“COMIDAS DE NEGOCIOS”

Ernesto Nuño Gutiérrez

enuno@nab.mx

“COMIDAS DE NEGOCIOS”

Es bien sabido que en el transcurso de una comida de negocios, la mejor estrategia consiste en desarrollar la mayor parte de la conversación sustancial antes de que llegue la comida. En cuanto todo mundo empieza a comer, la conversación puede alcanzar un punto muerto y el alcohol amodorrar el cerebro, después de comer, el estómago acumula parte de la sangre que normalmente irriga el cerebro para facilitar la digestión e impide pensar con claridad (1).

Por lo anterior, el convocante, que será la persona que tiene el interés de comunicar algún tópico a su o a sus interlocutores, debe ser muy cuidadoso de un conjunto de detalles que envuelven a la sustancia que se quiere comunicar, pudiendo el conjunto de ellos, llegar a transmitir un mensaje incluso de mayor importancia y trascendencia que el que se pretende comunicar.

El primer detalle a considerar consiste en la hora que se señala para la celebración de la reunión de comida de negocios. Este sencillo dato comunica la cultura a la que pertenece el convocante: los latinos suelen comer alrededor de las tres de la tarde mientras los anglosajones acostumbran comer alrededor de las seis de la tarde. La reunión alrededor de la mesa puede convocarse para desayunar, comer o cenar, en cuyo caso, la elección de una de estas opciones también comunica estilos muy personales, un desayuno transmite formalidad y ambiente de trabajo, una comida transmite mayor solemnidad e importancia del negocio y una cena transmite informalidad o relajación.

La selección del lugar para tener la comida de negocios comunica aún más: invitar a una persona a comer a casa, transmite mayor confianza e informalidad, en tanto que la comida en un restaurant es más formal y de menor confianza. La calidad del restaurante comunica la educación de la persona que convoca a la comida, comunica también la calidad del vínculo entre los comensales y refuerza o debilita el tono de la relación, dependiendo de que se trata de un lugar del agrado de todos los comensales o que no resulte agradable a alguno de ellos.

Una vez en la comida, la selección del platillo también habla por el comensal y la forma de comer revela con mucha mayor claridad la personalidad de los comensales. La forma de masticar, de respirar, las porciones que se llevan en cada bocado, el tiempo que se permanece hablando mientras los otros comen y el tiempo que se permanece comiendo mientras los otros hablan son gestos que por si mismos hablan del comensal. Levantar la copia de vino para brindar mientras los demás tienen la boca llena comunica la desatención del comensal.

Sin lugar a dudas, la importancia del asunto a tratar se comunica dependiendo del momento en que el mismo se aborde, pudiendo ser antes de iniciar la comida, durante la comida, al finalizar la comida, o incluso muy de prisa en la puerta del restaurant porque el hombre del valet parking ya ha llegado con las llaves del coche que está en doble fila y hay que retirarse para no estorbar. En cuyo caso, se habrá comunicado muy poca importancia al asunto aunque la hubiera tenido como para ser el tema central de la reunión.

(1)  Pease, Allan y Bárbara. El Lenguaje del Cuerpo. Editorial Amat. España, 2006.

BIBLIOGRAFIA:

Pease, Allan y Bárbara. El Lenguaje del Cuerpo. Editorial Amat. España, 2006.

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