Amor y Gestalt

Pamela Luna Ballesteros

psic.pamela_luna@live.com.mx

Necesitamos historias para vivir nuestras vidas, porque como humanos, parecemos necesitar significados para poder vivir con coherencia. El derrumbamiento o la pérdida de significado tienden a volvernos locos, llevándonos a la desintegración y a la destrucción.

Para nosotros el mar abierto es un largo camino por recorrer. Empezamos siendo incapaces de distinguir el amor de la dependencia, y una gran mayoría de la gente que conozco es incapaz de distinguir el amor de la dependencia durante el resto de sus vidas. Creo que la cosa más difícil de la vida adulta es separar lo suficiente el amor de la dependencia para encontrar un equilibrio entre ellos, puesto que emergen necesariamente del mismo punto de partida.

Pero el amor basado en la libertad de elegir, la libertad para permitir que las cosas cambien, la libertad de estar solos o juntos tal como uno desea puede llegar a sentirse como arriesgado y ansioso, especialmente para los que dependemos en gran medida del vínculo entre el amor y la dependencia. La ruptura de la confluencia romántica puede también abrir las puertas de la violencia. Se puede escuchar  con demasiada frecuencia sobre algunas mujeres que hemos dicho, “Me dejo. Ya he tenido suficiente. Estoy harta. Hasta aquí.”. Quizás esto nos muestra, entre otras cosas, de que las mujeres son el sexo dependiente es una mentira propagada por los hombres y suscrita por la mayoría de las mujeres.

Las historias menos valiosas, o peor aún, las más peligrosas, empiezan con nuestros profundos anhelos y acaban mintiéndonos, con el fin de calmarnos. Éstas nos incitan a creer que el amor es eterno; que podemos ser héroes de; que podemos ser el arma más rápida del oeste o el amante de los sueños de cada mujer o cada hombre, sin tener siquiera que esforzarnos demasiado. Nos prometen que podemos llegar al fondo de las motivaciones humanas; que podemos vencer el mal; o que vamos a lograr la salvación de todo dolor y de toda limitación, y en algún momento, probablemente después de morir, volver al paraíso. Lo cual no es real y aun así nos gusta vivir en un constante suponer e interpretación no tan solo de uno mismo, sino también de los demás a nuestro alrededor cayendo en una idea falsa de poder ser con el otro, cuando en realidad lo que debemos de ser es con otro.

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