Antecedentes de la sociedad de la información y sus características

Por: Angélica Yolanda Rodríguez Gutiérrez, egresada del Doctorado en Innovación y Administración Educativa en la Universidad Gestalt.

 

La creciente necesidad de una sociedad de la información, a través del conocimiento y la investigación, ha hecho posible el acceso a un grupo mayor de la población a las tecnología de información y comunicación (TIC), así como al reconocimiento por parte del sector educativo mexicano del atraso en que aún hoy día se encuentran algunos centros escolares en sus diferentes niveles, llámense públicos o privados.

El hecho es que mientras no se le dé la importancia que merece la educación, es más difícil que un país emerja de su atraso; sin embargo habría que considerar que dichos cambios no se dan de la noche a la mañana, sino que son paulatinos y a largo plazo; de hecho conforme Senge (2005), la innovación educativa no necesitará de años, sino de algunas cuántas décadas más.

En efecto, derivado de la afirmación anterior se puede observar que hoy día se ha tenido que ir innovando no solamente programas, sino los propios involucrados en el proceso educativo.  Lo anterior derivado de la fuerte presión que ejerce la actual sociedad del conocimiento y de los cambios vertiginosos en torno al currículum y los avances tecnológicos.

Por lo antes mencionado, se hace necesario que los centros educativos se adapten con relativa prontitud a los nuevos paradigmas que cada vez más requiere la sociedad.  Esto se puede lograr incorporando en los ámbitos docentes, procesos cada vez más novedosos de enseñanza-aprendizaje a través del uso de las TIC y concientizando a quienes están a cargo del desarrollo de los estudiantes, sobre la importancia de asumir compromisos con la utilización de éstas.

Afortunadamente la mayoría de las instituciones educativas, poseen la intención de elevar cada vez más la calidad y excelencia de sus educandos, no solamente mediante la transmisión del conocimiento, sino por el uso de las nuevas tecnologías, a pesar de la resistencia de algunos protagonistas frente al cambio; ya sea por miedo, frustración y/o falta de tiempo, la situación es que el empleo de este tipo de herramientas les incomoda, aun cuando estén conscientes de que los procesos realizados en antaño de forma manual ahora son infinitamente más rápidos, certeros y con mejores resultados, gracias a los grandes avances de las ciencias.

Conforme a Delors (1994),  ya no basta con que cada individuo acumule al comienzo de su vida una reserva de conocimientos, sino que debe estar en condiciones de aprovechar y utilizar durante toda la vida cada oportunidad que se le presente de actualizar, profundizar y enriquecer ese primer saber y de adaptarse a un mundo en permanente cambio.

Es innegable que una parte importante de las innovaciones educativas, está constituida por la incorporación de las TIC, preponderantemente, en la utilización del internet.  Los alumnos están ávidos de aprovechar cuanta información se les proporcione por este medio y los cambios que surgen se dan a una velocidad vertiginosa, situación que se debe aprovechar y obtener ventajas comparativas entre los involucrados en el ámbito educativo para desarrollar sus competencias.  “La mayoría de los profesores no entiende o no acepta el valor didáctico de los recursos audiovisuales.  Muchos creen que si no están frente a la clase, hablando, exhibiendo o actuando, el aprendizaje no se realiza.” (Martínez-Salanova, 2008, p. 4).

En este sentido, de acuerdo con dicho autor, a continuación se desarrollarán los cuatro saberes de la educación en el ámbito de la sociedad de la información y sus competencias:

  1. a) Aprender a ser

 

Este aprendizaje tiende menos a la adquisición de conocimientos que al dominio de los instrumentos mismos del saber.  A la vez, consiste en que cada individuo deberá aprender a comprender el mundo que lo rodea, desarrollar sus capacidades intelectuales y profesionales, así como poder comunicarse con los demás.

 

  1. b) Aprender a conocer

 

Aprender para conocer implica aprender a aprender, mediante la ejercitación de la atención, la memoria y el pensamiento. Desde la infancia, los medios de comunicación adquieren un papel fundamental ante este proceso de comprender, conocer y descubrir el mundo que nos rodea, de esta forma, el aprendizaje de la atención puede adoptar diversas formas y sacar provecho en múltiples ocasiones de la vida.

 

Este tipo de saber favorece el despertar de la curiosidad intelectual, estimula el sentido crítico y autonomía de juicio; es decir pone énfasis en la comprensión del mundo que rodea a cada persona, en el hecho de desarrollar sus capacidades profesionales y la habilidad de comunicarse con los demás.

 

 

  1. c) Aprender a hacer

Este tipo de aprendizaje está asociado a la práctica, más que al conocimiento; es decir, enseñar a los alumnos a “aterrizar” sus conocimientos a su vida presente y futura profesional.

Es de esta forma que este tipo de aprendizaje va más allá de la simple preparación de los estudiantes para fabricar algo o realizar una tarea o fabricar algo.

Hoy día los aprendizajes deben, evolucionar “de forma tal, que los docentes no deberían ya de ser meros transmisores de información y conocimientos, sino de ofrecer desafíos y alternativas de trabajo a sus alumnos, con el objetivo de ayudarles a construir su propio conocimiento” (Ramírez y Mortera, 2009, p. 11).

De esta manera, las recientes formas de introducir el uso de la tecnología en los distintos niveles educativos, ha provocado que se tengan que replantear los modos tradicionales de aprender a hacer.

 

  1. d) Aprender a vivir juntos, aprender a vivir con los demás

 

Este concepto está respaldado por la convivencia del individuo con la sociedad.  La violencia e inseguridad limita las relaciones con los demás, pero este tipo de aprendizaje aunado a los saberes antes mencionados, contribuyen a lograr una mejor interrelación con los demás.

 

La actual atmósfera competitiva impérate en la actividad económica de cada nación y, sobre todo a nivel internacional, tiende además a privilegiar el espíritu de competencia y el éxito individual. En cambio, si la relación se establece en un contexto de igualdad y se formulan objetivos y proyectos comunes, los prejuicios y la hostilidad subyacente pueden dar lugar a una cooperación más serena e, incluso, a la amistad (Delors, 1994, párr. 27).

 

De acuerdo con el mencionado autor, la educación tiene una doble misión: enseñar la diversidad de la especie humana y contribuir a una toma de coincidencia de las semejanzas y la interdependencia entre todos los seres humanos. Desde la primera infancia, la escuela debe, pues, aprovechar todas las oportunidades que se presenten para esa doble enseñanza.

 

Aunque las estrategias varían según lo que se quiera aprender, cada quien desarrolla sus propias tendencias, las cuales definen uno o varios estilos de aprendizaje; por ejemplo, si alguien es auditivo podrá recurrir también a estrategias visuales, táctiles o kinestésicas.

Otro enfoque lo presenta Ambrose (s.f.), quien argumenta que cada persona usa un estilo o una combinación de estilos diferentes para aprender. De acuerdo con la autora, las cuatro categorías más importantes son: visual verbal, visual no verbal, táctil (también llamado kinestética) y auditiva. El nombre de cada una define su método y a qué responde mejor el aprendiz y menciona que son los siguientes:

  1. Visual verbal: como su nombre lo dice, los alumnos que utilizan la visión verbal usan sus ojos para retener la información. El aprendizaje implica una buena visión del aula, incluyendo el lenguaje corporal de la profesora. Si se es un aprendiz visual o verbal, se responde de forma visual y escrita. Los contornos, textos y apuntes en el pizarrón ayudan mucho para registrar la información. Asimismo, se codifican el papel y los bolígrafos de colores a la hora de leer y resumir.
  2. Visual no verbal: las personas que retienen más la información a través de la visión no verbal también responden bien a fichas de referencia y colores, pero prefieren dibujos, diseños y videos en lugar de los textos. Las fichas, texto resaltado y los símbolos son la mejor herramienta para este tipo de aprendiz. Hacer tablas, cuadros y gráficos en el computador puede ser de gran ayuda, ya que se registra la información al proyectarla en la mente.
  3. Auditivo: estrechamente relacionado con el alumno visual verbal, este tipo de aprendizaje se refuerza cuando la información se presenta en el formato hablado. El trabajo en grupo y las conferencias son las maneras más eficientes para el que registra y conserva la información a través de la audición. Estudiar con un amigo y comentar sobre los puntos de interés e importancia también ayuda mucho. El aumento en la popularidad y disponibilidad de los libros en formato electrónico es una gran ventaja para este tipo de personas.
  4. Táctil o Kinestético: responden a situaciones de la vida o a objetos que pueden tocar y sentir. El estilo de aprendizaje Montessori es un estilo usado en las primeras etapas en la educación infantil. Los textos y los cuadros no deben ser de mucha importancia para este tipo de persona y la manera más simple de retener la información es con breves apuntes, bosquejos o maquetas.

En resumen, cada persona aprende de manera distinta a las demás, aun utilizando el mismo tipo de estrategias de aprendizaje, ya que además de influir factores internos, también tienen que ver los externos, tales como: entorno, lugar, costumbres, motivación, edad, sexo, lo único que se puede asegurar es que la manera en que se aprende sufre cambios constantes y evoluciona; además de que cuando se logra identificar qué tipo de estilo de aprendizaje funciona de mejor manera, el aprendizaje se realiza con mayor efectividad.

Adicionalmente a lo analizado, otra de las investigaciones en este sentido es el desarrollado por Argudín (2005) quien menciona que en la educación basada en competencias, el fin y centro de aprendizaje es precisamente el alumno.  Esto se logra mediante el desarrollo del pensamiento crítico del alumno que le permita discernir, deliberar y elegir libremente; para ello el profesor como facilitador del aprendizaje deberá saber guiarlo mediante el uso de sus competencias para este fin.

Países como Inglaterra, Canadá, Australia, Estados Unidos y ahora toda la Unión Europea son pioneros en la aplicación del enfoque de competencia, lo consideran como una herramienta útil para mejorar las condiciones de eficiencia, pertenencia y calidad de la educación para que en un futuro también mejoren su economía (Argudín, 2005, pp. 29-30).

Cabe señalar que la citada autora, asimismo, señala una diferenciación entre dos tipos de competencias, a saber:

  1. a) Competencias laborales:
  • Aprender a aprender
  • En lectura y escritura (para expresarse por escrito y con nuevas tecnologías)
  • En comunicación (habilidades para saber escuchar y expresarse oralmente)
  • En adaptabilidad (resolución de problemas y pensamiento creativo)
  • En autogestión (autoestima, motivación y proyección de metas, servicio, desarrollo profesional)
  • En trabajo con grupos (interdisciplinarios, habilidades para negociar y trabajar en equipos)
  • En autoridad (habilidades para organizar y de liderazgo)
  1. b) Competencias en la educación:
  • Manejo de emociones
  • Avance de la autonomía a la independencia
  • Madurez en las relaciones interpersonales
  • Establecimiento de la propia identidad
  • Desarrollo de objetivos personales
  • Desarrollo de integridad

Por su parte, Cano (2005) sostiene que las competencias se pueden aprender y/o mejorar de acuerdo al tipo de conocimientos y formación por los que pasa un individuo, pero no significa que aun cuando se carezca de estos dos elementos, no puedan desarrollarse o aprenderse.

Dicha autora analiza en su obra, que se pueden aprender y/o mejorar de acuerdo al tipo de conocimientos y la formación de los individuos, pues aunque se carezca de estos dos elementos, se pueden desarrollar o aprender.  De esta forma, el conjunto de las competencias hasta hoy estudiadas por varios investigadores, permiten al profesorado realizar sus labores con eficiencia y enfrentar nuevos retos.

Perrenoud (2004) al respecto comenta que habría que analizar a profundidad el funcionamiento de las competencias, siendo un parámetro el relacionar cada una con un grupo específico de problemas y tareas, así como clasificar los recursos cognitivos (conocimientos, técnicas, habilidades, aptitudes, etc.) dentro de competencias específicas consideradas, para un estudio más reflexivo.

Bajo esta lógica, se requiere fomentar las competencias de los maestros enfocadas a la adaptación y aceptación de los nuevos escenarios didácticos, aun cuando habría que precisar que no solo es responsabilidad del profesor el involucrarse en dichas innovaciones, sino que se requiere que los cuadros directivos también asuman el compromiso de facilitar la transición al cambio.  Conforme a Valenzuela (2004), esto se puede lograr mediante mecanismos que puedan ir acompañándolos en el proceso mismo y crear un clima laboral en el que se promueva el desarrollo y el bienestar del capital humano.

Han sido innumerables autores los que han desarrollado temas relacionados con las competencias docentes y la resistencia al cambio como consecuencia de innovaciones educativas; sin embargo este ensayo se distingue por precisar, de toda la gama de competencias que se han estudiado, específicamente cuáles son las que requieren desarrollar los maestros para trascender con el ejemplo en nuestros alumnos.

Desde este enfoque, los docentes deberán desarrollar las competencias necesarias enfocadas al uso de las TIC en un proceso innovador de enseñanza-aprendizaje para mejorar la calidad de la enseñanza.  Esto se afirma debido a que precisamente la fortaleza del profesor radica en su tendencia didáctica por su formación pedagógica o profesional, en su experiencia y conocimientos específicos de alguna área del conocimiento y,  aunque algunos son docentes por convicción, otros por necesidad y algunos por tradición familiar, todos ellos comparten en su tiempo y espacio, un fin común: educar para formar.

Al respecto, Cano (2005) menciona que las competencias pueden ser de dos tipos: las rigurosamente académicas y aquéllas que requieran de la experiencia profesional, como el saber trabajar en equipo, el ser flexible, sistemático, riguroso, entre otras.

En este sentido, Zabalza (2006, p. 11) argumenta, asimismo, que las competencias implican el reconocer situaciones problemáticas y saber resolverlas. “La competencia aparece, en cualquier caso, como una zona de intersección en la que actúan tanto los conocimientos como las habilidades para desarrollar acciones bien fundamentadas y eficaces.”

Las nuevas tecnologías hacen que exista una plena transformación entre la relación profesor-alumno, donde son empleadas las TIC como soporte en el manejo de la información con fines didácticos, por lo que se requiere del pleno desarrollo de las competencias docentes para que cualquier implementación en este terreno sea exitosa, de lo contrario ¿qué objeto tendría el cambio?

Con base en lo anterior, se podrá determinar si los actuales objetos de aprendizaje son suficientes para la comprensión y desarrollo en la generación del conocimiento, medición de las capacidades, habilidades, actitudes y destrezas tanto de alumnos como del propio maestro, ya que este último como usuario de estrategias mediadas por la tecnología, ha pasado a formar parte del propio objeto de aprendizaje.

Por otro lado, es difícil concebir un proceso didáctico sin considerar las competencias docentes, debido a que ya no basta con que los maestros sean buenos manejadores de libros, sino que se deberán integrar a sus clases el uso del equipamiento tecnológico necesario para generar fuentes de información y los mecanismos para distribuirla (Zabalza, 2006).

Aunque no sólo es cuestión de que las instituciones educativas ajusten sus modelos didácticos a las nuevas tecnologías, sino que asimismo  “… se reclama la responsabilidad compartida de los organismos, las familias, la sociedad civil y los poderes públicos en la tarea de garantizar a toda la ciudadanía una buena educación” (Escudero, 2006, p. 22).

En este sentido, Hargreaves (2005) nos habla sobre crear de antemano nuevas estructuras que faciliten aprendizajes e interacciones para que los docentes se relacionen con mayor flexibilidad, que aprendan unos de otros de forma más generalizada y que perfeccionen continuamente su propia pericia.  Esto es verdad, ya que son precisamente los maestros quienes deberán generar el cambio educativo, incorporando estrategias de enseñanza que involucren las nuevas tecnologías, ya que de no hacerlo pondrían en clara desventaja a sus alumnos frente a un mundo cada vez más cambiante y globalizado, aunque todavía hoy día existen docentes que se niegan a abandonar los modelos autárquicos y obsoletos de años atrás por temor al cambio.

“De forma tal, que los docentes no deberían ya de ser meros transmisores de información y conocimientos, sino de ofrecer desafíos y alternativas de trabajo a sus alumnos, con el objetivo de ayudarles a construir su propio conocimiento” (Ramírez y Mortera, 2009, p. 11).

 

Referencias

 

Ambrose, K. (s.f.). Los cuatro estilos de aprendizaje: visual, táctil, kinestético y auditivo. Recuperado de http://www.ehowenespanol.com/cuatro-estilos-aprendizaje-visual-tactil-kinestetico-auditivo-info_184917/

Argudín, Y. (2005). Educación basada en competencias: nociones y antecedentes. Distrito Federal, México: Trillas.

Cano, E. (2005). Cómo mejorar las competencias de los docentes. Guía para la autoevaluación  y el desarrollo de las competencias del profesorado. Barcelona, España: Graó

Delors, J. (1994). Los cuatro pilares de la educación. México: El Correo de la UNESCO.

Escudero, J. (2006) Compartir propósitos y responsabilidades para una mejora democrática de la educación. Revista de Educación, 33(9), 19-41.

Hargreaves, A. (2005). Profesorado, cultura y postmodernidad (Cambian los tiempos, cambia el profesorado). España: Ediciones Morata, S. L.

Martínez-Salanova, E. (2008). La Tecnología en las aulas. Revista digital Cine y educación. Barcelona, España. Recuperado de http://www.uhu.es/cine.educacion/didactica/0071tecnologiaaulas.htm

Perrenoud, Ph. (2004). Diez nuevas competencias para enseñar. Distrito Federal, México: Secretaría de Educación Pública.

Ramírez, M. S. y Mortera, F. J. (2009). Implementación y Desarrollo del Portal Académico de Recursos Educativos Abiertos (REAs): Knowledge Hub para Educación Básica. Memorias del IV Congreso Nacional de Posgrados en Educación. Guanajuato, México.

Senge, P. (2005).  La Quinta Disciplina. Escuelas que aprenden. Bogotá, Colombia: Norma.

Valenzuela, J. R. (2004). Evaluación de instituciones educativas. Distrito Federal, México: Trillas.

Zabalza, M. (2006). Competencias docentes del profesorado universitario. Calidad y desarrollo profesional. Madrid, España: Narcea.

 

 

 

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