El Olvido: La medicina. 1ª parte.

El Olvido: La medicina. 1ª parte.

Por: Psic. Giuseppe Olav Ortiz García.

Coordinador del Área de Humanidades de la Universidad Gestalt.

“…mi cabeza llena de conceptos y técnicas no dejaba espacio para el vacío, para el silencio, aprendí acumulando y al acumular levantaba diques, abría archivos, construía diagramas inútiles, no entendía que la sabiduría se revela en el profundo silencio como un conocimiento del que no se habla mas que a través de la propia vida.” Castillejos (1997:17)

Recientes investigaciones apuntan hacia la realidad de que olvidar es bueno para la salud del cerebro.  A través de esta capacidad, la información innecesaria se elimina y el sistema nervioso mantiene su plasticidad. “Una interrupción de este proceso puede conducir a trastornos mentales graves”, afirman los científicos. Cuando la memoria está saturada de información no queda mucho espacio para nuevos aprendizajes, de tal modo el olvido también facilita a su vez que reaprendamos, así como reactualiza el presente sin ataduras.

Hay cosas que hemos olvidado y que sería bueno que recordáramos, hay otras que recordamos con detalle y que sería bueno que olvidáramos. Cada partícula de recuerdo ocupa un espacio de memoria en nuestra vasta unidad de almacenamiento que se entreteje a través del cableado neuronal, y algunas de estas partículas están acompañadas de tanta energía, que habiendo pasado muchos años después del evento que dejó la huella en la memoria, rememorarla puede producir emociones de tal intensidad, que llegan a seguir estremeciendo la consciencia de quien traiga de las profundidades de su mente, aquellos recuerdos.

Cuando esto sucede vemos la carga energética que aun caracteriza al recuerdo, y que en su aspecto negativo podríamos llamarlo sufrimiento. El dolor es un estímulo que tiene una duración determinada de tiempo, y eventualmente cesa. El sufrimiento es eso a lo que nos aferramos para no olvidar la sensación dolorosa, sin permitirnos reactualizar nuestro presente. El dolor esta a nivel de la sensación, en la zona interna, el sufrimiento se fija tanto a nivel mental, como corporal, en la zona de la fantasía y el continuo de consciencia.

Quizás suene muy ericksoniano, pero es cierto que toda herida sana, si la dejamos cicatrizar. El proceso de crecimiento de las células es constante en su inclinación por integrar a la vida, y se debate con otro impulso de la misma naturaleza que se esmera por desintegrarla.

“Fijarse”, a la usanza gestáltica, bloquea el flujo de la energía que en su curso nace, crece y muere, es decir, se abre, se desarrolla, y se cierra. Desde el reposo o la indiferenciación creativa, se “siente” un estimulo, que se identifica formándose una figura, para movilizar la energía interna estructurando un plan de acción, para ponerlo en marcha en el ambiente, hacia la satisfacción de la necesidad que ya se hizo consciente, y que se verá concretada en el contacto, que es uno, pero que para fines didácticos, en el ciclo de la experiencia lo vemos desarrollado en tres aspectos del mismo: un antes, un durante y un después (un precontacto, un contacto y un postcontacto).

Una vez que la necesidad fue satisfecha, en el mejor de los casos, la energía empleada en esta tiende a regresar al reposo, para volver a ponerse en marcha cuando se ocupe en nuevas acciones. Sin embargo, también lo que ocurre, es que una multiplicidad de bloqueos van minando el flujo de la energía impidiendo su satisfacción plena, o el curso de su desarrollo.

Recuerdos cargados de emoción y resentimiento, se pueden ir acumulando enredando a la persona que los sufre, con cadenas de rosas, en laberintos de aire, como diría Cortázar. Estas fijaciones, ocupan un lugar en el presente de la persona mientras es la vida lo que pasa delante de sus ojos, en lugar de su experiencia inmediata.

En la medida en que honramos estas memorias, crecen como mala yerba contaminando aquello que pudiera nacer en el mismo espacio. Es por eso que se recomienda, como medicina, depurar de vez en cuando estos recuerdos para limpiar la percepción de viejos hábitos. En el centro de aquella purga, hallaremos un vació que es fértil, en donde pueden nacer nuevos brotes de vida fresca.

Soltar a veces no es sencillo, sin embargo es benéfico; sobre todo en un universo en el que nada es para siempre, y todo esta vibrando en constante movimiento. Construir una identidad que lleve por cimiento el ego, es igual a intentar edificar un castillo sobre las nubes, construcción que eventualmente se verá confrontada con una realidad en la que no hay rostros diferentes, sino la luz que se trasluce a través de todos, evaporando toda forma, destilando la nube en agua, y otra vez en nube, y otra vez en agua y otra vez…

(Continuará…)

Giuseppe Olav Ortiz García  es coordinador del área de humanidades de Universidad Gestalt (http://www.gestalt.mx) su correo es gortiz@gestalt.mx

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Bibliografía: Castillejos, Carlos J. Corazón de venado (Mazai Yari) Primer circulo de curación. Siembra Olmeca, D.F. México, 1997.

Ilustración: Alexandra Khitrova, A.K.A. Gaudi Buendia: Elefant Riders.

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