COMUNICACIÓN NO VERBAL ENTRE EL BAILARÍN Y EL ESPECTADOR

COMUNICACIÓN NO VERBAL ENTRE EL BAILARÍN Y EL ESPECTADOR

Rosa Isela Covarrubias Blanco es alumna de la Universidad Gestalt y estudia actualmente la maestría en psicoterapia gestalt (http://www.gestalt.mx)

rosa9215@yahoo.com.mx

El placer estético atrapa la atención y revitaliza, provocando resonancias exaltadas y sintonías entre el bailarín y el espectador.  Si la percepción es la manera en la que organizamos la información que recibimos del mundo exterior a través de los sentidos, entonces vivimos en medio de un río de estímulos y provocaciones que afectan directamente nuestra estructura mental.

Xabier Lizarraga, “El placer hizo al hombre (y el displacer a la humanidad)”.  Somos una especie que desborda los parámetros de las necesidades fisiológicas y las sensaciones, accediendo a la construcción de pasiones por medio del teatro, la danza, la poesía, la música.  Si la percepción repercute en la sensación, que deriva en sentimientos y emociones, lo que a su vez afecta nuestra forma de construir el mundo, así como de entenderlo, en el momento en que la razón se ve rebasada por la estimulación de la percepción, ésta (la razón) desaparece y surge el sentimiento desmesurado, o pasión.

Un coreógrafo conforme va creando, va creciendo, encuentra el orden dentro del caos, ya que va estructurando realidades, creando significados, dándole sentido a todo aquello que afecta su sistema nervioso, a todo aquello que involucra su atención, entra en un estado donde pierde la noción del tiempo conectándose a algo divino a su verdadero ser.  Así coreógrafo/bailarín hacen dramaturgia.   La finalidad no es exhibirse, sino que el espectador reconozca “algo” (un tejido, texto verbal y/o no verbal) vital y orgánico con qué engancharse y que proviene de la vulnerabilidad del  bailarín.

Se dice que la comunicación se da en el momento en que desaparece el esfuerzo técnico manifiesto por comunicarse.  Cuando el bailarín ya no necesita demostrar su fuerza porque le es inherente, “se vuelve tan fuerte que puede ofrecer su vulnerabilidad” más poderosa que la seguridad de la técnica.  Esto se puede lograr cuando las energías físicas, emocionales y mentales, dilatadas, articuladas estructuralmente se convierten en el vehículo de la vida.

Se supone que hacemos arte para darle forma, salida y respuesta a nuestra ansiedad, inquisitividad y vulnerabilidad.  Nos damos a luz permanente para pisar certezas, sean metafóricas o realistas.  Y lo hacemos de tal manera que cuando convertimos todo esto en lenguaje expresivo, nuestra presencia crece, se magnifica, se agiganta, se enciende.

El espectador construye su propia visión gracias a la fluidez de la ficción articulada por el bailarín o artista. En ambos interviene la intuición que objetiva lo que semánticamente no podemos expresar.  Esta intuición se descubre por sus efectos, que son las sensaciones.  El bailarín tiene que experimentar la sensación para después poder transmitirla al espectador, trasmitir lo que quiere decir a través de su lenguaje corporal.

El objetivo del bailarín y coreógrafo, no sólo es crear sino llegar a tocar las fibras sensitivas del espectador, despertar su conciencia, despertar algo en él que llegue a hacer sentido en su vida,  a través de la emoción y sensación que el bailarín pueda llegar a trasmitir a su espectador.

Bibliografía

Cardona, P. (2000). Dramaturgia del Bailarín. México: Colección Danza.

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