Como terapeuta estoy disponible para dar

Conferencia Magistral del 5º Congreso Internacional de Gestalt de la Universidad Gestalt
Por: Evropi Papadopoulou

Un vaso parece azul cuando las únicas ondas de radiación solar que entran son las azules. Todos los demás colores son absorbidos. En otras palabras, su nombre no lo toma de algo que todavía no tiene sino de algo que da hacia afuera. Voy a tratar de definir la palabra “dar” como un proceso de maduración personal, como un proceso de asumir la propia responsabilidad para la felicidad y alegría. A continuación hablaré de la posibilidad de compartir la experiencia de dar como humano hacia otro ser humano.

Cuando tú, prójimo, existes, haces mi soledad más soportable y yo puedo caminar y madurar en mi vida con dignidad. Al final acentuaré que la responsabilidad del terapeuta influye muchísimo en la calidad de interacción con el paciente. La acción de dar como terapeuta, no sólo cura al paciente sino que es terapéutico para el terapeuta mismo. En realidad, el dar como terapeuta, no deja de ser un proceso físico interno, es decir, una necesidad interior vital que todos los humanos poseen.

Además, el proceso de dar, independientemente de mi necesidad mutua, me ayuda a evitar varias trampas del proceso terapéutico con mi paciente. Más concretamente, ayudo a solucionar la transferencia hacia mi paciente descubriendo al mismo tiempo cosas de mí misma. De esta manera le muestro que le estimo y respeto ofreciéndole cosas mías. Al elegir darle información muy personal bajo situaciones muy concretas; tales como la presencia, la rapidez de reacción y completa sinceridad y mis sentimientos, básicamente acepto implicarme en todo lo que ocurre a mi alrededor aquí y ahora. Correspondo a mi presente; significa que me vuelvo a llenar. Como Perls diría: de la interacción de mí mismo contigo, de mi organismo con su ambiente.

Mi sonrisa ha obtenido un valor social, interpersonal y de comunicación. Empieza a tener una influencia enorme con mi conexión y mi interacción psicológica con las personas de mi entorno. Cuando damos algo a nuestro entorno, nos beneficiamos. Esta sonrisa es ya una reacción de sensibilidad interpersonal antes de transformarse en selectiva.

Quizás la experiencia de dar a otra persona sea una experiencia vital muy importante para nuestra evolución. Además parece que tiene prioridad a la experiencia de elegir a quién voy a dar.

Después, cuando tengo 5 o 6 meses, empiezo a distinguir los rostros humanos. Ahora mi sonrisa me hace selectiva. Cuando me acerco a mi madre y le hablo y comparto de un modo activo.

El dar a mi madre mi sonrisa es prueba de que estoy satisfecho conmigo, que acepto su amor, que tengo cariño y seguridad así como que mi madre es una buena madre.

Parece que mi sonrisa es un medio poderoso para la conexión de la interacción de mi madre conmigo. Cuando le sonrío, también disfruto de su cuidado valioso y cariño. Esto significa que yo soy un niño precioso e importante. Mi madre se convierte en el espejo donde me reflejo por primera vez. Probablemente esta es mi primera experiencia a lo que significa ser equivalente a la persona más importante de mi vida, mi madre.

La experiencia de sentirse equivalente para, en principio, poder tener qué tomar primero para poder dar creo que es terapéutica por sí misma.

En mi fase adulta, la frase “me beneficio cuando te doy” significa: tomo la responsabilidad de mí mismo al beneficiarme. Quizás han escuchado la historia de alguien que le pide a Dios le enseñe cómo es el infierno y cómo es el paraíso. Dios no se lo negó y lo acompañó primero al infierno. El humano se encontró delante de una puerta con un letrero enorme que decía: Infierno. Fuera se escuchaban suspiros, y voces que rompían el corazón. Al entrar vio a gente sentada alrededor de una mesa. En el centro estaba la sopa. Se torturaban intentando comer pues las cucharas estaban pegadas a sus manos y del doble de largo que sus brazos. Así que sólo podían coger la sopa, mas no comerla. El humano le pidió a Dios ver el cielo. Al llegar todo era silencio. Al entrar era igual que el infierno, pero aquí los humanos se daban de comer unos a otros. Todos estaban satisfechos al descubrir que aunque no podían alimentarse ellos mismos podían alimentar a la persona de al lado. El humano le agradeció a Dios y se marchó tranquilo.

Quizás sólo parece que sólo te doy a ti, pero es dándote a ti es como me doy a mí mismo en el espejo. Esta experiencia nueva surge del conocimiento profundo de mi gratitud para mi encuentro contigo. Gestalt mantiene que yo mismo me desarrollo a partir de mi contacto contigo. No tengo una imagen negativa o positiva de mí mismo, pero tengo la experiencia positiva o negativa de mis acciones. En otras palabras; cuando te doy tengo la experiencia de que soy generoso, útil y por lo tanto, equivalente contigo. O también se puede decir, la autovalorización es la reclamación fundamental de la existencia. Es una autovalorización de autorespeto. Al ser celoso, tacaño, pobre, me siento solo e incompleto, en contacto con mi centro y conmigo mismo: no existo.

Toda esta pobreza da aislamiento, desconfianza, miedo, se opone a la belleza del amor y bondad. Entonces, para tener experiencias de sentimientos positivos y tener confianza con mi alrededor sin sentirme amenazado necesito desarrollar mi autovalorización.

Esto me hace recordar una de las más conocidas frases de Jesús: ama al prójimo como a ti mismo. Acentuando que antes de poder amar tenemos que amarnos a nosotros mismos, para poder esforzarnos por ganarnos su amor.

Si renuncio a mí mismo me convierto en un objetivo permanente que depende de que los demás me amen, esto se vuelve tormentoso.

En el momento que decido darte, asumo la responsabilidad dentro de mí mismo ganando la posibilidad de cuidarme y quererme a mí mismo. Con este encuentro tengo la posibilidad de ser mi propio administrador, de tomar la responsabilidad personal de mis posibilidades.

Yo soy el único señor de mí mismo, de mi interacción con el ambiente, de mis planes, de mis expectativas del futuro. Lo que en Gestalt llamamos: auto regulación, me hace más fuerte. Creo que para mí significa que soy sincero y que puedo evaluar las decisiones que me ayudan a ser persona, además de prevenirme y auto realizarme. Esto quiere decir para mí: auténtico, libre y presente. Puede que otras personas tengan la responsabilidad de alguna de mis molestias. Pero yo soy el único responsable de la alegría y felicidad de mi presente. Yo decido si transformo mi vida o la dejo como está. Si me quedo en el pasado o intento vivir el presente.

Por lo tanto, tener la experiencia de beneficiarme cuando te doy es una experiencia de adentro hacia afuera, de mí hacia mi ambiente. La acción de adentro hacia afuera es un elemento básico de mi experiencia en la cual me descubro a mí mismo. Poder valorar la experiencia en el momento que se vive, significa saber que me beneficio en el momento que te doy y que es uno de los instantes más profundos de mi vida.

Es la posibilidad de manejarme y asumir mi responsabilidad de mis posibilidades. Igualmente la responsabilidad se asocia con el sentido de obligación de algo. Pero la responsabilidad es una acción totalmente decisiva. Ser responsable significa ser capaz de reconocer a mi necesidad y por lo tanto, la necesidad de la otra persona. Por supuesto, la responsabilidad antes que el respeto puede hacerse dominante sobre la otra persona. El respeto no es miedo, ni espanto. El respeto es la eficacia de poder ver a una persona como es y tener conocimiento de su identidad única. El respeto presupone la ausencia de explotación. Es obvio que el respeto es posible solamente si yo he conseguido la independencia. Si puedo caminar sin necesitar muletas o sentirme obligado a explotar o dominar a alguien.

Beneficiarme cuando te doy es la insinuación de una postura activa, una filosofía de vida activa y no pasiva. El amor no está en función del amarme. Me sostengo con el apoyo que tengo del ambiente. Como diría Perls: Es el punto del círculo de contacto de la psique donde paso a la acción. En una acción sin movimiento, no existe la auto realización.

Reacciono y me muevo sabiendo los límites de mí mismo hacia mi ambiente. Mi acción crea contacto. El contacto es el lugar donde se encentran el tú y el yo. De acuerdo con Gestalt; el contacto es el núcleo de cada terapia. Es una experiencia de dar, es una acción mutua, no hace falta esperar a pedir que la oferta sea igualmente mutua. Tengo conocimiento que no estás aquí para cumplir mis expectativas y esto, como diría Perls, es suficiente para sentirme equivalente a ti.

Me he liberado de la responsabilidad de mis acciones y es la prueba más grande de la equivalencia que siento hacia ti. Para mí, el dar depende de la persona y de su necesidad de reciprocidad y de dependencia. Es una experiencia parecida al amar sin negociar mi amor. Cuando la necesidad me chantajea, me convierto en su cautivo.

Cuando te doy siento que algo me falta, soy dependiente y no tengo la capacidad de auto regularme. Si me defino a partir de otras personas, me siento débil porque no dependo de mi centro sino de tu correspondencia. Esto me recuerda cuando Alejandro Magno llega a Atenas para conocer a un filósofo griego muy famoso [Diógenes] y le preguntó qué quería él que hiciera. El filósofo le contestó que si se podía mover un poco, porque no podía ver el sol. El filósofo no tenía ningún interés en posesiones materiales y por lo tanto, no dependía de ellos, ni se definía por los objetos, consiguió liberarse totalmente del egocentrismo. Esto es lo que en Gestalt llamamos: no tengo, soy. Pero qué necesito como terapeuta para dar a mi paciente y al mismo tiempo abastecerme de esa misma acción

¿Qué me ayudaría a sentir que estoy dando a mi paciente durante el proceso terapéutico? Me ayudará, el conocimiento que surge durante la experiencia de contacto con mi paciente. Ver yo mismo la manera en que organizo mi experiencia. Ser el sentido que atribuye a mi vida que surge de la fe en que me beneficio como persona cuando le doy a mi paciente.

El conocimiento que resurge durante la experiencia de contacto con mi paciente. El contacto, desde el punto donde se encuentran el ambiente y yo mismo. Es un momento de gozo donde puedo beber y saciar la sed. Ahora tengo que procurar encontrar la gente que está a mi alrededor y discutir mis necesidades por medio del contacto con esta gente.

Consideran la comida como el arquetipo de interacción de las personas con su ambiente a través del contacto. Así como el contacto es el lugar donde me encuentro en mi entorno, también es el lugar de encuentro con mi paciente.

Aquí no sólo existo yo, reconozco a mi paciente. El yo y el tú se transforman en nosotros, sin perder la identidad y los límites personales de cada uno. Encontrar el punto donde nos relacionamos con nuestros límites distintos. Entonces, mi conocimiento, que surge a partir del contacto con mi paciente es que yo soy diferente a él y él a mí. Mi identificación total con él hace imposible el contacto correcto con él. Porque sólo cuando existe una diferencia clara entre lo que soy yo, y lo que yo no soy, se puede tener una experiencia de encuentro entre yo y el paciente.

El contacto es la calidad del conocimiento que incluye el encuentro libre de diferencias del aspecto fenomenológico de nosotros mismos. El contacto es la experiencia de la diferencia donde nos podemos encontrar. Si no hay diferencia no nos encontramos. En este momento podemos sentirnos parte de la otra persona, pero diferentes.

Cuando no puedo delegar mi diferencia, inconscientemente intento hacer que mi paciente sea como yo.

El contacto como persona real no es posible si no me considero como algo. Mi paciente y yo somos dos identidades distintas cada uno, con sus necesidades. Cuando el respeto, la aceptación y el reconocimiento de las diferencias de la otra persona me estimulan, se activa mi sentimiento y provoca mi interés. Entonces indica que estoy en contacto con mi paciente.

Durante el proceso terapéutico, como terapeuta, no debo de olvidarme a mí mismo. Soy parte del proceso terapéutico. De acuerdo a Gestalt: el único conocimiento de aquí y ahora, se filtra hacia mí mismo.

El modelo de terapia neutral, es más o menos desconocido, y tiene como objetivo la creación de transferencia, está considerado anticuado. La transferencia de la persona que se interesa, se manifiesta independientemente de si el terapeuta se manifiesta como persona distinta. El modelo que uno enfoca entre terapeuta y paciente es mejor. Pero no vale la pena sacrificar un contacto humano auténtico en la psicoterapia. Un estudio de terapia psicoanalítica demostró que el paciente atribuye el éxito de su terapia a la relación con los terapeutas y las reciprocidades de estos. Los pacientes del estudio aseguraban que en el primer encuentro notaban un tipo de poder nuevo que les acepta como son.

Hace algunos meses un paciente se separó de su cónyuge, lo que le provocó angustia y mucha inestabilidad. En este momento yo me di cuenta que si yo fuera él me ayudaría ver más frecuentemente a mi terapeuta. Nos veríamos cada semana, en vez de cada quince días por una duración determinada, para que no fuera una carga económica. Durante los encuentros la paciente se mostraba agradecida por tener a alguien que :se preocupara por ella y la cuidase. Nunca mencionó nada relacionado con mis técnicas. Y lo único de lo que ella estaba segura es de que su terapeuta era buena persona, esto ayudó a su evolución. Desde mi punto de vista, en el momento que tomé la decisión de estar más cerca de mi paciente, más tiempo, aunque hubiera menos recompensa económica me sentí liberada, reforzada y un paso más cerca de mí mismo. El contacto esencial con mi paciente me hace conocer los límites de mí misma. Conozco nuevas experiencias e ilumino nuevas partes de mi carácter. Descubro nuevas posibilidades en mí. Mediante el contacto con mi paciente avanzo al cambio. Es un proceso continuo y dinámico, pero siempre dentro de los límites de mi cuerpo. Los límites de mi cuerpo, de mis valores, de mi expresión, de acuerdo con Joseph Foster, autor de: Límite del ego: El conocimiento del límite de mi ego me permite estar en contacto con mi paciente sin perder la sensación de mí mismo. Por supuesto cuando estamos al límite del ego el resultado del contacto con el paciente puede ser ambiguo e indeciso, pero sólo en este momento el desarrollo y el cambio son posibles mediante el contacto.

Más allá de los límites del ego, el contacto del cual hablamos, es casi imposible.

El segundo elemento, que desde mi punto de vista me ayudará a sentir que me beneficio al dar a mi paciente durante el proceso terapéutico es: yo mismo. El yo mismo es donde realizo mi experiencia. Para Gestalt el terapeuta compone parte de la terapia. La psicoterapia efectiva demanda del terapeuta el tener el máximo conocimiento de sí mismo, haciendo que su contribución con la terapia sea lo más clara que pueda.

Es evidente que la seguridad que te da el conocimiento teórico y la formación no es suficiente para la formación completa del terapeuta. La experiencia de la psicoterapia personal permite que yo tenga la experiencia de vivir el proceso de aspectos terapéuticos desde la posición del paciente. Me ayuda a entrar con seguridad en su situación personal. La psicoterapia personal es la parte más importante de mi educación como terapeuta. En Gestalt, la psicoterapia de los existencialistas, se está de acuerdo en que la herramienta más apreciada del terapeuta es él mismo.

El uno mismo hace el proceso de la adaptación creativa, está cada momento en contacto con el ambiente y de él depende el modo en que yo organizo mi experiencia. Él mismo no se debe considerar como una institución fija. Cuando sea y donde sea, realmente existe interacción entre los límites.

El uno mismo es el proceso de forma y fondo y crea las situaciones de contacto. El uno mismo se compone de las funciones del ego, libido y de la personalidad. Las funciones del ego se relacionan con las decisiones que yo tomo. Las de libido se relacionan con los sentimientos y todo lo que en Gestalt llamamos funciones pasivas. Finalmente las funciones de la personalidad se relacionan con los valores y condiciones que tenemos con nosotros mismos y con la gente.

Cuando las funciones del ego y de la libido, de actividad y pasividad no sólo se funden sino que se equilibran en un total contacto y forman un todo y entonces se juntan y hablamos en Gestalt del camino medio.

El camino medio es dejar que la experiencia me absorba. Cuando adopto como terapeuta el camino medio para implicarme en el proceso terapéutico, entonces me libero de la ansiedad de la impresión que tenga la otra persona de mí, entonces supero la etapa de mis expectativas y esperanzas.

El tercer elemento es el sentir que atribuyo a mi vida. El sentir que le doy a mi vida, surge de la fe en un valor objetivo, una persona. Los humanos nos distinguimos de las otras criaturas porque somos criaturas razonables. Una característica de esta cualidad es que tenemos conciencia de nuestra existencia. Parece que estamos forjados para buscar el sentido o para dar sentido a cualquier cosa que pasa en nuestra vida.

Además la consciencia de nuestra existencia está fundada en la consciencia de nuestra no existencia.

Para soportar todo este peso de conocimiento y para manejarlo; aspiro a dar sentido a mi vida. Lo que se me escapa habitualmente es que el sentido a mi vida lo doy yo mismo, es un asunto personal, no existe un sentido de mi vida fuera de mí.

Una de mis historias favoritas es de uno de los cuentos más conocidos en todo el mundo: Había una persona que desde que era pequeño sorprendía a sus profesores de la escuela por su inteligencia. No compartía las ansiedades de los niños de su edad. Lo único que le importaba era encontrar el sentido de la vida. Estudió Filosofía, Matemáticas, Física, Sociología y Biología. Su personalidad y su contribución a las ciencias eran reconocidas en la sociedad científica. Un día estaba con un amigo, desesperado. Dijo: gasté toda mi vida, buscando el sentido de la vida y a pesar de todo el conocimiento y esfuerzo, no lo he encontrado. Su amigo le informó de un gurú en el Tibet que los últimos 20 años ha estado sentado delante de un río, quizás él podría saber el sentido de la vida. El humano inteligente encontró a este gurú. Lleno de modestia y respeto se sentó junto a él y dijo: profesor he gastado toda mi vida buscando el sentido de la vida y no lo he encontrado, quizás tú sabes cuál es… El gurú contestó: el sentido de la vida es el río que corre. Y el humano con entusiasmo contestó: ¿De verdad profesor este es el sentido de la vida?, el gurú le miró y le contestó: ¿Qué, no es este?

Piensen en cuántos pacientes empiezan la psicoterapia para descubrirle algún sentido a su vida. Por ejemplo: siento que estoy bloqueado, quería salir de esto, quisiera poder vivir las cosas, no me siento bien conmigo mismo, quiero descubrir en dónde estoy como persona, quiero saber qué me falta, no encuentro lo que me falta, no sé qué hacer con mi vida profesional, quiero encontrarme a mí mismo.

Cuando el sentido de mi vida se cumple mediante otro ser humano, por ejemplo, mi amor por él. O hacia algún objetivo, por ejemplo; ayudando a niños con cáncer. O en mi fe por alguna idea, por ejemplo; teniendo fe en que todos los humanos somos iguales. Entonces, este sentido me supera a mí mismo y hace que mi evolución personal tome un sentido mayor.

Por supuesto necesito estar presente en el sentido de mi vida, guardarlo y realizarlo cada día.

El sentimiento de dar sentido a la vida; demanda dedicación y cumplimiento cada día. Demanda fe.

Fe en una idea, una persona y sobre todo fe en la seguridad y estabilidad de mi centro de una manera que me caracteriza y marca toda mi personalidad.

Nadie conocería a Newton, Galileo, Einstein, Colón, Sócrates, Aristóteles, Marx, y tantos más, si ellos no hubieran dedicado sus vidas a algo más allá sobre ellos. Como diría Perls: fuera del nivel de la existencia sintética. Para Perls la existencia sintética es un compromiso entre la existencia y la contraexistencia.

Mi fe en una idea que supera los límites del racionalismo es en mi opinión una experiencia de juicio y razón. Fromm dice que vivir con tu fe es vivir con tu creatividad. Si creo que cada humano es único y valioso, equivalente, significa que le respeto profundamente. Así mi acción de dar tiene sentido para mí.

Dando a un humano equivalente me hace sentir que me beneficio a mí mismo. No siento que me sacrifico, presiono o deprima y no sufro. Consigo que la experiencia de dar esté fuera del sentido de pérdida, privación o sacrificio. Esto significa que en mi evolución personal entiendo el sentido de recibir no exclusivamente para preservarlo y almacenarlo.

¿Cómo vivo mi relación con la gente?: ¿soy confluyente o cautelosa, me siento rico porque tengo mucho o porque doy mucho, doy porque tengo que hacerl o por que vale la pena?

En vez de conclusión les voy a contar una historia de un escritor griego famoso. Alguien, después de muchos años de esfuerzo feroz llega al cielo y toca. Le pregunta Dios quién es, contesta: soy yo. Dios le mandó de regreso a la Tierra por más años, conocimiento y esfuerzo. Cuando muere otra vez, toca la puerta y Dios pregunta quién es y contesta: yo. Dios le manda de nuevo a la Tierra. Cuando muere por tercera vez y Dios le pregunta quién es, contesta: ¿eras tú, eres tú Dios mío?

Consideren mi hablar en español una manera de dar a ustedes en el cual mi beneficio fue sentirme cerca y apoyada por ustedes.

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