Crecer a partir de la crisis

Jacqueline Arnauda Restori (gravitty1214@hotmail.com)

Los procesos de crisis son inherentes en el ser humano. La idea de que los momentos de crisis son fases negativas y perjudiciales puede ser rebasada con un tratamiento constructivo que se traduzca en un proceso productivo para obtener un resultado positivo a partir de una crisis. Este enfoque nace a partir de reconocer que las crisis, a pesar de ser momentos de cambios drásticos, pérdidas y dolor que afectan gravemente la vida de un individuo; por su naturaleza, son puntos de inflección que ofrecen oportunidades.

La personalidad humana se configura por la interrelación de la carga genética y la influencia del medio ambiente.   El niño busca soluciones a los problemas que le plantea, tanto su desarrollo físico y mental, como la interrelación con las personas y circunstancias que lo rodean. Con esas soluciones integra una base con la cual se enfrentará a la vida y que es única en cada individuo, por lo tanto, la forma en que enfrentemos los periodos de crisis va a estar determinada, en gran medida, por los nuestros padres y figuras significativas de nuestra vida.

La crisis se caracteriza por un colapso en la capacidad para resolver problemas.   Una característica común de toda crisis, es su carácter súbito y acelerado, en donde la  persona emerge de una etapa normal y estable, para adentrarse a una llena de peligros, pero al mismo tiempo de posibilidades de renovación y crecimiento, sin embargo, para crecer con la crisis hay que trabajar, de lo contrario, podemos salir disminuidos de cada una de ellas.

Al contrario de la homeostasis, que no moviliza al hombre, el dolor es un aviso que tiende a sacarnos de la apatía. El ser interior se pone alerta. La crisis nos cuestiona, moviliza en nosotros gran cantidad de energía y nos obliga a usar nuestra libertad, pues estar en la crisis es hallarse en tensión mientras decidimos optar por una solución.

El dolor marca la cantidad de energía que se moviliza en la crisis, el tiempo que nos llevará el duelo y los valores que debemos reacomodar para volver al estado de paz perdido con la crisis.

En la crisis la fe se remueve, al igual que todo nuestro sistema de creencias, y lo que creemos determina en gran medida lo que somos. Al perder la fe, ya no estamos seguros de a dónde vamos, así que tenemos que elaborar nuevas creencia y nueva fe.

El estado de confusión que caracteriza a la crisis es lo primero que se debe trabajar. Hay que despejar el caos y clarificar lo sucedido objetivamente en la realidad y después ver que nos sucedió y qué nos sucede en lo interno.

Saber qué afrontamos, qué queremos resolver, a dónde queremos llegar, con qué contamos para hacerlo es la base en donde se debe empezar a trabajar.

Otro punto de suma importancia para poder enfrentar una crisis es el autoconocimiento. Descubrir cuál es la actitud que tengo ante la vida, para saber qué es necesario modificar y tomar la responsabilidad para poder analizar qué hice o qué dejé de hacer para estar como me encuentro.

Explorar nuestros sentimientos es parte del autoconocimiento. Saber cuáles son los sentimientos que estoy experimentando es de suma importancia, ya que saber cómo me siento, me permite saber cómo me gustaría sentirme.

Ser flexibles  nos va a ser de gran utilidad para superar una crisis, ya que al ser flexibles aprendemos del dolor. Como anteriormente se dijo, la crisis es un momento de cambio, y la rigidez nos hace querer tener el control absoluto de la realidad. Si somos flexibles, nos podemos dar cuenta de que existen muchas circunstancias que están fuera de nuestro control. No podemos cambiar las circunstancias ni al mundo que nos rodea, pero si podemos cambiar lo único que realmente podemos controlar, “nosotros mismos”.

Podemos controlar la actitud que tengo ante la vida, podemos decidir cómo voy a manejar mi soledad y la forma en que elijo enfrentar las crisis.

La elección es una de las áreas más importante de la crisis. Nos sentimos atrapados cuando estamos en una situación en la que no vemos alternativas de elección, pero siempre tenemos la posibilidad de elegir; hasta en una situación inmodificable, tenemos la posibilidad elegir, tenemos la libertad de adoptar la actitud que elijamos.

Finalmente, llegamos a la aceptación, y esta surge cuando aceptamos el cambio y hemos dejado de rechazarnos y castigarnos por estar lleno de limitaciones y errores.

Al lograr congruencia entre lo que somos y lo que actuamos, al trabajar para lograr lo que queremos, estamos dentro de los valores de la creación y todas las acciones se encaminan en forma creativa hacia ello.

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