Competencias docentes esenciales para la enseñanza

Por: Angélica Yolanda Rodríguez Gutiérrez, egresada del Doctorado en Innovación y Administración Educativa en la Universidad Gestalt.

El concepto de competencia surge, de acuerdo con Argudín (2005), en los años 70 y primeramente se enfocaron a la identificación de variables relacionadas con el desempeño laboral.  Más tarde, a raíz de la apertura comercial mundial y la adopción de éstas en el modelo educativo, se hizo necesario incluir en los esquemas la definición e implementación de las competencias en el lugar de trabajo.

De esta forma, uno de los estudios más destacados sobre el tema, lo desarrolla Perrenoud (2004) quien sostiene que las competencias no solamente son conocimientos, habilidades o actitudes, sino que representan un horizonte, un posible futuro deseable de la profesión de enseñar.  Aun cuando se tiene la necesidad de utilizarlas en las instituciones para su formación inicial y continua, sostiene dicho autor, los inspectores las utilizan como parámetro para evaluar a los profesores y pedir explicaciones.

Existen diversas formas disponibles para entender este fenómeno social en un entorno cada vez más cambiante.  Afortunadamente existen hoy día numerosos estudios sobre las competencias personales y profesionales de los docentes para dinamizar, a su vez, las de sus estudiantes.  Siguiendo con el estudio realizado por Perrenoud (2004) respecto a las diez nuevas competencias para enseñar, menciona las siguientes:

  1. Organizar y animar situaciones de aprendizaje.
  2. Gestionar la progresión de los aprendizajes.
  3. Elaborar y hacer evolucionar dispositivos de diferenciación.
  4. Implicar a los alumnos en sus aprendizajes y en su trabajo.
  5. Trabajar en equipo.
  6. Participar en la gestión de la escuela.
  7. Informar e implicar a los padres.
  8. Utilizar las nuevas tecnologías.
  9. Afrontar los deberes y los dilemas éticos de la profesión.
  10. Organizar la propia formación continua.

El citado autor desarrolló extensamente cada una de ellas, pero en su conjunto conllevan objetivos tales como la calidad y excelencia en la enseñanza, así como permitir a los docentes realizar sus tareas con eficacia y estar en posibilidad de enfrentar nuevos retos.  De esta forma, los maestros, en cualquier nivel de educativo, deberán contar con una serie de competencias docentes que preparen a sus estudiantes ante los nuevos desafíos de un entorno cada vez más cambiante.

Adicionalmente a lo analizado, otra de las investigaciones en este sentido es el desarrollado por Argudín (2005) quien menciona que en la educación basada en competencias, el fin y centro de aprendizaje es precisamente el alumno.  Esto se logra mediante el desarrollo del pensamiento crítico del alumno que le permita discernir, deliberar y elegir libremente; para ello el profesor como facilitador del aprendizaje deberá saber guiarlo mediante el uso de sus competencias para este fin.

Países como Inglaterra, Canadá, Australia, Estados Unidos y ahora toda la Unión Europea son pioneros en la aplicación del enfoque de competencia, lo consideran como una herramienta útil para mejorar las condiciones de eficiencia, pertenencia y calidad de la educación para que en un futuro también mejoren su economía (Argudín, 2005, pp. 29-30).

Cabe señalar que la citada autora, asimismo, señala una diferenciación entre dos tipos de competencias, a saber:

  1. a) Competencias laborales:
  • Aprender a aprender
  • En lectura y escritura (para expresarse por escrito y con nuevas tecnologías)
  • En comunicación (habilidades para saber escuchar y expresarse oralmente)
  • En adaptabilidad (resolución de problemas y pensamiento creativo)
  • En autogestión (autoestima, motivación y proyección de metas, servicio, desarrollo profesional)
  • En trabajo con grupos (interdisciplinarios, habilidades para negociar y trabajar en equipos)
  • En autoridad (habilidades para organizar y de liderazgo)

 

  1. b) Competencias en la educación:
  • Manejo de emociones
  • Avance de la autonomía a la independencia
  • Madurez en las relaciones interpersonales
  • Establecimiento de la propia identidad
  • Desarrollo de objetivos personales
  • Desarrollo de integridad

Por su parte, Cano (2005) sostiene que las competencias se pueden aprender y/o mejorar de acuerdo al tipo de conocimientos y formación por los que pasa un individuo, pero no significa que aun cuando se carezca de estos dos elementos, no puedan desarrollarse o aprenderse.

Dicha autora analiza en su obra, que se pueden aprender y/o mejorar de acuerdo al tipo de conocimientos y la formación de los individuos, pues aunque se carezca de estos dos elementos, se pueden desarrollar o aprender.  De esta forma, el conjunto de las competencias hasta hoy estudiadas por varios investigadores, permiten al profesorado realizar sus labores con eficiencia y enfrentar nuevos retos.

Perrenoud (2004) señala al respecto que habría que analizar a profundidad el funcionamiento de las competencias, siendo un parámetro el relacionar cada una con un grupo específico de problemas y tareas, así como clasificar los recursos cognitivos (conocimientos, técnicas, habilidades, aptitudes, etc.) dentro de competencias específicas consideradas, para un estudio más reflexivo.

Bajo esta lógica, se requiere fomentar las competencias de los maestros enfocadas a la adaptación y aceptación de los nuevos escenarios didácticos, aun cuando habría que precisar que no solo es responsabilidad del profesor el involucrarse en dichas innovaciones, sino que se requiere que los cuadros directivos también asuman el compromiso de facilitar la transición al cambio.  Conforme a Valenzuela (2004), esto se puede lograr mediante mecanismos que puedan ir acompañándolos en el proceso mismo y crear un clima laboral en el que se promueva el desarrollo y el bienestar del capital humano.

Han sido innumerables autores los que han desarrollado temas relacionados con las competencias docentes y la resistencia al cambio como consecuencia de innovaciones educativas; sin embargo este ensayo se distingue por precisar, de toda la gama de competencias que se han estudiado, específicamente cuáles son las que requieren desarrollar los maestros para trascender con el ejemplo, en nuestros alumnos.

Desde este enfoque, los docentes deberán desarrollar las competencias necesarias enfocadas al uso de las TIC en un proceso innovador de enseñanza-aprendizaje para mejorar la calidad de la enseñanza.  Esto se afirma debido a que precisamente la fortaleza del profesor radica en su tendencia didáctica por su formación pedagógica o profesional, en su experiencia y conocimientos específicos de alguna área del conocimiento y,  aunque algunos son docentes por convicción, otros por necesidad y algunos por tradición familiar, todos ellos comparten en su tiempo y espacio, un fin común: educar para formar.

Al respecto, Cano (2005) menciona que las competencias pueden ser de dos tipos: las rigurosamente académicas y aquéllas que requieran de la experiencia profesional, como el saber trabajar en equipo, el ser flexible, sistemático, riguroso, entre otras.

En este sentido, Zabalza (2006, p. 11) argumenta, asimismo, que las competencias implican el reconocer situaciones problemáticas y saber resolverlas. “La competencia aparece, en cualquier caso, como una zona de intersección en la que actúan tanto los conocimientos como las habilidades para desarrollar acciones bien fundamentadas y eficaces.”

Las nuevas tecnologías hacen que exista una plena transformación entre la relación profesor-alumno, donde son empleadas las TIC como soporte en el manejo de la información con fines didácticos, por lo que se requiere del pleno desarrollo de las competencias docentes para que cualquier implementación en este terreno sea exitosa, de lo contrario ¿qué objeto tendría el cambio?

Con base en lo anterior, se podrá determinar si los actuales objetos de aprendizaje son suficientes para la comprensión y desarrollo en la generación del conocimiento, medición de las capacidades, habilidades, actitudes y destrezas tanto de alumnos como del propio maestro, ya que este último como usuario de estrategias mediadas por la tecnología, ha pasado a formar parte del propio objeto de aprendizaje.

Es difícil concebir un proceso didáctico sin considerar las competencias docentes, debido a que ya no basta con que los maestros sean buenos manejadores de libros, sino que se deberán integrar a sus clases el uso del equipamiento tecnológico necesario para generar fuentes de información y los mecanismos para distribuirla (Zabalza, 2006).

Considerando lo anterior, los resultados de esta investigación servirán a todos aquéllos que se encuentren involucrados en el ámbito educativo y que deseen conocer las competencias que deberán desarrollar en su planta docente cuando se implementen innovaciones tecnológicas como parte de sus planes y programas de estudio.  De esta manera, el papel que jueguen los maestros, directivos y alumnos será decisivo para la adecuación de estrategias innovadoras, mediante el seguimiento, ajustes, continuidad y evaluación de las consecuencias.

Aunque no sólo es cuestión de que las instituciones educativas ajusten sus modelos didácticos a las nuevas tecnologías, sino que asimismo  “… se reclama la responsabilidad compartida de los organismos, las familias, la sociedad civil y los poderes públicos en la tarea de garantizar a toda la ciudadanía una buena educación” (Escudero, 2006, p. 22).

De esta forma, se considera de gran importancia el desarrollo de competencias y la adaptación del profesorado a la innovación educativa, ya que son precisamente los maestros quienes deberán generar el cambio educativo, incorporando estrategias de enseñanza que involucren las nuevas tecnologías, ya que de no hacerlo pondrían en clara desventaja a sus alumnos frente a un mundo cada vez más cambiante.

Por otro lado, todavía hay profesores que se niegan a abandonar los modelos autárquicos y obsoletos de años atrás. “De forma tal, que los docentes no deberían ya de ser meros transmisores de información y conocimientos, sino de ofrecer desafíos y alternativas de trabajo a sus alumnos, con el objetivo de ayudarles a construir su propio conocimiento” (Ramírez y Mortera, 2009, p. 11).

En este sentido, Hargreaves (2005) nos habla sobre crear de antemano nuevas estructuras que faciliten aprendizajes e interacciones para que los docentes se relacionen con mayor flexibilidad, que aprendan unos de otros de forma más generalizada y que perfeccionen continuamente su propia pericia.

En suma, es papel del profesor potenciar sus propias competencias en beneficio de sus alumnos, ya que si carece de alguna de ellas, la transmisión del conocimiento será deficiente y por ende, sus estudiantes tendrán carencias importantes para enfrentar retos ante un mundo cada vez más complejo y competitivo internacionalmente.

Referencias

Argudín, Y. (2005). Educación basada en competencias: nociones y antecedentes. Distrito Federal, México: Trillas.

Cano, E. (2005). Cómo mejorar las competencias de los docentes. Guía para la autoevaluación  y el desarrollo de las competencias del profesorado. Barcelona, España: Graó.

Escudero, J. (2006) Compartir propósitos y responsabilidades para una mejora democrática de la educación. Revista de Educación, 33(9), 19-41.

Hargreaves, A. (2005). Profesorado, cultura y postmodernidad (Cambian los tiempos, cambia el profesorado). España: Ediciones Morata, S. L.

Perrenoud, Ph. (2004). Diez nuevas competencias para enseñar. Distrito Federal, México: Secretaría de Educación Pública.

Ramírez, M. S. y Mortera, F. J. (2009). Implementación y Desarrollo del Portal Académico de Recursos Educativos Abiertos (REAs): Knowledge Hub para Educación Básica. Memorias del IV Congreso Nacional de Posgrados en Educación. Guanajuato, México.

Valenzuela, J. R. (2004). Evaluación de instituciones educativas. Distrito Federal, México: Trillas.

Zabalza, M. (2006). Competencias docentes del profesorado universitario. Calidad y desarrollo profesional. Madrid, España: Narcea.

Comentarios

comentarios

Deja un comentario