El Hombre: punto de partida para un ser integrado

Por: Psic. Fernando Romero Guzmán


Hombre de Vitruvio – Leonardo Da Vinci

¿Qué es el ser humano?, ¿quién es el hombre? y ¿cuál es la razón de su existencia? Preguntas que a lo largo de la vida han estado presentes y que en la actualidad se alejan de poder recibir una respuesta; situación que se torna preocupante si nos detenemos a observar, como quien hace una evaluación, lo que ha realizado el hombre desde su aparición no sólo en la tierra, sino en el universo.

Hagamos primero un recorrido histórico (época-pensador-concepción) haciendo referencia de lo que se ha dicho del hombre y su naturaleza en la relación de Sanabria (1984):

  1. 580-497. Pitagóricos. El hombre se compone de dos partes distintas: el cuerpo, compuesto de elementos materiales, y el alma, de procedencia celeste.
  2. 540-470. Heráclito. Para conocer la naturaleza, primero conocer al hombre: “Yo me busco a mi mismo”.
  3. 484-404. Protágoras de Abdea. El hombre es la medida de todas las cosas (preocupación humanista).
  4. 4277-347. Platón. El hombre es un extraño en el mundo porque: “El hombre es su alma”.
  5. 384-322. Aristóteles. El hombre es el ser que tiene facultades para actuar.
  6. Mundo griego. El hombre es compuesto de cuerpo y alma. El hombre es un deseo del bien. El hombre es un animal racional.
  7. Cristianismo. El hombre no es una cosa entre las cosas, es una criatura a imagen y semejanza de Dios.
  8. 354-430. Agustín de Hipona. El hombre ya es alguien, con capacidad de reflexión.
  9. 1222-1274. Sto. Tomás de Aquino. El hombre es una sustancia de naturaleza racional.
  10. 1596-1650. Descartes. Reduce al hombre al pensamiento, su esencia es la razón.
  11. 1818-1883. Karl Marx. El hombre en su realidad es el conjunto de sus relaciones sociales.

Estas son sólo algunas ideas de la especulación que se ha hecho entorno al hombre, aunque existen muchas más, falta por agregar aquí, la concepción que prevalece en estos momentos y que está sujeta al paradigma dominante o como se le denomina occidental y el concepto de hombre que propongo.

Occidente creó de esta forma, un tipo de hombre, que puede describirse como el “hombre organización”, el “hombre autómata”, el “homo consumens”, el “hombre del tener” y el “homo mechanicus”; es decir, su máxima creación es el “homo homini lupus”, el hombre que es un lobo para el hombre en palabras de Fromm (1986, p. 12).

En consecuencia tenemos que el hombre moderno escapa de sí mismo y de su libertad, llevando a una crisis humana caracterizada por la falta de fe en el hombre y la destrucción de las raíces de nuestra cultura. Es por ello que no podremos comprender al hombre y su naturaleza, si antes no lo consideramos en su totalidad.

El hombre en occidente anda por un sólo camino sometido a la condición actual de la humanidad que es su condición; prisionero de sí mismo, se encuentra dormido y tendrá que despertar para liberarse de sus múltiples “yoes” y de la máquina protectora, deberá entrar en otro camino alterno donde pueda realizarse en sus potencialidades con plenitud para tener la posibilidad de re-encontrar su auténtico ser y su verdadero Yo; sólo hace falta darle un Empujón, encaminarlo a la entrada y dejar que emprenda su marcha como un aventurero solitario que al final del camino será un hombre diferente, ya no “el hombre de las mil caras y el hombre multitud”, sino un hombre o ser humano autorrealizado e individualizado.

A este respecto Riordan (1979) menciona que en el hombre moderno occidental la autorrealización es poco probable debido a la influencia y limitación que las leyes mecánicas, hacen sobre tres cerebros o cinco centros de la esencia del hombre y que ella divide en tres pisos: el piso superior es el intelectual, el medio es emocional y el inferior es el motor, intuitivo y sexual; a su vez, tanto en el piso intelectual como emocional, existe un nivel superior; cada uno de estos cinco centros se dividen además en partes motora, emocional e intelectual con una parte positiva y otra negativa que a su vez se subdivide en motora, intelectual y emocional.

Desafortunadamente y causa del aprisionamiento que tiene el hombre moderno en occidente, éste se encuentra por debajo de estos pisos, los centros inferiores funcionan sin eficacia y sin armonía entre sí, por lo que y por no aprovechar su potencial, los centros superiores no se llegan ni siquiera a utilizar. Por el contrario, si se utilizaran como se debiera el hombre tendría la posibilidad de ascender a los niveles superiores y alcanzar la integridad y armonía.

De aquí se desprenden según Kathleen (1979) tres tipos de hombre: el hombre cerebrotónico, el hombre somatotónico y el hombre viscerotónico, que se encuentran en el mismo nivel del ser pues carecen de unidad interna, voluntad y son dependientes. En estado ordinario de conciencia cada uno de estos hombres no presta atención a sí mismo, y no tiene conciencia de las funciones motoras, emocionales e intelectuales.

En el hombre se dan múltiples procesos y relaciones tanto interna como externamente, algunas de ellas pertenecen exclusivamente al nivel interno como es el caso de las que acabamos de mencionar, estas últimas pertenecen a la esencia natural del hombre que implica lo propio del hombre, lo que le es verdadero; y en su contraparte encontramos la personalidad, que pertenece al dominio de lo externo, lo que no le es propio en su esencia, sin embargo, la personalidad puede ser cambiada a través de diferentes recursos como la hipnósis, las drogas, los ejercicios específicos, la psicoterapia, entre otras.

Hoy en día, la esencia de muchos hombres está muerta aunque se crea que siguen una vida “normal”, sólo y para poder desarrollar la esencia e incorporar lo verdadero y real en el ser de una persona dependerá del trabajo que realice sobre sí mismo, y de alcanzar el equilibrio entre esencia y personalidad, sin que ninguna de las dos resulte aprisionante, ya que ambas son necesarias e indispensables para el autodesarrollo; es decir, sin la personalidad no existe motivo por buscar estados elevados de conciencia, ni surge la inconformidad con la existencia cotidiana; y por otra parte, sin esencia no habrá base para el crecimiento.

Comparando la esencia con la personalidad encuentro que la esencia se caracteriza por: ser Innata, lo que es propio de una persona, lo verdadero en el hombre, se desarrolla la individualidad del hombre, se controlada por el destino; mientras que la personalidad, se caracteriza por: adquirida, lo que ?no le es propio?, lo falso del hombre, procura la información necesaria para trabajar sobre sí y es controlada por accidente.

De igual forma Fadiman (1985) menciona que en la visión transpersonal el hombre es concebido con algo más que la personalidad, entendida ésta como una sensación de identidad a la cual se aferra el individuo y sólo y a través del trabajo personal se logra romper la dependencia, lo que permite que se una a la totalidad del sí mismo.

Sánchez-Rivera (1981) señalan que la Psicología, para poder ser verdaderamente del ser humano, ha de estudiar aquello que hace al hombre ser hombre y específicamente ser humano, es decir, la conciencia humana. Lo anterior es una necesidad imperante en estos momentos ya que la forma de entender al hombre no abarca muchos de los fenómenos que existen y se relacionan directamente con él. Existen tres niveles básicos: la intuición, los fenómenos psíquicos y los fenómenos místicos, que desafortunadamente se han excluido de la totalidad de la persona.

Sánchez-Rivera señala que a la Intuición se le ha considerando como característica especial de ciertas personas (ya sea por vestimenta, forma de hablar, etc.); los Fenómenos Psíquicos, y el factor PSI, son improbables, con la teoría que se tiene; y a los Fenómenos Místicos, se les considera dentro del campo de la religión y no de la psicología, ya que no se puede alcanzar por las propias fuerzas. Sin embargo, estos fenómenos no son exclusivos de individuos especiales, sino que son potencialidades esenciales del hombre; específicamente se trata de niveles de conciencia. La mística (estado de conciencia donde se abandona la yoidad común para entrar en contacto con el Todo o con Dios) no es patrimonio de sólo algunos seres con poderes especiales, sino que es el camino común del hombre, ya que es el único estado en el que se superan las barreras.

Respecto de lo anterior Wilber (1990) señala la necesidad de una nueva imagen del hombre, donde se permitan los estados del ser más elevados espiritualmente y la presencia de estados objetivos y subjetivos. Por su parte divide un estadio de desarrollo en materia, cuerpo, mente, alma y espíritu. Específicamente en los seres humanos, el nivel material corresponde al cuerpo físico; el nivel del cuerpo, a la sensación, percepción e impulso o emoción; la mente, se divide en imagen, símbolo, concepto, regla y metarregla; el alma o dimensiones sutiles lo divide en lo psíquico y lo sutil, es decir, lo psíquico es el comienzo de lo trascendental o desarrollo espiritual; y lo sutil es el lugar donde se encuentran los arquetipos, donde surge la iluminación, conocimiento ascendente y concientización amplia. En esta relación los tres primeros se relacionan entre sí, y los últimos son los caminos por los cuales habrá de conducirse el ser humano en su proceso de desarrollo.

Pero ¿qué impide al hombre ascender a los pisos superiores o totalidad del sí mismo? Riordan (1979) señala:

    1) la identificación al exterior que siendo opuesta no permite llegar a la autoconciencia o mirar al interior,
    2) la incapacidad de amar,
    3) mentir al hablar de lo que se desconoce,
    4) la imaginación pero no la creadora, sino la más baja, el sistema ilusorio que uno aprende al creer acerca de los hechos de la vida, por ejemplo, al no ser consciente de sí mismo, se cree que sí, éste tipo de imaginación no creadora mina la motivación para el autodesarrollo, por tal motivo, encontrar la autoconciencia sólo será cuando desaparece la ilusión de que contamos con capacidades con las que realmente no contamos,
    5) la conversación innecesaria, puede ser mecánica, implica la imaginación, la mentira, alienta la identificación y se relaciona con movimientos físicos innecesarios, y
    6) las emociones negativas.

Ante las limitaciones anteriores, el hombre tiene posibilidad de conocer y vivir el cambio, y aunque suene paradójico para el mundo occidental, esta posibilidad se encuentra en las mismas cualidades que en algún momento limitan el desarrollo, por ejemplo, lo que se atribuye a sí mismo con la imaginación, pueden de hecho llegar a adquirirse a través de ella, como lo manifiesta Riordan.

Guilhot (1989) propone cuatro puntos a considerar para alcanzar un cambio positivo. Parte de actitudes erróneas que dirigen los impulsos de los seres humanos como; egocentrismo, acciones violentas-competitivas, y las presiones sociales principalmente. Así y bajo una visión humanista de valores promueve:

    1) el desarrollo de la vida íntima,
    2) progreso entre las relaciones personales,
    3) progreso en actividades creativas y
    4) transformaciones en los medios naturales y culturales.

Una forma de hacerlo es que los individuos deben vencer la alienación, la mistificación del lenguaje, reorganizar y transmutar sus emociones y los productos de su imaginación, para alcanzar el cambio.

De esta forma vemos que para desarrollar el pleno potencial humano, se debe empezar por uno mismo. Por tal motivo es que consideramos que el trabajar con la imaginación en forma creadora y de una manera activa por el propio sujeto, es un recurso que nos puede permitir quitar los impedimentos para poder encontrar la libertad y sea a través de ésta como logremos la autoconciencia, la autorrealización o la individuación.

Por ello y contrariamente a los que piensan que es sólo afuera donde se encuentran las posibilidades de “desarrollo humano” – no en el sentido material – consideramos que en el propio hombre, en su interior y sabiduría, es donde se puede alcanzar la perfección, que posteriormente se irradie hacia el exterior y transforme en un paso conjunto todo cuanto existe, alcanzando así, la totalidad, la integración y la armonía natural. Esta preocupación por la forma de vida actual, nos hace buscar alternativas que contrarresten los efectos desintegradores y creemos que lo mejor es utilizar los propios recursos internos.

Referencias

  • Sanabria, J. R. (1984). Etica, México, Porrua.
  • Fromm, E. (1986). El corazón del hombre, México, Fondo de Cultura Económica.
  • Riordan, K. (1979). Gurdjieff. En Tart, Ch. T. Psicologías Transpersonales/II, (pp. 57-101), Buenos Aires, Paidos.
  • Kathleen. (1979). En  Tart, T. Ch. Psicologías Transpersonales/II, Buenos Aires, Paidos.
  • Fadiman, J. (1985). La posición transpersonal. En Maslow, Más allá del ego, (pp. 271-280), Barcelona, Kairos.
  • Sánchez-Rivera, P. J.M.; de Casso, G. P.; Sánchez, A. M.; Santos, E. C.; Calle R. A.; Salgado, C. J.A. y García, M. J. A. (1981). Integración transindividual y psicología humanística, Madrid, Marova.
  • Wilber, K. (1990). El espectro de la conciencia, Barcelona, Kairos.
  • Guilhot, J. (1989). La revolución ética actual. En PsycLIT Journal Articles, Estudes-Psychotherapiques, Vol 20 (4).

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