Burbujas dentro de una atmósfera existencial terapeutica

Psic. Fernando Romero Guzmán
Publicado el 12 de Septiembre del 2002

Al escuchar el término “Burbuja terapéutica”, pienso inmediatamente en un círculo, en una bolsa como pelota donde se provoca algo. Imagino una burbuja de jabón que se deja llevar por el viento acompañada de otras esferas transparentes, las cuales viajan separadas y si se juntan no se mezclan, siguen siendo ellas y sin importar el camino que tomen se dejan llevar y llegarán, ¿a dónde?, yo te pregunto: ¿a dónde quieres que lleguen?. En otras ideas, se habla de los mundos de dos personas, dos burbujas, dentro de un círculo, que aunque se relacionan en lo común, cada uno guarda sus características particulares.

Cabe hacer las preguntas siguientes: ¿qué tiene que ver “todo esto” con la Psicoterapia?, ¿por qué hablar de una burbuja terapéutica?, ¿qué pasa con el paciente?, ¿qué pasa con el psicoterapeuta? y ¿qué tiene que ver con el hombre, con el mexicano?.

Considero que en la terapia se da la apertura a un “espacio de para darse cuenta, para integrar, para trascender”, es un espacio sagrado donde se da más que el estar dos personas frente a frente; donde se cree que una es la que sabe y esta más allá del bien y del mal y la otra es la persona “enferma” y la que a gritos pide ayuda. El contenido de esta burbuja es un espacio lleno de vida, que involucra a dos.

El encuentro terapéutico interno facilita el crecimiento de ambos -analísta-paciente- en un proceso recíproco. El trabajo del terapeuta beneficia sirviendo con plena conciencia, y a sí mismo, usando la relación para su propio crecimiento. Ambos trabajan sobre sí mismos, cada uno de la manera más adecuada para su propia evolución, es por ello que para el terapeuta, el trabajo con su propia experiencia se convierte en la principal responsabilidad del proceso y se debe tener disposición a oír la verdad sobre sí mismo. Sin embargo, el terapeuta puede compartir cuando sea apropiado sus propias cuestiones sin resolver, y al servir como modelo se incrementa reciprocidad entre terapeuta y cliente, están menos distanciados, por que ambos comparten la intención terapéutica orientada hacia el crecimiento funcionando ambos como maestros.

Se concibe al hombre como poseedor de la capacidad de ser consciente y responsable de su existencia para llegar a ser él mismo, es decir, se concibe al hombre como un “ser en sí” y “ser por sí”, formando un todo unitario con el mundo o ser-en-el-mundo. Y su objetivo es que el paciente se de cuenta o tenga autoconciencia de su existencia real, de su ser, y así percibirá sus potencialidades para actuar de acuerdo a ellas.

También este espacio está vinculado a los problemas filosóficos y morales del hombre; sin embargo, el encuentro personal entre el Ser del terapeuta y el Ser del paciente; es producto de la influencia entre ambas personalidades. Pero esta relación esta más allá del contacto físico e intelectual, y aún del tiempo y el espacio, dentro de una inconciencia étnica -en palabras de Bartra-. El terapeuta no es sólo el sujeto activo, sino que vive con el paciente el proceso individual de desarrollo.

Su propósito ha de ser educar a los hombres para una existencia independiente, con libertad moral. Y es aquí donde el papel del terapeuta consiste en caminar en el viaje a lo largo del crecimiento personal; es decir, aprovechar la integración de los aspectos disociados o no integrados de nosotros mismos, para acceder a una nueva experiencia y aun Yo verdadero y universal.

Debido a que el tratamiento profundo está formado por el autoexamen y la autocrítica interior del terapeuta, podrá sólo entonces, poner en orden en el paciente lo que en sí mismo rectifica o corrige. Se provoca cambio y se transforma la conciencia, alterando el sentir interior de la propia existencia, y la liberación del paciente de los condicionamientos sociales. Su tarea ha de ser reconciliar el sentimiento individual y las normas sociales, sin afectar la integridad individual, ayudar al individuo a ser él mismo y a lograrlo por sí mismo; es decir, ser-en-el-mundo.

No se puede negar que en el contexto analítico, se observa y experimenta junto al paciente y éste ve al otro como la última opción en su vida, de ahí que se deba trabajar sobre uno y el otro, en todos los aspectos, para poder alcanzar con ello el crecimiento de ambos en su propio nivel. Cada paciente es único y distinto, siempre habrá una relación y vinculación inmersas. Los procedimientos que se puedan utilizar constituyen en cada caso una colaboración no sólo del entendimiento y la simpatía, sino del hombre total. A su vez, es necesario utilizar un lenguaje diferente para entablar comunicación, sólo así se podrá trascender la rutina profesional y alcanzar los límites de lo subjetivamente posible, pues de lo contrario el paciente no podrá percibir sus propios influjos.

En la burbuja se da un arte, una atmósfera, donde las dos personas en contacto crean una historia en común y a su vez, cada quien en lo particular reformula su propia existencia, se reconstruye la historia de vida. es un proceso que se da entre humanos para crecer aprendiendo a bien usar cualidades, defectos, cosas resueltas y cosas por resolver. Está el experto en sí mismo, que es la persona que consulta, y el experto en las técnicas, el terapeuta, que colabora ayudando al primero a cambiar desde adentro, en su estilo y a su ritmo, lo que quiere cambiar, para crecer y lograr sus objetivos, aprendiendo a disfrutar la vida, saludablemente.

En este encuentro se exige lo mejor de la humanidad que hay en nosotros y lo que en realidad tiene lugar es un encuentro entre dos, donde uno siente lo que el otro está sintiendo abriéndose a un mundo desconocido. Terapeuta y paciente viven juntos, rescatan y desarrollan su potencial humano, disfrutando juntos del proceso de realización, de crecimiento, de darse cuenta de que simplemente cada uno lo que es.

Termino con unas palabras de Rogers quien citado por Kopp (1981, p.209) se refiere a lo que es ser Psicoterapeuta:

“Si puedo crear una relación caracterizada por mi parte por: una autenticidad y transparencia en las que yo soy mis sentimientos verdaderos; por una cálida aceptación y aprecio de la otra persona como individuo; por una sensible capacidad de verle a él y a su mundo tal como él lo ve.

Entonces, el otro individuo en la relación, experimentará y entenderá aspectos de sí mismo que previamente había reprimido; se encontrará mejor integrado, más capaz de funcionar eficazmente; se parecerá más a la persona que le gustaría ser: se volverá más dueño de su destino y tendrá más confianza en sí mismo; será más persona, más única y más autoexpresiva; comprenderá y aceptará más a los demás; podrá lidiar con los problemas de la vida de forma más adecuada y más cómoda”.

Referencia

Kopp, S. (1981), GURU. Metáforas de un psicoterapeuta, Paidos.

Comentarios

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One thought on “Burbujas dentro de una atmósfera existencial terapeutica

  1. Ricardo Roman

    La premisa de que: “…se concibe al hombre como un “ser en sí” y “ser por sí”, formando un todo unitario con el mundo o ser-en-el-mundo…” Quien establece esto ? quien concibe al ser asi ? el autor del articulo la psicologia ? Si el autor concibe al hombre como un ser en si unitario con el mundo, sobre que bases establece esta premisa ? Gracias

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