Análisis sobre las Brujas

Por: Mtro. Diego Salama


Se origina algo en la mente del humilde escritor que lo llena de curiosidad, algo tan inesperado que logra captar de pronto su  atención. Una pregunta que desea convertir en respuesta y, a su vez, una respuesta que desea convertir en pregunta. Pero esa  cuestión va más allá de sus posibilidades y es por eso que decide reducir su análisis a algo menos complejo para así lograr un  escrito que explique porqué se originó el pensamiento de la existencia de las brujas y su deseo por comprobar si actualmente se  sigue viviendo este fenómeno.
Sabemos que durante mucho tiempo en el occidente se consideraba a toda mujer como una bruja en potencia, sabemos también que este  estereotipo nació en el siglo XV y según Sallman, toda esta ideología tiene antecedentes muy fuertes dentro de la religión  cristiana. Se hicieron tratados jurídicos, en principio dentro de los manuales de los inquisidores, para confirmar a la brujería  como un delito y se decía, palabras textuales del artículo, que la mujer resulta sensible a la tentación demoníaca y al  maleficio. Existen tres rasgos que llevan, según la lectura, a la mujer a ser señuelo del demonio. La primera es que ellas son más  crédulas que los varones. La segunda es que son naturalmente más impresionables que su sexo opuesto. Y por último, no pueden evitar  hablar entre ellas constantemente (¿y los varones sí?, ¡por favor!), se supone que por este aspecto es que ellas se transmitían sus  conocimientos mágicos.
Pero en el momento que la iglesia cristiana tomó el poder de la persecución hacia brujas, se nota un cambio drástico en la inclusión  de hombres dentro de la brujería. El cristianismo estaba pasando por un periodo de disminución de creyentes y no fue raro que las  grandes cantidades de muertes con la excusa de que las personas practicaban magia, se encontraban geográficamente en los mismos  sitios donde había más herejes. Se describe que las reuniones realizadas por los brujos eran en asambleas nocturnas (llamadas sabbat  o la sinagoga) y que terminaban con un gran banquete (donde se comen niños y hay orgías). Este autor, como judío, se percató de algo  muy interesante; el sabbat (pronunciado shabat) es un evento que realizan en su religión, cada sábado, dentro de una sinagoga y se  termina con un banquete. Se pudiera pensar que esta idea era para separar de alguna manera a los creyentes cristianos de los judíos,  pues como describe el autor, prácticamente están describiendo una ceremonia judía (con la excepción de que no hay orgías ni se consumen niños al final, pero la imaginación basta para que los  aventureros cristianos no se quedaran al gran banquete) y evidentemente se explica en el artículo que fueron de los primeros en ser  perseguidos.
Sin embargo las mujeres seguían contribuyendo la gran mayoría (un 80%) de casos de acusaciones por brujería y en consecuencia de  incineración. A pesar de que la iglesia no estableció a la mujer como única en este “pecado”, los inquisidores, quienes tenían muy  metido el mito demonológico de que la mujer era más susceptible a las tentaciones del diablo, tomaban por bruj@s a más mujeres que  varones. Incluso esta inferioridad se debe al antiguo testamento en el que se establece que Eva nace de la costilla de Adán, la cual  más adelante es tentada por Satán para darle al varón la manzana que lo expulsaría del eterno paraíso. Crisóstomo enuncia que la  mujer “es la enemiga de la amistad”.  No olvidemos la impresión que dejan Sprenger y Institoris en su libro Martillo de las  brujas, “la brujería no es sino una guerra de sexos”.  Por ejemplo en un condado al oeste de Londres, se dio muerte a 270 presuntos  casos de brujería, de los cuales 91% eran mujeres. Peor aún, en América del norte 355 personas murieron por las acusaciones, en donde el cien por ciento eran féminas. Pero ¿existirá una razón más sencilla para explicar este gran odio hacia la mujer?
Fue entonces cuando este autor decidió escaparse a la calle Brasil #33 en el Centro Capitalino de la Ciudad de México, en donde  presenció una exposición sobre las brujas. Ahí muchas dudas se aclararon. Las mujeres, supuestas practicantes de brujería, tenían  conocimientos de medicina empírica. Podían curar enfermedades con la utilización de plantas y esto era causa de mucha envidia hacia  los masculinos eruditos. Tanta fue su rabia que inventaron historias en las cuales las mujeres utilizaban la escoba para masturbarse  (si lo hacían o no, es un hecho que no se podrá comprobar en este escrito). Recordemos que en esa época, las mujeres servían para  dos cosas, reproducirse y ayudar al varón en los quehaceres del hogar. Si una mujer se daba placer a sí misma, entonces ya no  necesitaba del varón; causa suficiente para declararla “bruja”. Pero también, dentro de su medicina empírica, ellas hacían uso de la  escoba para realizar abortos. Utilizaban té de plantas para provocarlo, desafiando así, sus funciones de reproducción.
Posiblemente se eliminó esta creencia sobre la necesidad de incinerar a estas personas o incluso de acecharlas, pero si hay algo que  quedó afectado fue el papel social de la mujer. Dejemos la idea de que nuestro lenguaje es masculino, o de que no se le dé un sueldo  equitativo a una mujer que realiza la misma actividad que un hombre, en cambio, veamos que esta ideología de considerar a las  mujeres como brujas no se ha eliminado. En la película de “El Padre Amaro” podemos observar como hay una mujer que está obsesionada  con la religión, sin embargo está a favor de la venganza. Al principio nos da la idea de que está loca, sin embargo más adelante  resulta ser ella la que es contactada por el Padre Amaro para realizar un aborto, pues ella conocía una clínica que los realizaba  (algo muy tipificado en las brujas). Curiosamente los médicos de la clínica también son del sexo femenino (¿acaso las mujeres siguen  siendo, para la sociedad moderna, brujas?). Incluso el hogar de esta mujer tenía varias muñecas con aspecto demoníaco. Pero esta es una película que de por sí intentó causar conmoción, hay varios ejemplos  incluso en películas más inocentes (como el clásico cuento de Blancanieves) en donde se estereotipa a la bruja como mujer.  Imaginarse que los niños adquieren esta información de tan pequeños sólo nos comprueba que toda esa generación, al crecer, pensará  que las brujas (en este caso mujeres) son malas, a diferencia del “Mago Merlín” quien es, en “La espada en la piedra”, el rol  positivo del pequeño aprendiz, o el Ratón Miguelito en Fantasía, que es también un aprendiz bueno. En fin, se podrían nombrar miles  de películas atañas o modernas en las cuales se considera a las brujas como malévolas y a los magos como benévolos; creando en la  mentalidad de próximas generaciones la idea de que las mujeres pueden ser fácilmente inducidas a las tentaciones diabólicas y por lo  tanto, que son inferiores (en cuanto a la fuerza mental) al varón.
Para resumir, la historia ha creado en las personas la idea de que los individuos practicantes del ocultismo son generalmente del  sexo femenino; y que si hoy en día ya no se juzga a la mujer como bruja, de todas maneras está grabado en las mentes de la sociedad  moderna la idea de que si se desea realizar alguna curación, adivinación del futuro o aborto, siempre será mejor con una mujer que  con un varón. Y esto lo mostramos incluso de manera inconsciente. Ahora es cuando este autor termina su análisis, pidiéndole a todos  sus lectores que tomen en consideración esta ideología que se nos ha impuesto por los medios masivos de comunicación y traten de  cambiarla, generando así, una ideología propia en la cual desaparezca la discriminación hacia la mujer, incluso en algo tan pequeño  como en la forma en que se dirigen hacia ellas cuando no están presentes.
Referencias Bibliográficas:
1. SALLMAN, Jean-Michel, La Bruja
2. Visita a la exposición “Las Brujas” en el Palacio de la Inquisición, Calle Brasil #33 Centro Capitalino de la Ciudad de México

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