Comunicación no verbal, sino vivencial, en la velación del fuego, 1era parte.

Comunicación no verbal, sino vivencial, en la velación del fuego, 1era parte.

Psic. Giuseppe Olav Ortiz Garcia.

giuseppeolav@live.com.mx

Giuseppe es alumno de la Universidad Gestalt y cursa la maestría en psicoterapia gestalt.

Así [más o menos] las cosas (guiño-guiño):

Érase una vez el atardecer de un día cualquiera. Con mochila al hombro iba llegando a donde pasaría aquella noche platicando con quien allí se diera cita, teniendo en mente lo que alguna vez me dijera aquel peregrino, que más vale llegar a tiempo, que ser invitado.

Ya sabía yo que aquello se desarrollaría en el marco de una comunicación no verbal, sino vivencial, y sin contratiempos, los asistentes fuimos ocupando lugar en torno al cuadro que contiene en su centro, el asiento en donde se disponen los maderos que recibirán la chispa que prenda el fuego de la velación.

-Esta noche vamos a platicar con el abuelo…- nos dijo – …es como si uno se acercara a leer un libro. En estos días se abre el capítulo de la primavera.-

Entiendo hasta entonces, que danzaremos estudiando al fuego como libro de libros que contiene la historia enterita de todo lo conocido y de lo desconocido también. En el inter, se levanta la palabra a través del humo de un puro, que purifica la chanupa orgánica que atraviesa por la garganta, para llevarse aquellas palabras cargadas de intento, hasta las regiones en donde los ensoñadores de esta realidad las materializan en bendiciones, jugando con la fantasía.

Permanecen atentos con sus oídos que están en todos lados a cuanta petición alcance sus moradas regiones, desde las cuatro esquinas sobre las que se sostiene el universo.

Cuando cae la noche, se apaga el mundo y desaparece toda forma.

Es entonces cuando, Don Jesús (que por puritita coincidencia nació en un pueblo al sur de México, de nombre Belén, un 25 de diciembre) con sonaja en mano, y la ayuda de dos hombres, encienden el fuego, que se levanta poco a poquito al ritmo del arrullo de una voz suave, y el sonido de las gotas de lluvia que salen de las sonajas, mientras los ocotes sudan resina.

Dependiendo del intento y la forma que se diversifica en muchas, los maderos se colocan como una punta de flecha (como una “V”) uno sobre el otro, apuntando al horizonte por donde saldrá el Sol, cuando amanezca, si amanece, y por esta noche.

Toda manera, toda forma, todo símbolo, todo gesto enmarcado en esta noche, es un lenguaje, no verbal, sino vivencial, que se juega en el desarrollo de la velación. Que si caminar en sentido contrario a las manecillas del reloj en torno al abuelo, como caminando la senda de regreso a casa, como recordando el origen yendo a su encuentro, como el espiral que regresa al centro.

Que si al tabaco con la izquierda como el lado del corazón, y espejeando a la muerte que inmutable te observa a un metro de distancia de ese lado por detrás. Que si atento a los cuatro rumbos, al cielo, a la tierra y al centro, por si las dudas. Que si en el silencio hallas lenguaje de misterio para recordar origen. En fin, que si el lenguaje no alcanza en palabras para expresar estos gestos con los que le hablamos, sin ellas, a las esencias del orden cósmico, natural por misterioso.

Este anciano tan joven y sabio, se sienta frente al otro abuelo, el mero bueno, para, como cada noche, platicar pacientemente en un dialogo silencioso entre el crujir de la madera en combustión y cuatro cantos que marcan momentos distintos del anochecer, la madrugada y el amanecer.

Entonces dice: “-Esos cuatro tiempos [como las cuatro estaciones] deben ser leídos con la lamparita que nos presta el abuelo, con la gran luz que nos presta ese resplandor, y nosotros seamos junto con la naturaleza, ese mismo libro que se va abriendo continuamente a través del cual se va entendiendo nuestro transitar por la vida. Es una manera sencilla de compartir también la medicina, y de acercar a otros a ese resplandor. Hay algunas formas tradicionales que para quienes no están metidos directamente en eso, les resultan muy confusas, o resulta como una inversión de demasiado tiempo [y energía] para encontrar un hilo claro a que se está refiriendo cuando se canta de ciertas maneras.

Forma parte entonces de esta responsabilidad o compromiso que brota de manera natural, nunca impuesto, de confiar en ese resplandor que encendemos al centro de todo, pero que es nuestro propio corazón, y que ahí hay una sabiduría que nadie más puede revelar, o que se revela únicamente, se despierta únicamente en cada ser a través de ese corazón vibrante, para compartir ya sea simplemente un intento común, compartir maneras de estudiar en ese fuego, de soñar en ese fuego, de rezar en ese fuego y de descubrir en ese fuego lo que posiblemente se nos había ocultado.-“ e inspira una larga bocanada que le llega a su corazón de tabaco y lo pasa compartiendo su medicina para que cada uno de los asistentes den también su palabra, y se escucha esta comunicación verbal.

Para entonces las llamas son como lenguas que salpican luz alimentándose de gasolina invisible que les sirve de combustión. Por su parte la madera es el asiento de su trono, su equipal en donde se dispone a consagrar el mundo. Al pasito sin prisas va avanzando consumiéndose en el tronco seco. Sin ir a ningún lado se desplaza a través del tiempo y del espacio en un primer momento, y dice:

“-El consejo del abuelo se puede revelar a través de una letra, a través de una línea a la cual no habíamos prestado atención, y a través de ella entonces, descubrir, y descubrirnos en esta energía luminosa como reflejo de uno mismo.

Un ser humano confundido y en la oscuridad, de repente tiene una percepción que puede ser instantánea de “ahora se me prendió el foco”, o puede ser un continuo de percepciones luminosas en donde la claridad solamente atraviesa esa maleza de confusión.

Al mismo tiempo esa visión abierta, pues trae un camino, un camino abierto, unas acciones, unas acciones que van de acuerdo a esa visión, se van trasformando de alguna forma y se van cosechando también, para finalmente compartir, para finalmente agradecer, estar descansando en esa confianza.”-

Y la madera cruje estruendosamente lanzando algunas chispas a su alrededor, al tiempo en que don Jesús toma su sonaja y comienza un cantito de primer momento, y al unísono, otras sonajas se le unen levantando el sonido.

Y pasa la noche del primer momento, y en silencio contemplamos al abuelo que juguetea entre las grietas iluminadas de un naranja radiante en el corazón de su casa, mil y un ojos despiertos habitan su plasma, desde donde percibe a todas luces, cuanto ocurre a su alrededor. La amargura dulce que acompaña al venado, se asienta en mi corazón desde donde imagino como sus pesuñas van desmenuzando los obstáculos que, en determinado instante, entorpecen el flujo de mi energía.

El fuego habla sin emitir palabra, en su fulgor incandescente expande mensaje a todos rumbos alzándose sobre las llamas más allá del tiempo y del espacio aparentes, aquí en el espacio, ahora en el tiempo, del silencio emanan suaves y a veces fuertes crujidos que dan cuenta de la combustión que sucede en el asiento de madera…

[Continuará]

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