“D’ESTE LADO” Y LA LIBERTAD

Ernesto Nuño Gutiérrez

enuno@nab.mx

“D’ESTE LADO” Y LA LIBERTAD.

La expresión “D’éste lado”, de cuño muy capitalino y que al parecer ha tomado fuerte arraigo y carta de naturalización en el mundo de los establecimientos de atención al público, parece ser una frase vacía e insignificante que puede muy bien pasar desapercibida. Quizás sean muy pocas las personas que han notado como el uso de esa frase o modismo se ha vuelto muy común en ciertos establecimiento que atienden al público, como restaurantes, clubes, tiendas departamentales, museos y todo aquel lugar en el que la interacción obligue al anfitrión a señalar al huésped que deben cambiarse de lugar para una finalidad cualquiera, o que buscará la mercancía solicitada, o cualquier cosa que el anfitrión deba responder, podrá hacerlo con el uso de esta frase: “D’este lado”.

Desconozco cuando hizo su debut tan minúscula frase, no hace mucho tiempo se empezó a usar, sin embargo, se recurre a ella con mucha más frecuencia que a los zapatos de moda. Desde luego, se usa en una interacción entre anfitrión y huésped, pero solamente por el anfitrión. Veámoslo.

Al llegar a un restaurant y solicitar una mesa en la terraza, el empleado del restaurant podría responder: “Bienvenidos! Acompáñenme por aquí, los llevo hasta su mesa en la terraza!”, pero, invariablemente responderá “D’este lado”.

La muy conocida frase “Al fondo a la derecha”, que se utilizaba para indicar el lugar  en que se encuentra el baño en un establecimiento público (aunque el baño esté en el sótano o en la azotea), ha cedido su lugar en la lengua de los anfitriones, quienes ante la urgente pregunta sobre el lugar de ubicación del baño, ahora responden con un simple “D’este lado” apuntando su dedo índice hacia un pasillo que conduce al baño.

La expresión aparece también en una tienda departamental, cuando se pregunta al dependiente si tiene el mismo traje pero una talla más grande, en cuyo caso, el dependiente jamás responderá si lo tiene o no lo tiene, la respuesta necesariamente será “D’este lado”.

Si se pregunta al elemento de seguridad en un estacionamiento: ¿en dónde está la salida? Necesariamente responderá: “D’’este lado”, quizás sin hacer indicación alguna con el cuerpo que permita entender en cual lado está la salida, aunque la salida se encuentre: “Ahí de frente, por donde va usted circulando”.

A la pregunta, señor, ¿en donde pago este chocolate?, necesariamente resonará la voz  de una señorita apoltronada tras un mostrador en los siguientes términos: “D’este lado” le cobro. Al llegar a una gasolinera, invariablemente se oirá la voz “D’este lado”! Si pedimos una factura, la respuesta será “D’este lado”.

En cambio, al llegar como invitado a una casa particular, si preguntamos a la pequeñita que abrió la puerta: ¿Hola, como estas? ¿está tu papá? Nunca responderá “D’este lado”, sino que producirá una respuesta espontánea y original. Al preguntar a la señora de la casa ¿en donde pongo este pastel? Nunca responderá “D’este lado”, su respuesta será algo así como “que delicioso se ve, muchas gracias, voy a llevarlo a enfriar un momento para que lo comamos en su punto”.  En esa misma casa, durante la reunión social si alguien pregunta en donde está el baño, nadie responderá “D’este lado”, la respuesta será “ahí, bajo la escalera”. Al finalizar la reunión, si alguien pregunta en donde está la estación más próxima del metro, nadie responderá “D’éste lado”, sino que se responderá con instrucciones precisas que permitan al demandante llegar hasta la estación del metro.

La aparentemente insignificante expresión “D’este lado”, es portadora de un importante volumen de información. En efecto, mediante la lengua (el lenguaje hablado) no sólo transmitimos significados referenciales (algo sobre las cosas), sino que, también producimos otro tipo de significados. Cuando hablamos, aunque no hagamos una referencia específica a ello, manifestamos nuestro estado de ánimo, nuestras actitudes o nuestra pertenencia a un grupo social.

Así, la información que va envuelta en la frase en observación, comunica un estado de ánimo en su usuario que denota rutina y cierto grado de monotonía y enfado, comunica una actitud poco creativa porque el dependiente la usa un sin número de veces a lo largo del día pudiendo usar otras frases para los mismos fines. Denota la voluntad inconsciente del usuario de ocultar alguna otra información que se revelaría en caso de utilizar la frase que nazca de su creatividad para responder lo que se le ha preguntado. Denota también la pertenencia del usuario a la gran masa de los dependientes en establecimientos públicos (status), dado que fuera de ahí, dicha frase no aparece en otros entornos. Denota quizás la satisfacción de pertenecer a dicho status. Denota el desinterés del usuario en abrir un poco más los canales de interacción con el interlocutor. Denota falta de conocimiento del lenguaje, entre tantas otras cosas.

Considerando a la lengua como un conjunto de libertades que se ofrecen al hablante para producir un número infinito de mensajes, puesto que admite infinitas realizaciones, el uso de la expresión “D’este lado” en los contextos indicados, pone en evidencia el escaso margen de libertad con que se mueve el usuario de la frase, no solo en el habla, sino en muchos otros ámbitos de su vida en los que sin duda alguna, también se encuentra, sin saberlo, privado de libertad.

BIBLIOGRAFIA:

Avila Raul. La LENGUA y los hablantes. Ed. Trillas. Cuarta Edición. México, 2012.

Knapp Mark L. La Comunicación no verbal. Ed. Paidos. Primera Edición. México 1982.

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