Danza árabe, una práctica gestáltica

Por: Brenda Pons

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Desde tiempos ancestrales, las artes han sido el medio de expresión y canalización más sublime del ser humano. Dentro de éstas, la danza ha surgido en diversas culturas para manifestar, definir y compartir características comunes a los individuos de su comunidad, lo que conocemos como folklor, aquello que nos da identidad dentro de nuestro entorno social. Algunas culturas, amalgamaron su folklor dancístico con sus ideología espiritual; éste es el caso de la danza árabe.

La danza árabe surge en Egipto, se retoma de rituales realizados en los templos, especialmente, los dedicados a Isis. A consecuencia de esto, el folklor egipcio es muy terrenal, ¨la fuerza del cuerpo va hacia la tierra, representa el arraigo, mientras que el torso va erguido hacia el cielo, así, portamos nuestras raíces con orgullo¨, como lo define mi maestra. Para poder hacer esto, es necesario tener una postura firme y flexible, que me permita balancear el peso de mi cuerpo y jugar con él sin perder el equilibrio. Estas dos cuestiones técnicas, arraigo y autoapoyo, me permiten sentir en dónde estoy parada, cómo me muevo, desde que parte de mí lo hago, hacia dónde me desplazo, y sobre todo, hacia dónde dirijo mi energía en el público. Dos factores técnicos que también hacen posible la práctica gestáltica. Una vez que cuento con éstos, puedo entrenar a mi cuerpo, haciendo uso de mi memoria corporal, a realizar la técnica específica para cada paso, entendiendola en el aquí y en el ahora, de otra forma, ¿cómo podría ejecutar con mi cuerpo, algo que hasta ahora, es sólo una imagen en mi cabeza?

Un factor que facilita el dominio de mi cuerpo en la danza árabe, es la respiración, ya que me permite manejar el flujo de energía corporal hacia la zona del cuerpo en acción, en la intensidad requerida para que el movimiento se vea armónico. En la medida que sigo conociendo mi cuerpo y sus rangos de movimiento, y voy aumentando el desarrollo de mi técnica, puedo enfocar mi energía en lo que siento, lo que quiero expresar con mi danza. Como bailarina, puedo, si así lo decido, enriquecer la técnica aprendida con mi propio estilo, el cual, surge de mi esencia humana. Esto es de suma importancia, ya que en la danza árabe, así como en la Gestalt, es necesario conocer y dominar la técnica, para sentirme confiada y segura en el momento que estoy ejecutándola, y entonces, poder improvisar y cambiar el curso de mi ejecución, con responsabilidad y respeto por lo que estoy haciendo.

Ya sea que esté bailando frente a un público o en un salón de clase, es necesario que esté en contacto, pleno y contínuo, conmigo misma, con el o los otros y con mi ambiente. A éste contacto, lo llamamos Tarab, y el entendimiento de éste concepto me permite sincronizar mi danza, con el estado emocional desde el que la ejecuto, así como con lo que transmito al espectador y recibo de él, sin perderme en mi propio espacio. Es esto lo que me permite tener una descarga a través de la danza, no basta con mover mi cuerpo, ese movimiento necesita tener una dirección y motivo, y eso lo aporto yo. De esta forma logro que mi danza se vea como la música que acompaña se escucha, necesito usar mi energía para movilizar la energía del medio en el que estoy bailando y generar una armonía audiovisual, con la que el espectador se quiera conectar.

Viendo la danza como proceso, estando en un escenario a punto de ejecutar una melodía, empiezo por identificar lo que la música me transmite en los primeros segundos. Al identificar mi sensación, procedo a visualizar en mi mente una secuencia que me permita expresar lo que pasa dentro de mí, sin dejar de escuchar a los músicos ni omitir su expresión al tocar. No solo identifico mi sensación, también identifico el tipo de música que estoy bailando, eso me da un marco de referencia cultural con el que necesito fluir. Una vez logrado esto, me aproximo al público con mi danza para expresar lo que identifiqué y le di un canal de salida a través de mi cuerpo. Mi primer contacto es conmigo, después con los músicos, y finalmente con el público. Después de la descarga, que puede durar varios minutos, necesito romper con el estado emocional generado durante la danza, para que tanto los músicos, como el público y yo misma podamos regresar al reposo e iniciar con el número que sigue, o hacer el cierre final de la experiencia. –

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