Bikram Yoga y la Psicoterapia Gestalt

Alejandra Benítez de la Vega

Alumna  en la Universidad de Gestalt cursando la maestría en Psicoterapia Gestalt

Mail: aleben1986@hotmail.com

Bikram Yoga y la Psicoterapia Gestalt

En el 2010 escuché en un programa de radio la apertura de un estudio de Bikram Yoga donde hablaban de los innumerables beneficios que esta práctica da a la salud física y mental y decidí darme la oportunidad de probarla.  Nunca antes había hecho yoga y hoy me doy cuenta de la gran influencia  que ha tenido en mi vida.

En el 2011 tuve un fuerte accidente automovilístico donde mi rodilla quedó gravemente lastimada. El médico que me trató le preguntó a mi familia si yo hacía yoga y, asombrados, dijeron que sí. Él les explicó  que gracias a ello mis lesiones, aunque eran fuertes, podían recuperarse pues tenía mucha elasticidad en mis tendones y músculos.

Después de haber estado seis meses casi inmovilizada, en el 2012 retomé mi práctica de Bikram y comencé mi formación en psicoterapia Gestalt  encontrando una gran relación y armonía entre ellas.

Cada clase de yoga es una terapia para mí. Mi objetivo es trabajar con mis bloqueos físicos y mentales para lograr las posturas manteniendo una respiración lenta y profunda.

Durante la clase los maestros hacen énfasis en estar presentes en todo momento como el “aquí y ahora” de la terapia Gestalt. Se trabaja cada parte del cuerpo a través de compresiones y estiramientos buscando desbloquear los músculos contracturados al realizar dos ejercicios de respiración y 26 posturas (asanas) en cada sesión.

Aprender a respirar ha sido esencial en mi formación. En yoga cada postura es un reto y va preparando al cuerpo para hacer la siguiente. Lo más importante al llegar al punto máximo de estiramiento  es inhalar para permitir al oxígeno la entrada a más profundidad.  Al aplicarlo en mi vida me doy cuenta que el reto está en respirar profundo en aquellos momentos de crisis donde pareciera que automáticamente mi pecho y mi garganta se cierran como si quisieran protegerme de lo que pudiera salir.

Me he dado cuenta  que a través de la respiración estoy en sincronía conmigo misma y en terapia esto me permite entrar en contacto con el otro.

La clase de yoga se inicia con un ejercicio de respiración permitiendo la entrada al oxígeno y sacando en cada exhalación la mayor cantidad de bióxido de carbono y toxinas del cuerpo. Para mí, es el inicio del contacto conmigo misma, comenzando de adentro hacia fuera.  De esta misma manera inicio cada sesión de terapia con mis pacientes: entro en contacto conmigo a través de mi respiración para lograr contactar con el otro.

Conforme va avanzando la clase de yoga, voy haciendo consciencia de cada parte de mi cuerpo: desde la coronilla hasta la punta de los dedos de mis pies. Esto me permite, al mismo tiempo, escuchar mis pensamientos y dejar ir los negativos en cuanto los identifico. Con cada respiración entre posturas voy creando espacios en mi mente que me dan tranquilidad para escucharme mejor.

He descubierto en mi formación que una de las claves principales para lograr  acompañar al paciente en su proceso es aprender a escuchar.

La clase termina nuevamente con un ejercicio de respiración cerrando así el proceso y permitiendo la entrada a uno nuevo. De la misma manera  en terapia buscamos seguir el proceso secuencial de la energía.

Universidad Gestalt (http://www.gestalt.mx)

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