COMUNICACIÓN NO VERBAL Y VIDA COTIDIANA EN INDIA

COMUNICACIÓN NO VERBAL Y VIDA COTIDIANA EN INDIA

Emmanuel Rojas G es alumno de la Universidad Gestalt (http://www.gestalt.mx) y está cursando la maestría en psicoterapia gestalt. Su correo es: Emms.argy@gmail.com

Comienzo el viaje sin expectativas; abierto a lo inesperado. Si bien he viajado a varios países de América y de Europa, lo relativo a la comunicación no verbal con gente de otra cultura no me había llamado tanto la atención en particular, pues en este caso, viví algunas experiencias en específico a partir de tal comunicación no suscita en las  palabras.

Se trata de la India. Mi primera vez en Asia. Mi único contacto con este país sólo había sido a partir de  anécdotas de amigos, textos e imágenes de libros y películas. Viajé con un grupo de compañeros de la universidad, de modo que, por ese lado, viajaba con una parte de mi mundo conocido que, de cierta forma, fungió como una burbuja contextual al rededor de mí.

Al principio, el guía turístico nos dio algunos tips. Por ejemplo, en la India se considera mal educado a quien agradece excesivamente como se suele hace en nuestra cultura mexicana donde por cada gracia damos las gracias; en India ello no es necesario; y con ello no quiero decir que la gratitud no exista; por el contrario la gratitud más sinceramente expresada se transmite a través de la expresión corporal: tal gratitud debe ser percibida en el gesto y de manera cálida. A veces es suficiente con una breve reverencia.

Lo mismo sucede para el saludo; éste no requiere de tantos adornos; basta con juntar ambas manos por sus puntas, dar una breve reverencia y se puede complementar diciendo namasté.

Un aspecto que, en lo personal, disfruté mucho fue la calidez que expresa la gente, su sencillez y la sinceridad de sus expresiones gestuales, por ejemplo, con sus sonrisas. En diferentes momentos, en que me encontraba solo, distintas personas mostraban curiosidad hacia mí. Por ejemplo, en el templo dorado un grupo de jóvenes se acercó a mí buscando estrechar mi mano, un gesto que es propiamente occidental, pues, como mencionaba antes, los común es inclinarse brevemente y decir namasté; de hecho es incorrecto que un hombre salude de mano a una mujer; estos jóvenes me preguntaron quién era y me compartieron brevemente a qué se dedicaban y dónde vivían; eran muy cáidos, alegres y respetuosos. En otro momento, otro grupo de jóvenes se acercó a mí y me pidieron que me tomara una foto con ellos; evidentemente mis rasgos físicos les parecieron peculiares. De igual manera, estando en el hotel, sentado en un jardín un par de empresarios indios mostraron también curiosidad por saber quién era; con ellos platiqué más profundamente; cabe señalar que para platicar lo hacíamos en inglés; intercambié número celular con uno de ellos y me sorprendió que en los días siguientes no paraba de mensajearme contándome acerca de sus problemas amorosos e invitándome a su casa prometiendo un gran banquete para mi y mis amigos.

La cuestión del espacio personal también llamó mi atención. Este espacio individual es mucho más corto al que acostumbramos en Occidente; de hecho, es mínimo. Esto no sólo se observa en el  flujo de gente cuando caminan; también se observa con énfasis en sus carreteras: en cualquier carretera hay un incesante pitido de bocinas de los autos; la dinámica consiste en esquivar y ser esquivado; ello incluye automóviles, rickshaws (especie de carruaje tirado por un conductor de bicicleta), vacas, búfalos, camellos y, ¿por qué no?, elefantes.

Siguiendo con esa línea de los espacios personales, en cuanto al comercio informal ocurre algo llamativo.  De igual manera, las calles están repletas de vendedores ambulantes; varios se avalanzan hacia  el individuo ofreciendo objetos a precios bajos; la distancia que guardan es de escasos centímetros lo cual permite al turista apreciar los abundantes olores a especias y sudores muy característicos. En cuanto al comercio hay varias reglas de lenguaje corporal y, de hecho, al principio, al no conocerlas, me enfrenté a una situación curiosa: bajando de una balsa en el Ganges una niña comerciante me preguntó de donde era y qué idioma hablaba; comenzó a hablarme en un español muy fluido, invitándome a comprar su productos; yo le dije que no  porque no tenía dinero y me dijo que me convencería (creyendo que sí le compraría) ; así me acompañó a lo largo de mi camino hasta donde estaba el rickshaw y mientras avanzábamos iba haciendo ofertas hasta el punto de ofrecer toda su mercancía por lo que equivaldría a veinte pesos mexicanos; cuando llegamos a mi rickshaw me dijo que tendría que comprarle algo porque me había acompañado todo el camino, le recordé que no tenía dinero y subí al vehículo; ella se enfadó y comenzó a maldecir (en español) diciendo que era malvado y me iría mal. Después nos explicaron que el simple hecho de hacer contacto visual con el comerciante quiere decir que se está dispuesto a comprar en espera de buenas ofertas; yo desde el principio la vi a los ojos respetando su calidad humana sin saber lo anterior. Para las ocasiones subsecuentes opté por mostrarme, en lo que desde mi cultura, sería indiferencia, y funcionó de maravilla; otros de mis compañeros vivieron situaciones similares donde mendigos los maldecían.

Para finalizar, sólo mencionaré otros aspectos de lenguaje no verbal que me parecieron curiosos: cuando comíamos un compañero lo hizo utilizando ambas manos y el mesero lo vio con desprecio; en India lo correcto es comer con la mano derecha, pero nunca usar la izquierda que corresponde a la mano de higiene personal. Por otro lado, vimos a muchas parejas de hombres caminando de la mano; al preguntar al guía si se trataba de homosexuales, él explicó que se acostumbra que los grandes amigos caminen de la mano y que la homosexualidad está prohibida. Y el último aspecto, es la percepción social respecto a la mujer que fuma: aquellas mujeres que fuman y que lo hacen públicamente son consideradas como mujerzuelas y, en algunas regiones de India, está penado por la ley; por cierto, a una de mis compañeras le lanzaron una piedra mientras caminaba fumando plácidamente por la calle.

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