un puente (a la usanza de la torre de babel), que junte al cielo con la tierra. Estas comunicaciones entre la región celeste y la telúrica, fueron interrumpidas en determinado momento en que la raza parpadeó, y perdió la visión florida, no fijada en dualidades, ni opuestos.

A raíz de este momento (retratado en la historia mítica de la “caída”), el ser humano se ha tenido que esforzar, de distintas maneras, por revincularse desde su cotidianidad, con aquellas regiones que antaño no estaban escindidas.

Se le conoce a aquel tiempo, como un tiempo mítico, paradisiaco, en donde las comunicaciones entre el cielo y la tierra no estaban interrumpidas, y los dioses y los hombres platicaban como hermanos, como familiares de la misma estirpe cósmica.

Por suerte, hay ingenieros, arquitectos que han elucubrado puentes entre esta realidad y aquella, para entablar de nuevo este contacto directo. Han ingeniado (siempre con ayuda del arquitecto del universo me parece), modos y maneras que llamamos rituales, para reestablecer estas comunicaciones. Han ensoñado las historias que conocemos como mitos (si es que no han quedado asentados en las piedras, en las estrellas, en la naturaleza del misterio, para ser leídas con los lentes del espíritu), recordándonos así, la historia de la creación, y nuestra emergencia en este mundo.

De tal modo, recordamos a través de los mitos, de los rituales, de la cosmogonía, el camino de regreso a la fuente de la que emana todo lo conocido y lo desconocido también, y a la cual, todo retorna eternamente.

La función de “repetir”, de “recordar”, un acto primordial, arquetípico, involucra, desde Eliade (1979: 352), la trascendencia del tiempo y el espacio profanos, de tal manera que a través de ésta repetición de los mitos y los rituales ceremoniales, el ser humano es arrancado al devenir profano y recobra el gran tiempo.

Así comprendemos como son los mitos revelaciones, pues revelan las fuentes del misterio como vuelven a velar la consciencia cósmica, ya que cualquiera que sea su naturaleza, enuncian un acontecimiento cosmogónico, ejemplar para todas las acciones y situaciones que más tarde repitan estos acontecimientos.

Siendo los referentes de las primeras acciones y situaciones cósmicas, enmarcadas en un tiempo mítico, a través de la ceremonia (como en lo que se puede convertir cualquier situación en la existencia), constituyen el acto mismo por el cual el espíritu trasciende un cosmos condicionado, polar y fragmentario, para recobrar (aunque fuese solo por el momento que dura un rayo) la unidad fundamental de antes de la creación.

A través de los mitos y las ceremonias, mañas ambas del espíritu, el ser humano descubre la apertura hacia la consciencia cósmica, y si está atento puede por ésta hendidura fugarse al devenir eterno del flujo de la existencia, tejido entre las estrellas que como luciérnagas alumbran el vacío, destellando sus colores a través del infinito y destilando su luminosidad entre las sombras.

Por lo cual, me parece pertinente, hacer consciente este “giro copernicano”, de olvidar nuestra presencia ilusoria en el centro de todo, a través de nuestra identidad petrificada en el egotismo, y recordar la obviedad de la presencia que se yergue al centro de nuestra vía láctea como referente del origen del cual emana la consciencia cósmica.

Giuseppe Olav Ortiz García  es coordinador del área de humanidades de Universidad Gestalt (http://www.gestalt.mx) su correo es gortiz@gestalt.mx

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Bibliografía: Eliade, Mircea, El chamanismo y las técnicas arcaicas del éxtasis, Fondo de Cultura Económica, D.F., México, 1976.

____________, Tratado de historia de las religiones, Biblioteca Era, D.F., México, 1979.

Ilustración: Alexandra Khitrova, A.K.A. Gaudi Buendia: Summoning the Spirits.

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